Las rebeliones protagonizadas por los esclavos durante la época colonial demuestran que los africanos nunca se resignaron a la esclavitud y que en cierta medida pavimentaron el camino para las luchas por la emancipación en América Latina y el Caribe. Somalia es un ejemplo de cómo un pueblo luchó contra la esclavitud colonial y el desmembramiento del territorio por las potencias extranjeras.

La trata la iniciaron los portugueses que fueron los primeros europeos en llegar a África en el siglo XV. Los contactos con la población autóctona se limitaron al comercio con las tribus que habitaban en las zonas costeras. En el siglo XV el portugués Pedro Alvares Cabral arribó a las playas de la brasileña Bahía. El país se convirtió en una colonia de Portugal y casi de inmediato los dueños de plantaciones agrícolas demandaron fuerza de trabajo para sus haciendas.

El enfoque de las relaciones de los lusitanos con los nativos africanos varió y en esa misma centuria comenzaron a llegar los esclavos al país sudamericano trasladados por traficantes portugueses. Brasil sería un importante receptor de esclavos. En la medida en que extendía el sistema colonial por América Latina y el Caribe crecería el comercio de esclavos y a los traficantes lusos les seguirían ingleses, franceses, holandeses, españoles y de otras naciones para satisfacer las necesidades de mano de obra.

En el África Occidental, de donde procedían la mayor parte de los esclavos, se multiplicaban los sitios de embarque. Notables fueron Gorée en el actual Senegal, también Guinea Bissau, Sao Tomé y Príncipe, Sierra Leona, entre otros. El saqueo de seres humanos despobló amplias regiones privándolas de hombres y mujeres jóvenes y desarticulando modos de vida y costumbres. Pero también provocó el rechazo de las poblaciones nativas. Según se estima unos veinte millones de africanos fueron llevados a América y el Caribe en un tráfico que duró varios siglos.

Los europeos que llegaron a África Subsahariana a partir del siglo XV desde el principio intentaron establecer relaciones de subordinación de la población nativa a sus intereses hegemónicos, debido su superior desarrollo científico, económico y militar. Los vínculos no significaron un encuentro amistoso de culturas diferentes sino la desarticulación de sociedades que desde siglos antes constituyeron, en ciertos casos, imperios que alcanzaron notables avances para su época y estaban, además, en constante evolución.

Esos pueblos sabían trabajar el hierro y construcción de herramientas que empleaban en la agricultura, lanzas para la caza y otros objetos. También conocían sobre el tiempo ideal para la siembra y la cosecha, edificación de ciudades, artes curativas y creación de notables esculturas. Los navegantes portugueses abrieron la ruta de Europa hacia el continente africano. Los lusitanos que les siguieron, deslumbrados por los abundantes recursos naturales, retornaron a Lisboa para informar a la Corona sobre las inmensas posibilidades que ofrecían su explotación.

Pero la vista no estaría puesta sólo en esas riquezas. Los seres humanos, hombres y mujeres, que poblaban la región, fundamentalmente en el África Occidental, fueron considerados igualmente recursos que podían ser explotados. Surgió el comercio de esclavos que tendrían como destino las posesiones europeas en América y el Caribe, donde laborarían en régimen de esclavitud en plantaciones agrícolas, relevando en esas labores a la población indígena menos apta para esas duras faenas.

Un comercio que significaría, por el nivel de abuso y horror que acarrearía, uno de los actos más crueles cometidos por el hombre contra su semejante, todo en aras de obtener grandes beneficios económicos. En el siglo XV los portugueses comenzaron la trata hacia su colonia de Brasil que se convertiría en importante receptor de esclavos. Con la intervención de traficantes de Inglaterra, Francia, Holanda, España y otras naciones, la trata se diseminó por la gran mayoría de las posesiones europeas en el Nuevo Mundo. Millones de hombres y mujeres fueron arrancados del suelo continental en un tráfico que duró varios siglos y provocó el despoblamiento de amplias zonas y el sufrimiento de los esclavos en ambas márgenes del Atlántico.

