La Habana (PL).- Con la mediación de la Unión Europea (UE) y luego de seis meses de diálogo, el pasado 19 de abril Serbia y Kosovo alcanzaron un acuerdo sobre la normalización de sus relaciones que parece ser un paso de avance en uno de los principales conflictos de la compleja región de los Balcanes. El acuerdo de 15 puntos establece una autonomía para las comunidades serbias del norte de Kosovo, las cuales poseerán su propio jefe de Policía y órganos judiciales.

El diferendo en torno a la región de Kosovo continúa en Europa como una ventana opaca, a través de la cual resulta difícil adivinar el futuro de un conflicto con raíces en hechos ocurridos hace más de 600 años. La punta de resistencia pasa por 80 mil serbios en Mitrovica, en el norte de Kosovo, aferrados a mantener allí su propia administración, parlamento y otras instituciones, creadas después que en febrero de 2008 Pristina declaró unilateralmente su independencia de Belgrado.

El estatus de Kosovo pasa por asignaturas pendientes de la historia no tan reciente de esa región y vista ahora con la custodia ejercida por serbios kosovares de unas 1.300 iglesias o templos ortodoxos, mirada por la comunidad serbia como su lugar originario. De hecho, la historia empezó a complicarse cuando en 1389 el rey serbio Lázaro perdió la batalla de Los Mirlos, cerca de Pristina, con los ocupantes otomanos, liderados por el sultán turco Murat.

En la II Guerra Mundial, el régimen de Mussolini logró en 1941 imponer en los territorios ocupados a la Gran Albania, pero al término de esa conflagración, el líder de la resistencia Josip Broz Tito creó la Federación Yugoslava e incluyó a Kosovo en Serbia. En 1974, se le conceden a Kosovo condiciones para su autonomía, pero en 1981 ya se habían registrado manifestaciones nacionalistas para convertir la provincia en república federal.

Para el 2 de junio de 1990 declara su independencia, tras lo cual el profesor Ibrahim Rogova encabeza una resistencia pacífica alentada por Occidente y en 1992 es elegido presidente, casi a la par del surgimiento del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). Las acciones de la guerrilla de la mayoría albanesa contra tropas yugoslavas lleva a un conflicto que desemboca en bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en marzo de 1999.

Durante los ataques aéreos de 78 días, unos mil aviones de combate de la OTAN efectuaron 38 mil misiones de combate, en las que apenas eliminaron a 576 uniformados yugoslavos (462 militares y 114 policías) y a casi cinco mil civiles, de acuerdo con Belgrado. Después de destruir gran parte de la infraestructura yugoslava, el presidente Milosevic fue convencido por mediadores rusos a aceptar un acuerdo que pondría fin a los ataques de la alianza y permitiría el ingreso de tropas de la OTAN a la provincia serbia. Los puntos de tal acuerdo entraron en la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU, que reconocía la integridad serbia.

En el Consejo de Seguridad (CS), el enviado especial de la ONU para Kosovo, el finlandés Martti Ahtisaari, fue el promotor de los objetivos europeos de convertir a Kosovo en un estado soberano. Ahtisaari encontró una fuerte resistencia de Rusia en el CS, en la persona del ahora ministro del Exterior Serguei Lavrov, quien fungió en aquel entonces como representante de Moscú en ese órgano. Así, no hubo consenso sobre un informe presentado por Ahtisaari en 2007.

En noviembre se realizan comicios en Kosovo y en febrero de 2008, por segunda ocasión, con la atención de todas las capitales europeas declara unilateralmente su independencia. Pero a cinco años de aquel paso, la Unión Europea supedita el ingreso de Serbia a ese bloque a la mejora de los nexos con Kosovo.

En ese contexto, se iniciaron desde octubre pasado los primeros contactos concretos de representantes de ambas comunidades para buscar puntos de coincidencia donde pueda avanzar el desarrollo de los nexos. Los primeros ministros de Serbia y de la autoproclamada república de Kosovo, reconocida por poco más de 80 de los 193 miembros de la ONU, efectuaron al menos cinco rondas de encuentros sobre asuntos de intercambio en la zona de límite administrativo, comercio y aduanas.

El pasado 7 de febrero, el nivel de representación en las reuniones aumentó luego del primer encuentro directo de los presidentes serbio Tomislav Nikolic y kosovar Atifete Jahjaga, aunque se decidió dejar para el 20 de febrero un segundo round en ese formato. La presión para obtener resultados en Bruselas estuvo dada, además, por los riesgos del éxito de la misión civil europea en Kosovo (Eurolex), desplegada allí en 2004, comentó el rotativo Rebelión.

Las labores de la misión debían concluir en julio de 2014, pero a diferencia de 2012, cuando fue extendido su mandato, las condiciones en Europa cambiaron, pues la crisis económica arreció y varias naciones del continente aún se niegan a reconocer la soberanía de Kosovo. Entre los principales promotores de la soberanía de Pristina estuvieron Alemania y el Reino Unido, pero naciones como Grecia, Chipre, España, Rumania o Eslovaquia rehúsan apoyar tal independencia.

