Amir Mohammad combinaba sin muchos contratiempos las tareas de taxista y custodio de una dependencia de la ONU en Afganistán hasta que los ocupantes de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) lo confundieron con un atacante suicida y le dispararon con proyectiles de todos los calibres. Ese día, el 14 de abril de 2008, la vida de ese ciudadano afgano cambió para siempre.

Mohammad era un hombre relativamente feliz, con remuneraciones que le alcanzaban para mantener a su familia de esposa y cuatro hijos, pero ahora no, porque está por perder todas sus propiedades y también una de sus extremidades inferiores. Los uniformados dispararon contra este hombre de ahora 39 años de edad por sospechar que se trataba de un atacante suicida y en cuyo vehículo había explosivos.

Según el sitio digital Khaama Press, Amir consume la mayoría del tiempo a las puertas de un jurado en Mazar-i-Sharif, a la espera de que un tribunal decida sobre el caso, mientras lo invaden la tristeza, la ira y la incapacidad de dar sustento a su prole. Cada día desde hace años, la víctima de la confusión ha luchado porque la justicia afgana haga valer el derecho que le asiste a una compensación por invalidez.

Amir dice que conducía su taxi y de repente escuchó una fuerte explosión, sintió algo caliente en su cuerpo y luego medio inconsciente, no comprendía por qué no era capaz de moverse. Se quedó sangrando durante 15 minutos, pues quienes abrieron fuego contra él, no querían acercarse al coche por temor a la posibilidad de otra explosión.

La patrulla de ISAF se movía rápido y salió de inmediato del lugar del incidente, pero más tarde sus integrantes se dieron cuenta que habían disparado contra un inocente civil y regresaron para recogerlo. Lo trasladaron hacia una base cercana al aeropuerto internacional de Mazar-i-Sharif. Extrajeron la bala de la pierna y después lo llevaron a casa y nunca más se ocuparon del caso.

“La oficina de la ONU me despidió porque no era capaz de hacer mi trabajo. Vendí mi coche para salvar mi casa y mis cuatro hijos de 11, nueve, siete y cinco años de edad, los han echado de la escuela por no pagar la matrícula”, explica Amir. No era una sola bala la que impactó su pierna, dice, ha sido una tormenta que destruyó su vida y arruinó el futuro de sus hijos.

“Si no pago pronto el alquiler de la casa, el propietario me va a echar. Mi familia quedará sin hogar y dormirá en la calle”, refiere Amir Mohammad, y cifra todas sus esperanzas en el tribunal de Mazar-i-Sharif, cuyos integrantes podrían conseguirle ayuda y dar paso a la justicia que requieren víctimas colaterales de un conflicto de más de una década de antigüedad.

Como el caso del ex taxista y custodio debe haber centenares a lo largo de todo Afganistán, en tanto que se cuentan por más de 600 mil las víctimas mortales de una guerra iniciada en 2001 con el pretexto de sacar del poder al movimiento Talibán y de eliminar al jefe de la red Al Qaeda Osama Bin Laden.

En todo caso, los niños resultan los más afectados con esa contienda que empezó conducida por una fuerza internacional de la ONU, y en 2003 tomó sus riendas la Organización del Tratado de Atlántico norte (OTAN), encabezada por Estados Unidos. El jefe de la misión de la ONU en Afganistán (Unama) Jan Kubis declaró que con un total de 524 aumentó 30% el número de infantes muertos o heridos en el primer semestre de 2013 respecto al mismo período del año anterior.

Kubis reveló que, de enero a junio pasado, de cada 100 muertos o heridos, 21 son niños. El representante del máximo organismo internacional acotó que se han registrado 2.499 denuncias de violencia por la guerra para un incremento de 24%, en comparación con igual lapso de 2012.