Rebeliones

El abominable saqueo de seres humanos fue rechazado por los africanos en numerosos países. La rebeldía se manifestó de diversas formas, desde individual hasta colectiva, en movimientos encabezados por hombres que se convirtieron en guías y conductores. En Sao Tomé y Príncipe, pequeña colonia portuguesa situada en el Golfo de Guinea, se realizaron actos de heroísmo por parte de sus habitantes. Las rebeliones estuvieron dirigidas por Joan Gato en 1530 y posteriormente por Amador Vieira. El lugar era uno de los embarcaderos de esclavos.

Gato se destacó como un estratega que puso en jaque a las fuerzas lusitanas. Las habilidades de Vieira fueron reconocidas aún por los colonialistas y fue proclamado rey por la mayoría de los grupos que sufrían la opresión esclavista. Vieira llegó a movilizar cerca de cinco mil esclavos, consiguió liberar la mayoría del territorio nacional y mantuvo a las autoridades lusas y a las tropas coloniales cercadas en la capital. Traicionado y hecho prisionero fue asesinado en enero de 1596 después de padecer grandes sufrimientos producto de las torturas a que fue sometido.

La escasez de recursos ante la potencia bélica de los conquistadores determinó la caída de las islas nuevamente en manos portuguesas, pero a pesar de la derrota, las rebeliones antiesclavistas quedaron como los hechos más trascendentes en la historia del país. En Angola, otra posesión de Portugal, los que se beneficiaban con el tráfico de esclavos tuvieron que luchar contra la resistencia que les ofrecían los nativos desde el inicio. La beligerancia estuvo conducida por el rey Ngola Kiluange.

La resistencia de Kiluange fue tan vigorosa que causó sorpresa en Lisboa, pues llegó a apresar a una embajada enviada por el soberano portugués para parlamentar con el rey africano. A pesar de la resistencia de los nativos, en 1576 llegó a Luanda Paulo de Novais, quien anteriormente había estado en el país, con fines pacificadores y se estableció en Angola. A partir de esa fecha comenzaron los enfrentamientos directos y continuos con los portugueses.

Benin, antiguo Dahomey, fue una de las zonas más explotadas durante la trata. Muchos de sus pobladores perecieron en las plantaciones de América y el Caribe después de sufrir el tormento de la esclavitud y otros quedaron en el océano Atlántico a causa de las pésimas condiciones de la travesía. Instigado por el portugués Eucaristus de Campo, un hombre ambicioso y escasos escrúpulos, se organizó desde 1752 a 1757 el comercio de esclavos en la región beninense de Porto Novo. Este esclavista tropezó con la oposición de los nativos que en varias ocasiones frustraron su rentable negocio.

En América Latina y el Caribe los esclavos luchaban contra ese flagelo. Los esclavistas que obtenían enormes beneficios con el sistema de explotación crearon instituciones coloniales que trataban de reglamentar la vida y conducta de los negros. En casi todas las naciones donde se implantó la esclavitud, los africanos conservaban su lengua, hábitos y creencias de su tierra natal, rechazaban la imposición de valores extraños, ajenos a sus tradiciones heredadas de generaciones anteriores.

El rechazo a los abusos y crueldades de los amos se tradujo en constantes levantamientos en busca de su libertad. Las manifestaciones más palpables fueron la resistencia esclava, y lo que se llamó cimarronaje (de cimarrón o rebelde), individual o colectivo. Los esclavos abandonaban las haciendas y huían hacia los bosques formando colonias donde se defendían de las persecuciones de amos y capataces. Uno de los levantamientos más tempranos en los territorios coloniales fue la rebelión de Yanga, en 1609, en Veracruz, México, donde se creó un territorio liberado. En Brasil, Zumbi do Palmares se convirtió en símbolo de la resistencia contra la esclavitud.

En Cuba, en la zona oriental de El Cobre y otras regiones del país hubo manifestaciones de rebeldía que como en otros países caribeños han quedado en la memoria histórica. Paradigma de las rebeliones antiesclavistas y libertarias fue la Revolución dirigida por Toussaint Louverture en Haití, que proclamó la República independiente en 1804, la cual cambió el esquema y barrió con el poder colonial blanco creando la primera República Libre en América y el Caribe. La revolución haitiana causaría gran impacto entre los elementos más avanzados de la región creando la conciencia de que era posible luchar y derrotar el opresivo sistema impuesto por las potencias europeas.