La Eurolex fue la encargada, al menos formalmente, de administrar los asuntos en Kosovo, en un paso que más bien pareció una concesión a quienes se opusieron desde un principio a su independencia como Rusia, Brasil o la India, recuerda el canal Russia Today. Pero ninguna urgencia europea puede eliminar la desconfianza y el escepticismo entre la mayoría albanesa y la minoría serbia en Kosovo.

En la medida que avanzaron las negociaciones para normalizar las relaciones en torno a Kosovo en Bruselas, crecieron las preocupaciones y manifestaciones de la comunidad serbia en esa región. Además, mientras Belgrado dialogaba con Kosovo, alentaba la oposición de los serbios de Metrovica al control de Pristina. La mayoría albanesa busca ingresar a la UE para mejorar su situación económica, en medio de un paro del 50% en Kosovo. En todo esto aparece un detalle interesante. En caso de que Serbia lograra cumplir el mínimo de las condiciones exigidas por los europeos, como la mejora formal de relaciones con Pristina, podría entrar antes a la UE y dejaría el asunto de Kosovo indefinido.

De hecho, existen dificultades concretas para un avance en las negociaciones bilaterales, pues desde 1999 apenas funciona la conexión ferroviaria entre Kosovo y Serbia, al tiempo que esta última desconoce los sellos aduaneros kosovares. Aún así, las exportaciones de Belgrado a su provincia representaron unos dos mil millones de dólares anuales, mientras el flujo inverso de mercancías apenas llegó al 10% de esa cifra.

Pristina anunció que suspendía las importaciones serbias, como respuesta a un bloqueo de sus mercancías por Belgrado y Sarajevo. Además, ni siquiera dentro de las filas de los políticos kosovares existe unidad de criterios, pues el partido Vetevendosje (autodefensa) rechaza cualquier negociación hasta tanto Belgrado no reconozca la soberanía kosovar, un asunto que quedó fuera de las negociaciones.

Más bien, en Bruselas se trata el comercio, el transporte, las telecomunicaciones, el patrimonio cultural e histórico, mientras los serbios kosovares buscan garantizar una relación más fuerte con Serbia en materia de educación y salud. Sin embargo, Alemania intenta introducir el tema en los debates de Belgrado y Pristina el asunto de la membresía de Kosovo en la ONU.

Pactan Serbia y Kosovo: paso de avance en los Balcanes

Luego de seis meses de diálogo, Serbia y Kosovo alcanzaron un acuerdo sobre la normalización de sus relaciones que parece ser un paso de avance en uno de los principales conflictos de la compleja región de los Balcanes. Fueron necesarias 10 rondas de negociaciones para que las partes, representadas por sus respectivos primeros ministros, el serbio Ivica Dacic y el kosovar Hashim Thaci, lograran un pacto centrado fundamentalmente en regular la vida en el área norte de Kosovo, donde existe una población de mayoría serbia.

Con la mediación de la Unión Europea (UE), el pacto vio la luz el pasado 19 de abril, y fue posteriormente ratificado por los gobiernos y parlamentos de ambos territorios, los cuales se encuentran divididos desde 1999, cuando Serbia perdió el control sobre su norteña provincia. El acuerdo, que cuenta con 15 puntos, establece una autonomía para las comunidades serbias del norte de Kosovo, las cuales poseerán su propio jefe de Policía y órganos judiciales, y aborda las competencias de la comunidad en los municipios con esa mayoría étnica.

Impulsado bajo la influencia de la UE, que exigía una mejora de las relaciones entre las partes para propiciar un acercamiento a los 27, el convenio establece además el compromiso de ambos interlocutores a no entorpecer sus respectivos accesos al bloque comunitario. De modo implícito el acuerdo supone que Belgrado acepte la autoridad de Pristina sobre la zona de mayoría serbia, donde se han mantenido estructuras paralelas de poder y se han registrado numerosos incidentes en los últimos años.

Catherine Ashton, la jefa de la diplomacia comunitaria, felicitó a ambos territorios por la determinación y la valentía que mostraron durante los meses de difícil diálogo para lograr un tratado que permita normalizar sus relaciones. Y como muestra de la buena acogida que la UE dio al convenio, tres días después de su concertación la Comisión Europea (CE) recomendó el inicio de negociaciones de adhesión con Serbia y de un pacto de asociación con Kosovo.

El Ejecutivo comunitario presentó sendos informes sobre los progresos de Serbia y Kosovo, los cuales deben servir de base para que los 27 decidan si abren conversaciones con ambos países de cara a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno en junio. Ya el pasado año serbios y kosovares lograron arreglos bilaterales en materia de reconocimiento mutuo de títulos, transporte y energía, así como de la participación de Kosovo en foros internacionales.

