El Cairo, Bruselas, Washington, Naciones Unidas y Caracas (PL).- El gobierno de Egipto confirmó la muerte de 525 personas por la actuación de las fuerzas de seguridad en las operaciones del miércoles contra los seguidores del depuesto presidente Mohamed Morsi. Fue el peor día de violencia en la historia moderna del país islámico. Según testigos presenciales, solo este viernes perdieron la vida otras 70 personas en los choques entre aliados del gobierno y grupos islamistas que demandan el regreso de Morsi, removido del poder el 3 de julio.

El Ministerio de Salud de Egipto informó que 525 personas perecieron el miércoles, entre ellas 43 integrantes de las fuerzas de seguridad, y 3.717 ciudadanos sufrieron heridas durante los desalojos de campamentos establecidos desde el 3 de julio en varios lugares de la ciudad capital egipcia. Por lo menos 43 policías murieron en choques represivos contra manifestantes islámicos favorables al ex presidente Mohamed Morsi. Fue el peor día de violencia en la historia moderna del país islámico más poblado del mundo, según medios políticos y de prensa.

Los manifestantes, que reclamaban el retorno al poder del presidente islamista Mohamed Mursi, derrocado el 3 de julio pasado y detenido por las Fuerzas Armadas, reaccionaron contra los agentes al verse atacados de manera violenta. Al menos 61 de los muertos cayeron en la plaza Rabaa al Adawiya, principal congregación de leales a Mursi, y otros 21 en la de Al Nahda, lugares ambos donde los partidarios de Mursi acampaban desde hacía un mes y medio, relataron testigos.

Tras la sangrienta jornada del miércoles, que provocaron la renuncia del vicepresidente Mohamed ElBaradei, y la condena de la ONU, el primer ministro interino impuesto por los militares, Hazem Beblawi, elogió “la gran moderación de la Policía”. No obstante, la Hermandad Musulmana (HM) reportó casi cuatro mil víctimas más que la cifra oficial y consideró que los informes del gobierno están muy por debajo de los resultados de lo ocurrido. Los estimados preliminares de la organización se refieren a 4.500 muertos y más de 10 mil heridos. Gehad El Haddad, vocero de los Hermanos Musulmanes, dijo: “El recuento y la identificación todavía continúan en tres mezquitas, tres hospitales y dos morgues”, y a través de la red social Twitter expresó su condena a la violencia de la fuerza pública.

La tensión estalló el 14 de agosto al amanecer, cuando efectivos de los cuerpos armados comenzaron el desalojo de miles de personas en las plazas de Rabaa Al Adauiya y Al Nahda. Los enfrentamientos abarcaron a muchas otras regiones del país, sobre todo después de la decisión oficial de enfrentar por cualquier vía las acampadas pacíficas organizadas por la HM, en protesta por la destitución del Jefe de Estado electo mediante una asonada militar.

El 15 de agosto miembros de la HM atacaron e incendiaron un edificio gubernamental en El Cairo, en una acción considerada la peor tras la represión policial del miércoles. “La ira dentro del movimiento islamista, de 85 años de trayectoria y millones de seguidores en todo Egipto, está “fuera de control”, declaró el portavoz de la organización Gehad El-Haddad.

Los Hermanos Musulmanes fueron llamados a marchar el jueves en El Cairo junto a las procesiones funerarias de sus allegados fallecidos, cuyos recorridos devinieron en nuevos focos de choques contra la Policía y el Ejército. La organización integrista islámica convocó al “Viernes de la ira”, que dejó un saldo de unos 70 muertos, de acuerdo con diversas fuentes. Las manifestaciones terminaron con la última oración de la tarde, seguida por oraciones fúnebres, pero luego habrá similares acciones todos los días, advirtió Al-Hadad.

Esos movimientos en medio de tensiones y estados de ánimo extremos de ambas partes se suman al anuncio del ejecutivo interino de que enfrentará de manera directa y con armas de fuego a protagonistas de cualquier acción contraria. El Ministerio del Interior advirtió que respondería con “munición real” a cualquier ataque contra sus fuerzas o instalaciones oficiales.

Los gobiernos de El Cairo y de Alejandría impusieron el toque de queda decretado el miércoles en 14 de las 27 provincias egipcias, mientras las autoridades solicitaron el respeto a la medida, aunque la violencia continuaba en el país. El toque de queda regirá cada día desde las 19:00 hasta las 06:00 (hora local) en las provincias de El Cairo, Giza, Alejandría (norte), Beheira (norte), Minia (sur), Beni Suef (sur), Sohag (sur), Asiut (sur), Suez (este), Ismailiya (este), Fayum (suroeste), Qena (sur) y las dos del Sinaí (este).