En 1834 la Corona Británica decidió abolir la trata de esclavos en sus colonias. La nación europea, que transitaba por una nueva etapa de su desarrollo capitalista, no estaba interesada ya en el comercio de esclavos. En las islas caribeñas la norma real fue rechazada por los hacendados que se enriquecían con el trabajo esclavo y veían como se quedaban sin mano de obra porque los manumitidos se marchaban para trabajar con su familia en sus propias parcelas.

Los británicos crearon bases navales en África, como la establecida en Freetown, en su colonia de Sierra Leona, para perseguir a los traficantes de esclavos que intentaban violar la disposición de la Corona. La abolición de la esclavitud no se produjo de forma igual en todos los países. Pasarían varias décadas de enfrentamientos entre los esclavistas empeñados inútilmente en frenar o poner zancadillas a la evolución histórica y las fuerzas antiesclavistas.

En América Latina y el Caribe, Brasil fue el último país en decretar el cese de la esclavitud en 1888, después de haber sido el primero en aplicar ese sistema. Con justicia se ha afirmado que la lucha de los esclavos por su libertad fue uno de los mayores aportes de los africanos en América Latina y el Caribe.

La supervivencia de los mbochi

Cuando los navegantes portugueses arribaron en el siglo XV a la cuenca del río Congo, el segundo de África y el más caudaloso, existían grupos étnicos que poseían notable organización en diversos campos de la vida social, en la política, la economía y estructura familiar que revelaban la potencia creadora de esas comunidades. Los lusitanos, comandados por Diego Cao, llegaron a la enorme desembocadura del Congo en 1482. En un primer instante los europeos no mostraron interés en penetrar el interior del territorio y sólo entraron en contacto con tribus asentadas en las zonas costeras.

Uno de los pueblos que habitaban la Cuenca del Congo era los mbochi. A la interrogante de dónde y cuándo llegaron los diferentes grupos y subgrupos mbochi a la cuenca congolesa los investigadores responden que jamás estuvieron completamente aislados de otros pueblos de África Central y del Congo en general.

Los movimientos humanos son más complejos de lo que habitualmente se dice, afirman los estudiosos. La historia arcaica de los mbochi es inseparable de la historia recóndita del Congo, del paleolítico a las migraciones bantú. Al igual que en la mayoría de las comunidades ancestrales, la tierra era el factor esencial de subsistencia. Otros grupos como los pigmeos de África Central y los bosquimanos en el sur continental eran cazadores y recolectores, los masai establecidos en Kenya y Tanzania, por sus creencias nunca cultivaban la tierra, y se dedicaban a la ganadería. Entre los mbochi el suelo primitivamente ocupado por ancestros comunes, pertenecía de manera colectiva a los miembros de la familia reconocidos como originarios de los mismos ancestros fundadores del parentesco.

Cada miembro adulto y apto de la familia, en sentido amplio, explotaba las riquezas forestales (especias, fauna, vegetales comestibles), pesca en los ríos y lagunas, cultivaba libremente una porción de tierra heredada de los ancestros muertos. Pero esa heredad era sólo a título de usufructo, pues los derechos colectivos e inalienables pertenecían a toda la familia.

El kani o jefe no poseía la tierra de la comunidad local de manera privada: su papel radicaba en velar por el conjunto del patrimonio de las familias independientes, y de consumar los ritos necesarios para la fertilidad del suelo, para la abundancia de la caza. Tenía atribuciones para arbitrar querellas por deslindes territoriales, y sus decisiones eran acatadas debido a su autoridad y sabiduría que se les atribuía colectivamente.

En compensación a sus servicios realizados a título de hermano mayor y de representante de los ancestros muertos, recibía algunos regalos provenientes de la cosecha y de la pesca. Los recibía porque ejercía una función social aceptada por todos los miembros. Al igual que en otros grupos étnicos subsaharianos, en la sociedad mbochi los dirigentes no estaban separados de su clan originario, ni de la comunidad local, no constituían una burocracia que acaparara de manera privada los medios de producción.