Pero aunque lo alcanzado puede verse como un avance, el acuerdo no significa el reconocimiento, por parte de Serbia, de la independencia unilateral declarada por Kosovo en 2008, la cual no es aceptada tampoco por gran parte de América Latina, Rusia, China y cinco miembros de la UE.

El conflicto, en cuya solución se dan ahora pasos de avance, se gestó durante la última década del siglo XX, que estuvo marcada por la desintegración de la antigua Yugoslavia en 1991 y la separación de Kosovo en 1999, tras los bombardeos de la OTAN, ante el enfrentamiento entre la guerrilla separatista albanokosovar del ULK y las fuerzas de Belgrado. Como resultado de las confrontaciones de esa etapa, la norteña provincia serbia de Kosovo, autoproclamada república casi una década después, quedó dividida en dos grandes grupos étnicos: el primero, albanokosovar, de un millón 700 mil personas; el segundo, serbio, de unas 100 mil personas.

La población serbia de la región se dirigió hacia el área bajo dominio de Belgrado, o se desplazó hacia el norte de Kosovo, zona que devino centro del problema, pues allí la autoridad del gobierno de Pristina no es reconocida. El foco de la mayoría de las disputas se ha dado en la ciudad de Mitrovica, que dividida étnicamente de facto en 1999 como resultado de la guerra, vive hoy en medio de dos poderes paralelos y los enfrentamientos entre albaneses, concentrados sobre todo en el sur, y los serbios del norte.

Tras la declaración unilateral de independencia en 2008, los municipios de mayoría serbia se constituyeron en la Asamblea Comunitaria de Kosovo, en su aspiración de seguir vinculada a Belgrado y no a Pristina, lo que representó otro motivo de tensión entre el gobierno serbio y el kosovar. Desde 2012 ha sido creciente la disposición al diálogo entre las partes, motivado por la llegada al poder de Dacic como primer ministro serbio en junio de ese año, por la presión ejercida por la UE para buscar una salida al conflicto con Kosovo, y sobre todo, a lo relacionado con el norte de la región.

Por más de tres años la UE y Belgrado iniciaron negociaciones para conceder a Serbia el estatus de país candidato a la adhesión, pero esa postura estaba condicionada al cumplimiento de requisitos como la mejora de las relaciones con los países vecinos, y especialmente, el progreso en los vínculos con Kosovo. El bloque comunitario también ha tenido exigencias similares con Pristina, pues en octubre de 2012 la CE abrió la posibilidad de que pudiera iniciarse un proceso de negociación de pre-adhesión con el gobierno kosovar, perspectiva que ha contribuido a impulsar la disposición para las conversaciones.

Sin embargo, en el caso de Kosovo la posibilidad de un proceso de adhesión tiene pocas opciones de avanzar en el mediano plazo, pues España, Grecia, Chipre, Rumania y Eslovaquia, miembros de los 27, siguen sin reconocer su independencia declarada unilateralmente. Aunque a nivel gubernamental el diálogo parece dar frutos, los serbiokosovares del norte se han opuesto al convenio, y el día que este fue alcanzado miles de personas exigieron su anulación en la localidad de Mitrovica, al tiempo de llamar traidoras a las autoridades serbias que lo aprobaron.

Representantes de los serbios del norte de Kosovo anunciaron que el 10 de mayo realizarán en Belgrado una protesta contra el acuerdo alcanzado en Bruselas. El presidente del Ayuntamiento de Zubin Potok Slavisa Ristic dijo que el lema de la protesta será Nos quedaremos en Serbia, e instó a todos los partidos y asociaciones a unirse a la manifestación.

La Policía y la Justicia funcionará, según esos acuerdos, en conformidad con las leyes kosovares, y eso es una retirada definitiva del Estado de Serbia de estos ámbitos, declaró a la prensa Krstimir Pantic, uno de los líderes de los serbios del norte.

Estos grupos piden que Belgrado realice un referendo sobre el acuerdo, y anunciaron la formación de una Asamblea de la comunidad de los municipios serbios en Kosovo, una institución no contemplada por el compromiso alcanzado en Bruselas. La formación de esa Asamblea es una tercera vía, ni hacia Pristina ni hacia Belgrado, la única posible aunque arriesgada, y lleva a la incertidumbre, declaró Pantic.

Entonces la situación con los habitantes del norte de Kosovo es un tema aún por solucionar a las partes, que por el momento celebran la disposición de la UE para propiciar su acercamiento. Pero la decisión de abrir las respectivas negociaciones depende de los gobiernos europeos, que aún no se ponen de acuerdo sobre el tema, por lo cual el camino para unirse al bloque, aunque más despejado, aún tiene varios obstáculos por delante.

* Rondón es jefe de redacción Europa y Andrés, periodista de la redacción Europa de Prensa Latina.