El gobierno del MAS está decidido a usar la agresión imperialista al avión de Evo Morales como cortina de humo para tapar los graves problemas que se están generando en el país, y al mismo tiempo sacar el máximo rédito electoral. El régimen se esfuerza por prologar el show hasta el infinito, mientras impone sus caprichos antinacionales y reaccionarios, como por ejemplo la compra de cuatro aviones chatarra para hacer campaña electoral.

Es importante determinar qué significa la prohibición de que el avión presidencial boliviano surcara los espacios aéreos de Francia, España, Portugal e Italia. Ellos deciden, parece que concertadamente, cerrar sus espacios aéreos con el argumento de que la aeronave transporta a un espía norteamericano, habiendo legislación internacional en sentido de que todo medio de transporte oficial donde viaja un presidente, no importa de qué país considerado soberano, es inviolable.

En el presente caso, no sólo se trata de una agresión contra Evo Morales como persona sino a la representación que ostenta como presidente de un país oprimido por el imperialismo. Por tanto, es una agresión de países poderosos, incuestionablemente manipulados por el imperialismo norteamericano, a uno débil y oprimido como es Bolivia.

Se habla de manipulación norteamericana porque es el directamente interesado en capturar al técnico de la CIA, personaje que ha tenido la valentía de denunciar los mecanismos que usa el imperialismo para espiar a los países y personalidades de todo el mundo a título de luchar contra el terrorismo.

Con este incidente, por otra parte, se pone al desnudo la miseria de la diplomacia. ¿Cómo es que países como Francia, que tienen la tradición de desarrollar con finura la hipocresía de la diplomacia capitalista, hayan caído tanto al obedecer a pie juntillas las órdenes abusivas y torpes del imperialismo norteamericano que se da el lujo de espiarles hasta la ropa interior que usan sus gobernantes? También queda al descubierto la política internacional cínica de los yanquis que cacarean contra el terrorismo cuando ellos protegen a genocidas como Luis Posada Carriles y a ladrones como los Sánchez de Lozada.

Frente a este hecho de franca agresión imperialista, la posición revolucionaria no puede ser otra que la defensa intransigente del país oprimido, haciendo abstracción del tipo de gobierno que éste tiene y la política que desarrolla contra las clases explotadas de su país. Al margen de toda consideración, el bloqueo aéreo del avión presidencial boliviano es un acto de agresión imperialista contra un país oprimido, Francia, España, Italia y Portugal han hecho el papel de instrumentos y han mostrado total sumisión al imperialismo norteamericano a pesar de que éste también los agrede.

Aplicando el espíritu de la resolución adoptada en uno de los tres primeros congresos de la Tercera Internacional Comunista realizada en Moscú antes de la muerte de Lenin, el Partido Obrero Revolucionario repudia este hecho abusivo perpetrado contra el Estado boliviano por manipulación directa del imperialismo norteamericano; defiende el derecho a la autodeterminación de los pueblos oprimidos, y exige al gobierno que cacarea contra el imperialismo asumir medidas efectivas de protesta como el cierre de la embajada norteamericana y la expulsión de las transnacionales del país.

Sin embargo, sería ingenuo esperar una actitud seria y consecuentemente antiimperialista de un gobierno que desarrolla una política burguesa. Sus protestas y sus berrinches contra el imperialismo tienen un límite: llegan hasta el punto en que no se ponga en riesgo los intereses materiales de la clase dominante nativa y sus relaciones económicas con las transnacionales.

A esta limitación, que es común a todos los gobiernos burgueses de los países oprimidos, se suma la demagogia desmedida del régimen que, aprovechando la coyuntura, en el plano interno no duda en sacar el máximo rédito electoral e internacionalmente busca reposicionar a un Evo Morales que había llegado a los niveles más bajos como consecuencia de su política hipócrita en lo referente a la defensa de la Pachamama y su entreguismo en el TIPNIS; a su política antiobrera y antipopular cuando los explotados reclaman mejores condiciones de vida y de trabajo; a las poses ridículas que adopta el presidente indígena en los foros internacionales, etc.

El gobierno del MAS desarrolla una desenfrenada campaña internacional de victimización del presidente indígena, denuncia que el imperialismo ha pretendido eliminarlo físicamente, que lo ha discriminado por ser representante de todos los indígenas del continente y del mundo, que la agresión imperialista ha sido contra un líder continental y –consecuentemente— contra todo el continente sudamericano.

