Cuba y su pueblo dejaron una fuerte impresión en el escritor estadounidense Ernest Hemingway, quien creó en esa tierra varios de sus más importantes libros. Cuando vivia en la Finca Vigía, ubicada en San Francisco de Paula, escribió siete de sus libros entre ellos El viejo y el mar, que le valió el premio Pulitzer en 1953.

Para quienes viven en la isla significa mucho que el novelista donara su medalla del Premio Nobel de Literatura 1954 al santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, considerada patrona de Cuba, destaca la especialista del Museo Finca Vigía Carmen Zita Quirantes. Si bien fue largo el trayecto recorrido desde las manos de Hemingway hasta la Iglesia situada en la oriental provincia Santiago de Cuba, hoy el galardón está entre las disímiles ofrendas dedicadas a esa virgen, conocida también como protectora de los pescadores.

Precisamente, la pesca fue una de sus pasiones desatadas, además de ser el móvil de su obra El viejo y el mar, a ella dedicó varias horas en su yate El Pilar y fijó su residencia en el poblado costero de Cojímar, ubicada al este del centro habanero. Disímiles lugares de la capital como el restaurante bar Floridita, la popular Bodeguita del medio y los hoteles Ambos Mundos y Sevilla también conservan vestigios de su paso. Asimismo, el autor de Por quién doblan las campanas manifestó una abierta simpatía hacia el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, y su proyecto socialista.

Tales vínculos con la isla trascendieron en el XIV Coloquio Internacional Ernest Hemingway, que sesionó en junio en el Palacio O’Farril del centro histórico habanero. La edición, dedicada especialmente a África, reunió a expertos e investigadores provenientes de Estados Unidos, Venezuela, Japón, Israel, Canadá e Irlanda, entre otros países.

Hemingway desata aún pasiones en La Habana

La estancia por más de dos décadas del escritor estadounidense Ernest Hemingway en La Habana constituye aún un enigma para los seguidores de su obra en la Isla y en todo el mundo. Su casa en Finca Vigía, los lugares en los cuales dejó huellas como el restaurante bar Floridita donde solía disfrutar de su daiquiri, los torneos de la pesca de la aguja en la costera norteña Cojímar, resguardan su paso por Cuba.

De ahí que investigadores de todas latitudes se acerquen al Coloquio Internacional dedicado a su vida y obra, que cada dos años auspicia la casa museo, en San Francisco de Paula. Este año llegaron a La Habana un centenar de estudiosos, conservadores, artistas, apasionados todos de su impronta literaria, para seguir las últimas rutas, los pasos del autor de El viejo y el mar por esta ciudad.

Más allá de las conferencias, los debates teóricos y las charlas sobre determinados temas como la preservación del inmueble donde se asentó en La Habana desde 1940, las pasiones por la caza, su paso por África, la correspondencia con amigos y colegas, el encuentro trajo a un grupo de imitadores, ganadores de un concurso de personas parecidas a Papa, como le llamaban sus allegados. Todos rebasaban las seis décadas, con porte robusto, pelo y barbas canosas.

Por las calles nos confunden, la gente nos miran asombrados, unos nos gritan ¡Hemingway!, otros ¡Papa!, comentaban algunos en los pasillos del Palacio O’Farril, donde se desarrollaron las jornadas teóricas. Y es que la cita fue además un homenaje a este narrador desde todas las manifestaciones artísticas. Una puesta teatral, La Habana caliente de Hemingway, trajo al canadiense Brian Gordon Sinclair, otro apasionado, también con una minuciosa caracterización física, quien confundía a todos en escena, con sus anécdotas y pasajes trascendentales del Nobel de Literatura.

En el amplio programa teórico desplegado se disertó sobre los primeros pasos de Hemingway como escritor, así como de su amplio epistolario. En esta misma cuerda de la correspondencia estuvo Susan Wrynn, quien dedicó su charla sobre las cartas cruzadas entre el novelista y el italiano Gianfranco Ivanovich, hermano de Adriana, una de los amores fugaces del autor.

Cuentan que cuando Ernest Hemingway trabajaba en el periódico Kansas City Star lanzó una máquina de escribir por la ventana, furioso porque quería más verbos y menos adjetivos. La anécdota parece ser cierta, y debería serlo aunque solo fuera porque resume la esencia del buen periodismo y del arte de narrar que Hemingway dominó con su estilo brusco y desbrozado.