La mayor parte de las víctimas civiles, 74%, la Unama se las adjudica a acciones del movimiento del Talibán y de otros grupos opositores, porque utilizan artefactos explosivos para combatir a los mejor armados y preparados efectivos de la ISAF. Según ese organismo, la detonación de ingenios letales provocó la muerte o heridas a 41 de cada 100 civiles. Las muertes por operaciones de la ISAF en Afganistán, aunque son numerosas y fuentes de fricción entre el Gobierno y las ocupantes tropas extranjeras, la Unama afirma que no superan a las originadas por las de la oposición armada.

La OTAN está en pleno proceso de retirada y han cedido en los últimos tiempos la conducción de los combates a la Policía y Ejército de la nación asiática. De acuerdo con los planes, el repliegue de los ocupantes concluirá en 2014, aunque el Pentágono y mandos de otros países integrantes de la coalición internacional analizan mantener presencia militar más allá de esa fecha. Es decir, que el drama de las víctimas por el conflicto en Afganistán continuará hasta que los invasores y ocupantes lo decidan o el pueblo del país asiático los expulse.

¿Estados Unidos se va o no de Afganistán?

La invasión en Afganistán destapó todos los males de la sociedad de esa nación centroasiática como la mítica Caja de Pandora, pese a que, en la naturaleza de los ocupantes, la curiosidad se excluye por completo. Inseguridad, asesinatos, narcotráfico y corrupción, entre otros flagelos pululan en casi toda la geografía del país asiático y la mayoría se han potenciado con la presencia militar extranjera.

Los invasores de la ISAF, que llegaron a territorio afgano en 2001 y cedieron el mando a la OTAN en 2003, de ninguna manera se caracterizan por la ingenuidad con que Pandora, la primera mujer creada por Zeus, abrió el recipiente de contenido maligno. Bajo el pretexto de expulsar al gobierno del Talibán, los jefes de la alianza bélica noratlántica sabían de antemano que esa inicial intención iría mucho más allá, como lo reflejan los acontecimientos ocurridos en la última década.

En la percepción de la OTAN, Afganistán representa un lugar estratégico por sus riquezas naturales, situación geográfica y como base hacia otras aventuras bélicas. De tal manera que en el anuncio de retirarse a finales de 2014 y traspasar el poder a las autoridades locales, incluyen que el relevo quedará en manos de intereses cercanos y favorables.

Al sacar del Gobierno al Talibán, ISAF colocó en la primera magistratura a Hamid Karzai, quien por ley no puede aspirar a un tercer mandato. Los candidatos a suceder a Karzai aún no expresan sus objetivos con total claridad, aunque prima en el ciudadano común el rechazo a la ocupación extranjera que ha impuesto un régimen inconsecuente con la vida tradicional.

Un ejemplo del sentimiento de repudio se dio en residentes, grupos de derechos humanos y líderes locales de la provincia de Maidan Wardak, al denunciar el clima de terror. En esa región se han registrado manifestaciones para exigir la retirada inmediata, durante las cuales han portado carteles con frases como “Muerte para América”, “Muerte para Obama” y “Muerte para las fuerzas especiales” (estadounidenses).

“Si desestiman nuestra demanda (que se vayan los soldados estadounidenses), nos uniremos al movimiento insurgente del Talibán”, advirtieron los protestantes, y uno de ellos, Haji Abdul Qadim, declaró que si se mantiene la situación así (los desmanes de los ocupantes), la población se unirá a la insurgencia para enfrentar los abusos y violaciones.

Basado en esas protestas, el presidente Hamid Karzai demandó la retirada de las tropas estadounidenses de las provincias de Logar y Maidan Wardak. En esos dos territorios, vecinos de Kabul, la capital, y estimados volátiles y beligerantes, los invasores norteamericanos crearon grupos armados ilegales que la población rechaza porque desestabilizan el curso normal de la vida. De acuerdo con fuentes oficiales, un comando liderado por fuerzas especiales de Estados Unidos secuestró a nueve civiles en Wardak, y además torturó y mató a un estudiante.

De 2001 a la fecha, los soldados norteamericanos cometieron numerosos actos delictivos o crímenes de lesa humanidad, entre ellos el protagonizado por el sargento Robert Bales, quien mató a 16 civiles, incluidos nueve niños, durante sendas incursiones a aldeas afganas. Por esto se le sigue un juicio en una base militar en territorio estadounidense y sobre el cual testigos afganos de la masacre han formulado testimonios vía televisiva.

