Washington, (PL).- La nave espacial Voyager-1 se convirtió en el primer artefacto hecho por el hombre que abandona el Sistema Solar. Científicos de la agencia espacial estadounidense NASA informaron el 12 de septiembre que la sonda está más allá de la heliosfera, la burbuja magnética en la cual se hallan los planetas del Sistema Solar, originada en la región espacial bajo la influencia del viento solar y su campo magnético y que se extiende más allá de la órbita de Plutón.

La Voyager-1 fue puesta en órbita el 5 de septiembre de 1977 para estudiar los planetas lejanos del Sistema Solar. La tarea inicial fue el análisis de los planetas gigantes, los satélites y los límites del Sistema Solar, misión que concluyó en 1989, pero desde entonces en compañía de su gemela la Voyager 2 avanzó por el centro de la galaxia.

Como parte de la investigación, la sonda se convirtió en la primera unidad que fotografió en detalle a los planetas Júpiter y Saturno, y la primera en ofrecer información detallada de las lunas de ambos planetas. En 1990 tomó la primera foto del sistema solar. Además, este equipo y su similar, Voyager-2, ayudaron a los científicos a evaluar otros parámetros de formación de estrellas en la Vía Láctea.

La Voyager-1 se desplaza a una velocidad de 17 kilómetros por segundo. Como se encuentra a una gran distancia, sus señales demoran más de 16 horas en llegar a la red de receptores de la NASA. En los últimos años aumentaron los rayos cósmicos captados por sus telescopios y desde hace meses se han hecho más intensos. Precisamente este es uno de los indicadores de que el vehículo se encuentra en los confines del sistema solar. Otro de los indicios es el cambio en la intensidad de las partículas que recibe del sol que ahora disminuye y el cambio de dirección de los campos magnéticos.

La situación exacta de la nave pionera ha sido objeto de discusión en la comunidad científica durante el último año. Los astrónomos no se ponían de acuerdo acerca de si la Voyager-1 ya se había adentrado en el espacio interestelar o, por el contrario, se mantenía dentro de la heliosfera.

Sin embargo, ahora el equipo tiene más datos sobre el plasma, gas ionizado más denso y lento de las partículas cargadas en el espacio. Este material es el marcador más importante que distingue si el artefacto está dentro de la burbuja solar o en el espacio interestelar rodeada del material eyectado hace millones de años por la explosión de estrellas gigantes cercanas.

El pasado 13 de septiembre, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) confirmó que la sonda interplanetaria Voyager-1 abandonó el sistema solar hace más de un año, lo cual la convierte en el primer objeto artificial en entrar el espacio interestelar. Según nuevos datos de la agencia espacial estadounidense, el artefacto se encuentra a unos 19 mil millones de kilómetros del Sol y salió en agosto de 2012 de la heliosfera, región espacial que demarca el fin del Sistema Solar.

De acuerdo con los científicos, los generadores de plutonio de la Voyager-1 y su gemela, la Voyager-2, dejarán de producir plutonio en un plazo de entre 10 a 15 años, momento en que sus instrumentos se paralizarán. Según la NASA, la Voyager-1 se acercará a una estrella llamada AC+793888, pero solo lo hará a una distancia de dos años luz. La Voyager-2 se aproximará a la estrella Ross 248 a la distancia de un año luz, aquella que recorre la luz en un año o cerca de 10 trillones de kilómetros.

Informaciones recibidas desde las sondas Voyager sugieren que los límites externos del sistema solar son como una zona de turbulencias llena de burbujas magnéticas. Las burbujas se forman cuando las líneas curvas del campo magnético se reorganizan, explicaron los astrónomos tras analizar los datos obtenidos desde los confines del sol, señala un estudio divulgado en la revista Astrophysics.

En la medida en que el sol gira sobre sí mismo, su campo magnético se arruga como la falda de una bailarina. Muy lejos de él, donde se encuentran las dos sondas Voyager, los pliegos de la falda se enrollan, explicó Merav Opher, de la Universidad de Boston, y uno de los autores del informe.

Los investigadores señalan que esta evaluación del fenómeno tiene implicaciones a la hora de entender los rayos cósmicos, tema fundamental en la astronomía. Estos rayos forman parte de una tormenta de partículas de alta concentración de energía que se aceleran en dirección a la Tierra a consecuencia de la explosión de estrellas, de la presencia de agujeros negros o de otros lugares exóticos de la galaxia.