Para nadie es secreto que el Hemingway escritor y novelista le debe mucho al Hemingway testigo y protagonista de historias que nadie le contó, más bien las contó él como reportero sin par. Sobre aquellos comienzos en el periodismo versó una conferencia del experto estadounidense Steve Paules en el coloquio internacional dedicado en Cuba al autor de Adiós a las armas y otros clásicos.

“Surgimiento del escritor: Hemingway en el Kansas City Stara” fue una de las ponencias más seductoras en un programa que incluyó un análisis de la influencia de África en este escritor, y viceversa. Los seis meses que trabajó Hemingway en The Kansas City Star, con apenas 18 años de edad, fueron explorados por Paules para mostrar cómo el periodismo lo condujo a la literatura.

Salvo un pequeño grupo de cuentos, muy poco se sabe sobre cuánto aprendió el joven Ernest en aquel periódico, como su fascinación por la violencia y el lado oscuro del comportamiento humano. Paules es escritor y editor de arte del Kansas City Star desde hace casi cuatro décadas, y en los últimos años se ha dedicado a estudiar a quien consideró “el aprendiz más famoso del Star”.

Sobre sus pasiones por la pesca, en especial la aguja, abundó el escritor cubano Ismael León, mientras el académico estadounidense Michael Connor exploró en los valores arquitectónicos y la actual preservación de Finca Vigía. Es auténtica, subrayó el especialista. La casa en la actualidad mantiene el mismo ambiente de entonces, cuando el escritor vivía en ella y escribió siete de sus libros entre ellos El viejo y el mar, que le valió el premio Pulitzer en 1953.

El inmueble, su preservación actual, evoca a Hemingway. Es como si estuviera aún por allí, dijo. Connor ofreció un recorrido en imágenes por la casa museo. Con fotos pertenecientes a los fondos de esa institución, hizo un paralelo entre imágenes antiguas y actuales y destacó por ejemplo, la conservación del mobiliario, elaborado con caoba cubana a partir de los diseños de Mary Welsh (1908-1986), su cuarta y última esposa.

Exhibió además otras imágenes, varias de ellas del creador de Las nieves del Kilimanjaro en la sala de su casa, rodeado de recuerdos como las cabezas disecadas de los animales cazados en safaris en África. También de algunos momentos de estancia en su biblioteca, un espacio del inmueble de particular significación. En algunos momentos, señaló, Hemingway trabajaba de pie, y de esta manera escribía, relató.

Su selección incluyó otras fotografías, en unas el escritor estaba acompañado de varias de sus mascotas, como su perro Black y su gato Extasis, así como de sus hijos Patrick y Gregorich, quienes acostumbraban a pasar largas estancias en la Isla para visitar a su padre. El coloquio fue una oportunidad única para adentrarnos una vez más al apasionante mundo del escritor, ese que decidió estar en Cuba una parte de su vida para autodefinirse como un “cubano sato”.

Unos dos mil documentos inéditos de Hemingway fueron preservados por especialistas cubanos y estadounidenses como parte de un acuerdo bilateral firmado en 2002. El lote, que se exhibirá en breve en la biblioteca Kennedy, de la ciudad de Boston, Estados Unidos, constituye el segundo envío a esa institución cultural, como parte del proyecto entre ambas naciones, destinado a la digitalización y preservación de la colección Hemingway, resguardada en Finca Vigía, la casa-museo del narrador en la isla, donde vivió más de dos décadas.

Es una extensión del convenio de trabajo de más de 10 años, explicó a Prensa Latina Ada Rosa Alfonso, directora del museo. Una labor conjunta entre conservadores, con el objetivo de que ambos países posean copia digital de los documentos. Especialistas del Centro Nordeste de Conservación de Documentos de Andover, Massachusett, trabajan junto a colegas de la institución cubana, destacó.

Otros significativos son los manuscritos dirigidos a su esposa Mary Welsh, algunos de sus itinerarios de viaje, cartas, listas de compras y varias de sus observaciones meteorológicas, entre ellas las crónicas de varios huracanes que pasaron por la isla en la época de su estancia en Cuba, entre los años 1939-1960.

