Las recientes elecciones en Montenegro lo dejaron como un país demasiado pequeño para un solo presidente, en medio del desconocimiento por el opositor Miodrag Lekic de la victoria en las urnas del actual jefe de Estado Filip Vujanovic. En Albania, el resultado de las elecciones confirma un inusual bipartidismo para unas de las naciones más pequeñas y pobres de Europa con grandes problemas y aspiraciones para ingresar a la Unión Europea (UE).

Para Montenegro, nación de apenas 680 mil personas, un jefe de Estado no parece bastar, pues Lekic, el único candidato opositor, se proclamó vencedor apenas sin conocerse los resultados definitivos y continuó en ese empeño aún después que se le dio por perdedor. La república atestada de montañas con un extremo margen en el Adriático está sumida en una grave crisis económica, en medio de un desempleo que afecta al 20 por ciento de su población, mientras la deuda externa supera el 55 por ciento de su Producto Interno Bruto.

Vujanovic, del Partido Democrático de los Socialistas, busca llevar al país a reformas económicas de ajuste similares a las aplicadas en otras naciones europeas en problemas como Grecia, Portugal, España o Chipre. A diferencia de otros estados europeos en crisis, Montenegro aplica por sí misma las medidas de ajuste, con la promesa de los políticos de que ello ayudará a un buen tránsito por las negociaciones de adhesión a la Unión Europea (UE). Precisamente, la separación en 2006 de Montenegro del estado que formaba de conjunto con Serbia hacía apenas tres años, estuvo muy relacionado con las intenciones de Pergorica de adherirse a la UE y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Sin embargo, la presencia de solo dos candidatos en las elecciones presidenciales y la negativa de Lekic a reconocer los resultados abren un compás de espera en una diminuta nación que aunque con historia propia avanza con dificultad en Europa. Pero la historia de la pequeña Montenegro, al menos hasta donde se conozca, se remonta a la época de Justiniano, del imperio Bizantino, que se apoderó de esa región y la pobló con esclavos, y hasta el siglo X se denominó Dioclea.

Luego estuvo hasta 1516 bajo tutela de Austria y más tarde bajo la dirección de un ruso, Pedro III, hasta que murió en 1773 y luego fue comandada por Pedro I hasta el último regente, Nicolás, de 1860 a 1918, cuando se crea Yugoslavia. Durante la II Guerra Mundial, fue ocupada un tiempo por los fascistas italianos que por un año la proclamaron un estado independiente. Al concluir la conflagración, se creó la República Socialista de Montenegro dentro de la Federación Yugoslava.

Durante la desintegración de Yugoslavia en la década de 1990, Montenegro participó junto a Serbia en la lucha contra el separatismo de Croacia y Bosnia-Herzegovina y en 2003 constituyó un estado con Serbia. Luego de un referendo sobre la independencia, favorecido por el 55 por ciento de los votos, Montenegro proclamó la formación de un estado soberano el 3 de junio de 2006.

La situación se tornó tensa luego de estos comicios, pues aunque la mayoría de las encuestas previas le daba al jefe de Estado una victoria con 55 por ciento de los votos, el resultado con el que se proclamó vencedor fue de 51,3. Su opositor desconoció la victoria de Vujanovic y consideró que se trataba de un golpe de Estado, pues él aseguraba que acumuló 50,6 puntos, aunque la comisión electoral reconoció que solo llegó a 48,79 por ciento.

Pero los reclamos del Lekic, un ex ministro del Exterior, apoyado por el Frente Democrático (FD), se reprodujeron en protestas de unas 10 mil personas para demandar una revisión de los comicios e impugnar sus resultados. La UE advirtió como necesaria una salida legal a tal situación, sin existir peligro de inestabilidad en una nación que desde junio del pasado año se aplica para ser un nuevo miembro del bloque comunitario.

Sin embargo, la entidad regional puso como una de las condiciones para la entrada al grupo de los 27 una lucha implacable contra la corrupción, un flagelo que afecta con fuerza a varios estados balcánicos. Para el analista Milos Besis, con independencia de la derrota o no en las urnas de Lekic, éste envió un claro mensaje de advertencia sobre el poder ostentado hasta ahora por Vujanovic, un político que asumió la presidencia por primera vez en 2003. Besis se refiere en particular a los resultados de comicios anteriores, en los cuales Vujanovic prácticamente se enfrentó a sí mismo y, sin embargo, ahora comparte casi a la mitad los votos con Lekic.

