La Habana, Panamá, Washington, Naciones Unidas y Ámsterdam (PL).- El desarme nuclear, una asignatura pendiente para el futuro de la humanidad, tendrá una prueba en la Organización de Naciones Unidas, cuando el segmento de Alto Nivel de la Asamblea General discuta el tema por primera vez. Se trata de una iniciativa presentada por Cuba, con el respaldo del Movimiento de Países No Alineados, que retoma uno de los compromisos asumidos en la Cumbre del Milenio del año 2000.

El 18 de enero de este año el secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-moon clamó por romper la inercia de más de una década y hacer avanzar la Conferencia de la ONU sobre Desarme, pues otro año de estancamiento en ese propósito resulta inaceptable. El jefe de la ONU dijo que la conferencia debe dar comienzo a negociaciones sobre varios instrumentos relacionados con los materiales fisibles, las armas nucleares y las garantías necesarias contra la amenaza nuclear para los estados no poseedores de esos artefactos.

El desarme nuclear global requiere acuerdos globales, insistió el jefe de la ONU tras precisar que mientras más se postergue el problema mayor será el riesgo de que esas armas sean utilizadas, diseminadas o adquiridas por terroristas. Subrayó la responsabilidad especial de los países poseedores de ese tipo de artefactos, a los cuales pidió medidas que promuevan la transparencia de sus arsenales.

El responsable de la ONU convocó a Estados Unidos y Rusia, los dos países con los mayores arsenales nucleares del mundo, a iniciar conversaciones en la materia, seguidas de recortes verificados de sus arsenales y de reducciones adicionales por parte de otros estados. Asimismo, reclamó la entrada en vigor del Tratado de Prohibición de Ensayos Nucleares, imposible sin la adhesión de los ocho países del llamado anexo-2 (Egipto, China, India, República Popular Democrática de Corea, Irán, Israel, Pakistán y Estados Unidos). (1)

El Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares cuenta con la firma de 183 países y la ratificación de 157. Ese instrumento proscribe todas las explosiones nucleares y cuenta con un régimen de monitoreo para su cumplimiento, formado por estaciones que detectan pruebas en el océano, bajo tierra y en la atmósfera. La ONU celebró el 29 de agosto el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares, con el fin de sensibilizar a los Estados miembros y la opinión pública internacional sobre la necesidad de eliminar este tipo de pruebas. La fecha se conmemora desde el 29 de agosto de 2009, cuando la Asamblea General aprobó una resolución al respecto a propuesta de la República de Kazajastán.

Además Ban Ki-moon abogó por conseguir la universalidad de las convenciones sobre armas químicas y biológicas y concretar un tratado sobre el comercio de armas. Acerca de este último problema, advirtió que todos los días comprueba en Estados Unidos el resultado de la ausencia de regulaciones o de débiles controles, como el asesinato de civiles, “incluidos niños en las escuelas”.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) reiteró en Naciones Unidas su respaldo al desarme nuclear y la no proliferación en todos sus aspectos, y advirtió sobre la amenaza que representa la continua existencia de armas de esa naturaleza y su posible uso o amenaza de uso. Subrayó que la única garantía contra ese peligro es la total eliminación de esos artefactos.

La postura de la Celac fue expuesta por el representante permanente alterno de Cuba ante la ONU Oscar León, al comenzar los debates de la comisión de Desarme del organismo mundial. El diplomático ratificó el apoyo del mecanismo regional al “desarme nuclear completo, transparente, verificable e irreversible” y a la no proliferación nuclear en todos sus aspectos.

León recordó la larga tradición de participación de América Latina y el Caribe en las cuestiones de desarme, tema que constituye “un componente fundamental en los esfuerzos por promover y mantener la paz y la seguridad internacionales”. Esa región fue “la primera área densamente poblada en el mundo que se declaró como Zona Libre de Armas Nucleares”, por medio del Tratado de Tlatelolco. (2)

En esa línea, León expresó el pesar de la Celac por el incumplimiento del acuerdo sobre la celebración de una conferencia internacional para establecer otra zona libre de armas nucleares y de otras de destrucción masiva en el Medio Oriente. Más adelante, rechazó el perfeccionamiento y el desarrollo de nuevos tipos de esos armamentos y reclamó la eliminación de su papel en las doctrinas estratégicas y en las políticas de seguridad.

