El poder judicial peruano, una de las instituciones más corruptas del Perú, acaba de ratificar la “inocencia” de los militares del comando Chavin de Huantar. Este comando fue organizado por Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori. La decisión del poder judicial se tomo dos días después del farragoso discurso (28 de julio) del comandante Ollanta Humala. Junto con perdonar a los militares criminales el Ministerio de Defensa saludó la acción y dijo que ello “rinde homenaje a los comandos héroes Coronel EP Juan Valer y Capitán EP Raúl Jiménez”.

Según la sentencia tomada por unanimidad del tribunal especial, la operación de rescate de 72 rehenes de la residencia del embajador del Japón, en abril de 1997, no puede considerarse delito de lesa humanidad. Se dijo que en todo caso habría que saludar “el profesionalismo de los comandos y el respeto a los derechos humanos en su accionar”. Por su parte el Ministerio de Defensa saludó la Ejecutoria Suprema formalizada por la Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema de Justicia y ratificó su respeto al orden legal vigente.

Esta medida no ha resultado ninguna sorpresa. Por un lado refleja la militarización creciente del Perú y de otro lado, la sujeción del poder judicial a las órdenes de los cuarteles militares. La presidencia de Ollanta Humala en el 2011, ha facilitado las tareas de los jueces corruptos para perdonar y premiar a miembros de las fuerzas armadas y policiales involucrados en crímenes de guerra. Hace algún tiempo escribiendo sobre este mismo tema, anoté que los integrantes del comando Chavin de Huantar en cualquier parte del mundo estarían en prisión. Sin embargo están libres y el gobierno de Ollanta Humala los defiende y los considera “héroes” de la nación. Desde el inicio de su gobierno Humala dijo que el “Estado va a responder por los comandos, los vamos a defender…garantizamos que ningún comando va a ir preso”. Agregando además, que la acción militar en la embajada japonesa en 1997, “fue una de las más brillantes acciones militares” y que “ellos dieron la cuota de servicio”. Por ello agregó el Estado buscará al mejor procurador, especialista en estos temas para que respalde al Perú, porque “en realidad no se está enjuiciando a los comandos, sino al Estado”.

Chavín de Huántar fue la operación que pusieron en marcha Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori para tomar por asalto la embajada japonesa en Lima que había sido capturada por un grupo del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) en diciembre de 1996. La operación de rescate se ejecutó en abril de 1997 cuando ya los miembros del MRTA habían decidido negociar y liberar todo los rehenes. Gracias a la colaboración del actual cardena Luis Cipriani, de la iglesia Católica, los militares sorprendieron a los guerrilleros y pudieron vencerlos con facilidad.

En dicha operación, los 140 militares (integrantes del comando Chavin de Huantar), después de vencer la frágil resistencia de los subversivos, apresaron vivos y sin lesiones a tres sobrevivientes y miembros del MRTA. Herma Luz Meléndez Cueva, Eduardo Cruz Sánchez y Salomón Peceros Pedraza fueron los guerrilleros que sobrevivieron al ataca militar. Pero, instantes después y en el mismo lugar del combate fueron asesinados a sangre fría. En medio de la sangre fresca y humo de las bombas, Alberto Fujimori ingresó con un equipo de fotógrafos y cameraman de la televisión para posar con los cadáveres ensangrentados de los guerrilleros asesinados. Un fiscal peruano dijo que se había establecido “con certeza que durante el enfrentamiento entre miembros de la patrulla militar de intervención y los miembros del MRTA, estos últimos fueron capturados con vida para luego ser ejecutados extrajudicialmente”.

La actual decisión del poder Judicial frente a criminales de guerra muestra que en el Perú las leyes nacionales e internacionales sobre los derechos humanos, no cuentan para nada. Premiar con la inocencia a los militares de Chavin de Huantar es una ofensa para el derecho y la democracia. De esta manera se protege el crimen organizado desde el Estado y se defiende militares asesinos. Como en años anteriores los militares son intocables. Las leyes no existen para ellos, y defenderlos como lo hace actualmente el gobierno y los jueces sátrapas es preparar las condiciones para que en el futuro mas inmediato las fuerzas armadas y las fuerzas policiales sigan cometiendo crímenes y violando los derechos humanos en el Perú.

El comando “Chavin de Huantar” convertido en el símbolo “heroico” del ejército, es una expresión reciente de la crisis moral y política en Perú. Matar guerrilleros prisioneros y sin defensa no es ningún un acto heroico. Es una cobardía muy propia a la naturaleza de los militares peruanos, que durante toda su historia jamás han ganado una guerra.