Varios canales televisivos locales mostraban en las últimas horas incendios y enfrentamientos en varios puntos de la capital. Imágenes de fosas comunes y cadáveres son mostradas en videos exhibidos en Internet. El hallazgo de los cuerpos de unos veinte muertos en estado de descomposición obligó a la policía a ordenar excavaciones frente a la mezquita de Rabaa, declaró la activista Dalia Ziada.

En Bruselas, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) solicitó que se investigue la muerte de cuatro reporteros en Egipto, abatidos mientras cubrían los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y seguidores del depuesto Morsi. El presidente de la organización Jim Boumelha instó al fiscal general de Egipto Hisham Barakat a investigar los hechos, pues “los asesinatos y el número de heridos indican que los periodistas han sido objetivo de la violencia de las dos partes”.

Los periodistas fallecidos el miércoles son Ahmed Abdel Gawad, reportero del periódico libanés Al Akhbar; Mosab El-Shami, fotógrafo del sitio de noticias Rassd (RNN); Mick Deane, camarógrafo de la cadena británica Sky News; y Habiba Ahmed Abelaziz, periodista egipcia del periódico Xpress, de Emiratos Árabes. “Estamos aterrados y tristes por la pérdida de nuestros colegas que murieron porque creían en el objetivo y la misión del periodismo (…) Debemos honrarlos manteniendo la fe en las mismas aspiraciones que ellos tuvieron”, manifestó Boumelha.

La FIP investiga informaciones referidas a que alrededor de 20 periodistas han resultado heridos en el conflicto egipcio. Además, militares egipcios retuvieron al corresponsal de Telesur en Egipto Pablo Osoria, y al resto de los integrantes de su equipo de trabajo y les borraron el material filmado en el día sobre los actuales disturbios en El Cairo. Osoria fue interceptado junto a sus colegas en la plaza Ramsés, donde cubrían los choques entre islamistas y fuerzas castrenses acompañadas de individuos de civil. Reporteros de distintos medios que tratan de hacer su trabajo tienen que cuidarse también de los disparos de francotiradores en acecho contra camarógrafos, fotógrafos y redactores que acceden a las zonas de conflicto, informó el periodista.

Los militares retuvieron durante algunos minutos a los integrantes del equipo y revisaron en medio de la calle sus filmaciones sobre movimientos de soldados, tanques y otros medios militares así como, por lo menos, de un choque en el cual murieron varias personas. Osoria, que se mantuvo en comunicación telefónica con la sede de Telesur mientras revisaban la cámara, declaró que en la céntrica Plaza Ramsés donde fueron retenidos se producían en ese momentos fuertes disturbios que son cada vez más frecuentes.

Individuos de civil suplantan a las autoridades y exigen como ellas la documentación a los periodistas que cubren los actos de violencia originados tras las acampadas de apoyo al anterior gobierno, explicó el reportero. El descontrol reina en la capital y los maleantes aprovechan esa circunstancia para robar las cámaras de los miembros de la prensa para extraer sus memorias y venderlas, agregó el traductor del equipo de Telesur retenido y liberado este viernes. Osoria, quien precisó que en el momento de ser interceptado se encontraba exactamente en frente de la sede de la Liga Árabe en esta capital, afirmó que cada vez se propagan más por el país los choques entre fuerzas de seguridad y la población.

Entretanto, el presidente de Venezuela Nicolás Maduro anunció la retirada del embajador en Egipto, tras denunciar lo que calificó de golpe de estado contra el mandatario Mohamed Mursi. Maduro adelantó que se mantendrá un encargado de negocios hasta nuevo aviso y afirmó que llevará el tema a la Organización de Naciones Unidas (ONU). En ese sentido, consideró que se elaborará una propuesta en el seno de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), con la demanda de restablecer la constitucionalidad y el derecho a la paz del pueblo egipcio.

Los Hermanos Musulmanes están pagando caro el error de apoyar estrategias del gobierno de Estados Unidos en la región: “Hemos sido testigos de un baño de sangre en Egipto”, expresó Maduro al recordar que Venezuela alertó tempranamente que el golpe de estado era inconstitucional e ilegal.

Ante los lamentables acontecimientos, el gobierno y el pueblo boliviano expresó su profunda preocupación por el agravamiento de la crisis en el país hermano e hizo votos para que Egipto retorne, a la brevedad posible, a la convivencia pacífica. De la misma manera, “criticamos públicamente el accionar de aquellos países que no hicieron más que agravar la crisis política, apoyando a un Gobierno de facto, que no respetó el voto democrático del pueblo egipcio y, al contrario, optó por la masacre en las calles”, indica un comunicado de la Cancillería del Estado Plurinacional de Bolivia.

