La dictadura banzerista abrió en América Latina, al neoliberalismo y lo hizo con sangre de mujeres y hombres mineros y campesinos, con Toque de Queda y Estado de Sitio, es decir con prohibición de caminar, de decir, de pensar y tener derechos.

La historia fue larga, desde 1971 hasta 1978, desde un golpe militar cruento y con resistencia en el Laikakota, con miles de exiliados políticos y desaparecidos, con muerte que no es natural sino crueles asesinatos preparados por asesores brasileros y gringos.

Los porfiados izquierdistas, tercos por ser diferentes, por soñar diferente, por hacer diferente, por buscar socialismo, y copiar lo foráneo eran indignos, parias, comunistas

Los porfiados mineros que habían aprendido del Ché la posibilidad de tomar el poder, con revolución de masas… eran peormente indignos de ser bolivianos…

El pueblo que llenaba las plazas con Juan José Torres, cedió su lugar a las plazas llenas de tanques y metralletas. Los libros fueron perseguidos por una inquisición castrense torpe y tosca, pero cometieron crímenes de lesa humanidad cada día, el genocidio fue cotidiano, sin piedad, más allá de cualquier forma de entender el dolor humano.

La soledad tuvo su remedio en la solidaridad, los sindicatos descubrieron su verdadera fuerza en la clandestinidad, los dirigentes se hicieron más dirigentes, y los izquierdistas pusieron a prueba su convicción militante, y muchos dieron la vida en su militancia.

En la Navidad de 1977, una gran mujer y líder sindical minera, Domitila Barrios de Chungara, que junto a otras mujeres como Luzmila de Pimentel, Angélica de Flores y Aurora de Lora lucharon, tuvieron la osadía de iniciar una huelga de hambre para debilitar al gobierno dictatorial de Hugo Banzer Suarez, donde se sumaron otros líderes de la Iglesia Católica fue histórico para la democracia que vivimos.

Hoy siglo XXI, 21 de agosto, necesitamos recordar, revelar y rebelar, rebelar nuestra memoria con las revelaciones del pasado, con los recuerdos que fueron escondidos para que los delitos queden en la impunidad.

Las nuevas generaciones, tienen el derecho a la vez que obligación de conocer la verdadera historia. Las generaciones actuales tienen el derecho de saber lo que pasó en las dictaduras, tienen que saber por ejemplo que Banzer no es el demócrata que muestran los manuales escolares, sino un verdadero “ángel de la muerte”

Banzer en Bolivia (1971), Pinochet en Chile (1973), Videla en Argentina(1976) y Stroessner en Paraguay, constituyeron la mafia militar que servía -y de rodillas- al imperio norteamericano, que asesinaba sin remordimiento alguno a disidentes políticos, que perseguía sistemática y metódicamente a todo aquel que pensara contrario.

Eran la columna vertebral del Plan Cóndor.

Pero no solo eran la columna vertebral de un plan terrorista, sino la estrategia neoliberal en toda su fase primitiva, eran la Doctrina del Shock en su fase germinal, en su nacimiento. Luego se vinieron los que se vinieron, se vino la democradura del capital.

Banzer por ello, significa un retorno a la memoria, para que nos duela, para que nunca más vuelva a suceder, el tiempo oscuro.

Para que las calles estén siempre con alegría de fiesta popular y no con grilletes y barras de cárceles…

Para que en cada amanecer nazca la esperanza

Para que los desaparecidos, los asesinados, los torturados, y las desaparecidas, asesinadas y torturadas, nos recuerden que su recuerdo es lo que nos permite pensar como hoy pensamos, con libertad.

La revolución que hoy se vive, no hubiera sido posible, sin ese pedazo de historia, que escrita con manos rebeldes.

Hoy es una revolución en marcha.

* Abogado, director general de Estudios y Proyectos del Viceministerio de Gestión Comunicacional.