En la primera fase del proyecto, en el que fueron conservados más de 3.500 documentos, se encontraban manuscritos como el epílogo de su novela Por quien doblan las campanas y un ejemplar del guión de la película El viejo y el mar, basado en su obra homónima. También fueron preservados otros personales como licencia de conducción, pasaportes, facturas, pólizas de seguros y abundante correspondencia.

El rescate de la colección Hemingway en Cuba forma parte de un acuerdo bilateral con el Consejo de Investigación de las Ciencias Sociales de Estados Unidos y el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. Recién restaurada y con más de cuatro hectáreas de terreno, Finca Vigía, ubicada en San Francisco de Paula, en las inmediaciones de esta capital, fue adquirida por el autor de Adiós a las armas en diciembre de 1940.

Hemingway y la Corriente del Golfo

En el mundo no hay fenómeno natural que tenga tanta relación con un personaje de las letras como la Corriente del Golfo, ubicada entre Estados Unidos y Cuba, inseparable del Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway. Desde que en 1928 el autor de Adiós a las Armas llegó por primera vez a La Habana en el vapor Orita, según algunas versiones, el mar y su corriente marinera comenzaron a impresionar en la mirada y los sentimientos del en ese entonces joven reportero.

El escritor diría: “… la principal razón de vivir en Cuba es el Gran Río Azul, de tres cuartos a una milla de profundidad y de sesenta a ochenta millas de ancho”, donde pescó agujas y pasó buenos momentos. Para el novelista ese espacio marinero tuvo verdadero realce, y en la actualidad continúa como escenario del ahora Torneo Internacional de la Pesca de la Aguja Ernest Hemingway.

El certamen corrió del 20 al 25 de mayo, precisamente aprovechando las características meteorológicas del lugar, con 45 pescadores de ocho naciones (ocho equipos), en busca del primer premio, y de disfrutar del paisaje. La Corriente del Golfo es por tanto significativa, y se impone un conocimiento más cercano de sus peculiaridades.

La Corriente del Golfo es una vía marítima muy peculiar que cruza el Estrecho de La Florida hasta adquirir un ancho de 80 kilómetros y tener una profundidad variable de unos 600 a mil metros, según entendidos. El Manual de Meteorología Náutica y Oceanografía de la librería española de San José define que es una corriente que se mueve en el Atlántico, en el hemisferio Norte.

Es un fenómeno natural constituido por las corrientes ecuatoriales del norte y sur que marcha por la costa oriental de los Estados Unidos con una línea de alrededor de 200 metros de profundidad. Se trata de un río caliente hasta el cabo Hatteras con velocidades de por lo menos cinco nudos (unos 18 kilómetros por hora), pese a que se evalúa entre 19 y 30 millas diarias en el trayecto entre La Habana y Charleston.

Luego cambia su rumbo, más hacia el Norte, se inclina hacia el Este, se agranda, pierde velocidad para unirse con la Corriente del Labrador (fría) bordeando el mar de los Sargazos. Sin embargo, es un imponente camino que separa a Estados Unidos de Cuba, está muy cerca de La Habana y Matanzas, la capital y esa provincia occidental cubana, donde se realizan anualmente las competencias del Torneo Hemingway de la pesca de la aguja, uno de los más antiguos de su tipo, creado en 1950.

Las causas de las corrientes marinas están en las aguas de los océanos en constante movimiento horizontal. Cuentan con un rumbo indicador de la dirección de desplazamiento, con una velocidad e intensidad que las califican. Existen corrientes de marea y de marinas. Las primeras son movimientos horizontales propiamente y se aprecian a lo largo de costas, ríos, bahías y estuarios.

Ello depende de la atracción de la Luna y el Sol, en dependencia de los movimientos rotatorios de la Tierra. Los astros, por lo tanto, provocan el movimiento vertical de subida y descenso de las aguas y en sí. Las Corrientes de Marea son periódicas y dependen, a su vez, de la conformación de los fondos. Se conocen como de Flujo o Entrante cuando se trata de un acercamiento hacia la tierra y de Reflujo en sentido contrario.