En ese contexto, el tema más recurrente sobre Afganistán y punto de controversias resulta la retirada en 2014 de los efectivos de la ocupante ISAF. A excepción de Estados Unidos, el resto de la coalición de tropas integrada por una cincuentena de países prometió que en el mencionado año concluirá el retiro de sus grupos y dejará en manos de las autoridades locales los sectores de la Seguridad y la Defensa.

Esto pone en entredicho al presidente Barack Obama, quien formuló el compromiso, en 2008, durante su primera campaña por la Casa Blanca, de acelerar la retirada de los soldados estadounidenses, pero al llegar al poder en 2009 y luego ser reelecto en 2012, la realidad ha sido bien distinta.

El jefe del Pentágono Leon Panetta reconoció durante un periplo por países del Sudeste asiático que Washington cambiará de táctica en su lucha contra la organización extremista Al Qaeda, y admitió que hacia tal fin priorizará el empleo de pequeñas fuerzas de ataque y el mejoramiento de la cooperación internacional, en especial con Afganistán. Dentro de esas modificaciones, se mantendrá una presencia de asesores para dirigir operaciones antiterroristas y fortalecer las fuerzas afganas de seguridad.

La ex secretaria de Estado Hillary Clinton declaró durante una visita a la nación centroasiática que “el presidente ha designado oficialmente a Afganistán como el mayor aliado de Estados Unidos fuera de la OTAN”, es decir, en un lugar semejante al que Washington coloca a Israel. Con ese motivo, Kabul recibirá ayuda militar de la alianza noratlántica por valor de más de cuatro mil millones de dólares al año y otra cifra similar destinada a un acápite denominado de exigencias civiles, aprobada por una conferencia de donantes celebrada en Tokio.

Clinton precisó que como parte de las negociaciones de un Acuerdo de Asociación Estratégica, Estados Unidos se comprometerá a garantizar la seguridad de la nación centroasiática con posterioridad a 2014, para lo cual mantendrá de 10 a 30 mil hombres pertenecientes a fuerzas especiales, apoyados por compañías privadas. A la vez, continuará utilizando su propia aviación, incluidos las aeronaves no tripuladas (drones) en misiones de ataque.

Otro elemento de contradicción afgano-estadounidense lo expresó Karzai, al decir que Estados Unidos viola los derechos de prisioneros de la cárcel de Bagram, muchos de los cuales continúan entre rejas pese a ser inocentes. El mandatario afgano precisó que los ocupantes norteamericanos incumplieron con uno de los acuerdos para transferir a control nacional poco más de tres mil detenidos en el mencionado recinto penitenciario.

La presencia de 100 mil soldados de la ISAF en Afganistán, más de 60 mil de ellos estadounidenses, con el objetivo de garantizar seguridad y estabilidad, no ha conseguido ninguno de esos dos propósitos.

Según denuncias del gobierno de Irán, la producción afgana de opio se ha cuadruplicado desde la invasión y ocupación por las fuerzas foráneas, pues si en 2001 se fabricaban dos mil toneladas, hoy día la cifra llega a ocho mil. Teherán es uno de los más afectados por el consumo de opio que se elabora a partir de la amapola, en tanto se ubica en una de las tres principales rutas de los narcotraficantes, a saber, la del sur por Pakistán hasta los puertos de Gwadar y Karachi, y la del norte que cruza las exrepúblicas soviéticas de Kirguistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán. Sin embargo, dentro del territorio afgano se obtienen pingües ganancias en ese comercio con beneficio para todos.

La amapola la cosechan con altos rendimientos en las provincias de Kandahar y Helmand, y luego convertida en opio o heroína es moneda de cambio por armas como los fusiles Kalashnikov AK-47 o la versión más moderna, los AK-74, conocidos como Kalakov. Se cotiza así: un kilogramo de droga compra 15 Kalashnikov o 10 Kalakov y en otro trueque se ofrece el mismo peso de estupefacientes por cinco o seis de esos fusiles.

