Las contradicciones y mediocres explicaciones en que incurren voceros de los cuatro países europeos que interfirieron ilegalmente el vuelo oficial del presidente Morales, surgen de un vacío inmenso en la información sobre las reales causas del incidente: No fue una decisión tomada en la esfera civil de los gobiernos agresores, fue una acción estrictamente militar como parte de los ensayos que viene efectuando la OTAN en la aplicación de su Sistema de Alerta Temprana y Control Aerotransportado, conocido con las siglas AEW&C, el cual es activado por los comandos conjuntos militares de la Alianza del Atlántico Norte a los que están subordinadas las administraciones civiles de los países miembros…

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que en inglés se conoce como North Atlantic Treaty Organization (NATO), es la plataforma militar de una antigua alianza entre los principales países de Europa, Canadá y Estados Unidos de Norteamérica que surgió durante la Guerra Fría para frenar la expansión del comunismo soviético en el corazón de Occidente.

Después de los ataques del 11 de septiembre del 2001, Europa y Estados Unidos renovaron su alianza en la OTAN para combatir a un nuevo “enemigo” surgido tras la caída del muro de Berlín: las expresiones del terrorismo islamista que hoy —junto con el narcotráfico, las migraciones masivas intercontinentales y el surgimiento de regímenes neo-populistas en Latinoamérica inspirados por la benemérita revolución socialista de Cuba (que tiene en la revolución bolivariana de Venezuela su réplica más afín)— constituyen una “amenaza global” para la cultura capitalista del siglo XXI.

Estados Unidos mantiene una hegemonía política y militar en la estructura de mando de la OTAN no solo a partir de su aporte financiero para la organización, que es mayor al 25% del total aportado por 19 de los 25 aliados europeos, sino porque los mecanismos establecidos desde 1949 cuando se firmó el Pacto de Washington que dio origen a esta alianza, le permiten al Ejército norteamericano establecer líneas de acción militar a las que se subordinan los firmantes europeos del Tratado.

El artículo 5 del Pacto de Washington estipula que “un ataque contra algún país de Europa o Norteamérica será considerado un ataque contra todos ellos y en consecuencia, si se produce tal ataque, cada uno de ellos en el ejercicio del derecho a legítima defensa colectiva reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, ayudará a la Parte o Partes atacadas, adoptando sin dilación de forma individual y en conjunto con las otras Partes las medidas que considere necesarias, incluido el uso de fuerza armada, para restablecer y mantener la seguridad de la región del Atlántico”.

Invocando ese artículo 5 de la carta constitutiva de la OTAN, Estados Unidos arrastró a los ejércitos de Europa a invadir Irak para derrocar a Sadam Hussein y Afganistán en la guerra contra los talibanes, así como a la guerra de los Balcanes para liquidar el Estado yugoslavo. Actualmente estos aliados intervienen activamente en los conflictos de Siria, Libia y Egipto. El pasado 7 de abril un bombardeo de la OTAN mató a diez niños y sus madres en Afganistán, donde Estados Unidos mantiene una fuerza de ocupación junto con sus aliados de Europa, especialmente Francia, España e Inglaterra. La forma abusiva con que Estados Unidos invoca el artículo 5 del pacto de la OTAN ha motivado reclamos de los propios aliados europeos que incluso acusan los mandos norteamericanos de romper los límites impuesto por el Consejo de Seguridad de la ONU.

El ex agente de la CIA Edward Snowden, quien reveló secretos militares referidos a la intercepción de mensajes y comunicaciones satelitales en países de Latinoamérica y de la propia Europa (integrante de la OTAN) por parte de la inteligencia norteamericana, es considerado un “enemigo” de Estados Unidos, y por tanto de la OTAN en su conjunto, en aplicación del artículo 5 del Pacto de Washington.

Ante la eventualidad, tomada como un hecho por Estados Unidos, de que Snowden hubiera estado huyendo de su refugio en Rusia hacia Latinoamérica como polizonte a bordo del avión del presidente boliviano Evo Morales, la OTAN activó sus mecanismos de “Alerta Temprana” para interferir el “vuelo hostil” de aquel avión presidencial, vulnerando la inmunidad del gobernante latinoamericano al prohibirle su libre tránsito aéreo, abuso que no es admitido ni en tiempos de guerra.

