César Portillo de la Luz, el legendario autor del clásico Contigo en la distancia, murió el pasado 4 de mayo a los 90 años de edad en La Habana. Fue fundador del movimiento cancionístico conocido como “filin”, una simbiosis entre lo mejor de la música norteamericana del jazz y el blues con la lírica cubana.

El viceministro cubano de Cultura Abel Acosta resaltó la obra del recién fallecido compositor César Portillo de la Luz, de grandes significados para la música en la isla. Tengo la impresión, dijo a Prensa Latina, que no perdimos a César, ganamos su obra hace mucho tiempo; sus influencias y aportes a la cultura ya estaban hechos.

Acosta estuvo presente junto a otras personalidades de la cultura, amigos, familiares y pueblo en general en las exequias del destacado compositor, el último grande de ese grupo de músicos extraordinarios que, junto a José Antonio Méndez, Angel Diaz, entre otros, fundaron el filin, ese género en el que establecieron una simbiosis entre lo mejor de la música norteamericana del jazz y el blues con la lírica de la cancionista cubana.

De esa unión de armonías nació ese género y lo convirtieron en un producto de un extraordinario nivel y una fuerza incalculable. A estos aportes se suma su incuestionable defensa de las tradiciones y de la patria. Si escuchas Contigo en la distancia (1946), te encuentras una pieza de un valor literario y musical enorme, reflejo de los más puros sentimientos en relación al amor.

En su tema Son al son, escuchas un “son rellollo”, música cubana intacta puesta de relieve y en defensa de la cubanía. De ahí viene su letra: Mi tierra linda porque te quiero, yo a ti te canto mi son entero… Y es que este texto además alude a las trasgresiones comerciales del género cuando dice: el son para que no te asombres ya me lo quieren robar, y me le quieren cambiar hasta el mismísimo nombre.

La muerte del compositor cubano César Portillo de la Luz remite, inevitablemente, al clásico que lo inmortalizó y cantan hoy nostálgicos sus admiradores: Contigo en la distancia. “No existe un momento del día, en que pueda apartarme de ti, el mundo parece distinto, cuando no estás junto a mí”, comienza este clásico del movimiento filin, cubanismo de “feeling” (sentimiento).

Versionada por decenas de artistas de primer nivel, desde Pedro Infante a Luis Miguel, desde Nat King Cole a María Bethania, las grandes voces de la canción se rindieron ante la bella melodía. Intensa como el filin mismo, esta canción compuesta en 1947 narra la pasión de ese amor juvenil que aún desconoce el desengaño, esos que solo viven almas sin curtir que todavía creen en lo eterno.

La declaración es, sinceramente, romántica y desbocada: “Y es que te has convertido en parte de mi alma, ya nada me conforma si no estás tú también. Más allá de tus labios, del sol y las estrellas, contigo en la distancia, amada mía, estoy”. Años después, el propio autor explicó que cantó “la historia de un hombre enamorado a los 24 años, edad en que uno parece un potro salvaje y entonces se puede enamorar de una potranca cerrera”.

Según el libro Poesía en la canción popular latinoamericana, de Darío Jaramillo, Portillo confiesa que con la desconocida musa vivió “una gran pasión, una linda pasión”. La canción expresó, entonces, “la magnitud del complemento que significa esa mujer en mi vida, y la letra lo dice claramente”, aunque reconoce que los versos han sido ocasionalmente desvirtuados.

Por ejemplo, donde él escribió “ya nada me conforma” otros cantan “ya nada me consuela”, y donde puso “ni yo quiero escucharla, cuando me faltas tú”, hay quien dice “si no la escuchas tú”. Más allá de eso -y del sol y las estrellas-, la más internacional canción del filin es un monumento a aquel movimiento que nació en las descargas entre amigos de la bohemia y la trova habanera.

Tanto a Contigo en la distancia como a Tú mi delirio, otra de sus creaciones emblemáticas, se le hicieron más de 100 versiones, y fueron cantadas por leyendas del canto, como Nat King Cole, Plácido Domingo o Caetano Veloso. Incluso la actual estrella del pop Cristina Aguilera la cantó con toda la influencia del rythm&blues, rescatándola para generaciones menos dadas al bolero y los sonidos suaves.

En Cuba se dice que para cantar filin hace falta “bomba”, o sea, corazón, sentimiento, esa hondura que trasciende timbres y tesituras pero que cala y embelesa a quien lo escucha. Además del recién fallecido Portillo, otro rey del filin fue José Antonio Méndez, y en las voces femeninas las reinas fueron Moraima Secada, Elena Burke y Omara Portuondo, la actual diva del Buena Vista Social Club.

Portillo antes de la despedida

Rafael Lam entrevistó al gran compositor cubano después que cumpliera 90 años en 2012, cuando no sabía que su fallecimiento se produciría pocos meses más tarde, el 4 de mayo de 2013. La última conversación fue después de salir del hospital, donde estuvo atendiéndose por un problema pulmonar.