Si bien las corrientes se clasifican en Periódicas, Permanentes, Costeras, Superficiales y Submarinas, las contracorrientes se forman cuando una de estas corrientes choca con la costa y produce reflexión de las aguas, de acuerdo con expertos. La Gulf Stream es una corriente Permanente y Costera Fuerte, donde en determinados momentos se aprecian olas altas y vientos de determinada fuerza.

Esas peculiaridades en momentos impiden la navegación, o simplemente se ven las aguas apacibles y perfectas para la pesquería. La temperatura en esos flujos fluctúa entre 28 y 30 grados centígrados, aunque en otoño se enfrían notablemente. Para Hemingway, tener un conocimiento claro de esa corriente era importante y así se lo manifestó a muchos amigos. Él sabía que en mayo es cuando esa vía más se aproxima a Cuba en una línea distante a unas dos millas, encontrándose con una contracorriente cubana desde bahía Honda, en el occidente, hasta el golfo de México.

Otro punto recomendable para la pesca está entre Jaruco (Este) y el puerto de La Habana. Además, se complementa el canal de pesca entre bahía de Cabañas, en la provincia de Pinar del Río, y el puerto del Mariel, al oeste de la capital cubana. Tal fue el empleo por el escritor de ese lugar, su examen y difusión en sus textos, que la región céntrica de esa corriente llegó a denominarse La Milla Hemingway, donde mejores capturas de peces de pico se realizan.

Hemingway, víctima de su intensa vida

El actor canadiense Brian Gordon Sinclair se parece tanto físicamente al escritor Ernest Hemingway, que quienes lo han visto actuar creen que el mismísimo Papa les cuenta su vida. Ese criterio perdura hoy en la capital cubana, que el novelista hizo suya y amó como tal, pasión que Sinclair recreó en su pieza teatral La Habana Caliente de Hemingway. El intérprete cumple así con lo que ha decidido sea su misión en la vida: en esencia, ser un legado vivo de Hemingway y promover los valores que el novelista no pudo por su temprana muerte. “Y entre todos sus valores positivos, me interesa mostrar lo mucho que amó a Cuba y a los cubanos”, aseguró Sinclair a Prensa Latina, poco antes del estreno en el Hotel Palacio O’Farrill.

La idea comenzó hace años, en una presentación más espontánea que elaborada que hizo en 2005 ante varios amigos en La Habana Vieja, con el Morro de fondo y el deslumbramiento de estar aquí. “He seguido su ruta por el mundo, y La Habana es sitio obligado, con una magia especial, por eso cuando gané el concurso de dobles de Hemingway en 2001, saque pasaje y vine a conocerla”, relató.

La obra exhibida toma fragmentos de la serie “Hemingway en Escena: el camino a la libertad”, que habla desde sus amoríos con Ava Gardener hasta como hacer “el carburador”, el diabólico trago personalizado del escritor. Amén de su parecido físico, Sinclair se acercó a la figura de Hemingway para desentrañar qué había más allá de las historias sobre cuánto bebía, cuántas mujeres perseguía o cuántos animales cazaba.

“Los estereotipos sobre Hemingway dejan una visión negativa que le hace poca justicia a su grandeza: en sus cartas personal hay un sentido de compasión y sensibilidad más poderosas”, aseguró y dijo que aprendió mucho de las virtudes y defectos del autor, pero sobre todo aprendió a nunca demorar dos cosas: besar a una chica bonita y abrir una caja de whisky.

Los amantes de las teorías conspirativas pierden su tiempo con Walter Collins, un sesentón tan parecido físicamente al escritor Ernest Hemingway que cuando vino a La Habana la gente le gritaba “¡Papa!” en plena calle. Wally, como lo conocen sus colegas de la Asociación de Parecidos a Hemingway, descarta las hipótesis sobre un supuesto asesinato del autor de “Adiós a las armas”, y cree firmemente que al novelista lo mató única y exclusivamente su carácter.

En un pasillo del hotel Palacio O’Farrill, Collins conversó con Prensa Latina sobre la fascinación que le inspira Hemingway, su vida intensa, sin medias tintas, que tuvo el coraje de acabar él mismo cuando creyó que no valía la pena seguir. “No creo en las teorías conspirativas. Hubo muchas razones, tanto físicas como espirituales. Él solo intentaba proteger su legado, y creía firmemente que ningún hombre debía morir en cama”, comentó.

