El Cairo (PL).- El presidente del Tribunal Supremo Constitucional Adly Mansour fue designado hoy presidente interino de Egipto, en sustitución del mandatario constitucional Mohamed Morsi, derrocado por las Fuerzas Armadas. El paradero de Morsi es desconocido y sus correligionarios de la Hermandad Musulmana (HM, islamistas) y el Partido Libertad y Justicia dijeron que hace horas perdieron el contacto.

Desde hace varios meses las fricciones políticas subyacentes en la sociedad egipcia están presentes en el centro de la capital El Cairo, donde opositores del presidente Mohamed Morsi chocan periódicamente con fuerzas antimotines. En noviembre de 2012 Alejandría, Port Said, Ismailia y Suez fueron escenario de disturbios y del incendio de sedes del Partido Libertad y Justicia, el brazo electoral de la Hermandad Musulmana que llevó como candidato a Morsi en las elecciones presidenciales del año apasado.

A fines de noviembre, cientos de personas decidieron iniciar una sentada después de una protesta multitudinaria en la Plaza Tahrir durante la cual acusaron al presidente Morsi de querer construir un régimen autoritario, similar al de su derrocado antecesor Hosni Mubarak. Casi en paralelo, varios asesores presidenciales presentaron su renuncia en protesta por la decisión del mandatario de asumir poderes especiales.

La manifestación fue convocada contra el proyecto de Constitución, pero cambió de objetivo después de que Morsi se invistió de facultades legislativas y jurídicas omnímodas, irreversibles por los otros poderes del Estado. El texto asimismo confiere inmunidad a la Choura, que es la Cámara alta del parlamento, y a la Asamblea Constituyente, encargada de la redacción de la Constitución, descrita por medios opositores como encaminada a islamizar el país.

Al tiempo de que sus opositores se congregaban en la Plaza Tahrir, Morsi habló para cientos de sus seguidores que fueron a respaldarlo ante el Palacio Presidencial y aclaró que la Declaración Presidencial fue “necesaria para proteger a la Revolución”. Insistió en que su principal objetivo es lograr “un Egipto estable y seguro para todos los egipcios” y dijo que sus palabras iban dirigidas a sus partidarios y a sus opositores por igual, todos con los mismos derechos.

Morsi anunció que tras concluir la redacción de la carta magna, una labor que fue extendida dos meses, hasta febrero de este año, el texto sería sometido a referendo y proclamado, lo que dará paso a elecciones para la Cámara baja. Pero sus detractores no ahorraron epítetos y algunos de los presentes en Tahrir dijeron a Prensa Latina que ningún jefe del Estado egipcio, incluidos los faraones, habían acaparado tantos poderes.

La acusación de convertirse en “un nuevo faraón” fue lanzada por las cúpulas de partidos laicos y de la izquierda, muchos de los cuales desertaron de la Asamblea Constituyente, en protesta por lo que calificaron de imposiciones de sus homólogos islamistas. De esta vorágine de violencia y fricción política lo único claro era la profunda polarización de la sociedad egipcia.

Las protestas iniciadas en noviembre se agudizaron a fines de enero de este año, y el 16 de febrero un manifestante murió en choques con fuerzas antimotines durante una protesta frente a una instalación alternativa al Palacio Presidencial, en la secuencia de la crisis política que atravesaba el país. Medios hospitalarios dijeron que 26 personas sufrieron heridas en los violentos choques.

Hasta el 29 de junio los disturbios en ciudades del norte egipcio habían costado la vida a siete personas y heridas a 606, informaron fuentes oficiales. Las víctimas fatales ocurrieron en El Cairo, Alejandría, Beheira, Gharbiya, Daqahilyah y Kafr Al-Sheikh, todas en el delta del Nilo, en el septentrión del país.

En un hecho separado, pero pertinente, los organizadores de la campaña de recogida de firmas Tamarod (Rebelde, en árabe) para demandar la impugnación del jefe de Estado anunciaron estar en posesión de 22 millones de rúbricas. En abril pasado comenzó la campaña de recogida de firmas que resultó un factor decisivo en la movilización de grandes masas de egipcios, decepcionados con la pobre gestión del mandatario, un profesor universitario miembro de la dirección de la HM.

A fines de junio una calma expectante imperaba en El Cairo tras las manifestaciones de apoyo e impugnación escenificadas en dos puntos neurálgicos de la capital, Medina Nasser, cerca del Palacio Presidencial, y la archifamosa plaza Tahrir en el centro capitalino. Decenas de miles de miembros de la Hermandad Musulmana (HM, islamistas) y partidos afines iniciaron una vigilia de apoyo al mandatario, mientras en Tahrir resonaron consignas similares a las coreadas por los manifestantes que dos años atrás obligaron a renunciar al ex presidente Hosni Mubarak.