El gobierno de Bolivia y los países latinoamericanos que respaldan su reclamo por el incidente del 2 de julio desde plataformas como la OEA, Unasur y Mercosur, se equivocan de cabo a rabo al responsabilizar del hecho exclusivamente a los cuatro gobiernos de Europa, “colonias de Estados Unidos” según el discurso oficial boliviano, que prohibieron el sobrevuelo de la nave presidencial.

No fueron precisamente esos gobiernos, ni mucho menos la Comunidad Europea, quienes infringieron la agresión a Morales. Fue la OTAN, con sus mecanismos autónomos de espionaje aéreo y de ataque militar en Europa establecidos hace casi 70 años mediante el Pacto de Washington, hoy más vigente que nunca.

Lo sucedido con el avión oficial de Evo Morales fue una agresión militar contra una nave presidencial protegida por las inmunidades diplomáticas de la Convención de Viena.

Y toda agresión militar en tiempos de paz, contra un mandatario que viajaba representando a un Estado que no mantiene guerra armada con nadie, más aún si esa agresión multilateral —surgida de una calumnia de mala fe— puso en alto riesgo la seguridad de los viajantes, debe ser investigada, procesada y sancionada por el Tribunal Penal Internacional de La Haya para sentar un justo precedente en aras de la paz mundial.

Mandos de la OTAN que atacaron al avión presidencial

No cabe duda que el danés Anders Fogh Rasmussen, actual secretario general de la OTAN con sede en Bruselas, Bélgica, tomó conocimiento —mucho antes que los presidentes de Portugal, Francia, España e Italia— que el avión de Evo Morales “con probabilidad” llevaba a bordo al disidente de la CIA Edward Snowden, quien se encontraba en un aeropuerto de Moscú buscando asilo, precisamente cuando Morales había llegado a Rusa para intervenir en un foro económico. El Presidente boliviano se convirtió en un “sospechoso factible” tras comentar en una entrevista con la televisión rusa, un día antes, que su gobierno “analizaría” la posibilidad de otorgarle asilo a Snowden.

Rasmussen fue Primer Ministro de Dinamarca por el Partido Conservador. Desde agosto del 2009 ejerce el mando político de la OTAN como Presidente del Consejo Atlántico Norte, del cual forma parte el Comité Militar integrado por los jefes de Estado Mayor de los 25 países europeos miembros, más Estados Unidos.

Según los registros públicos de la OTAN, los jefes de Estado Mayor de los países involucrados en la agresión a Evo Morales del pasado 2 de julio son los generales Luis Valença Pinto de Portugal, Fernando García Sánchez de España, Jean-Louis Georgelin de Francia y Giampaolo di Paola de Italia. Todos ellos, más un general norteamericano que ejerce el mando supremo militar de la OTAN, saben cómo surgió la orden de interceptar el avión presidencial boliviano.

El Comité Militar bajo la presidencia política de Rasmussen es el nivel donde se toman decisiones que serán ejecutadas por los tres Comandos Supremos Territoriales de la OTAN conocidos por las siglas en inglés SACT, SACEUR Y SACLANT.

El Comando Supremo Aliado en Europa (SACEUR) es el que generó la crisis con Evo Morales. Esta instancia eminentemente militar tiene las siguientes funciones:

– Preservar la seguridad e integridad territorial de todos los países que conforman la OTAN.

– Repeler, “mediante oportunas medidas militares”, cualquier ataque que suceda o con riesgo de que suceda.

– Planificar las campañas militares, incluyendo el reclutamiento de las fuerzas militares necesarias para llevar a cabo las misiones de la OTAN.

– Hacer las “pertinentes recomendaciones” a las autoridades políticas y militares respecto a cualquier asunto militar que se encuentre dentro de su responsabilidad.

