París, Londres, Washington y La Habana (PL).- Más del 40% de los reactores nucleares en el mundo rebasan los 30 años de actividad, lo cual plantea un problema de seguridad, señala un informe de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). De los 437 reactores ubicados en 31 países, 184 tienen tres décadas de vida y de ellos 22 llevan más de 40 años en actividad.

“La explotación de centrales a largo tiempo y su envejecimiento constituye un desafío constante para las autoridades de regulación, los operadores y los servicios públicos”, señala el informe de la AIEA y advierte que con el tiempo se degradan los componentes electrónicos, el hormigón, el acero, los cables eléctricos, los generadores de vapor, pero sobre todo las vasijas de contención y los sistemas de refrigeración de las piscinas.

En Francia las centrales más antiguas son las de Fessenheim (1978), Bugey (1979) y Tricastin (1980). El pasado 15 de julio decenas de militantes de la organización ecologista Greenpeace penetraron en la central de Tricastin, del suroriental departamento de Drome, para exigir el cierre de la instalación. La organización ecologista advirtió que la planta es, al igual que la de Fessenheim, una de las más antiguas, con más de 30 años de explotación. Al mismo tiempo está expuesta a riesgos de inundaciones, sismos y explosiones, porque se encuentra ubicada en una zona de grandes complejos nucleares y químicos.

Los manifestantes desplegaron pancartas sobre los reactores, donde alertan acerca de los riesgos de esa planta, considerada entre las cinco más peligrosas del país. “Tricastin accidente nuclear”, “Dispuestos a pagar el precio” y “Hollande, presidente de la catástrofe”, eran algunos de los mensajes que podía leerse en la instalación.

A fines de febrero dos trabajadores murieron y otro resultó herido en un accidente laboral en la central atómica de Cattenom, ubicada en el departamento francés de Moselle. El hecho ocurrió cuando un andamio se desprendió desde una altura de cuatro metros sobre los tres obreros en la sección cuatro de la planta, actualmente detenida. Según las autoridades, el accidente está totalmente desvinculado de cualquier cuestión de seguridad nuclear.

La central de Cattenom, ubicada muy cerca de la frontera con Alemania, tiene cuatro reactores de 1.300 megawatts cada uno y está considerada como la séptima en el mundo por su capacidad instalada y la segunda de Francia en producción de energía eléctrica. El país galo depende en 75% de la tecnología atómica para generar la electricidad que consume y tiene un total de 19 plantas con 58 reactores diseminados en su territorio nacional.

En junio una importante fuga de vapor de agua ocurrió en la central nuclear de Flamanville, en la región francesa de Baja Normandía, sin peligro para la población según las autoridades. Vecinos del lugar dijeron que durante un cuarto de hora escucharon un intenso ruido proveniente de la planta, semejante al de los motores de los aviones a reacción, antes de observar la nube gaseosa elevarse por encima de la instalación.

La empresa Electricidad de Francia (EDF), encargada de la explotación del sitio, confirmó el incidente ocurrido en una sala de máquinas de la red secundaria, pero aseguró que nunca hubo riesgo de escape radiactivo. En Flamanville funcionan dos reactores y un tercero, dotado de tecnología de última generación, está en la actualidad en construcción, a pesar de las protestas de grupos ambientalistas que exigen al gobierno iniciar una transición en la matriz energética del país.

El presidente François Hollande prometió durante su campaña electoral reducir del 75 al 50% el peso de la energía nuclear en la generación de electricidad, una iniciativa apoyada por los ecologistas y otros sectores, pero rechazada por el Movimiento de Empresas de Francia.

Revelan incidentes en centrales nucleares de Reino Unido

Reino Unido anunció la construcción de una nueva generación de plantas nucleares, a pesar de temores por el desastre en Japón y la denuncia de ambientalistas por el rumbo de los desechos radiactivos. El Ministerio de Energía informó que el país se encuentra a un paso del mayor renacimiento nuclear desde la década del 50 del pasado siglo.

Los sitios propuestos para los nuevos reactores, ocho en total, podrían generar hasta cinco mil puestos de trabajo y proveer de electricidad barata y de baja emisión de carbono. La nueva generación atómica planeada demandará una inversión de cerca de 50 mil millones de libras esterlinas, unos 80 mil millones de dólares.

En medio de un debate interno sobre la revisión de los programas actuales, el diario The Guardian reveló que en febrero tres centrales nucleares del estado europeo registraron escapes radiactivos y averías en el sistema de refrigeración. Citando un reporte dirigido al Gobierno sobre los incidentes en las plantas de Sellafield, Torness y en Hartlepool, el diario informó que ocurrieron vertidos de residuos radiactivos y una falla en uno de los conductos de ventilación, asociados a “deficiencias en diseño”.

La fuente periodística sostiene que pese a la gravedad de algunos de los hechos, los ministros del gabinete británico fueron informados a mediados de abril, lo cual contrasta con las directrices de seguridad vigentes desde la catástrofe de Chernobil, en Ucrania, hace 25 años.