En opinión de los mercaderes, resultan más redituables las armas que las drogas, aunque las cifras reflejan que en cualquiera de los casos todos ganan, incluidos súbditos de la coalición de países de la ISAF. Por un kilogramo de opio se pagan 200 dólares y con siete kilogramos de éste último se obtiene uno de heroína, materializada en rústicos laboratorios subterráneos ilocalizables para los ocupantes foráneos, que más tarde se vende a dos mil dólares, pero si pasa a Tayikistán alcanza los cinco mil o mucho más si llega a Europa o a Estados Unidos.

Y en cuanto a la seguridad ciudadana, nada más alejado de la tranquilidad aún con la presencia de los invasores y ocupantes, a cuyos mandos les preocupan las agresiones desde lo interno. Cálculos conservadores dan cuenta que unos 11 mil civiles murieron a causa de los tiroteos, explosiones de bomba, bombardeos aéreos o atentados que se han registrado en poco más de una década de conflicto, mientras el número de desplazados supera los 100 mil.

Según datos del Pentágono, más de 500 ataques con aviones no tripulados o drones lanzaron el año pasado los militares de Estados Unidos en Afganistán, cifra que representa un incremento de 72% respecto al 2011 y además supone una señal de confianza en la fuerza aérea por control remoto para matar a los insurgentes afganos, informó el diario Los Angeles Times y destacó que el aumento ha coincidido con la nueva estrategia de Washington en Afganistán.

El ejército de Estados Unidos ha reconocido en múltiples ocasiones que ha matado accidentalmente a civiles en ataques con aviones no tripulados. Los Angeles Times recordó que en 2010 al menos 24 personas murieron en la provincia de Oruzgan tras ser confundidos con insurgentes. Según el Pentágono, desde mediados de 2010 hasta el primer semestre de 2011 los drones mataron 10 veces más civiles en Afganistán que el resto de las aeronaves militares.

El 7 de abril de 2013 al menos 11 niños y una mujer murieron por un ataque aéreo de las fuerzas de ocupación de la OTAN en el distrito de Shegal, provincia de Kunar. El 31 de julio la Unama confirmó que 1.319 civiles murieron en el primer semestre del año, un incremento de 14% respecto al mismo curso anterior, y refirió que hubo un aumento considerable de mujeres (61%) y niños (30%) fallecidos, en comparación con 2012. Además, se registraron 2.533 personas heridas, un incremento del 28%. Investigadores civiles vinculados al Departamento de Defensa consideraron que la razón principal es la falta de entrenamiento de los operadores de los aparatos dirigidos por control remoto, informó el diario Stars and Stripes.

El suspenso de la ocupación en Afganistán

El 8 de junio de este año la publicación canadiense Global Research denunció que un ejército privado de contratistas permanecerá en Afganistán tras la anunciada retirada de los militares estadounidenses en 2014. La publicación en Internet cita datos reflejados en dos informes publicados recientemente, uno por el Servicio de Investigación del Congreso (CRS) y otro por la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO).

Global Research precisa que en la actualidad hay 108 mil contratistas privados en Afganistán, de los cuales más de 30 mil son estadounidenses, muchos más que los 65.700 soldados de ese país que aun permanecen allí; y el Pentágono es incapaz de decir incluso qué hacen allí. Según Angela Snell, de la Universidad de Illinois, es una manera “conveniente” para que la Casa Blanca evada sus obligaciones legales con referencia a los abusos cometidos por los contratistas.

La última visita a Estados Unidos del presidente Hamid Karzai quedó por debajo de las expectativas a causa de que se mantienen las inquietudes anteriores a ese periplo: Afganistán continuará ocupado hasta finales de 2014 y quizá más allá con motivo del interés del Pentágono de mantener presencia en el país asiático.