El gobierno boliviano propicia dos reuniones internacionales con la presencia de sus aliados (Argentina, Uruguay, Ecuador, Venezuela y otros); logra pronunciamientos de apoyo, y exige a los bloqueadores que expliquen su conducta y pidan perdón. En el plano interno realiza grandes movilizaciones con las organizaciones sociales que controla quemando banderitas imperialistas, cercando sedes diplomáticas y otros actos. Pareciera que el gobierno tiene decidido prologar el show hasta el infinito.

Una reciente reunión de la CSUTCB con la participación de Juan Ramón Quintana ha decidido convocar a una cumbre internacional indígena para las próximas semanas, evento que concluirá con una concentración nacional indígena-originaria en Cochabamba. Además, la reunión ha determinado pedir al gobierno que no sólo repliegue a los embajadores bolivianos con sede en los países europeos involucrados en la agresión, sino también que expulse a los representantes diplomáticos de Francia, España, Italia y Portugal hasta que sus presidentes vengan a Bolivia a pedir perdón.

¿A dónde pretende llegar el gobierno del MAS? Parece decidido a usar la agresión imperialista como cortina de humo para tapar los graves problemas que se están generando en el país. Un hecho que preocupa a la gente es la escasez de harina y el inminente aumento del precio del pan; el encarecimiento generalizado de otros artículos de consumo; la caída de precios de los minerales en el mercado mundial que puede provocar gravísimos problemas en el sector minero; la persecución política a los dirigentes del TIPNIS; la escandalosa entrega de los recursos naturales a las transnacionales imperialistas (últimamente a Sinchi Wayra) y a los cooperativistas; la sistemática destrucción de la minería nacionalizada; el abusivo descuento a los maestros y otros sectores dependientes del Estado por días de huelga; la escandalosa corrupción de los gobernantes y operadores políticos del oficialismo, entre muchos otros conflictos.

De este modo, una legítima actitud de defensa de una nación agredida por el imperialismo es embarrada demagógicamente por un gobierno que pone en primer plano sus intereses bastardos, antinacionales y reaccionarios, con los que no tienen nada que ver la clase obrera y los explotados de este país.

A su retorno de Rusia, Evo Morales ha anunciado que su gobierno ha decidido comprar cuatro aviones reacondicionados. Para justificar esta operación comercial y respondiendo a las objeciones de los opositores de derecha, muchos parlamentarios y gobernantes han dicho que este gobierno trabaja, a diferencia de los anteriores que no hacían nada, y quienes se oponen a la adquisición de las aeronaves simplemente quieren interferir las febriles actividades de los gobernantes en bien del país.

Los oficialistas han revelado que uno de los aviones sería entregado a la Fuerza Aérea, otro a la Vicepresidencia y los otros dos quedarían a disposición del Estado para que los ministros viajen al interior y al exterior del país; algún dirigente oficialista ha dicho, dibujando una mueca irónica en los labios, que todos los ministros deberían tener un avión de uso personal a su disposición.

La gente de la calle se pregunta si no les ha llegado la locura colectiva a los masistas embriagados por los altos cargos que ostentan en el “Estado Plurinacional de Bolivia”. Pareciera que no saben en qué gastar la plata, tal vez pensando que las miserables reservas internacionales de algo más de 11 mil millones de dólares, acumulados gracias a los altos precios de los minerales y al lucrativo negocio del gas con Brasil y Argentina, muy pronto se acabarán porque las reservas de hidrocarburos se agotan y los precios de los minerales empiezan a caer en el mercado mundial.

En este período de crisis, hasta los países con economías más fuertes cuidan celosamente sus recursos previendo la agudización de los problemas sociales causados por la debacle del sistema capitalista. Todavía está en la retina de la gente la última gran movilización de los explotados de Brasil protestando contra el despilfarro del gobierno en favor del deporte, en lugar de garantizar buenos servicios de educación y salud.

Pero en Bolivia el gobierno irresponsable compra chatarra para que los oficialistas hagan campaña electoral. Ya no quieren viajar por tierra porque es incómodo y pierden mucho tiempo. Ahora, con el uso discrecional de los recursos del Estado, los oficialistas viajan en avión y pueden financiar millonarias campañas mediáticas para mostrar el rostro del presidente distribuyendo regalos en todo el país.

¿Ha cambiado en algo la farsa democrática en este país? El caballo del corregidor sigue definiendo quién será el ganador en la próxima mascarada electoral. El “voto campesino” impuesto por el MNR hace 50 años seguirá definiendo la naturaleza del próximo gobierno. Los caciques oficialistas se encargarán de que los opositores no lleguen a sus comarcas para que el MAS gane con 100% de votos.

* Secretario ejecutivo de la Federación de Maestros Urbanos de Cochabamba y dirigente del Partido Obrero Revolucionario (POR).