En los comicios de enero último, el gobernante Partido Democrático de los Socialistas obtuvo 40 por ciento de los votos y garantizó una mayoría junto al Partido Socialista Popular (SPD), en el Parlamento y poder formar gobierno, dirigido por Milo Djukanovic.La silla presidencial tiene en Montenegro un carácter simbólico importante, pues las verdaderas funciones ejecutivas las ejerce el primer ministro. Pero, el resultado obtenido por el candidato opositor puede causar mayor división aún entre la población del diminuto estado y ahondar más las condiciones de la crisis en esta nación europea, considera el analista montenegrino Svetozar Javicevic.

En ese sentido obra la amenaza de la bancada del Frente Democrático, que contó con el 20 por ciento de los votos en los comicios de octubre pasado, de boicotear el trabajo de comisiones parlamentarias como protesta por el resultado electoral. De cualquier forma, los 10 mil participantes en manifestaciones, sobre todo, en las ciudades de Porgorica, Bas y Niksic, demostraron el poder de convocatoria del dirigente opositor.

Llamó mucho la atención que el SPD, con 10 puntos en las más recientes legislativas, rechazara un tercer mandato de Vujanovic. Montenegro camina cuesta arriba para salir de la crisis económica y cumplir con las exigencias de la UE de combate a la corrupción, en medio de la inestabilidad política creada por el resultado de las presidenciales.

Conflicto grande para diminuta Albania

El resultado de las elecciones albaneses confirma un inusual bipartidismo, con poco cambio para unas de las naciones más pequeñas y pobres de Europa con grandes problemas y aspiraciones para ingresar a la UE. Después de un controvertido proceso en 2009, cuando en las elecciones parlamentarias se confirmó la victoria del Partido Democrático (PDSH), de Sali Berisha, el opositor Partido Socialista de Albania (PS) mantuvo las protestas.

Berisha debió reconocer, sin embargo y quizás por primera vez sin violencia, su derrota en los comicios de junio de este año, ganados claramente por los socialdemócratas con el 30,43 por ciento de los votos. El PS, no obstante, está lejos de ser novato en la jefatura del ejecutivo, pues en 1997, después del fin de los disturbios que pusieron al borde de una guerra civil al país y donde se emplearon armas sustraídas de cuarteles militares, los socialdemócratas llegaron al

poder.

Pero, a diferencia de lo que muchas fuerzas progresistas esperaban del PS, éste puso en práctica un drástico plan de medidas para reforzar el camino del diminuto estado europeo hacia la llamada economía de mercado. La aplicación de tales medidas agravó aún más el asunto de la emigración, en especial, de la fuerza de trabajo más preparada. De hecho, con dos millones 800 mil habitantes, según el censo de 2012, Albania cuenta con una diáspora de seis millones que convirtieron el envío de remesas en uno de los principales ingresos de esta nación exsocialista europea.

La historia de Albania se remonta al parecer a los ilirios, dominados en el 34 Antes de Nuestra Era por los romanos que luego dieron paso a la ocupación del imperio Bizantino hasta casi finalizar la Edad Media, a lo cual le siguió una dominación de ocho siglos por el imperio otomano. Ello influyó mucho en el carácter agrícola que aún hoy persiste en Albania, donde en su tiempo hubo una salida masiva de intelectuales y un movimiento de la población rural hacia las ciudades.

De ahí que la situación económica esté lejos de ser la ideal ni siquiera en la capital del estado balcánico, donde crece la tendencia de algunos partidos de explotar la carta de la Gran Albania con propósitos electorales. Si bien tras la guerra civil de secesión en Yugoslavia en la década de 1990 y los bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte a ese desaparecido estado, la teoría de la Gran Albania tomó fuerza, ello parecía últimamente olvidado. Pero en febrero de 2012, el ex miembro del Tribunal Supremo Tresnik Spahiu fundó la Alianza Negro y Blanca, de posiciones ultraderechistas y con la divisa de recuperar los territorios albaneses en los Balcanes para crear la Gran Albania.