En abril tuvo lugar la segunda sesión del comité preparatorio de la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, a celebrarse en 2015. La comisión de Desarme concluyó el 28 de abril el nuevo período de trabajo sin resultados concretos en su declarado objetivo de avanzar hacia el desarme nuclear y la no proliferación.

Ese grupo de la ONU sostuvo casi un mes de sesiones sin poder emitir recomendaciones concretas, en una clara demostración de la falta de voluntad política existente en los países que más peso tienen en esa materia. Perdimos una gran oportunidad para progresar a raíz del ambiente creado por recientes hechos en la esfera del desarme, como fue el Acuerdo de Limitación de Armas Estratégicas entre Rusia y Estados Unidos, dijo el titular de la comisión Hamid al-Bayati (Irak).

El diplomático lamentó el nuevo fracaso de los intentos de poner fin al dilatado estancamiento de las labores del órgano, cuya credibilidad, dijo, está seriamente amenazada al completar un nuevo trienio sin resultados. El mismo tono de frustración fue manifestado por la delegación de México al considerar que la actual parálisis es inadmisible cuando el mundo sufre el peligro de las armas nucleares.

Por su parte, el representante permanente alterno de Cuba en la ONU Rodolfo Benítez subrayó que la situación de la comisión no constituye un hecho aislado. Recordó que la Conferencia de Desarme también lleva varios años sin iniciar negociaciones, mientras la Asamblea General adopta decenas de resoluciones sobre el tema, las cuales no se cumplen.

Por ejemplo, el presidente Barack Obama pospuso recientemente la firma del Tratado sobre comercio de armas hasta que se aclaren “dudas” sobre la traducción del texto. El secretario norteamericano de Estado John Kerry dijo que Estados Unidos da la bienvenida a la apertura del nuevo convenio, pero reveló que algunos asesores de la administración Obama observaron conceptos legales en algunas traducciones del documento. (3)

Basta de dobles raseros

A nivel ciudadano no hay suficiente información y preocupación por un asunto que es vital para nuestra supervivencia como especie, a pesar de que bastaría el empleo de una ínfima parte del arsenal de esas armas para sumir al planeta en lo que se denomina el invierno nuclear. Así lo afirmó a Prensa Latina Soraya Álvarez, directora general de la Asociación Cubana de las Naciones Unidas (ACNU).

Los líderes mundiales tendrán la oportunidad de debatir sobre tan importante cuestión en la Asamblea General, donde están representados todos los países que integran la ONU. Sería un escenario idóneo, toda vez que en el Consejo de Seguridad están las principales potencias nucleares que en el tema se erigen juez y parte, incluido su poder de veto. (4)

Ello explica, por ejemplo, las sanciones contra el programa iraní para el desarrollo pacífico de la energía nuclear, mientras Israel goza de impunidad para amenazar a sus vecinos con decenas de ojivas en una zona volátil donde cualquier incidente pudiera desatar un conflicto de alcance global.

En diciembre del año pasado Naciones Unidas volvió a situar a Israel como centro de las amenazas de proliferación de armas nucleares en Medio Oriente con una resolución aprobada por abrumadora mayoría en la Asamblea General. El texto fue adoptado por el máximo órgano de la ONU con 174 votos a favor, seis en contra e igual cantidad de abstenciones. Los sufragios opuestos al texto titulado El riesgo de proliferación nuclear en el Oriente Medio fueron emitidos por Estados Unidos, Israel, Canadá, Micronesia, Islas Marshall y Palau. Se abstuvieron Australia, Camerún, Costa de Marfil, Etiopía, India y Panamá.

La Asamblea General llamó a Israel a adherirse al Tratado de no proliferación de las armas nucleares (TNP) y a someter todas sus instalaciones de esa naturaleza a las salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica. Y subrayó que su incorporación a ese instrumento internacional constituiría una “medida importante de fomento de la confianza entre todos los Estados de la región y como paso para afianzar la paz y la seguridad”. Al mismo tiempo, exigió a ese país “no desarrollar, producir, ensayar ni adquirir de otro modo armas nucleares y a renunciar a la posesión de dichas armas”.

El caso sirio, donde la ONU afirma que se usaron armas de exterminio masivo en el conflicto que azota a esa nación árabe, demuestra el doble rasero con que se aborda el tema. Siria ha reiterado su voluntad de poner bajo control internacional su arsenal de armas químicas, pero ese requisito no se le impone a las fuerzas mercenarias apoyadas por Estados Unidos, Francia, Turquía y otros países occidentales, como tampoco al vecino Israel.