El jefe del SACEUR, es decir el Comandante Supremo Aliado de la OTAN —con mayor poder efectivo que el Secretario General (Rasmussen)— es el general del Ejército de Estados Unidos Bantz John Craddock, quien asesoró al tristemente célebre secretario de Defensa Donald Rumsfeld durante la crisis de los Balcanes y la guerra del Golfo Pérsico.

Según los archivos del Servicio Informativo Datos & Análisis, antes de asumir el Comando Supremo de la OTAN en el 2006, el general Craddock dirigía el Comando Sur del Pentágono, y desde ese cargo encubrió las atrocidades cometidas en la cárcel de Guantánamo contra prisioneros musulmanes.

Craddock es un militar conocido también por apoyar corrientes fascistas en el seno de las fuerzas armadas latinoamericanas. Contribuyó en la creación de centros castrenses de Operaciones Sicológicas (inteligencia, sabotaje e infiltración) en Paraguay, y apoyó desde el Comando Sur el fortalecimiento de la Escuela de Satinadores creada en Bolivia durante la narco-dictadura de García Meza, mediante becas para instructores de ese centro represivo y “contra-insurgente”. Bantz John Craddock promueve asimismo organizaciones militaristas “anti-terroristas” en Latinoamérica, financiadas por la CIA, como la Red de Defensa y Seguridad de América Latina (Redsal) de la cual es directivo el ex mayor de Ejército y actual Ministro de la Presidencia de Bolivia Juan Ramón Quintana, curiosamente el hombre con mayor influencia en el entorno de Evo Morales.

Desde el mando militar supremo de la OTAN, Craddock fue uno de los principales y más entusiastas impulsores del “acuerdo de intercambio y cooperación” con Colombia, el primer país sudamericano que se alía a la OTAN. El general norteamericano viene realizando intensos lobbies para que también Brasil, Chile y Panamá se sumen a la iniciativa colombiana de hacer una “alianza” con la OTAN. De hecho, Chile ya se integró a la flota de aviones espías diseñados por ingenieros aeronáuticos europeos, norteamericanos e israelíes también vinculados a la OTAN.

Bajo el mando supremo del general Craddock se encuentra el fabuloso aparato de espionaje aéreo incorporado a la estructura castrense de la alianza europeo-norteamericana: La Fuerza Aerotransportada de Alerta Temprana y Control de la OTAN, conocida por sus siglas en inglés NAEW&C (Nato Airborne Early Warning and Control Force), cuya función es realizar vigilancia aérea y espionaje satelital sobre bases terrestres y marítimas estáticas o en movimiento.

Uno de los dos componentes de esta Fuerza de Alerta Temprana de la OTAN, el Comando E-3A, tiene su base en Geilenkirchen, Alemania, y está formado por una flota de 17 aviones espías, equipados con radares satelitales, cámaras de TV y sistemas de intercepción de comunicaciones.

Hasta el pasado 12 de junio de este año 2013, el Comando E-3A de la Fuerza Aerotransportada de Alerta Temprana de la OTAN estuvo dirigido, durante más de tres décadas, por el coronel canadiense John Bakcstrom. Lo sustituye en el puesto el general Andrew M. Mueller, otro militar norteamericano, abiertamente apadrinado por Craddock. Antes de incorporarse a la OTAN, Mueller fue Director Adjunto para la Transformación del Ciberespacio y Estrategias de la Secretaría de Guerra Aérea del Pentágono.

El general Mueller designó entre sus principales colaboradores al coronel italiano Marco D’asta, en reemplazo del danés Knud Holmsgaard, como encargado del Ala de Operaciones del Comando E-3A que consta de un Puesto de Mando, una Oficina de Operaciones Aéreas, una Sección de Inteligencia y tres escuadrones con un total de 17 aviones. Es aquí donde se planificó y procedió con el seguimiento y control al avión de Evo Morales desde el aeropuerto de Moscú. Mueller y D’asta debutaron provocando el bloqueo al avión presidencial boliviano.

