La derrota de Ollanta en el tema de Petroperú tiene varias implicancias para la nación. Por un lado, tenemos el fortalecimiento de la derecha neoliberal en su conjunto, que por diversas razones (candidatura de Nadine, narcoindultos, indulto a Fujimori, rechazo a la revolución bolivariana, defensa del modelo neoliberal, etc.), cerraron filas. Y por otro lado, tenemos el aislamiento de Ollanta. Y también de la izquierda, que a pesar de algunos esfuerzos (Dammert, Tapia), orgánica y movilizadoramente, no tuvo capacidad de reacción para enfrentar la arremetida derechista contra una política progresista como era fortalecer y modernizar Petroperú.

Además, existe la sensación popular de que quien gobierna no es Ollanta sino Nadine. Esto según el converso Fernando Rospigliosi, implica que, “…Ollanta es una persona muy limitada…es el hazmerreír…”.

El asunto es que si como escribió Raúl Wiener, ésta política era parte de un cálculo estratégico de la familia palaciega para que la derecha identifique a Ollanta con la gran transformación y a Nadine con la hoja de ruta, pues, entonces, sí podemos afirmar que la familia Humala-Heredia están viviendo en una burbuja encantada.

Entonces, la derrota de Ollanta, expresa dialécticamente, una victoria ideológica(el Estado gerente como fracaso), y política (correlación de fuerzas en el pueblo y el Congreso), para las fuerzas de derecha, que utilizarán convenientemente, para ir a una mayor confrontación contra el gobierno. Se apertura así un nuevo escenario peligroso de aislamiento de Ollanta y donde la derecha saldrá a la ofensiva “bajándose” al Canciller Roncagiolo, denunciando la “falta de confianza para las inversiones” en Peru21, con titulares de corrupción de Alexis en Correo, etc.

“…la gente en las calles le va a pasar la factura, y más aún si, por acción de los opositores al Gobierno, se asocia el problema a la desconfianza e incertidumbre que en los inversionistas generan medidas económicas de corte estatista o chavista, o al intento de postulación de la Primera Dama, impedido por la ley…”, escribió el director de Correo, Iván Slocovich Pardo, (20-05-13), manifestando claramente que la clase dominante no le va perdonar su vacilación con respecto a Petroperú y el modelo neoliberal.

En otras palabras, en vez de un equilibrio, tendremos un desequilibrio estratégico del régimen nacionalista.

Al respecto, el analista Juan de la Puente, escribió, “…El Perú no tiene un sistema de partidos que acompañe y equilibre al partido de gobierno porque, paradoja peruana, el gobierno no tiene partido de gobierno propiamente dicho…y, más aún, el país adolece, a diferencia de Brasil, de una sociedad racionalmente abierta al cambio democrático…Un giro chavista implicaría un manejo más decisivo de los resortes políticos y militares del poder, improbables ahora, y sobre todo la movilización de las masas…Si se fuerza una comparación, esta sería lo que vivió Ecuador entre el 2003 y 2005, cuando el presidente Lucido Gutiérrez…La ruptura de las alianzas y sus errores aislaron al gobierno que cayó por una asonada…”, (La guerra política, diario La República, 03-05-13).

Y en efecto, las acusaciones de Alan García, tildando de “chavista” a Ollanta, responden más a una estrategia de victimización, frente a las denuncias de corrupción que le salpican por el tema de los narcoindultos. Y es que como señala De la Puente, a diferencia de Chávez, Ollanta, no tiene partido.

Pero para ser más objetivos, la familia presidencial no solo no tiene partido sino que no tiene aliados ni en el movimiento social. Toledo y PP son una alianza relativa que ahora está haciendo agua por las denuncias de corrupción por las compras millonarias de casas en más de $4 millones mientras que hay un pueblo sin techo que no tiene ni una estera.

Por otro lado,tenemos que mientras que la “ley contra la comida chatarra” es un intento positivo e improvisado por mantener la popularidad, las principales políticas de campaña del gobierno como el impuesto a las sobre ganancias, la ley de consulta previa, la inseguridad ciudadana, VRAEM, GANSUR, etc. son un fracaso.

En otras palabras, el régimen nacionalista, está en una nueva crisis política. El premier Jiménez no ata ni desata.Ahora mismo hay más de 200 conflictos sociales irresueltos vinculados en su mayoría al tema del conflicto minero-ambiental (aunque Casma está en rebelión por una cuestión de impunidad). La CGTP acaba de convocar a una Jornada Nacional de Lucha para el 4 de Junio y amenaza con un Paro Nacional para Julio si no hay solución a las demandas de los trabajadores. Y los mineros artesanales hablan de un bloqueo nacional de carreteras para las siguientes semanas.

Por un lado, una mayor ofensiva de la derecha, donde ésta se dividirá entre la DBA que agitará de “ineptitud y chavismo” a Ollanta para derrocarlo (sino concilia en el tema de los narcoindultos o el indulto a Fujimori), y la moderada (PPC, APP, PPK), que apelará al desgaste de Ollanta para que termine su mandato a las justas como hicieron con Toledo.

Y por otro, el pueblo sin techo y sin derechos humanos, que saldrá a demandarle a Ollanta que cumpla con las promesas de campaña del único plan de gobierno de la “gran transformación”.

Así las cosas, lo que se avecina en el país es una perspectiva polarizante y explosiva, donde la salida de Ollanta, por una asonada popular (si termina conciliando con la Mafia o por la agudización de contradicciones entre cambio y continuismo neoliberal), como la de Lucio Gutierrez en Ecuador, no puede estar descartada tampoco.