Dirk Jasper, director del CELADE, dice que no es necesario hacer un nuevo censo. ¿Cómo puede decir eso si no hubo censo? No hay censo posible sin actualización cartográfica, si se reclama el censo como “científico”. Por otra parte, ¿cómo puede validar los resultados, sin antes haber evaluado el mal llamado “censo”? ¿Cómo se va evaluar el gran error estadístico si no se cuenta con actualización cartográfica?

El sub-registro, es decir, la sub-numeración se capta precisamente a partir del referente de la actualización cartográfica. La diferencia entre los datos preliminares y los resultados oficiales es otra cosa, un error, en todo caso menor. De todas maneras no se entiende que, siendo una misma base de datos, se tenga dos resultados diferentes, además en una proporción considerable, en cifras generales. El director del CELADE también dice que si hay errores es por algunas preguntas mal formuladas. Es toda la boleta la que está mal formulada, toda la composición y estructura de la boleta, que no mantuvo el equilibrio entre la parte del cuestionario que corresponde a las comparaciones internacionales y la parte que corresponde a la construcción de indicadores diferenciales y específicos, destinados a las políticas públicas y a la planificación integral y participativa. Esto último no se dio lugar. En vez de esto se mantuvo una pregunta solitaria de opinión sobre auto-identificación étnica. Pregunta insostenible objetivamente, que en todo caso debería estar acompañada por preguntas de control, para lograr mejores resultados muestrales en el censo.

Siguiendo con las contradicciones del director del CELADE, dice que no se puede cambiar la base de datos, que se va hacer cuantificaciones de la población faltante. Fuera de que no hubo, en realidad censo, sino una enumeración incompleta, ¿cómo se puede decir que se va a cubrir la población faltante? No solamente que la estructura y la composición del mismo censo se encuentran descuajeringados, sino ¿cómo va a realizar esta cuantificación sin actualización cartográfica? Por otra parte, cómo va a realizar esta cuantificación, añadiendola a los resultados del censo, sabiendo que un censo es eso, enumeración completa, y comprende una figura integral. ¿Qué quiere hacer? ¿Un Frankenstein estadístico?

Los datos de omisión que presenta Jasper son llamativos:

A primera vista -opinó Jaspers-, el censo en Bolivia tuvo una cobertura superior al 95% y hubo una omisión inferior al 3%. “Un censo con una omisión inferior al 5% está muy bien”, aseguró el representante[1].

¿Cómo puede saberlo sin actualización cartográfica? ¿Por qué se inventan estas cifras? ¿A quién quieren salvar? ¿Está comprometido el CELADE en tan bochornoso “censo”? ¿Los organismos internacionales están comprometidos? Estas declaraciones insostenibles estadísticamente muestran a lo que han llegado los organismos internacionales. Antes eran una garantía de objetividad, de técnica, de cumplimiento y de seriedad. Ahora se han convertido, como los gobiernos mismos de los países, en charlatanes. La crisis de valores, además de las instituciones mundiales, además del Estado-nación, ha llegado lejos. Los organismos internacionales, mucho menos el gobierno, van a imponer a los bolivianos una cuantificación incompleta y falta de seriedad técnica y científica. Los bolivianos somos soberanos, sabemos lo que necesitamos; necesitamos un censo “científico”, que cumpla con la demanda de una planificación integral y participativa, como establece la Constitución.

Añadiendo a las incoherencias, dice que la evaluación del censo se llevará a cabo en un lapso de cuatro años. Entonces, ¿para qué queremos esta evaluación, si no nos va a servir, sino de aquí a un quinquenio? Para entonces, para lo qué sirven los datos del censo, cuya utilidad se orienta a la planificación, las políticas públicas, el conocimiento de las características de la población y sus dinámicas; lo que nos diga el seño Jasper, para entonces, no tendrá ninguna utilidad. ¿Se hacen la burla? Entre el gobierno y los organismos internacionales parece haber un conciliábulo, una complicidad en una patraña.

Como dijimos el problema del grave error estadístico se manifiesta en los primeros indicadores que dio a conocer el INE en su informe sobre el censo. Plantea, este informe, que la tasa de crecimiento media anual disminuyó del 2.74% al 1.71%; esta supuesta disminución no es posible explicar, cuando bajaron las tasas de mortalidad, que ocasionan, mas bien, el crecimiento de la población. Teniendo en cuenta la disminución paulatina de la tasa global de fecundidad, además de la disminución de la tasa de natalidad, fuera de contar con el impacto de la migración neta, no impactan tanto como para explicar semejante disminución, en una curva ascendente de tasas de crecimiento en las últimas décadas.

