Santiago de Cuba y La Habana (PL).- Las acciones del 26 de julio de 1953 despertaron la conciencia nacional en apoyo y simpatía de los moncadistas, unos presos o perseguidos; otros muertos. Los huesos y la sangre generosa de los caídos cimentaron el martirologio de unos 20 mil cubanos que ofrendaron sus vidas en la lucha contra la tiranía. Aquel aldabonazo devino motor impulsor de la rebelión que triunfó el primero de enero de 1959, e inició una era de transformaciones que hoy continúa.

Santiago de Cuba, Ciudad Héroe en el oriente cubano, fue el epicentro de la celebración del Día de la Rebeldía Nacional, cuando se conmemoran 60 años del asalto al cuartel Moncada, liderado por Fidel Castro y un puñado de jóvenes civiles. El presidente Raúl Castro, uno de los participantes de aquella gesta, presidió el acto central en la Plaza de la Revolución “Antonio Maceo”, remozada para la ocasión.

El 26 de julio de 1953, en el año del centenario del apóstol José Martí, Fidel Castro y otros jóvenes seguidores del ideario martiano asaltaron los cuarteles Moncada (segunda fortaleza militar del país, en Santiago de Cuba), y el Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. Un año antes Fulgencio Batista había encabezado un golpe de Estado y sumido a la nación en sangrienta dictadura, que tenía el beneplácito y apoyo del gobierno de Estados Unidos.

Como luces de bengalas, las acciones revolucionarias del 26 de julio de 1953 despejaron las tinieblas sobre el universo cubano con el Programa del Moncada, capaz de redimir la Patria ultrajada y refundar la república. El programa incluía la promulgación inmediata de cinco leyes revolucionarias y el estudio y posterior solución de los principales problemas que afectaban a la sociedad (reforma agraria, industrialización, salud, vivienda, desempleo y la educación).

En el plano de las ideas se vindicaba a José Martí (1853-1895), en el año del centenario de su natalicio, al ser declarado maestro y guía, autor intelectual de las acciones realizadas aquel amanecer por una nueva generación de jóvenes patriotas. El desagravio a la memoria mancillada de Martí, por la dictadura militar de Fulgencio Batista y Zaldívar, instaurada por la fuerza el 10 de marzo de 1952, iba unido al propósito de redimir a cada compatriota huérfano de pan y justicia social.

Los moncadistas fueron algo más de un centenar de participantes, casi todos desconocida gente de pueblo, que juraron el Manifiesto del Moncada -aquella madruga antes de los combates-, con el fin de hacer una patria mejor, sueño supremo de Martí, el héroe nacional cubano. Eran encabezados por Fidel Castro, abogado y antiguo dirigente estudiantil, que dio el paso al frente tras esperar inútilmente una reacción de las fuerzas opositoras contra los golpistas.

Allí estuvieron jóvenes obreros, empleados, campesinos, trabajadores en oficios diversos o desempleados, y solo media docena eran estudiantes, tres contadores profesionales y cuatro graduados universitarios, incluido su líder Fidel. Cerradas otras vías, Fidel y sus compañeros de profundas convicciones martianas asumieron como moral y legítimo oponerse a la segunda dictadura batistiana y cambiar para bien la situación del país.

Fidel decía: “Hace falta echar a andar un motor pequeño que ayude a arrancar el motor grande”, recordaba después su hermano Raúl Castro. “El motor pequeño sería la toma de la fortaleza del Moncada, la más alejada de la capital, la que, una vez en nuestras manos echaría a andar el motor grande, que sería el pueblo combatiendo”.

A pesar del fracaso en el terreno de los asaltos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, ocurridos esa mañana, su trascendencia marcó una nueva etapa en la historia de Cuba. Según el plan militar, preparado minuciosamente, los objetivos eran tomar por sorpresa, con el menor derramamiento de sangre posible, la segunda fortaleza militar del país, luego de una noche de carnaval en la ciudad.

En su apoyo, también la pequeña guarnición de la ciudad de Bayamo, un punto estratégico, para impedir el paso de refuerzos de las guarniciones de Holguín y de Manzanillo. Se completaba con la ocupación del centro de comunicaciones bayamés para interrumpir las líneas telefónicas y telegráficas, la estación de policía y la posterior voladura con dinamita de los puentes del río Cauto por personal de las Minas de Charco Redondo, comprometido en las acciones.

No se trataba de la búsqueda de un golpe de suerte en el plano militar, sino de una acción política a la que se iba a llamar al pueblo y poner en pie de lucha a amplios sectores de la población de conocida tradición patriótica, con las armas y municiones a ocupar en el cuartel Moncada. Por medio de la radio serían difundidos una proclama o manifiesto sobre las raíces y objetivos del Movimiento, y el Programa del Moncada.