El vate vivía en la zona habanera de Playa, protegido por su fiel perro pastor alemán, rodeado de trofeos, premios, suvenir y fotos. Constantemente dialogaron de música y de la cultura nacional. Antes casi siempre terminaban discutiendo acaloradamente, pero al final Lam tuvo que darle la razón, porque fue un sincero defensor de lo cubano.

P. ¿Portillo, cómo se encuentra de salud?

R. Estuve ingresado por problemas de la respiración, pero ya voy luchando contra el tiempo. No me quejo, estoy lúcido.

P. ¿Es cierto que no recibe periodistas?

R. No recibo al que no tenga que recibir, no quiero que me invada nadie. No necesito popularidad. Cuando cumplí 90 hice constar que no quería felicitaciones públicas. Quizás tenga que morir para que hablen bien de mí. Estoy solo en el pelotón, donde nadie se rinde. Discuto sobre la bandera de la sinceridad, sustento la verdad para el mejoramiento de la cultura.

P. Pasemos a los asuntos musicales. ¿Cómo ve el movimiento musical actual?

R. Hay una moda de la llamada “fusión”, una patente que usan algunos para evadir lo auténtico nacional, donde está la verdadera riqueza. No tenemos que esperar lo cubano solamente con el tambor. Debemos buscar lo nuestro, para tener nuestra fisonomía propia.

P. ¿Usted ha dicho que a la música actual le falta fisonomía?

R. La música se determina por los géneros. El danzón, por ejemplo, tiene un formato instrumental clásico. Cuando no se compone dentro de un marco, el resultado es amorfo. Sin género no hay afirmación musical. Yo le dije al trovador Silvio Rodríguez: “Tu obra eres tú”. Él tenía influencia de Los Beatles y fue capaz de evolucionar. Hay muchos que ponen sus ojos en la música foránea, especialmente en el jazz, otros en la onda mercantil y desperdician la genuina música cubana que siempre ha llenado bolsillos de los empresarios extranjeros. Cuba tiene la mayor mina de oro de la música en esta zona del planeta, eso se sabe bien y nadie lo discute.

P. ¿El movimiento feeling que se acerca a los 70 años tuvo influencias internacionales?

R. Los filineros amaban la música de valores en cualquier parte, reconocimos el jazz, pero asumimos la herencia de la llamada trova tradicional. A la larga hicimos la canción cubana de nuestro tiempo.

P. ¿Frank Sinatra es su preferido?

R. No es mi preferido, sino mi distinguido. Por más de medio siglo reafirmó su maestría. Todas las culturas tienen su forma de canción y él logró eso en su estilo. Le dediqué una canción titulada Forever Frank.

P. ¿Quiénes fueron los intérpretes más renombrados de sus canciones?

R. Fernando Fernández de México comenzó a difundir mis canciones por diferentes casas disqueras. Después me insertan en unas diez películas mexicanas. Otros intérpretes renombrados en el exterior: Lucho Gatica, el rey de la interpretación bolerística en América Latina. Andy Rusell, el Trío Calavera, Nat King Cole, quien tocó Delirio en forma instrumental con arreglo de Chico Oâ€ÖFarril. La Orquesta Sinfónica de Londres, Plácido Domingo, Caetano Veloso, Nana Caimé, Gilberto Gil, Cristina Aguilera, Luis Miguel. Por Cuba los más destacados: Elena Burke, Omara Portuondo, Pepe Reyes, Miguel de Gonzalo, Orlando Vallejo y Roberto Faz con el Conjunto Casino.

P. ¿Cómo fue aquel encuentro tan sonado con Lucho Gatica?

R. Eso fue entre 1956 y 1957, en el cabaret Sans Soucí, el choque no fue tan sonado nada, la prensa especuló con la polémica. Él llegó con su director musical, José Sabre Marroquín. Le expuse que había cambiado una frase en la canción Delirio. Frase que después Luis Miguel también mantuvo en su grabación de Delirio. Por suerte mis canciones son como esos muñecos que los tiras y siempre caen bien.

P. ¿Por qué muchos cantantes cambian la letra de las canciones?

R. Porque no conocen la canción a fondo, no la investigan para conocer el texto exacto y su dramaturgia que es tan esencial. No hay canción sin una dramaturgia, la canción como el bolero es una crónica sentimental, y hay que dar todo eso en solo tres minutos.

P. Cuénteme cómo fue su experiencia en el cabaret Sans Soucí, uno de los más famosos de Cuba.

R. Alterné con Rolando Laserie y el cuarteto Las D´Aida, junto a mi grupo. Uno de los dueños del cabaret era Santos Traficante quien se enamoró de la canción Delirio.

P. ¿Cómo era el mafioso Santos Traficante?

R. Muy atildado y fino, no se notaba que era un mafioso; ellos eran muy cautelosos, andaban en negocios muy comprometidos con el juego de casinos en La Habana.