Cuba reclamó en el Consejo de Seguridad el cese de la hipocresía y los dobles estándares si de verdad se quieren combatir las acciones ilícitas internacionales. La demanda fue expuesta por el representante permanente alterno de Cuba ante la ONU Oscar León González.

León González aseguró que no se puede erradicar la proliferación de armas nucleares ni el tráfico ilícito de sus componentes sin la plena eliminación de las armas nucleares. Sin embargo, enfatizó que algunos miembros permanentes del Consejo de Seguridad se oponen a adoptar medidas inmediatas para eliminar en un plazo determinado de tiempo las 23 mil armas nucleares que aún existen.

Cuba propuso la creación inmediata de un Fondo de la ONU con al menos la mitad de los gastos militares del mundo para destinarlo a la atención del desarrollo económico y social de los países necesitados. También reiteró la necesidad de una Convención Internacional para eliminar las armas nucleares en un plazo no mayor de 25 y de declarar un Cuarto Decenio para el Desarme (los anteriores fueron 1970-1979, 1980-1989 y 1990-1999).

A romper la inercia

La Asamblea General de la ONU acoge por primera vez en su historia una reunión de alto nivel sobre desarme nuclear, foro en el que muchos países cifran expectativas para reducir la amenaza representada por esos artefactos. Ante la existencia de más de 23 mil armas nucleares en el planeta, casi la mitad de ellas listas para su empleo, gobiernos, organizaciones no gubernamentales y ciudadanos consideran máxima prioridad trazar el camino para su eliminación.

El foro de alto nivel se incluye en el debate general de la Asamblea, el cual en sus dos primeras jornadas (martes y miércoles) contó con intervenciones de dignatarios que llamaron a dar pasos para erradicar los arsenales atómicos. La reunión que se desarrolla este miércoles partió de una iniciativa de Cuba apoyada por el Movimiento de Países no Alineados, mecanismo que agrupa a 120 de las 193 naciones de la ONU.

Los jefes de Estado que concurren a la sede de la ONU en Nueva York tienen ante sí la responsabilidad de comprometerse con la deseada y necesaria eliminación total y la prohibición de los armamentos nucleares. La reunión de alto nivel tendría entonces que pasar de la retórica al compromiso a fin de establecer un calendario, con fecha tope, para la reducción gradual de esos armamentos. También debería abrir las puertas a negociaciones que conduzcan a la pronta adopción de una convención internacional sobre desarme nuclear.

Basta sacar cuentas para comprobar que lo que hoy se dedica a la producción y mantenimiento de esos dispositivos de muerte es más que necesario para combatir el hambre, analfabetismo, insalubridad y la pobreza en diversas latitudes. Los Objetivos del Milenio, que mucho tienen que ver con la calidad de vida para millones de personas, tendrían rápido cumplimiento con los millonarios fondos que hoy se dedican a las armas nucleares.

Resulta inaceptable que se empleen más recursos en medios para la guerra que en la promoción del desarrollo. En la última década los gastos militares crecieron en más del 49%, hasta alcanzar la astronómica cifra de 1,74 millones de millones de dólares. En proporción totalmente inversa fluyeron los recursos que los países más ricos dedicaron para cumplir sus compromisos internacionales con el desarrollo del Tercer Mundo.

Las potencias atómicas afirman que los arsenales nucleares son garantía del equilibro. Pero la experiencia de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki indican el peligro que entrañan para a vida. Aquel horrendo genocidio dejó 280 mil muertos y decenas de miles de sobrevivientes que padecerían las secuelas del hongo nuclear. El llamado equilibro, la mayor parte de las veces, justifica la carrera armamentista. Así, el escudo antimisil con que Estados Unidos ha rodeado de nuevas bases al territorio de Rusia, demandó de ese país erogaciones para equiparar su respuesta ante una agresión nuclear.

Hasta el año 1998 se habían realizado 2.052 pruebas nucleares al ritmo de una cada nueve días. Entre 1945 y 1980 la capacidad total utilizada en esos experimentos fue de unas 440 megatoneladas, equivalente a cerca de 30 mil bombas como la de Hiroshima. Para graficarlo de otra manera: sería lo mismo que en la atmósfera terrestre explotara una bomba como aquella cada 11 horas y durante todo ese período.