El ataque a los dos cuarteles comenzó simultáneamente (5.15 de la mañana) y uno a uno, con exactitud de minutos y segundos, previsto de antemano, fueron cayendo los edificios que rodean el Moncada. Raúl Castro con siete hombres ocupó el Palacio de Justicia y Abel Santamaría con 21 el hospital civil Saturnino Lora, en apoyo al grupo de Fidel Castro, quien dirigió personalmente el ataque al Cuartel Moncada con 45 combatientes, precedido de ocho que tomaron la posta 3.

Pero circunstancias imprevistas hicieron que fallara el factor sorpresa en la toma de los enclaves militares, tanto en Santiago como en Bayamo. El campamento pudo caer en manos de los revolucionarios de no haber sucedido el encuentro accidental de uno de los autos de los asaltantes con una patrulla exterior que se atrasó en su recorrido.

En Bayamo los asaltantes tropezaron con un depósito de latas vacías que no aparecía en las fotos tomadas del lugar, mientras se arrastraban hacia los muros de la fortaleza, lo cual alertó a la posta y se generalizó el tiroteo antes de tiempo. En ambos casos, los asaltantes tuvieron que retirarse, debido a la superioridad del armamento del ejército; solo ocho combatientes murieron en combate y más de 50 fueron asesinados en los días sucesivos, después de sufrir vejámenes y torturas.

El Moncada antes y después

Meses antes Fidel Castro, entonces de solo 25 años de edad, trató de llevar a los tribunales, sin éxito, a quienes violaron la Constitución de la República y eliminaron el juego democrático-representativo en la nación. Solicitó el 24 de marzo de 1952, al Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales juzgar y sancionar a los autores de ese hecho anticonstitucional cometido por los usurpadores del poder. En su detallada argumentación jurídica señaló que Batista incurrió en delitos cuya sanción lo hacen acreedor de más de cien años de cárcel.

El golpe militar del ex dictador Batista -desde antiguo aliado de Estados Unidos-, impidió la celebración de los comicios presidenciales el primero de junio de 1952, e instauró un nuevo régimen represivo que otra vez enlutó al pueblo e incrementó la pobreza de la mayoría. Fidel logró entrenar y organizar en secreto a más de mil hombres, de los que seleccionó poco más de un centenar por la carencia de armas.

Los futuros combatientes, en su mayoría de la juventud ortodoxa radical, habían tomado conciencia de los males sociales y políticos en la campaña anticorrupción administrativa del desaparecido líder de la Ortodoxia, Eduardo Chibás (1907-1951). Las acciones del 26 de julio despertaron la conciencia nacional en apoyo y simpatía de los moncadistas, unos presos o perseguidos; otros muertos. Los huesos y la sangre generosa de los caídos cimentaron el martirologio de unos 20 mil cubanos que ofrendaron sus vidas en la lucha contra la tiranía (1952-1958).

Aquel aldabonazo devino motor impulsor de la rebelión que triunfó el primero de enero de 1959, e inició una era de transformaciones que hoy continúa. Siempre con Martí a la vista, en un difícil camino de fracasos y éxitos, llegó la derrota del régimen neocolonial pro-imperialista y el triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959.

Durante 1959 y 1960 se realizó plenamente el programa de leyes y medidas revolucionarias enunciadas en el Programa del Moncada, luego de lo cual la Revolución cubana emprendió pasos más avanzados de corte socialista. Profundas leyes de reforma agraria y urbana democratizaron la propiedad y usufructo de la tierra y las viviendas. Los cuarteles y centros de tortura de la tiranía se convirtieron en escuelas y otros muchos centros educacionales fueron edificados a la par de la inédita campaña de alfabetización que erradicó el analfabetismo.

Cuba inició un proceso de industrialización y nacionalización de empresas que le enfrentó al gobierno de Estados Unidos, verdadero dueño de la economía de la isla, donde miles de hectáreas de las mejores tierras, minas, centrales azucareros, hoteles, refinerías, servicios telefónicos y otros esenciales eran controlados por intereses de aquel país.

En abril de 1962 tropas invasoras armadas por Washington y dirigidas por la Agencia Central de Inteligencia y el Pentágono desembarcaron por las arenas de Playa Larga y Playa Girón, en el sur de la isla, mientras en territorio estadounidense un gobierno títere esperaba ser instaurado por aquel ejército mercenario. Bastaron 72 horas y muchas vidas de soldados, milicianos y civiles para que aquella invasión fuera derrotada en lo que Cuba proclamó como la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina.

