Se supone que el periodismo abre un espacio para el debate público, en el que la sociedad se desdobla para intercomunicarse en pro o en contra de un argumento que varios exponen con distintas formas o simplemente como noticias. Evidentemente, no existe un punto de vista que exprese alguna mayoría o minoría, sino simplemente una opinión de la que se responsabilizan los que firman o contribuyen a su elaboración, obteniendo datos que pueden venir de diferentes caminos sobre un mismo tema. Al que lo debaten en forma pacifica, por más que estén llenos de posiciones. Aunque es verdad que nadie podrá referir ningún artículo o comentario que no obedezca a un interés concreto sobre alguna realidad, visto desde diferentes ángulos, lo que lo convierte en discutible.

En ese trayecto todos estamos de acuerdo, en que los problemas esenciales aparecen cuando el periodismo refleja poco el producto que intenta ofrecer como sustento del mismo, a lectores que optan por otro periodismo más representativo de realidades, que por veces están alejadas de lo que realmente deberían transmitir. Es cuando el periodismo ingresa en falta importante de representación de lo que pretende moldar o simplemente hace llegar a sus lectores un contenido erróneo. Ingresa en crisis, porque en los hechos se distancia cada vez más de las realidades que los lectores quieren ver plasmadas en palabras, a las que están acostumbrados, a pesar de estar lejos de lo objetivo o del conocimiento científico.

En el caso del periodismo de El Diario, su embargo lo ha conducido a situación de rechazar dicha posición. Con tal motivo, lo primordial ahora se reduce a aspectos ligados a la gestión de su elaboración diaria. Paralelamente a mantener al mismo tiempo, los cuestionamientos o presentación de hechos que implican a un sector de la población o de los que deben recibir lo que trata de hacerles llegar a título de pareceres diversos. En tal ámbito, sus lectores quieren una publicidad que sea leída por personas interiorizadas de la fuerza del periódico, como medio de comentar lo que sucede en el mundo, en el país y en los distintos grupos que lo componen e intercambian opiniones. De donde lo que se plantea es algo muy complicado, por más centenario que haya cumplido.

Una situación en que el periodismo ya no tenga mucho que ver, es un importante detalle, que los encontrados en pugna lo deberían haber contemplado en sus inicios, sin dejar que la deuda crezca en proporciones que al momento ningún postor la querrá asimilar, cuando el 2002 un primer remate sobre USD 3.149.879 (Tom’s inflation al 2013 USD 4.078.075) y segundo no tuvieron postores y el tercer remate haya quedado pendiente, con las consiguientes multas que crecieron hasta llegar a un monto inconcebible de Bs 128 millones (los intereses serían superiores al 15% año acumulados durante 11 años). En otras palabras, el problema periodístico sobre más de USD 18 millones es gravísimo.