Los escapes ocurridos en dos gasoductos en la central de Torness, cerca de Edimburgo, provocaron la contaminación de las aguas subterráneas con tritio radiactivo, un isótopo de hidrógeno. En el complejo de Sellafield se detectó un derrame de plutonio, que según autoridades competentes, ya fue limpiado. El accidente en Hartlepool tuvo que ver con la paralización momentánea del sistema de refrigeración, debido a una válvula defectuosa.

De acuerdo con The Guardian, los tres incidentes están bajo investigación de la Oficina de Regulación Nuclear, adjunta al Gobierno, encargada de la seguridad de las instalaciones átomo-eléctricas británicas. De hecho, los sucesos podrían retrasar los planes de revisión anunciados por el ejecutivo con vistas a un nuevo programa nuclear, a raíz del accidente en la central japonesa de Fukushima.

Por otro lado, en octubre del año pasado una fuga radiactiva de pequeñas proporciones se produjo en una antigua planta de energía nuclear en Caithness, noreste de Escocia, denunció la Agencia de Protección del Medioambiente de la región británica. El escape tuvo lugar dentro de la central de tratamiento de esa instalación, construida en la década de los años 50 del pasado siglo y que está en proceso de desmantelamiento.

Un comunicado de la empresa Dounreay Site Restoration Limited (DSRL), responsable de la planta de Caithness, precisó que no hay riesgo para la salud. No obstante, activistas medioambientales criticaron la postura del actual Gobierno británico que promueve la construcción de nuevos reactores nucleares, temerosos por el rumbo de los desechos radiactivos.

Alertan sobre probable desastre en California

Una pesadilla nuclear similar al desastre de Fukushima podría desatarse en una planta de energía nuclear en las afueras de Los Ángeles, California. Después de un incidente en la central eléctrica de San Onofre, el 31 de enero de 2012, reguladores federales investigaron las condiciones en la instalación enclavada en el condado de San Diego.

Resultados preliminares de un equipo de investigadores de la Comisión de Regulación Nuclear de Estados Unidos revelaron defectos de diseño en el tubo que transporta el agua radiactiva por toda la planta, el cual se encuentra muy gastado, reportó el diario Minneapolis Star Tribune. Llama la atención que la tubería pertenece a los generadores de vapor que se instalaron durante una revisión técnica efectuada de 2009 a 2010, con un costo de 670 millones de dólares.

La pesquisa encontró que los aditamentos están tan corroídos que de ponerse en funcionamiento podrían fallar y, posiblemente, liberar grandes cantidades de radiación, un hallazgo sorprendente en un equipo prácticamente nuevo, contrastó la publicación. Ello ha paralizado las operaciones en los dos reactores sin que exista una fecha aún para la vuelta al funcionamiento.

Greg Werner, quien dirigió el equipo federal, señaló que los cálculos iniciales para instalar generadores de vapor fueron erróneos respecto a la cantidad de agua y vapor de agua que fluiría por ellos. Además, los cambios destinados a mejorar la generación nunca fueron revisados a fondo, enfatizó.

Este es un problema de seguridad, refirió Arnie Gundersen, consultor de la fundación Amigos de la Tierra, ex ejecutivo de la industria nuclear que ha escrito varios informes sobre los generadores de San Onofre. Estos cambios ponen en riesgo a la población. Informes señalan que San Onofre puede generar 2.200 megavatios de electricidad, suficientes para satisfacer las necesidades de 1,4 millones de hogares en el sur de California.

Si un terremoto golpea alguna planta nuclear estadounidense veremos un escenario de pesadillas en este país, advirtió el experto Noah Shachtman, citado por el diario The Atlantic Wire. La advertencia fue divulgada un día después que un sismo de 5,9 grados en la escala Richter se registró en la costa este norteamericana, provocando la evacuación del Pentágono, y daños materiales en la Catedral Nacional de Washington, el edificio más alto de la capital.

El especialista en temas tecnológicos y de seguridad nacional recordó que hay 15 centrales atómicas en la región afectada por el temblor. “Si ocurre uno realmente poderoso, tendremos apagones en varios estados que no durarán días, sino meses”, sostuvo.

La Comisión de Regulación Nuclear (CRN) aclaró que ninguna de las 12 plantas inspeccionadas había sufrido daños de importancia, ni tampoco hubo necesidad de desconexión de emergencia excepto en una. Los reactores gemelos de la instalación North Anna, en Virginia, permanecieron inactivos después que se constató una pérdida de potencia en la generación energética.

A fines de mayo la organización estadounidense Amigos de la Tierra y una congresista federal pidieron a la Casa Blanca reabrir las indagaciones sobre el accidente en la planta de San Onofre. Portavoces de Edison propusieron a Washington reactivar uno de los reactores, y operar a baja potencia durante cinco meses, para observar el desempeño técnico de la estructura.

Sin embargo, la senadora demócrata Barbara Boxer alertó al fiscal general Eric Holder que ejecutivos de la compañía podrían haber entregado reportes falsificados en relación con el peligroso evento para encubrir responsabilidades. Además sugirió investigar a la firma Mitsubishi Heavy Industries, fabricante de los generadores que producían electricidad para 1,4 millones de viviendas en el suroeste de Estados Unidos.