En los días previos a la invasión, frente a una multitud reunida en una céntrica esquina de La Habana, Fidel Castro proclamaba el carácter socialista de la Revolución Cubana, condición que fue refrendada años después en la Constitución. Desde entonces muchas han sido las agresiones contra Cuba. Desde los cientos de intentos de asesinar a sus líderes hasta otras formas de terrorismo de Estado, de los que han sido víctimas miles de cubanos.

Como resultado de 681 acciones terroristas y una invasión mercenaria, han perdido la vida 3.478 mujeres, hombres y niños, consignó el informe presentado por Cuba ante el Consejo de Derechos Humanos el pasado 1 de mayo. Otros dos 2.099 cubanos han quedado físicamente discapacitados por el resto de sus vidas, añade el texto.

Cuba ha resistido al más largo bloqueo comercial, financiero y económico de la historia, que le impusiera la Casa Blanca en 1962. Un billón 66 mil millones de dólares en daños económicos, afectaciones humanas invaluables y una feroz persecución de las transacciones cubanas por todo el planeta constituyen algunos de los impactos de este persistente castigo a la pequeña isla.

El primer país socialista del hemisferio occidental sobrevivió a la desaparición del campo socialista en Europa del este y a la desintegración de la Unión Soviética. De la noche a la mañana, la economía cubana perdió la mayoría de sus mercados, lo cual obligó a los ciudadanos de la isla a enfrentar duros años de carencias en lo que se llamó el Período Especial.

No obstante, el proceso cubano pudo sortear los peores momentos sin recurrir a terapias de choque y preservando en lo posible las principales conquistas del pueblo. A pesar de todas estas dificultades, el país consiguió importantes avances en materia de salud, educación, cultura, entre otros renglones, que elevaron el nivel de vida de sus habitantes y le pusieron a la vanguardia de importantes indicadores sociales en el continente.

Cuba está entre los 50 países con mayor proporción de personas con 60 años o más. La esperanza de vida al nacer ronda los 78 años, cual expresión de los resultados de su política de desarrollo humano. El pasado año la mortalidad infantil registró tasa de 4,6 por cada mil nacidos vivos, la más baja de América Latina y el Caribe. Esta nación caribeña ha cumplido gran parte de las metas establecidas por los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Sucesivas administraciones estadounidenses fracasaron en el objetivo de doblegar a Cuba, que sigue empeñada en construir el socialismo, “próspero y sustentable”, como ha dicho el presidente Raúl Castro. La mayor de las Antillas llega a esta celebración con su liderazgo histórico vivo, e inmersa en un proceso de sucesión generacional que incluye la actualización del modelo socio-económico.

Estas transformaciones tienen lugar cuando la mayoría de los cuadros del Partido Comunista y del Gobierno nacieron o se formaron al calor de la Revolución. Hace apenas unos días sesionó la primera sesión de la VIII legislatura del Parlamento, donde la gran mayoría de los diputados estrenaron sus curules. En la ocasión, se dio a conocer que la economía de la isla marcha favorablemente, a pesar de los vaivenes de la crisis internacional y las restricciones del bloqueo.

También se adelantaron novedades dirigidas a fomentar el desarrollo de las fuerzas productivas y a deslastrar el sector empresarial estatal. Experimentos empresariales y en los sistemas de dirección territorial comienzan a dar resultados en el proceso de actualización del socialismo cubano.

Son estas algunas de las razones por las que hoy celebran aquí, donde la población ha trabajado febrilmente por restañar las heridas del huracán Sandy. Ese meteoro azotó en octubre del pasado año y dejó pérdidas al país por unos siete mil millones de dólares, con particular ensañamiento contra esta ciudad.

Plazas, avenidas, escuelas, centros socio-culturales remozados, servicios recuperados y la alegría contagiosa del santiaguero y de su carnaval, impactan al visitante. La Universidad de Ciencias Médicas de Santiago realizó por estos días la mayor graduación de profesionales extranjeros de su historia que hablan de la vocación internacionalista de los cubanos. Son más de 600 de 28 países. Bolivia con 410, Jamaica 68 y Haití 59 fueron los de más graduados.

Rebelde ayer, hospitalaria hoy, heroica siempre, reza un cartel aquí, donde la presencia de mandatarios de la región la convertirán, este 26 de julio, en capital de la América Nuestra, la del cambio de época que avizoró José Martí.

* Orlando Oramas es editor Jefe de la redacción Nacional de Prensa Latina y Marta Denis, historiadora, periodista y colaboradora de PL.