Lula tiene 80% de popularidad. El 20% restante lo atribuye a una gran estafa electoral en la historia del Brasil. Su partido “dos Trabalhadores” (PT), nació en 1980 en el Colegio de monjas Sion, Sao Paulo, del elitista barrio Higienópolis. Estos Colegios fundados desde 1847 por el padre Ratisbonne, se encargaron de transformar judíos como lo era él en cristianos. El PT estaba compuesto por dirigentes sindicales, intelectuales de izquierda y católicos de la Teología de la Liberación, partidarios de un socialismo democrático. Pero al presente existen muchos izquierdistas brasileños engañados con el “mensalao”, que lucharon contra las dictaduras militares de las décadas de los 60 y 70. Se trata del escándalo de las mensualidades con las que el gobierno de Lula compró parlamentarios de la oposición en contrapartida de un dinero mensual que recibieron indirectamente del PT, para votar en favor de todo lo que les fue pedido, aunque sólo figuren José Dirceu y el gerente del “mensalão” José Genoíno como autores. Además, Lula ya garantizó hasta su quinta generación la situación económica de sus hijos, especialmente del guardián del zoológico, insisten los opositores.

Actualmente el golpe más audaz que Lula está perfeccionando, es su reelección después de Dilma y si ella no candidatea. Para lo cual está comprando votos de la población sin norte, dicen sus contrincantes, contra un macizo apoyo originado en la adhesión incondicional de esos engañados o que no tienen ni idea del embuste en el que están siendo metidos por el dinero que reciben. A muchos tampoco les interesa saber. En el fondo, el procedimiento se originó con el gobierno pasado al de Lula que le cambió el título, cuando Fernando Henrique Cardoso y su desposada lo concibieron e implantaron. Evidentemente, la contrapartida era alguna inversión pública, no como al presente que es pura distribución de dinero público que hizo crecer la popularidad de Lula al 80%, lo mismo que sucedió con el apoyo incondicional de los parlamentarios que recibieron del “mensalão”.

Acotan que Lula nunca se destacó como parlamentario. Poco afecto a la lectura, sin rutina, menos disciplina, gastó su tiempo yendo de un país al otro, haciendo su propagando de pobre que dio duro a la política y venció a sus adversarios. Estilo que a los estadounidenses y europeos les gusta mucho, como las mujeres peladas del carnaval, lo que en el fondo es aplaudido, para sacar ventajas de un presidente, cuya falta de estudios lo lleva como un trofeo. No fue por falta de tiempo para aprender, sino por flojera de hacerlo, señalan los que citan el ejemplo de la ahora opositora Maria Osmarina Marina Silva Vaz de Lima, conocida como Marina Silva que se alfabetizó a los 16 años y luego se matriculó en la “Universidade Federal do Acre”, definitivamente estudiando mucho, sin nunca hacer pasar vergüenza a nadie como parlamentaria, menos cuando Ministra de Medio Ambiente de Lula.