Construído entre 1949 y 1958, el mausoleo del Valle de los Caídos es el símbolo más importante del franquismo. En su interior se encuentran los cuerpos del “caudillo de España por gracia de Dios” Francisco Franco y del fundador de la Falange Española José Antonio Primo de Rivera, junto a las 33 mil víctimas de las fuerzas del “caudillo” y del ejército republicano que combatieron en una sangrienta lucha fratricida durante la Guerra Civil Española (1936-39).

El mausoleo fue construido con el trabajo forzado de los miles y miles de prisioneros políticos, rojos, comunistas, socialistas y anárquicos que se habían opuesto al golpe militar de Francisco Franco.

El ex primer ministro socialista José Luis Rodríguez Zapatero fue el promotor de la ley “memoria histórica” y la eliminación de estatuas y monumentos de Franco de todas las plazas y calles de España. Zapatero constituyó también una “comisión de expertos” para decidir qué hacer con el mausoleo excavado en la Sierra de Guadarrama, sobre el paraje del Valle de Cuelgamuros. Después de varias discusiones se decidió trasladar el cuerpo del “dictador español” transformando el Valle de los Caídos en un monumento a todas las víctimas de la Guerra Civil española.

Antes de que la propuesta fuese aprobada por el Parlamento, cambió el gobierno español, los socialistas de Zapatero cedieron el poder a los populares del centro-derecha y de la propuesta no se habló más.

El actual Presidente del Gobierno de España y líder del Partido Popular Mariano Rajoy ha declarado que Francisco Franco no será trasladado del Valle de los Caídos y que su gobierno financiará todos los trabajos de restauración necesarios en el Mausoleo dedicado al “caudillo”.

A este punto se ha desatado la polémica por la decisión de convocar un concurso de 300 mil euros para arreglar la fachada de la Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos por Dios y por España y la estatua de la Piedad y que ha sido publicado en el último boletín del Estado.

En una España sumida en una feroz crisis económica y de liquidez, encontrar fondos para la restauración de un monumento que la mayoría de los españoles considera una profanación de la memoria de los miles de muertos en esa fraticida Guerra Civil que todavía no ha podido ser olvidada, significa hacer caso omiso de la voluntad popular.