Aunque la mayoría de los especialistas como Txente Rekondo considera que en varios años, después de la guerra en Kosovo e incidentes armados o conflictos en Macedonia y Montenegro, la demanda de una Gran Albania se redujo considerablemente, el partido de Spahiu demuestra que la petición se mantiene viva. Existen en Albania algunos oligarcas de cercana data, formados al calor de vínculos de funcionarios del gobierno con el crimen organizado y elementos especulativos como los creadores del más dramático caso de pirámides financieras que en 1997 afectó a dos tercios de la población albanesa.

Para especialistas del Observatorio de Investigaciones Árabes y Musulmanas, la formación de pirámides, en las cuales se engañaba a la población humilde, depositaria de sus ahorros en esquemas de supuesta rápida y alta ganancia, está vinculada a las grandes diferencias sociales creadas con las reformas económicas de principios de este siglo XXI que, sin embargo, lograron uno de los registros más altos de crecimiento en la zona. Pero, ¿a qué precio? Albania continúa como uno de los estados más pobres de Europa, con un alto por ciento de desempleo, un alfabetización del 85 por ciento y unas diferencias marcadas dentro de la población, casi toda concentrada en el campo.

La gran mayoría de los intelectuales, profesores y científicos emigró de esta nación en la década de 1990, por lo cual fue necesario emprender a principios de este siglo un amplio programa de inversiones en la esfera tecnológica y científica. Sin embargo, Rekondo destaca que las diferencias sociales quedaron plasmadas en el el fraude de las pirámides financieras de 1997, en lo cual estuvo involucrado Berisha. Entre las causas del deterioro económico y social en esta nación europea destaca la existencia de una economía sumergida, la construcción incontrolada, sobre todo en zonas costeras, y la llamada burbuja del ladrillo, vinculada a ese último sector.

Las disputas constantes entre el PSDH y el PD paralizaron casi toda la actividad del Parlamento entre 2009 y 2013, luego de las cuestionadas elecciones de hace casi un lustro que echaron por tierra las aspiraciones de Tirana de presentar su candidatura para iniciar negociaciones para el ingreso a la UE. El bloque comunitario ni siquiera aceptó la condición de candidato para las conversaciones de adhesión de Albania, algo que el 44 por ciento de los europeos rechazaba, según una encuesta realizada en 2006.

La dirección comunitaria exigía en esta ocasión la celebración de elecciones transparentes, evitar los hechos de violencia, avanzar en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado y reforzar las instituciones democráticas. Por otro lado, el país enfrenta una seria situación en zonas rurales, donde se concentra la población con mayores niveles de pobreza, en medio de un decrecimiento de la producción agrícola, la principal ocupación albanesa. El reto del nuevo gobierno consiste, además, en ofrecer con más claridad las oportunidades de inversión en esferas como la minería, pues es el tercer productor de cromo en el orbe y posee yacimientos de hierro y otros minerales.

La situación en las urnas era esperada con apremio por electores y observadores internacionales a tenor con la historia sangrienta de estos procesos en el pasado. Los comicios de mayo pasado tampoco fueron una excepción: al menos una persona pereció en altercados entre políticos el día de la votación. Medios de prensa destacaban aquí que la declaración del resultado tendría dudosa validez, sobre todo, si favorecía a las fuerzas gubernamentales, pues en abril de este año tres de los siete integrantes de la Comisión Central Electoral renunciaron a sus puestos. Ello ocurrió poco después que el Movimiento Socialista de Integración (LSI) decidió abandonar la coalición en el gabinete, formada en 2009 con el PD para buscar una alianza con los socialistas.

De esa forma, el órgano colegiado quedó integrado por tres miembros del PD, uno del LSI, como la parte gubernamental, y dos del PS y uno del Partido Griego, por la oposición. De ahí que era necesario reestructurar la comisión, a lo cual se negó el gobierno. Ello llevó a la renuncia de los representantes opositores. Pero la clara victoria de la coalición de izquierda dirigida por los socialistas dejó en un segundo plano las dudas para reconocer los resultados, pese a denuncias de irregularidades.

Muchos auguran que la estabilidad política continúa como un espejismo en este país con grandes aspiraciones de ingresar a la UE, mientras parece quedar atrás la consigna nacionalista de la Gran Albania, con negativas implicaciones para la región.

* Jefe de la redacción Europa de Prensa Latina.