Ninguno de los países miembros de la OTAN, mucho menos en Europa, puede bloquear alegremente su espacio aéreo sin un informe previo de la inteligencia aeronáutica operada por los comandos de la Fuerza NAEW&C, con los procedimientos de rigor. Se supone que uno de los aviones espías de esta Fuerza —a cargo de Craddock, Mueller y D’asta— estableció la “alerta temprana” comunicando por los conductos regulares de la OTAN, al mando supremo militar, que el enemigo Evo Morales se llevaba en su avión al enemigo Snowden. Al menos la ocasión fue propicia para intimidar al cocalero, hace mucho tiempo ya en la mira de estos avezados inventores de enemigos.

Detalles ya conocidos del incidente

La noche del martes 2 de julio, poco antes de partir del aeropuerto de Moscú para retornar a Bolivia volando sobre la ruta directa que atraviesa los cielos de Rusia, Portugal y Guyana, la tripulación del avión FAB 01 en el cual viajaban Evo Morales y su comitiva que asistió a una reunión económica organizada por el gobierno de Vladimir Putin, recibió una notificación radial según la cual Portugal le negaba al presidente boliviano usar espacio aéreo de ese país “por razones técnicas”. La escala en Portugal era para reabastecer combustible.

El bloqueo portugués —que fue respetado por los bolivianos asumiendo que se trataba de “razones técnicas”, aunque no especificadas— obligó al avión presidencial modificar su plan de vuelo buscando una ruta alternativa que debía atravesar el espacio aéreo francés para llegar a España con el fin de reabastecerse. “Sin embargo” —narró Evo Morales durante su encuentro con presidentes de la Unasur en Cochabamba— “a pocos minutos de ingresar a espacio aéreo francés, información de la torre de control nos dice que no podíamos cruzar por Francia; el piloto del avión nos pregunta qué hacer y nos recomienda volver de emergencia a Rusia. Evidentemente, había problemas de combustible y, frente a esta situación, decidimos aterrizar de emergencia en Viena, Austria”. En esa parte de Europa promediaba la una la madrugada del miércoles, en Bolivia eran las cinco de la tarde del martes.

En Austria, país neutral, las verdades —aunque a medias— se fueron decantando. Al igual que Portugal y Francia, ni España, donde debía efectuarse la recarga de combustible, ni Italia, otro paso obligado en la ruta de emergencia, autorizaban al avión del Presidente boliviano el uso de sus espacios aéreos como si se tratase de una nave enemiga.

“Después apareció el Embajador de España en Austria, Alberto Carnero, y nos dice que si queríamos autorización para aterrizar en Las Palmas, deben revisar el avión presidencial. Nos ha sorprendido, es decir, no había paso ni por España ni por Francia ni por Italia ni Portugal. Nuestro piloto dijo que ‘se agravó la situación, no tenemos salida’”, narró Evo Morales en la sesión de Unasur.

“La posición del Embajador de España en Austria fue muy preocupante”, recordaría Morales. Carnero intentó coaccionar al Presidente boliviano durante varias horas de “consultas” con su gobierno y sus “amigos”, poniendo como condición para autorizar el vuelo de reabastecimiento, verificar si en la nave no se encontraba un polizón a bordo: Edward Snowden. Ese era el quid de la cuestión. Carnero pretendía sorprender a Evo Morales y el prófugo Snowden juntos, “con las manos en la masa”, y se atreve a pedirle al Presidente que le invite “un cafecito en el avión” para fisgonear dentro la nave. “Finalmente” —contó Morales—, “después de tres intentos, el Embajador español me dijo textualmente: ‘No podemos autorizar su vuelo, a las nueve de la mañana del día siguiente vamos a informarle después de conversar con nuestros amigos’. Yo le pregunté quiénes eran sus amigos, si son sus amigos europeos quienes nos bloquearon. No dijo nada y se retiró y tuvimos que esperar hasta las diez de la mañana del día 3 de julio”.

Con discreto tino político y delicadeza diplomática, el Gobierno de Austria, cuyo presidente Heinz Fischer visitó a Morales en la sala VIP del aeropuerto vienés mientras duró la crisis, pudo confirmar y certificar que el ex agente de la CIA Edward Snowden no se encontraba efectivamente en la nave presidencial tal como habían insistido en sostener, desde un principio, el presidente Morales y su Cancillería.