La inexistencia de la propiedad privada de la tierra, apropiación privada del suelo, resultaba importante en una sociedad en que la agricultura era lo esencial de la producción social. La agricultura se practicaba dentro de la comunidad local reagrupando a las familias. El cultivo se hacía en campos quemados para abonarlos. Se talaba un pedazo de bosque, dejando los gruesos tocones, los troncos eran destruidos por el fuego. Las mujeres intervenían en la siembra.

Las actividades agrícolas se desarrollaban según un calendario que obedecía a las temperaturas y precipitaciones características de la cuenca congolesa. Surgieron diversos calendarios agrícolas mbochi que denotaban un conocimiento y conciencia del tiempo y de las estaciones. Las plantaciones se dejaban en barbecho cuando se agotaban.

Los mbochi tenían perfectamente definidos los tiempos en la agricultura. En la estación seca se emprendía la roturación de los campos y la siembra antes de la temporada de lluvias, finalizado ese período y la cosecha, se acometía nuevamente la preparación de la tierra. La pesca se practicaba en ríos con grandes nasas de liana utilizadas para atrapar los peces, cerrando las corrientes de agua. También la pesca se realizaba en las lagunas de los bosques empleando cestas de mimbre.

En cuanto a la división social del trabajo se destacaba la vinculación de la agricultura con la industria artesanal: los herreros, alfareros, tejedores, cazadores, pescadores también se consideraban agricultores. El descubrimiento y el trabajo del hierro entre los mbochi se remontaban a épocas relativamente lejanas. Según algunos investigadores de una manera general el trabajo del hierro en África Central comenzó hacía más de mil años. Los mbochi no fundían en cada localidad, sino en lugares que se designaban, como una suerte de centros metalúrgicos.

La vida pacífica de los mbochi fue alterada por los conquistadores portugueses que implantaron el comercio de esclavos con destino a las plantaciones y minas de América y el Caribe. Como otros grupos étnicos del África Occidental, los mbochi también fueron víctimas de la trata. Sin embargo, sus costumbres, tradiciones y laboriosidad sobrevivieron a la barbarie esclavista y colonial.

Mauritania entre el desierto y la colonia

Mauritania fue en un principio de poco interés para las potencias coloniales europeas, quizás debido a que a la vista no estaban los abundantes recursos que caracterizan a otras zonas de la región, o porque el territorio está sumergido en pleno desierto del Sahara, el mayor del mundo. El colonialismo prefirió extender primeramente su dominio hacia el este y sur continental con sus numerosas materias primas necesarias para la industria, antes que ocupar esas inmensidades de arena escasamente habitadas por dispersos grupos nómadas.

El clima de Mauritania es tropical, aunque muy seco y cálido, alcanzando en muchas regiones del país temperaturas desérticas. Sólo la parte occidental en contacto con el océano Atlántico, recibe precipitaciones, mientras en el resto del territorio predomina el desierto, que en el sector suroccidental cede paso a las estepas regadas por el río Senegal.

Según referencias históricas, entre el XI y I milenios a.n.e. el Sahara sufrió el desencadenamiento que le hizo cambiar su fisonomía de vergel con producciones agrícolas, en la aridez en que se encuentra actualmente. La población negra que allí moraba se retiró en busca de mejores condiciones de vida hacia el sur, quedando una tierra despoblada entre los bereberes de Marruecos, Argelia y Túnez y las poblaciones negras de Sudán, nombre con que se conocía el amplio territorio comprendido entre Senegal al oeste y el mar Rojo en el este.

La zona sufrió múltiples invasiones e influencias y sirvió de laboratorio para el encuentro y mezcla entre bereberes y la población negra mediante el comercio y la guerra y raramente por la convivencia pacífica. Mientras esta última adoptó el tipo de agricultor sedentario en las riberas del Senegal, los bereberes y árabes se adaptaron mejor a la dura vida nómada, y penetraron, procedentes del norte, más profundamente en el desierto con sus camellos y cabras, siguiendo los escasos pastos que la gran extensión podía proporcionarles. Algunos se establecieron de modo permanente en los oasis, alimentándose de dátiles, trigo o cebada y leche de cabra o camella. Por medio de ellos, la religión islámica fue penetrando lentamente hasta alcanzar la población negra del sur.

