El peculiar estilo del presidente cocalero de “meterle nomás”, como lo confirman revelaciones de infiltrados en el caso de Chaparina, demuestran que su gobierno optó por la violencia como una forma de vida que ninguna cárcel podrá corregir. Vivimos en un sistema corrupto manejado por oportunistas que no valoran el efecto positivo de la educación en la actividad humana, lo peor es que carecen de valores humanos.

Diatribas envolventes, cínica demagogia, insultos, incoherencia, dobles morales, son acciones que describen al presidente de las seis federaciones de cocaleros y su entorno inmediato, quienes otrora pensaron como profetas y actuaron como filisteos con el pueblo boliviano. Sin embargo, no acuso toda la responsabilidad a los políticos que utilizan el poder para medrar y satisfacer sus apetitos personales a costa del hambre y la necesidad humana.

Son las morales de quien también es presidente de los bolivianos cuando asienta sus reclamos basados en su propia inmoralidad. La violación a los derechos civiles, humanos y políticos de los indígenas del TIPNIS, delata la hipocresía de quien se hace llamar representante de los excluidos. Ayer utiliza la máscara indigenista para sensibilizar al país y al mundo con un falso discurso y una falsa identidad y años después humilla, mata, miente y viola los códigos y las leyes para inventar delitos contra sus “hermanos” los insubordinados.

La pragmática complicidad que existe entre el poder político, económico y judicial, nunca visto con tanto cinismo y desvergüenza como en las dos gestiones gubernamentales de Evo Morales exige que despoliticemos nuestra realidad y seamos responsables a la hora de actuar porque somos nosotros, quienes hablamos la política, la economía y la justicia de este país, los que tenemos la obligación de actuar con coherencia sin que importe el rol que desempeñemos, ni la ideología que profesamos, porque la educación y la moral no es exclusividad de nadie y debieran ser transversales en el desarrollo de los pueblos.

Las dobles morales de nuestro presidente cocalero y su peculiar estilo de “meterle nomás”, como lo denuncian revelaciones de infiltrados en el caso de Chaparina, nos demuestra que su gobierno optó por la violencia, haciendo de ésta una forma de vivir que ninguna cárcel podrá corregir, en un sistema corrupto manejado por oportunistas que no valoran el efecto positivo de la educación en la actividad humana, pero además carecen de valores humanos. Si con lo que sucede hoy en la política nacional y anteriores experiencias, no aprendemos que sólo con la formación académica se podrá contrarrestar la transmisión de violencia que se viene gestando desde los liderazgos sin conciencia social, y si no actuamos con valentía y por justicia contra las dobles morales del poder político, seguiremos siendo cómplices del libre albedrio en las arcas del estado y el atropello a la dignidad de los bolivianos.

“El poder puede ser total pero nunca eterno”, para los políticos que hoy tienen en sus manos la decisión de terminar con esta herencia de violencia a través de una correcta aplicación de la justicia, con formación educativa e inculcando además valores pero también castigando con severidad el uso de la violencia que en el presente es respaldado atribuyéndole una institucionalizada autoridad y ejercida como poder personalizado como lo hacen los representantes del gobierno plurinacional.

Los indígenas existen en este Estado Plurinacional?. ¡Si! en la moral práctica y el mapa político del presidente cocalero, sólo para el voto.

Es la hipocresía que día a día relega la capacidad de promover el capital humano, evita el ejemplo político que promueve la equidad, la participación y la vida democrática, único camino para el desarrollo que acorte la brecha entre la utilización y la reivindicación de los indígenas.

* Diputada de Convergencia Nacional (CN) por el Beni.