Berna, Suiza.- Un medio centenar de representantes de asociaciones y movimientos de solidaridad con Latinoamérica fundaron en Berna, el primer fin de semana de septiembre, la organización ALBA SUIZA. Según sus promotores, esta nueva organización busca expresar la solidaridad activa con los principios y planteamientos del ALBA. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) nacida en 2004 reúne en su seno a Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, así como varias naciones caribeñas entre las cuales: Dominica; Antigua y Barbuda; y San Vicente y las Granadinas.

En una primera declaración pública los militantes suizos y latinoamericanos rechazan todo intento de intervención militar en Siria; expresan su solidaridad con la actual movilización ciudadana en Colombia; ratifican el apoyo con el Gobierno de Venezuela; y ratifican la condena a todo intento de agresión militar o Golpe de Estado en cualquier lugar del mundo.

Advierten, además, sobre los riesgos antidemocráticos que planean en el continente y que se han materializado en los últimos cuatro años en los golpes en Honduras y Paraguay. Ante tal amenaza, “nos declaramos solidarios con la resistencia popular y la lucha por la democracia y la justicia social de todos los pueblos del continente”, sostienen. El 40 aniversario del Golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile debe ser motivo de solidaridad con los sectores y movilizaciones populares en ese país sudamericano, enfatizan.

ALBA SUIZA se estructura según los principios de una democracia realmente participativa, expresa Karin de Fries, elegida como primera presidenta de la asociación. “Cada reunión del comité -compuesto por doce personas- será público y tendrá un perfil asambleario”, enfatiza.

Si bien cuenta con una estructura jurídica de organización y cumple todas las exigencias establecidas en el Código Civil suizo, “apostamos a una verdadera dinámica de movimiento”, explica la educadora helvética que cuenta con una larga experiencia de cooperación solidaria en El Salvador.

El empeño solidario de la nueva organización se verá reforzado –y complementado- con la creación dentro de pocos días de un Grupo de Parlamentarios Amigos del ALBA, explica Walter Suter, ex diplomático suizo y miembro del Comité de ALBA SUIZA.

Los promotores identificaron como áreas esenciales donde se concentrarán las actividades de ALBA SUIZA, entre otras, la formación de sus miembros; la comunicación-información sobre la dinámica latinoamericana; el fortalecimiento de redes sociales solidarias; así como la promoción de brigadas y delegaciones de distinto tipo.

“Latinoamérica vive cambios históricos”

La Carta Constitutiva de la asociación reconoce el momento particularmente positivo que transita América Latina, considera al ALBA como “una alternativa al rumbo y vida capitalista”, y reivindica los valores de un “socialismo indo-afro-americano”.

Identificando a la cooperación, la complementariedad y la solidaridad, como principios válidos para “acumular fuerzas populares e institucionales por una nueva gesta de independencia latinoamericana”.

“Desde aquí –ndr: desde Suiza- queremos contribuir a la solidaridad y articulación de los Movimientos Sociales, para la integración continental, impulsando el ALBA y la solidaridad de los pueblos, frente al proyecto del imperialismo”, señala el documento de la organización que cuenta con integrar tanto miembros individuales como asociaciones y movimientos de solidaridad con Latinoamérica.

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Entre el drama humanitario y el riesgo de la intervención militar

El conflicto sirio que llega casi a su tercer año ha obligado a 2 millones de personas a partir al exilio, según lo establece un informe presentado en las últimas horas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Ginebra, Suiza.

Un millón ochocientos mil de entre ellas han abandonado el país en los últimos doce meses, con una media diaria de casi 5000. La gran mayoría, busca asilo en los países vecinos. A finales de agosto, según la misma fuente, 110.000 personas se habían refugiado en Egipto, 168.000 en Irak, 515.000 en Jordania, 716.000 en el Líbano y 460.000 en Turquía.

Aproximadamente el 52 por ciento de esta población son niños menores de 18 años. ACNUR anunció el pasado 23 de agosto, que el número de niños sirios refugiados había superado ya el millón.

“Siria se ha convertido en la gran tragedia de este siglo, una desgraciada calamidad humanitaria que conlleva un sufrimiento y un desplazamiento sin precedentes en la historia reciente”, enfatizó António Guterres, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados. “El único consuelo es la humanidad que están demostrando los países vecinos acogiendo y salvando las vidas de tantos refugiados”, subrayó.

Adicionalmente, más de cuatro millones de personas se encuentran desplazadas dentro de las fronteras de Siria, según las estadísticas publicadas a fines de agosto por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.

En su conjunto, estas cifras indican que en la actualidad el número de ciudadanos sirios que se han convertido en refugiados o desplazados forzosos supera al de cualquier otra nacionalidad a nivel mundial.

La necesidad de incrementar de manera significativa la asistencia humanitaria y la ayuda al desarrollo en favor de las comunidades de acogida se impone. Ante la presión que este éxodo está ejerciendo sobre los países vecinos -incluyendo el agravamiento del impacto económico-, ACNUR anticipó que ministros de Irak, Jordania, Líbano y Turquía se reúnen este miércoles 4 de septiembre en Ginebra en un esfuerzo por acelerar el apoyo de la comunidad internacional.

A pesar de esta compleja situación, las agencias humanitarias no esconden su preocupación al confrontarse a una gran carencia de fondos, dado que sólo han recibido hasta ahora el 47 % de las promesas anticipadas por la comunidad internacional.

El conflicto en Siria desnuda así, colateralmente, un relativo fracaso de parte de la comunidad internacional para hacer frente, a través de la asistencia humanitaria coherente, a situaciones de particular complejidad.

Además, algunos de los países europeos, como Francia, empeñados en las últimas semanas a implementar una respuesta militar contra el Gobierno sirio, no han dado hasta ahora señales significativas de acoger un número significativo de refugiados de ese país. La mayoría de las naciones europeas hasta el momento se limitan a discursos retóricos. Los contingentes de asilados previstos no corresponden para nada con la dimensión de la problemática.

Esta compleja situación humanitaria se desarrolla en paralelo a las amenazas crecientes de una posible intervención militar en Siria. La que sin embargo, está muy lejos de lograr el consenso internacional.

En las últimas horas, el Secretario General de las Naciones Unidas expresó desde Washington sus temores crecientes con respecto a lo que podría significar una intervención militar en ese país del Medio Oriente. Ban Ki-Moon recordó que una intervención “es legal sólo ante la autodefensa o bien cuando el Consejo de Seguridad aprueba tal tipo de medida”, cosa que en este caso no ha ocurrido. Teme que una acción militar – a la que se oponen enérgicamente China y Rusia- recrudezca la dimensión del conflicto provocando un aumento exponencial de víctimas de todo tipo.

“Nunca más la guerra” expresó recientemente el Papa Francisco en nueve idiomas inundando las redes sociales al tiempo que convocaba para el próximo 7 de septiembre a una jornada de ayuno y oración por la paz en Siria, en el Medio Oriente y en el mundo entero.

Importantes organizaciones internacionales han enfatizado una oposición clara contra cualquier intervención militar en Siria. La Oficina Internacional de la Paz, con sede en Ginebra, denunció recientemente “las oscuras amenazas de potencias occidentales por sancionar al régimen sirio por el uso no probado hasta ahora de armas químicas”. La organización galardonada en 1910 con el Premio Nobel de la Paz considera que una intervención occidental “agravaría indudablemente un conflicto ya trágico, (y) violaría el derecho internacional si no se basa en un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU…” con consecuencias incalculables para la seguridad mundial.