En base a una calumnia, se había hostilizado indebidamente a un Presidente latinoamericano que ejercía su derecho de sobrevolar el espacio aéreo europeo con todas las inmunidades diplomáticas que en este caso fueron violadas flagrantemente.

El misterio de quién dio la “alarma” para bloquear a Morales

En el fondo del incidente del 2 de julio fermentó una crisis política intensa dentro la propia Comunidad Europea. En Portugal, primer país que cerró su espacio aéreo a Morales, el mismo día en que la crisis aterrizó en Viena había renunciado el canciller Paulo Portas; aunque el primer ministro conservador Pedro Passos Coelho rechazó la dimisión. Legisladores opositores del Parlamento portugués convocaron al canciller Portas a una interpelación que buscaba se aclare cuales eran las “razones técnicas” que motivaron el bloqueo al avión boliviano. Ningún cable informó el resultado de esa interpelación parlamentaria, al menos hasta el cierre de esta edición.

Francia tampoco ha sido capaz de ofrecer una explicación convincente sobre los orígenes de la agresión a Morales. Recientemente, presionado por los reclamos del Mercosur, la Cancillería francesa envió una disculpa a Bolivia y su portavoz Philippe Lalliot aseguró que el Gobierno de Francois Hollande “ha dado a las autoridades bolivianas las explicaciones necesarias y ha tenido la ocasión de manifestar sus excusas”. Sin embargo, según la Agencia EFE, “las autoridades francesas no han querido dar explicaciones públicas sobre la procedencia de la información que suscitó la denegación inicial del permiso de vuelo, ni de por qué finalmente se autorizó que el avión oficial del presidente boliviano sobrevolara Francia”.

La respuesta de Italia fue más compleja y sinuosa. Durante la sesión extraordinaria de la OEA efectuada el 10 de julio para analizar la agresión europea a Bolivia, el representante de Roma ante este organismo, Sebestián Fulci, declaró que su gobierno no tenía motivos para pedir disculpas a Bolivia y que era, más bien, el gobierno de Bolivia quien debía disculparse con Italia por involucrarlo en un asunto del que se deslindó totalmente. Según Fulci, “Italia nunca ha impedido el vuelo ni causó el aterrizaje en Viena”. La verdad es que Italia sí notificó su restricción al vuelo de Morales, según testimonio del propio Presidente boliviano.

España, uno de los países más activos dentro la OTAN, tuvo actitudes pintorescas comenzando por el intento de su Embajador en Viena de pedirle a Evo Morales le invite una taza de café en su avión para indagar si Snowden se hallaba a bordo. La tarde de este martes 16 de julio, en respuesta al pronunciamiento del Mercosur, el embajador de España en La Paz, Ángel Vásquez, entregó una nota oficial “bastante explicativa” a la Cancillería boliviana. El diplomático español reconoció la torpeza de su colega Alberto Carnero en Viena, admitiendo que el método de la tacita de café dentro el avión “no fue de los más eficaces y quizás se pudo actuar con mayor acierto; lamentamos ese hecho”, dijo. El embajador Vásquez afirmó además que “España se vio envuelta en un episodio un poco contra su voluntad”. Con similar tono de impotencia para explicar el porqué del incidente con el avión boliviano, el 5 de julio el canciller español José Manuel García-Margallo había anunciado que España no iba a presentar ninguna disculpa a Bolivia ya que existía “una información”, cuya fuente tampoco precisó, sobre el presunto viaje de Snowden a bordo del avión de Morales. “Nos dijeron que estaba dentro”, admitió García-Margallo. Al ser preguntado por un periodista si recibió o hizo alguna llamada a Estados Unidos durante la crisis de Viena, el Canciller español respondió sin ambages que “eso forma parte del secreto del sumario”.