P. ¿De qué manera logra, en su primera etapa (1946) escribir sus canciones más famosas?

R. Contigo en la distancia fue un momento de fluidez de ideas, de inspiración, con esa canción toqué la flauta. Generalmente las mejores creaciones se alcanzan en plena juventud, cuando la vida es de rosa y de ilusiones, cuando la espontaneidad es plenamente libre.

P. ¿Tiene alguna preferencia con sus canciones?

R. No tengo preferencias, aunque las dos canciones emblemáticas mías son Contigo en la distancia y Delirio, son las que más agradezco, me han dado mucha popularidad.

P. ¿Noche cubana está muy ligada a la bohemia?

R. Es una exaltación poética a la noche cubana, en ella se me antojó ver la noche como una mujer negra, con su tropicalismo vigente en Latinoamérica, como fueron las canciones de Gabriel Ruiz Noche, y de Gonzalo Curiel Vereda, tropical. Aunque te digo que yo no era un adicto tan fuerte a la vida nocturna, éramos muy pobres, nuestra bohemia fue el feeling callejero y de tertulias caseras en el Callejón de Hamel y en otros recintos.

P. Pasemos a México, ¿qué recuerdos tiene de ese país?

R. Perdí la cuenta de mis visitas allí, he tenido amistades diversas: Mario Ruiz Armengol, Vicente Garrido, José Luis Caballeros, Los Tres Ases, Cardini, el dueño del cabaret donde cantó varias veces Bola de Nieve.

P. ¿Cómo recibieron los muchachos del feeling el estilo de Agustín Lara?

R. La influencia fue a través de su obra, más que por su estilo; aunque el vate nos demostró que con pequeña voz se pueden decir muchas canciones. Lo conocí de vista, no personalmente.

P. ¿Qué participación tuvo en la Asociación Musicabana, que tanto defendió los derechos de autor de ustedes?

R. Fui el que la bauticé, pero por discrepancias en su funcionamiento me salí del proyecto, aunque continúe colaborando.

P. ¿Hábleme de Elena Burke y José Antonio Méndez?

R. Elena tenía una voz y un timbre muy especial con su registro grave envidiable. Lograba una comunicación asombrosa, pudiera haber sido también una gran actriz. José Antonio fue mi gran compañero de mil batallas, en los fracasos y las esperanzas fuimos como una familia, los caballos de la Troika del feeling. Los dos que más trascendimos profesionalmente con sus composiciones, como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en la Nueva Trova. Anécdotas tengo muchas.

P. ¿Cómo fue su llegada al Callejón de Hamel, “cuartel general” del feeling?

R. Yo había tocado con Estaban Pons y Luis Llamart, en un trío al estilo de Los Tres Ases y transfiero ese repertorio a los hermanos Tirso Díaz (hijo) y su hermano Angelito Díaz, donde se gestaba el feeling, en el Callejón de Hamel, no. 1 108 (altos). El feeling nos aportó una tremenda libertad en el tratamiento de las letras acompañados por la fiel guitarra. En esas reuniones se cantaba y se estudiaba, jugábamos dominó, pero no éramos una generación de gente tomadora.

P. ¿Usted nunca ha bebido alcohol?

R. Le hago rechazo orgánico a la bebida, aunque tengo cultura alcohólica; conozco como se quita una borrachera: se toma una limonada con sal, lo practiqué con muchos compañeros.

P. ¿Qué recuerda de los tiempos del feeling?

R. Toda la gran música cubana, el tango, los mariachis, las canciones francesas y estadounidenses que llegaban a través del cine.

P. ¿Y de su niñez y temprana juventud qué me cuenta?

R. Tengo una herencia musical muy fuerte, eran los tiempos de las pianolas con cilindros, eso de lo digital es de ahora, cuando aquello todo era a la antigua. Entonces disfrutaba de los ensayos de un septeto de sones que estaba de moda y cantaba canciones trovadorescas. Una tía me hacía cantar. También alternaba mi juventud dentro del deporte (béisbol), igual me gustaba el boxeo. En aquellos tiempos no había trabajo y tuve que pintar casas con la brocha gorda.

P. ¿Vamos a hacer un recuento de sus premios?

R. Me otorgaron el Premio de la Academia Iberoamericana para la Ciencia y las Artes de la Música de España, 2004. El Premio Nacional de Música 2004. Aunque mi mayor premio es la comunicación con el público, sin ellos no me hubieran dado estos galardones al cabo de tantos años.

P. ¿Qué hacía en los últimos tiempos?

R. Sigo haciendo canciones, estuve preparando un cuaderno de poemas naif, y siempre he estado haciendo donaciones a la Salud Pública de Cuba.

* Rafael Lam es colaborador de Prensa Latina y Charly Morales, periodista de la Redacción Cultura.