Contingentes de militares y miembros del Ministerio del Interior fueron movilizados en todo el país para proteger las propiedades y a la ciudadanía, confirmó el portavoz del Ministerio de Defensa Ahmed Alí.

El 30 de junio se celebró el primer aniversario del ascenso de Morsi a la presidencia egipcia. La fecha tuvo cualquier aspecto menos festivo para Mohamed Morsi, cuya renuncia demandaban decenas de miles de personas frente a la mansión ejecutiva en El Cairo. En la famosa plaza Tahrir, miles de egipcios decepcionados por su gestión y lo que califican de creciente islamización de la sociedad egipcia también exigían que deje el poder para dar paso a un gobierno de salvación nacional.

Disturbios similares ocurrían en ciudades del norte del país, donde la base de poder de la HM es mínima. Estimados oficiosos cifran en millones el número de personas que se volcaron a las calles del país para expresar su desacuerdo con la gestión del jefe de estado, quien días atrás reconoció en público haber “cometido errores”, pero aclaró que permanecería en el poder.

El 2 de julio los portavoces oficiales de la Presidencia y del Gobierno egipcio, Ehab Fahmy y Alaa El Hadidi, respectivamente, confirmaron las renuncias a sus cargos, las cuales se sumaron a las de seis ministros, incluido el canciller, y del asesor militar general Sami Anan.

Los acontecimientos se incubaron desde el pasado viernes, cuando opositores del mandatario comenzaron a concentrarse en el centro de El Cairo para demandar su renuncia y alcanzaron el clímax el lunes, cuando el mando de las Fuerzas Armadas dio un plazo de 48 horas para lograr una salida a la crisis que atraviesa el país. Desde entonces y hasta la noche del martes cerca de medio centenar de personas murieron en disturbios callejeros en ciudades del norte y del sur de Egipto, sumergido en una crisis política que acompañó a Morsi desde noviembre pasado cuando asumió facultades omnímodas.

Golpe militar

El 3 de julio el presidente Morsi fue derrocado por las Fuerzas Armadas y varias emisoras radiales y de televisión, entre ellas las de la HM, salieron del aire. Los opositores concentrados en la plaza Tahrir y frente al palacio presidencial de Ittihadiya recibieron la declaración con júbilo desbordante. Los partidarios del presidente, concentrados en el distrito de Ciudad Nasser y cerca de la Universidad de El Cairo, en la provincia de Giza, con manifestaciones de ira y juramentos de que defenderán la legalidad al precio de sus vidas.

El Gran Imán de la mezquita del Azhar, Ahmed el Tayyeb, el Papa cristiano copto, Teodoro II, el líder opositor Mohamed El Baradei, un representante del Movimiento Juvenil 6 de Abril, y un dirigente del partido salafista Al Nour apoyaron en sendas alocuciones la remoción de Morsi, que el 30 de junio cumplió un año en el poder.

Una desastrosa situación económica y acusaciones de sus opositores de que quería islamizar a Egipto, a las cuales el propio mandatario dio pábulo con controvertidas decisiones, incluida la sanción de una Carta Magna que abría muchas interrogantes, fueron detonantes de una oposición que no le dio cuartel.

Más temprano hoy, el mando de las Fuerzas Armadas divulgó un mapa de ruta que comprende, además de la integración del Consejo Presidencial, la formación de un gobierno de independientes, la creación de un comité redactor de una nueva Constitución y la convocatoria de elecciones presidenciales y legislativas en un lapso de entre nueve y 12 meses.

Acorde con trascendidos, los miembros de la dirección de la HM están bajo arresto domiciliario o se les ha prohibido salir del país, los arsenales de esa formación han sido controlados y sus fondos incautados. Una declaración de los militares revela que la decisión de derrocar a Morsi fue informada a varios estados, que no identifica, y advierte que los actos de terrorismo serán castigados de forma severa.

En Washington, el presidente Barack Obama exhortó al ejército egipcio a devolver el gobierno a autoridades civiles y criticó la suspensión de la Constitución en ese país. El gobierno (en Egipto) debe volver a manos de civiles lo más rápido posible como parte de un proceso inclusivo y transparente, señaló el jefe de la Casa Blanca y recalcó que había ordenado una revisión de las implicaciones legales que pueda tener sobre la ayuda estadounidense la salida forzada del primer presidente civil egipcio democráticamente electo.

Hace dos días Morsi habló con Obama y le aseguró que Egipto seguía avanzando hacia una transición democrática pacífica. En esa ocasión el presidente estadounidense advirtió a los jefes militares sobre una eventual congelación de la ayuda económica, unos 1.300 millones de dólares, en caso de irregularidad política a los ojos de Washington.