En febrero el senador Ron Wyden alertó que al menos seis tanques de desechos radioactivos enterrados en Yakima, estado de Washington, se filtran y vierten mil litros de sustancias tóxicas al año. Las instalaciones Hanford fueron construidas durante la etapa de la Segunda Guerra Mundial con una previsión de garantía de 20 años y desde hace un lustro son objeto de supervisión especial por parte del Departamento de Energía. Wyden recordó que en total en la norteña localidad hay 177 tanques de aislamiento, muchos de ellos en dudosas condiciones y que contienen 53 millones de galones de desperdicios radioactivos (1 galón tiene 3,8 litros).

Actualmente hay 104 reactores nucleares en operación en 64 plantas de Estados Unidos. La mitad de ellos fueron instalados hace tres décadas. Además, la CRN aprobó la construcción de dos reactores atómicos en el estado de Georgia. Los silos serán erigidos bajo responsabilidad del consorcio Southern Co, a 273 kilómetros al este de la ciudad de Atlanta, y en un complejo energético que ya hospeda dos reactores obsoletos.

La CRN no había autorizado el inicio de tales empresas desde 1979, cuando ocurrió el incidente de Three Mile Island, en Pennsylvania, el más grave caso de escape radioactivo en la historia de Estados Unidos. Ese accidente comenzó a las cuatro de la madrugada del 28 de marzo, cuando se filtró una cantidad peligrosa de yodo y gases tóxicos, y la limpieza total del ambiente no se pudo concluir hasta 1993 a un costo de mil millones de dólares.

Los nuevos reactores de Georgia serán de la marca Westinghouse, con un diseño llamado AP 1000, un precio aproximado de 14 mil millones de dólares y una garantía de respaldo federal de ocho mil millones de dólares. La variante AP 1000 utiliza gravedad y condensación -y no electricidad- para enfriar los núcleos. Fue la pérdida de electricidad lo que causó la disfunción de la planta japonesa Fukushima después del tsunami en 2011.

Radioactividad para miles de años

Gorleben es un pequeño pueblo de la Baja Sajonia, en el norte de Alemania, que alcanzó notoriedad por las demostraciones para protestar contra el almacenamiento de desechos radioactivos en el lugar. La basura nuclear provenía de Le Havre, en Francia, donde había sido reprocesada por cuenta de Alemania y ahora iba a ser depositada en su destino final a orillas del río Elba.

Miles de ecologistas de ambos países bloquearon el tren que transportaba 11 contenedores blindados con varias toneladas de los letales desechos, capaces de mantener su alto nivel de radioactividad por miles de años, relató el periodista de Prensa Latina Julio Hernández.

En realidad la instalación de almacenamiento de Gorleben existe desde hace alrededor de 30 años y ha sido centro de demostraciones antinucleares durante mucho tiempo. Alemania va a cerrar todos sus reactores nucleares hacia el año 2022, según anunció el gobierno poco después del grave accidente de Fukushima, en Japón, que reactivó la oposición mundial a esta forma de producir energía eléctrica.

En caso de accidentes serios, como el de un reactor nuclear en Three Miles Island, Estados Unidos, en 1979, y el de Chernobyl, Ucrania, en 1986, el temor se ha convertido en verdadero clamor a favor de buscar energías alternativas más nobles. Menos sonados han sido otros accidentes, en los cuales se han producido incluso muertes a causa de la radiación ionizante de cantidades hasta cierto punto pequeñas de material radioactivo.

Un caso así tuvo lugar en 1987 en Goiania, en el estado brasileño de Goias, debido al olvido de una fuente de sólo 93 gramos usada en tratamientos de radioterapia en un hospital clausurado en esa ciudad, al suroeste de Brasilia. El material estaba en un recipiente de 51 por 48 milímetros debidamente protegido, conteniendo cesio clorhídrico, fabricado con el isótopo cesio-137, muy radioactivo.

Personas que merodearon dentro del edificio encontraron el contenedor e ignorando de qué se trataba, se lo llevaron y lograron de alguna manera abrirlo, lo cual empezó una cadena de contaminación que afectó a 245 personas y causó la muerte a cuatro de ellas. Si 93 gramos de esa sustancia provocaron una alarma generalizada en Goiania, es comprensible que un convoy cargado con muchas toneladas de desechos, atravesando zonas densamente pobladas de Europa, provocaran un extraordinario revuelo.

Los temores que desata la radioactividad se explican en buena medida no sólo por el espectro siempre latente de los armamentos atómicos, sino también por tratarse de una muerte invisible en caso de mal manejo de las sustancias en el terreno civil. Tan sólo en Estados Unidos existen 108 sitios considerados contaminados, con una superficie en algunos casos de hasta 150 kilómetros cuadrados. En Fernald, Ohio, hay almacenados unos 15 millones de kilogramos de residuos de uranio y más de mil millones de kilogramos de desechos contaminados por la radioactividad.