La Asociación Médica Internacional para la Prevención de la Guerra Nuclear (IPPNW por sus siglas en inglés) consignó en 1991 que esas pruebas producirían más de 400 mil muertes por cáncer en el año 2000. Su profecía se sigue cumpliendo. La IPPNW, galardonada en 1985 con el premio Nobel de la Paz, maneja diversos estudios que confirman la gran mortalidad de las armas y pruebas nucleares, amén de accidentes en submarinos, aviones, centrales y otros que han provocado miles de muertes en diversos países.

Para el doctor Carlos Pazos Becerro, presidente del Comité Médico Cubano para la Prevención de la Guerra Nuclear, filial de la IPPNW, una conflagración nuclear global produciría de inmediato miles de millones de muertes sin posibilidades de atención sanitaria previa. “La onda expansiva, las radiaciones térmicas e ionizantes y el consecutivo invierno nuclear harían absolutamente imposible la supervivencia de la vida en el planeta”, aseguró en un reciente foro de la sociedad sobre desarme nuclear organizado por la ACNU en La Habana.

Pazos tocó otra arista: los experimentos realizados por Estados Unidos con sustancias nucleares en seres humanos. Asegura que Washington propició unos 4 mil ensayos con inyecciones de uranio, plutonio y polonio. También exposiciones a radioisótopos, a pruebas nucleares y liberación intencionada de radiación en el ambiente.

Los conejillos de indias de tales pruebas fueron pacientes con tumores inoperables (la mayoría afroamericanos), presos comunes, niños con retraso mental y personal militar. Desde 1945 se han producido en el planeta miles de ojivas, cuyos portadores son cada vez más sofisticados. El flagelo del terrorismo y el creciente mercado ilegal de armas constituyen otros escenarios que complican la alegada seguridad nuclear.

Por todas estas razones el desarme nuclear no puede ser un objetivo continuamente pospuesto y relegado. El uso de este tipo de armamento nunca podrá ser justificado bajo ningún concepto o doctrina de seguridad nacional. La cita en Nueva York pondrá a prueba la voluntad política de los gobernantes, pero también deberá ser acompañada por la presión ciudadana. El desarme nuclear, completo y verificable, trasciende las diferencias ideológicas, políticas, religiosas y otras. Es un tema de supervivencia.

Notas:

1. El 10 de septiembre de 1996 la Asamblea General de la ONU aprobó el Tratado para la Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBT en inglés), que no ha entrado en vigor. Unos 60 Estados ratificaron el CTBT y otros 25 lo firmaron pero no lo han ratificado, entre ellos Estados Unidos.

2. El Grupo Latinoamericano y Caribeño (GRULAC) de parlamentarios aprobó el 14 de abril una proposición presentada por Cuba sobre destrucción y prohibición del uso de armas de destrucción masiva. La moción fue presentada por la delegación que encabeza el diputado Ramón Pez Ferro, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional de Cuba, en una reunión del GRULAC previa a la 124 Asamblea de la Unión Interparlamentaria.

3. Grupos conservadores de Estados Unidos como la Asociación Nacional del Rifle (NRA en inglés) se oponen a que el mandatario apruebe el convenio alegando que el pacto internacional promueve la confiscación de armas de fuego que están en poder de los ciudadanos estadounidenses, y una mayoría de los senadores ya dijeron que vetarán el acuerdo porque vulnera la constitución. El jefe de la diplomacia estadounidense aclaró que el instrumento legal no viola de ninguna manera la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense, que garantiza el derecho de los ciudadanos del país norteño a la posesión de armas.

4. El ex primer ministro de Países Bajos (1982-1994) Ruud Lubbers reveló que existen en su país 22 armas nucleares pertenecientes a Estados Unidos. Aseguró que las armas se encuentran en la base aérea Volkel, algo que se rumoraba hace décadas y nunca había sido confirmado. De acuerdo con especialistas citados por el diario holandés De Telegraaf, las bombas son del tipo B-61, con una potencia hasta cuatro veces mayor que las utilizadas en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial. En varias ocasiones, medios de comunicación han publicado las consideraciones de algunos expertos, según los cuales Estados Unidos mantiene alrededor de 240 bombas atómicas en cinco países europeos: Alemania, Bélgica, Italia, Holanda y Turquía.

* El autor es jefe de la Redacción Nacional de Prensa Latina.