La aparición en el siglo XI de los guerreros almorávides dio un vuelco a la situación. Esta dinastía de origen bereber, nació en un convento en las cercanías de Nouakchott, la actual capital mauritana, y extendió su poder hacia el norte conquistando Marruecos y pasando por España. Abou Beker, uno de los más brillantes jefes, pacificó la región y atacó el poderoso imperio de Ghana, al que subyugó en 1076.

Pero el esplendor duró poco, los almorávides fueron destronados por los almohades en Marruecos, y Mauritania volvió a la lucha de tribus y a la desmembración interior. Las rivalidades entre árabes y bereberes están muy presentes en la historia de la región hasta que en el siglo XVII se establecieron los primeros contactos con Europa para el comercio de goma arábiga, esclavos y marfil.

Los portugueses fueron los primeros en tomar posiciones a lo largo de la costa en la zona de Cabo Verde, en el actual Senegal. Pero los franceses acabaron dominando la desembocadura del río Senegal y establecieron en San Luis, en 1638, un activo centro comercial, que a la vez constituía una base para la penetración hacia el interior. Aunque expulsados en dos ocasiones por los ingleses, a partir de 1817, la instalación y dominio de los franceses fueron definitivos, constituyendo la base de lo que más tarde se conoció como el África Occidental Francesa.

Mauritania quedó siempre más al norte de las líneas de penetración francesa, pues como país pobre y de escasa población no mereció la atención de la potencia colonizadora, que envió solamente algunas expediciones militares para reprimir las continuas sublevaciones y rebeldías de los moros (mezcla de árabe y bereber), poblaciones nómadas de la mayor parte del país. La zona en que operaban las compañías comerciales apenas comprendía una franja paralela de 100 kilómetros y a la derecha del río Senegal.

Más al norte las tribus moras vivían aisladas en su nomadismo y libertad, siempre dispuestas al saqueo sobre los establecimientos más ricos del sur. En 1854, Faidhere, gobernador francés, logró pacificar la zona del río Senegal, expulsando a los moros de su orilla izquierda. Firmó varios tratados con ellos y envió algunos grupos a explorar hacia la actual Mauritania. A este período de relativa calma siguieron nuevos conflictos. Los ataques no se dirigían sólo contra los europeos. Las luchas entre moros y nómadas y los negros sedentarios fueron constantes.

Francia emprendió en los primeros años del pasado siglo una acción de ocupación militar y pacificación que terminó con éxito. De esa forma Mauritania se convirtió en colonia de Francia, la otra variante de la esclavitud impuesta a los pueblos africanos por las metrópolis europeas. Fue independiente en 1960.

Guinea Bissau: Esclavitud y colonización

En la mañana del 24 de septiembre de 1973 cuando el Partido Africano para la Independencia de Guinea Bissau y las Islas de Cabo Verde (PAIGC), proclamó la independencia de Guinea Bissau en la región liberada de Madina Boé, se abrió la primera grieta en el vetusto imperio de Portugal en Africa. En todas las colonias portuguesas en el continente -Angola, Mozambique, Cabo Verde y Sao Tomé y Príncipe- tenía lugar una guerra de liberación o lucha política, según las circunstancias, para sacudirse el anacrónico yugo colonial lusitano.

Había transcurrido más de la mitad del siglo XX, el mundo se transformaba y eran crecientes las ansias de libertad de los pueblos, mientras las autoridades de Lisboa se empeñaban en esclavizar a un grupo de naciones que en su conjunto su extensión territorial, población y riquezas naturales, eran varias veces superiores a las de la metrópoli.

Los navegantes portugueses fueron los primeros europeos en asomarse a las playas africanas en el siglo XV. También fueron los lusitanos los que iniciaron el comercio de esclavos que tenían como destino las plantaciones agrícolas de Brasil, que en esa época era una colonia lusa.