A propósito de Estados Unidos, el Gobierno de Obama se involucró del modo más inesperado en el asunto, presentando ante el Gobierno de Bolivia —el mismo 2 de julio— una solicitud para extraditar a Snowden de nuestro país, dando por hecho que el ex agente de la CIA se hallaba a bordo del avión presidencial, retenido en ese momento en Viena.

La pregunta crucial sigue sin tener respuesta clara: ¿Cómo surgió la “información” de que Snowden se hallaba metido en el avión oficial de Evo Morales? ¿Podía un simple “rumor” activar una alarma que provocó la decisión de cuatro países, miembros de la OTAN, de bloquear sus espacios aéreos para impedir el viaje de un Presidente investido de las inmunidades que brinda la Convención de Viena?

Estados Unidos y los mandos de la OTAN bajo su dominio castrense —únicos y verdaderos causante de la agresión a Morales— intentan por todos los medios desviar la atención del mundo sobre esa estructura agresiva y criminal edificada sobre la monstruosa industria armamentista desarrollada en esta era digital. Resulta sintomático que la OTAN no haya emitido ningún pronunciamiento oficial sobre el incidente del 2 de julio ocurrido en un espacio aéreo multinacional que controla y vigila como una de sus funciones específicas ante la eventualidad de “enemigos comunes” asediando por ahí.

La estrategia de desinformación para encubrir las responsabilidades del hecho ya está en marcha. El pasado 7 de julio, varias cadenas y agencias noticiosas propalaron la versión de que el causante del “rumor” que habría provocado la agresión a Morales era el Embajador de Estados Unidos en Austria, William Eacho. La “prueba” de que Eacho —un diplomático “inexperto” según lo estigmatizan los medios— sería el causante del incidente, es que “informó al ministro de Asuntos Exteriores de Austria sobre la presencia de Snowden en el avión”. Sin embargo, dicha comunicación del Embajador norteamericano en Viena se produjo cuando Evo Morales ya se encontraba en territorio austriaco, una vez que fue impedido de sobrevolar en Portugal y Francia.

¿Fue en base al “rumor” propalado por un inexperto Embajador norteamericano en Austria que el Departamento de Estado, desde Washington, pidió a Bolivia la extradición de Snowden exactamente a la misma hora en que Evo Morales atravesaba el bloqueo aéreo en Europa? Absurdo, simplemente absurdo.

Demandar a la OTAN ante el Tribunal Penal de La Haya

A fines del siglo pasado, el gobierno de Bush alentó la invasión a Irak arrastrando en ese afán a sus aliados europeos de la OTAN con el argumento de que Estados Unidos había “descubierto” fábricas de armas químicas en ese país gobernado por el dictador Saddam Hussein. Bush convenció a la OTAN sobre los afanes terroristas de Irak esgrimiendo supuestos “informes de inteligencia” que probaban ensayos de guerra biológica en territorio iraquí. Los aliados europeos, confiando en la alta eficacia de los aparatos de espionaje de la CIA, se sumaron a la invasión que desató la Guerra del Golfo Pérsico. Pero una vez derrocado y ejecutado Saddam Hussein, los mismos europeos constataron que no existía ninguna fábrica de armas químicas en Irak, que la invasión y la guerra se produjeron sobre la base de una descomunal mentira orquestada por la propia CIA. El fin justificó los medios.

Salvando distancias, lo sucedido con el avión presidencial boliviano el 2 de julio se asemeja al método empleado para invadir Irak. Los países miembros de la OTAN por los cuales atravesaría el avión de Evo Morales retornando de Rusia, recibieron reportes de inteligencia “alertando” sobre la permanencia a bordo del prófugo Edwer Snowden desde los comandos operativos de la Fuerza Aerotransportada de Alerta Temprana de la OTAN (NAEW&C), que responde al mando supremo del general norteamericano Bantz John Craddock. Lo deplorable es que tales informes de inteligencia reportaron una absoluta falsedad. Snowden, que es un perseguido de guerra al haber filtrado secretos militares (detalles del espionaje yanqui a sus propios aliados), fue nada más un pretexto para agredir e intimidar a un gobernante considerado enemigo de los intereses norteamericanos, y en ello Europa toda pisó el palito.

