Los olvidos normalmente no son voluntarios, son inducidos. Inducidos por la sociedad que quiere vivir en armonía y sin recuerdos que ponen la piel de gallina. Inducidos por voluntades políticas y acuerdos medio tramposos entre los que cuentan siempre los intereses individuales de echar tierra sobre actos que sus memorias las recuerdan muy bien. Inducidos por los deseos de vivir una nueva etapa de la vida.

En Cambridge, Reino Unido, la hija de una familia de refugiados chilenos, que apenas tenía dos años cuando llegó a este país. Ella decidió, junto a otras personas, hacer memoria de la memoria de los refugiados chilenos en Cambridge. Cambridge había recibido a refugiados que llegaban de Santiago de Chile directamente, o de Buenos Aires. o Lima. A su arribo eran recibidos por un grupo de estudiantes, académicos y sindicalistas. Se buscaba asentarlos de la mejor manera posible. El gobierno británico había ofrecido apoyo económico a través de una subvención mínima y la facilidad de estudiar o trabajar, dependiendo de los intereses o condiciones del refugiado.

Familias enteras, con niños y niñas de menos de 4 años. Madres jóvenes y padres jóvenes echados de pronto a un mundo de incógnitas. Habían salvado la vida lo cual era mucho y el agradecimiento a los británicos era eterno.

Estos niños y niñas ahora son adultos con sus propios hijos, estos ahora han retomado la bandera del recuerdo. Han visto que sus padres se han hecho viejos en tierra ajena, ven como sus hijos tienen parientes al otro lado del Atlántico a quienes no visitan pero sí saben de su existencia.

En esta reunión que celebraba 40 años del golpe de estado y de la muerte de Salvador Allende, se pudo hacer una reflexión de dónde estaban y como estaban los refugiados en Cambridge. Se confirmó que de las 150 familias que originalmente llegaron entre 1974 y 1978 quedaban solo unas 30 y de éstas casi todas ya con descendencias inglesas.

Todos los que participaban en la reunión hacían mención a la generosidad y entrega con la que fueron recibidos por la sociedad británica, todos aplaudieron los esfuerzos de todos los refugiados y sus hijos para que Pinochet fuera retenido y juzgado en el Reino Unido en España. Todos lamentaron como el gobierno laborista, que había hecho pasible que los refugiados encontraran santuario en este país, ahora permitía que el dictador gozara de impunidad y lo devolvieron a Chile, por motivos de caridad humana dijeron, el viejo estaba muriéndose. La verdad es que el viejo estaba en perfecto estado de salud; tanto es así que llegando a Santiago el viejecito en silla de ruedas, saltó como un buitre. Prueba clara que había una mentira amparada por los laboristas y los conservadores representados por la Thatcher que lo visitaban y le daban el tratamiento de VIP, impusieron su voluntad y así escapó el buitre sin juicio por los crímenes que cometió su gobierno. Este episodio lo vivieron los chilenos y latinoamericanos que habían llegado al Reino Unido. Pinochet se fue pero no sin un moretón en el alma. Su Reino Unido del alma le había cerrado en una casa y en frente tenia a todos los hombres y mujeres buenos que su mano criminal había sacado de su vida.

En esa reunión se entrevistaron a los chilenos y chilenas para hacer el documental 40 años después. Una cosa que se olvidó y que no se debe olvidar es que el golpe de estado de Pinochet no fue solo un golpe contra Chile democrático; fue un golpe contra Latino América, fue una herida en el corazón de las luchas por la dignidad y justicia social. Fue un ejercicio del imperialismo que además aprovechó para instalar el Plan Cóndor. El golpe de estado de Pinochet adquirió niveles continentales, mató fuera de sus fronteras expulsó a refugiados de las dictaduras locales a sus países, argentinos, brasileros, bolivianos, nicaragüenses, dominicanos y salvadoreños.

A los 40 años valga la manera de recordar acusando a los dictadores nacionales de haber amparado el crimen de este buitre del Mapocho.

No olvidemos que hoy habemos chilenos y latinoamericanos en todo el mundo, víctimas de las dictaduras, que como la del buitre, han gozado, matado y robado. Todavía el Juicio a Banzer no toma cuerpo. Todavía la reposición de cargos a los exiliados y el reconocimiento de que el exilio no es un acto voluntario. Como dice la hermosa canción de Isabel Parra, Ni toda la Tierra entera será un poco de mi tierra.