Autor de un ensayo sobre el suicidio del Premio Nobel literario, Collins reconoce que ha habido mucha especulación, sobre todo porque su esposa Mary Welch dijo que había sido un accidente y luego se comprobó que no. Para el estudioso, existe una sólida relación entre los traumas cerebrales que sufrió Hemingway durante su vida y la depresión que lo llevó a suicidarse a los 62 años de edad, de un balazo.

“Hemingway sufrió una afección psicológica que hoy habría sido diagnosticada como neurosis, pero él nunca fue a un psiquiatra porque no creía en ellos, así que nunca se sabrá”, agregó. En su criterio, el escritor cargaba un increíble peso emocional relacionado con su condición física y mental, pero creía que muriendo con bravura, su leyenda sería recordada.

Tal hipótesis está sustentada en un año de trabajo y cuidadosa revisión bibliográfica, que incluyó desde textos biográficos y literatura científica, hasta la propia obra hemingwayana. Se apoyó principalmente en las tesis del Centro de Investigación para el Estudio de la Encefalopatía Craneana de la Universidad de Boston, sobre la posible asociación del deterioro mental del escritor con la llamada Encefalopatía Crónica Traumática (ECT). De hecho, los síntomas de cada etapa de la ECT son identificables en la vida de Hemingway: depresión, dolor de cabeza y pérdida de la memoria al principio; luego dificultad para controlar impulsos; y por último paranoia, depresión aguda, agresividad y conducta suicida.

Otras teorías han asociado el deceso de Hemingway con desórdenes psiquiátricos de índole genética, pues en su familia hubo cinco suicidios comprobados, y enfermedades como la hemocromatosis. Si a eso se suman las numerosas lesiones cerebrales sufridas por Hemingway, la mayoría resultado de accidentes automovilísticos y aéreos, se encuentra un posible detonante para su alcoholismo, depresión y posterior muerte, explicó Collins.

Veterano de dos guerras mundiales y una civil, Hemingway padeció además de carbunco, sufrió fracturas y contusiones craneales, más una diabetes agravada por su adicción al alcohol. Para colmo, hacia la mitad del siglo XX comenzó a ver cómo morían sus amigos de la vieja guardia: Yeats y Ford Madox Ford en 1939, Scott Fitzgerald en 1940, Sherwood Anderson y James Joyce en 1941 y un lustro después su benefactora Gertrude Stein. Ya para entonces sufría problemas de sobrepeso, más fuertes dolores de cabeza y alta presión arterial.

Collins cree que para el autor de “El viejo y el mar” resultaba muy difícil aceptar que sus facultades disminuían, y muchas veces se refugió en la escritura para soportar su tormento. “La pérdida de memoria fue lo peor, pues casi todas sus historias estaban basadas en experiencias personales, en recuerdos”, comentó Collins, quien tampoco cree tener la última palabra, porque “la naturaleza humana es mucho más compleja y rica”.

En sus últimos meses recibió tratamientos de electrochoques en la clínica Mayo, de Minnesota, donde lo ingresaron tras hacerle creer que lo trataría por su hipertensión arterial. Para mantenerlo en secreto, lo inscribieron con el apellido de su médico, Savier, y los registros médicos indican que recibió unas 15 sesiones de terapia electrocompulsiva en diciembre de 1960.

Tras una segunda incursión en dicha institución, Hemingway agarró su escopeta favorita, una Boss calibre 12, y el 2 de julio de 1961 se voló la cabeza en el vestíbulo de su casa en Ketchum, Idaho. Así puso punto final a su existencia alguien con quien, a juicio de Collins, la humanidad ha sido justa, porque “Hemingway es una leyenda, y su vida legendaria opaca cualquier tragedia o enfermedad que tuviera. Al final aún amaba la vida, y vivió tanto como pudo en 60 años, al punto que parecía uno de 80. Tuvo una vida fuerte, corajuda y deportiva. Quizás su propia intensidad lo mató”.

* Morales Valido es periodista de la Redacción Cultura de Prensa Latina; Laura Arbesú, jefa de la Redacción Cultura y Campos, periodista de la redacción Economía.