La Fuerza AEW&C de la OTAN es la única instancia política y militar que tiene atribuciones para imponer formalmente restricciones en el espacio aéreo europeo de manera simultánea en varios países miembros, tal cual sucedió con el avión presidencial boliviano. Resulta ridículo el argumento que Portugal, Francia, España e Italia hubieran coincidido en el bloqueo aéreo a Morales motivados por un simple rumor o una llamada anónima. Una situación tan delicada sólo podía producirse al activarse mecanismos formalmente establecidos, como son los de la OTAN.

El Comando E-3A de la Fuerza de Alerta Temprana de la OTAN, dirigido por otro militar norteamericano, el coronel Andrew M. Mueller, ejerció vigilancia sobre el avión de Evo Morales en Rusia desplegando alguno de los 17 aviones-radar que conforman la flota del Ala Operativa del Comando E-3A a cargo del coronel italiano Marco D’asta.

El avión E-3 más utilizado en tareas de control y espionaje de naves enemigas es un Boeing-707 modificado, equipado con un radar capaz de detectar tráfico aéreo sobre grandes distancias y bajas cotas. Un E-3 que opere a 30.000 pies genera una clara imagen de los movimientos de los aviones volando desde altas a bajas alturas, o en tierra, desde una distancia superior a 200 millas náuticas (aproximadamente 360 kilómetros). Un avión similar posee la Fuerza Aérea de Chile, el “Cóndor”, con un radar de 500 kilómetros.

En aplicación del procedimiento formal en los conductos regulares, D’asta debió informar a Mueller sobre los resultados de su vigilancia al avión de Evo Morales; el coronel norteamericano a su vez eleva el reporte al general Craddock, y éste informa al mando político de la OTAN a cargo del danés Anders Fogh Rasmussen, quien además preside el Comité Militar compuesto por los jefes de Estado Mayor de todos los países miembros. En este caso, la decisión de bloquear el avión presidencial boliviano fue compartida también por los generales Luis Valença Pinto de Portugal, Fernando García Sánchez de España, Jean-Louis Georgelin de Francia y Giampaolo di Paola de Italia, quienes transmitieron la orden a las torres de control en sus respectivos países.

De haber sido cierta la información “procesada” por estos mandos militares sobre el traslado furtivo de Snowden en la nave boliviana, el bloqueo podía justificarse —aun cuando el avión del Presidente gozaba de inmunidad plena incluso con el polizón a bordo—; pero se trataba de una falsedad total, exactamente como el premeditado mito de las armas químicas en Irak.

Indudablemente, los comandantes norteamericanos de la OTAN en Europa volvieron a abusar la confianza de sus aliados europeos induciéndolos a incurrir en una agresión sin precedentes contra un país como Bolivia, incluido en el creciente círculo de países del llamado “Eje del Mal” que Estados Unidos decidió combatir “a muerte” para alimentar su voraz industria armamentista.

Los autores de la agresión al Presidente boliviano, escondidos en la inmunidad de sus uniformes de la OTAN, buscan enterrar el hecho bajo un manto de sistemática desinformación.

La impunidad del hecho significaría un nefasto precedente para la paz mundial y la convivencia entre los pueblos. Estados Unidos se está acostumbrando a aterrorizar civiles en los espacios aéreos bajo su dominio con el pretexto de la “lucha anti-terrorista”. Hay que frenar esta escalada.

Las debilidades de Evo Morales

A diferencia de la Corte Internacional de Justicia de la ONU que resuelve controversias entre Estados (como el tema marítimo entre Bolivia, Chile y Perú), la Corte Penal Internacional —que también tiene sede en La Haya— es el primer organismo judicial internacional de carácter permanente encargado de perseguir y condenar crímenes cometidos en contra del Derecho Internacional, como es, inobjetablemente, el caso de la agresión que militares de la OTAN cometieron contra el Presidente boliviano el pasado 2 de julio.