Con casi dos tercios de los 100 mil uniformados de ISAF, Estados Unidos impone las condiciones al resto de los participantes en la invasión contra Afganistán, en tanto los otros integrantes se han concentrado en faenas de construcción, asesoría y logística. En las acciones combativas, el Pentágono lleva el peso mayor, aunque Obama anunció que las tropas estadounidenses no intervendrán en ese tipo de operaciones y se dedicarán a entrenar a los uniformados locales.

Ese fue uno de los resultados que se anotó Karzai con el jefe de la Casa Blanca, quien accedió a acelerar la transferencia de responsabilidad norteamericana a manos locales. Entre otras entregas, Estados Unidos cederá la custodia de los presos en recintos afganos, incluida la tenebrosa cárcel de Bagram, una instalación semejante a la iraquí de Abu Ghraib o a la cubana de la base de Guantánamo.

El mandatario afgano reclamaba la exclusión de las tropas norteñas en redadas contra presuntos integrantes de la red Al Qaeda, el pretexto número uno de Washington para permanecer en la nación asiática. Según el jefe de Estado, resultan inefectivas las acciones de los ocupantes, pues no realizan sus tareas en los lugares sospechosos de abrigar a presuntos integrantes de esa red y, por el contrario, esas operaciones originan malestar e ira de los ciudadanos.

Salió a relucir el proceso judicial que enfrenta el sargento estadounidense Robert Bales, acusado de masacrar a 16 personas durante incursiones a las aldeas afganas de Balandi y Alkozai. El tribunal, en la base conjunta Lewis-McChord, estado de Washington, atestiguó los pormenores de la matanza realizada por Bales, para quien el fiscal teniente coronel Jay Morse solicitó pena de muerte por considerar lo realizado por el detenido como premeditado, metódico y de una crueldad infinita.

De acuerdo con la versión de la Fiscalía, el 11 de marzo de 2012 Bales abandonó su base militar en Kandahar, al sur de Afganistán, fue hasta una aldea cercana donde atacó a varios civiles, regresó a la base y después fue a otra localidad similar y asesinó a otros pobladores, y después incineró la mayoría de los cadáveres. El militar asesinó de forma deliberada y metódica después de consumir cantidades significativas de alcohol clandestinamente con otros compañeros. Los representantes del Gobierno señalan que Bales estaba armado con una pistola de nueve milímetros y un fusil semiautomático con un lanzagranadas.

El pasado 5 de junio, el acusado Bales se declaró culpable de asesinar a los 16 civiles afganos en 2012. La abogada defensora Emma Scanlan presentó el alegato de culpabilidad de Bales, quien había firmado una larga relación sobre las acciones que realizó la noche de los hechos. Los abogados de Bales argumentan la posibilidad de que el acusado padeciera un trastorno de estrés postraumático debido a una contusión cerebral que sufrió en una de las tres misiones previas que cumplió en Irak, además del daño psicológico ocasionado por los sucesivos despliegues a zonas de guerra. Si los letrados que defienden a Bales logran evitar la pena de muerte para su cliente, este será probablemente sentenciado a cadena perpetua, señaló la cadena CBS.

En la entrevista con su homólogo norteamericano Barack Obama, Karzai insistió en negar inmunidad para los soldados estadounidenses, pero luego cambió a una oferta más flexible: la decisión correrá a cargo de la llamada Loya Jirga o Asamblea Nacional de líderes tribales. Obama había advertirdo que Washington abandonará el territorio de la nación centroasiática solo si los tribunales afganos obvian los procesos judiciales pendientes contra los militares norteamericanos.

No obstante, Afganistán mantiene sus reclamaciones de juzgar los delitos cometidos por otros militares norteamericanos, y Washington insiste en ofrecer inmunidad para sus soldados una vez que se retiren en 2014, o, al menos, que sean procesados por la justicia estadounidense, según el sitio digital Khaama press. Esa condición que la Casa Blanca obtuvo en un acuerdo similar con Irak, choca con las declaraciones del presidente Karzai, quien ha reiterado que los acusados norteños deben responder ante la ley afgana.

* Periodista de la redacción Asia y Oceanía de Prensa Latina.