Bolivia rechaza cualquier acción intervencionista, bajo pretexto de protección al pueblo egipcio y aboga públicamente para que se intensifiquen todas las gestiones dirigidas a la restauración de la democracia y el Estado de Derecho, de manera que las acciones que se den a futuro se ajusten a los intereses del pueblo egipcio, en el pleno ejercicio de su soberanía y autodeterminación.

Por su parte, la titular de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) Catherine Ashton dijo que la responsabilidad por la tragedia en Egipto recae sobre el gobierno interino y la dirigencia política de ese país. La diplomática pidió a las autoridades policiales egipcias dar muestra de moderación, e instó a las fuerzas políticas a expresar sus puntos de vista de manera pacífica para encauzar al país hacia “un itinerario democrático que cure las heridas infligidas a la sociedad”.

Ashton llamó a los representantes de los 28 estados miembro de la UE a discutir y coordinar medidas sobre la situación en Egipto para ser adoptadas por el bloque regional. Precisamente Francia, Reino Unido, Italia y Alemania pidieron a la UE una reunión urgente para fijar una posición común con respecto a esta cuestión y resaltaron la necesidad de enviar un mensaje común fuerte para tratar de frenar la ola de violencia.

Además, dos relatores especiales de Naciones Unidas advirtieron sobre la escalada de la violencia en Egipto, en particular el creciente número de ataques contra iglesias e instituciones cristianas. Los expertos en materia de prevención del genocidio, Adama Dieng, y de la llamada responsabilidad de proteger, Jennifer Welsh, criticaron el excesivo uso de la fuerza.

Expertos de Naciones Unidas en temas de derechos humanos pidieron viajar a Egipto para monitorear la situación tras el estallido de la actual crisis. Chaloka Beyani, titular del grupo, precisó que todavía no han recibido respuesta de El Cairo al reclamo del comité. En un comunicado distribuido en las sedes de la ONU en Ginebra y Nueva York el experto condenó “el uso excesivo de la fuerza por parte de los cuerpos de seguridad” y recalcó que el estado de emergencia decretado por el gobierno “no justifica la suspensión de los derechos humanos” y que ninguna circunstancia puede avalar las ejecuciones sumarias, la tortura, las desapariciones forzosas y los arrestos arbitrarios.

Al mismo tiempo, denunció la violencia ejercida por los participantes en las protestas e instó a los líderes políticos, religiosos y comunitarios a trabajar por el relajamiento de las tensiones en “esta extremadamente peligrosa situación”. Beyani exhortó al gobierno a no responder con la fuerza a las nuevas manifestaciones y abogó por un proceso de diálogo, reconciliación y transición que reconozca las preocupaciones de todos hacia un Egipto estable, unido y democrático.

Pese al agravamiento del conflicto en la nación norafricana, el presidente Barack Obama aspira a mantener su apoyo financiero al gobierno egipcio. Desde 1948 hasta hoy Egipto ha recibido más de 70 mil millones de dólares de ayuda militar de Estados Unidos. No obstante, Obama anunció el jueves la cancelación de los ejercicios militares conjuntos con su aliado estratégico en la región en respuesta al conflicto que se vive allí.

Ambos países harían las maniobras Bright Star para mediados de septiembre. Las de 2011 se suspendieron debido a la destitución del entonces mandatario Hosni Mubarak, pero el actual escenario provocó cambios en la agenda. En su declaración desde la residencia vacacional de Martha‘s Vineyard, Massachusetts, el gobernante advirtió que revisará la relación con las autoridades interinas egipcias; sin embargo, evitó calificar la deposición de Morsi como un golpe de estado y eludió referirse a los términos de la mencionada ayuda militar.

La postura del mandatario tiene lógica. Según estimados oficiales, semejante apoyo de Washington a Egipto ronda los 1.500 millones de dólares anuales, que se suspenderían conforme a la ley norteamericana si se decide dar el calificativo de “golpe” a la destitución presidencial de Morsi. El pasado 1 de agosto el Senado rechazó la propuesta del republicano Rand Paul de poner fin a esa ayuda militar y económica, porque en las condiciones actuales Egipto es “inelegible” para recibir dinero de los contribuyentes. “Enviar dinero a Egipto en esta circunstancia de golpe militar es ilegal”, afirmó Paul para luego asegurar que “en lugar de enviar ilegalmente ese dinero al extranjero, deberíamos gastar ese dinero en casa”.

La ecuación para la Casa Blanca es de un doble rasero, por una parte dice deplorar la violencia contra civiles, respaldar los derechos humanos, pero sigue apoyando financiera y económicamente a unas autoridades que han reprimido con violencia al pueblo egipcio. También, como Israel, Egipto cuenta con una línea de crédito permanente que utiliza en su beneficio y en el del complejo militar-industrial estadounidense y eso no se podría perder.