El incidente ha desatado una ola de indignación dentro y fuera de Bolivia, independientemente de los afectos o desafectos que inspira Morales; y al existir suficiente materia justiciable y procesable ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya, se abre la posibilidad histórica de juzgar una conducta agresiva y recurrente de Estados Unidos para sentar un precedente necesario en la lucha de los pueblos por su soberanía y la paz mundial. Bolivia está en condiciones de enjuiciar y lograr condena a una ideología guerrerista que atenta contra la humanidad del siglo XXI.

Hay que dejar claro, sin embargo, que esta oportunidad histórica puede desperdiciarse si el gobierno de Evo Morales persiste en una línea autoritaria y cada vez más excluyente que preocupa especialmente a las propias fuerzas revolucionarias que lo apoyan. Su entorno inmediato, ajeno a los ideales libertarios con que ascendió al poder hace más de siete años, impone prácticas abusivas que se poco se diferencian de los estilos prebendales de la derecha pro-imperialista que se viene reinstalando sistemáticamente en varios ministerios.

En días previos al incidente del 2 de julio, el gobierno de Morales venía enfrentando una creciente ola de repudio por escandalosos hechos de corrupción e inmoralidad funcionaria en las cúpulas de su gobierno. En Bolivia se respira un creciente clima de inseguridad, miedo y auto-censura ante constantes amenazas de represalias y vendettas que practican funcionarios gubernamentales “evistas” que militaron en partidos neoliberales. El control político del régimen, calificado por críticos de la izquierda libertaria como “neo-estalinista”, está en manos de un ex militar que sirvió al gobierno del ex dictador Hugo Bánzer Suárez como asesor de Inteligencia y fue adiestrado en la Escuela de las Américas y el Pentágono en las artes castrenses de la represión y de las operaciones sicológicas.

Llevar a los agresores de la OTAN ante el Tribunal Penal de La Haya exige al presidente Morales un radical viraje en su perfil, en sus entornos y en su estilo de gobernar. No se puede poner el dedo en la llaga del agresor, si la llaga la tiene uno mismo.

Los asesores de Morales han convertido el incidente de Viena en una fiesta pre-electoral. La victimización del Presidente sirve para endurecer las cerrazones del Gobierno ante las demandas ciudadanas de más justicia, transparencia y libertad. Las violaciones a los derechos civiles no cesan, mientras los entornos palaciegos vienen aumentando la intensidad de negociados y latrocinios que producen nuevos ricos en serie.

A pesar de la indignación que la agresión en Europa provocó incluso entre los sectores más acérrimos de la oposición, Evo Morales no ha dado ninguna señal de convocar a la unidad y la pacificación nacional en Bolivia, para que el país en su conjunto asuma una posible demanda en La Haya como una reivindicación de todos los bolivianos. Quienes asesoran al Presidente boliviano en esta materia se limitan a regocijarse con la ola de apoyo internacional y lo transforman en recurso de campaña proselitista para la re-elección prevista el próximo año. Nadie que no milite en el partido gobernante tiene derecho a indignarse por lo sucedido el 2 de julio.

No es tarde para que el presidente Morales se abra a la sociedad civil boliviana sin restricción alguna, buscando unir al país ante una acción penal internacional que podría marcar un hito histórico sin precedentes. Enjuiciar al imperialismo por sus torpezas ante una corte internacional requiere una autoridad moral fundada en el respeto a los valores democráticos; exige que Evo Morales dicte una amnistía liberado a los presos políticos de su régimen, perdonando a sus adversarios perseguidos y confiando en sus compatriotas, sin rencores, para todos juntos enfrentar al enemigo externo que osó agredirnos en Europa, siempre y cuando exista la decisión y voluntad inquebrantable de emprender esa acción en La Haya.

Lo contrario significará que Evo y sus entornos sólo buscan sacarle una tajada electoral al asunto, en una actitud conservadora e inconsistente con tanta verborrea anti-imperialista que prolifera en el discurso gubernamental después del 2 de julio.

* El autor es director del periódico amazónico Sol de Pando y dirige el Servicio Informativo Datos & Análisis. www.soldepando.com