Llama la atención en el informe del INE que:

1. No proporcione toda la información como para hacer un diagnóstico.

2. No proporcione más indicadores para cruzar la información y chequear la coherencia.

3. Una primera impresión resulta en evidenciar que no hay control de calidad. El informe es lineal pero no busca verificar si el censo es coherente; tampoco da una idea de la dinámica demográfica de Bolivia[2].

Ciertamente, como dice Hubert Mazurek, la tasa de fecundidad es mucho más baja en las regiones urbanas que en las rurales[3]. Sin embargo, el informe no ofrece ninguna información sobre la situación rural y urbana, contrastables. Como se estima, es de esperar que en Bolivia la población urbana se encuentre alrededor del orden del 70% de participación, aunque haya que discutirse los parámetros de cómo se define lo rural y lo urbano[4]. Con todo, las variaciones en la composición demográfica, debidas a la migración rural-urbana, no explican semejante disminución de la tasa de crecimiento, incluyendo al saldo migratorio del país.

Llama la atención los datos ofrecidos por departamento, correspondientes a las tasas de crecimiento. Aparentemente todos los departamentos sufren de disminución en las tasas de crecimiento, a excepción de lo que ocurre en Pando, que sube de 3.48% a un 6.63%. No son, sin embargo, explicables las disminuciones en Santa Cruz, Beni y Tarija, cuando se ha notado en la década pasada fuertes migraciones a estos departamentos, ciertamente guardando las escalas regionales. Las tasas de crecimiento diferenciales por departamento, reproducen la situación inexplicable de la disminución de la tasa de crecimiento en todo el país. ¿Cómo han efectuado estos cálculos? ¿Sobre la base de datos obtenida de la enumeración incompleta? ¿Se ha hecho “cocina”, como dicen los demógrafos, cuando se inventan datos, mediante procedimientos cuestionables aritméticos?

El informe del INE nos presenta un cuadro comparativo cronológico donde se nota un paulatino “envejecimiento” de la población. El contingente poblacional de jóvenes y adultos, que se encuentra entre 15 y 64 años, pasó de 54.32% a un 62.82%; el grupo poblacional de adultos mayores, que se encuentra entre los 65 años y más, pasó de un 4.21% a un 6.12%; en tanto que el contingente demográfico de infantes, niños, púberes y adolescentes, que se encuentra entre los 0 y 14 años disminuyó de un 41.47% a un 31.02%. Volviendo a la explicación de la disminución de la tasa de crecimiento, este paulatino “envejecimiento” de la población tampoco explica esta desaceleración demográfica. En todo caso se puede notar, indirectamente, el aumento en la esperanza de vida, por lo tanto, también el crecimiento de la población, por esta causa.

Mientras no se tenga un informe adecuado, es muy difícil hacer apreciaciones más específicas. Sin embargo, ya con el primer informe del INE, que más parece improvisado que provisional, se notan las grandes grietas del llamado “censo” y de sus inexplicables resultados. En contraste, llama la atención, que el señor Dirk Jasper se adelante, antes de cumplir con una evaluación, y valide el “censo” con extravagantes declaraciones. ¿Qué hay? ¿Qué se quiere encubrir? ¿Un bochornoso “censo” en el que tienen responsabilidad los organismos internacionales? En todo caso, los y las bolivianas no podemos aceptar este montaje. Nadie puede quitarnos la oportunidad de contar con un censo “científico”, que nos sirva de herramienta para la planificación integral y participativa. Debemos exigir que este censo se realice. Incluso, debemos organizarnos, de tal manera, que podamos realizar el censo nosotros mismos, como sociedad, enseñando a todos los que quieren engatusarnos a hacerlo de una manera participativa y confiable.

Notas:

[1] Página Siete. 22de agosto 2013.

[2] Se recogen las observaciones hechas por Hubert Mazurek.

[3] Carta de Hubert Mazurek, después de revisar el informe del INE sobre el Censo de Población y vivienda 2012.

[4] Estimación hecha por Hubert Mazurek.