Antes de la llegada de la colonización europea, la actual Guinea Bissau estuvo ocupada por mandingas y fulas. En el siglo XV había un grupo de pueblos (balantos, manjeques y pepales), establecidos en las zonas costeras y en las islas adyacentes. Esos pueblos tenían sus autoridades, vivían del cultivo de la tierra. Sus creencias eran animistas y las practicaban todos los miembros.

En 1446 el navegante Nuno Tristao descubrió Guinea Bissau. Veintitrés años después, el también portugués Fernando Gómes tenía el control absoluto del comercio, pero a partir de 1530 otros países europeos mostraron interés en la zona. En el siglo XV funcionaba la Compañía Portuguesa de Guinea, autorizada por la Iglesia para introducir miles de esclavos en América.

El monopolio del comercio de esclavos ejercido por Portugal hasta el primer tercio del siglo XVI, resultó afectado por la competencia de compañías francesas, inglesas y holandesas. Francia, Gran Bretaña y Holanda tenían posesiones allí y necesitaban mano de obra esclava africana, debido a que la población india autóctona había sido exterminada o no resistía los trabajos en plantaciones y minas.

Gran Bretaña prohibió en 1834 el comercio de esclavos en sus colonias de las Antillas y África, debido a que desarrollaba la revolución industrial y no estaba interesada en el oneroso tráfico. La trata de esclavos se extendió hasta 1840, tanto en Guinea Bissau como en el cercano archipiélago de Cabo Verde. A partir de 1889 la administración de Cabo Verde que hasta entonces había estado en Guinea Bissau, fue separada al designar Lisboa un gobernador.

La presencia portuguesas jamás fue aceptada por el pueblo de manera pacífica. De distinta forma se hizo resistencia al ocupante extranjero. Primero se luchó por reformas y después por la independencia. El movimiento de liberación ganó más fuerza después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Desde 1954 la idea de vertebrar la lucha anticolonial en Guinea Bissau y Cabo Verde tomó cuerpo.

El joven agrónomo Amilcar Cabral despuntó como guía principal del movimiento, y dos años más tarde, en 1956, se fundó el PAIGC que llevó el peso de la guerra. En 1959 el PAIGC decidió que no había otro camino que la insurrección armada al negarse Lisboa a cualquier idea de liberación por la vía de negociaciones.

La organización anunció en 1966 que había liberado más del cincuenta por ciento del territorio. En esa oportunidad las fuerzas coloniales alcanzaron la cifra de 25 mil efectivos, pero a pesar del poderío militar sufría derrotas a mano de los insurgentes. Amilcar Cabral cayó asesinado el 20 de enero de 1973 por traidores al servicio de Portugal en Conakry, la capital de la República de Guinea, pero desde antes de su fallecimiento, el dirigente había delineado la estrategia en la nueva etapa de lucha que incluía la proclamación del Estado de Guinea Bissau.

Aunque no significó la libertad inmediata, ese hecho histórico condujo a que un año después, 1974, Guinea Bissau fuera totalmente independiente. La esclavitud colonial sería un fatídico recuerdo.

Camerún, cruce de ambiciones coloniales

Camerún destaca en historia de Africa como el cruce de caminos donde convergieron en el siglo XIX las ambiciones de las grandes potencias coloniales europeas que se disputaban sus cuantiosas riquezas naturales, pero anteriormente como importante centro para el comercio de esclavos. Como una herencia de ese pasado, este país de Africa Occidental es de los pocos del continente que posee como idiomas oficiales el francés y el inglés, además de hablarse 24 lenguas nativas repartidas entre numerosos grupos étnicos, los cuales tienen su origen en los pueblos bantúes y pigmeos.

Tres grupos principales conforman las etnias del país: las de habla bantú, en el sur y occidente; la de habla sudanesa en el norte. Los bantúes se establecieron procedentes de Africa Ecuatorial. El primer grupo que llegó al país incluía los makas, los duales y los ndjenas, y más tarde en el siglo XIX los fang y los bebe. Los de habla sudanesa lo conforman los sao, los fula y los kanuri. Los habitantes más antiguos son los pigmeos (mandinga y banguelli).

Esos grupos originarios de desarrollaron en el clima caliente y húmedo que caracteriza el país, con su amplia red hidrográfica formada por ríos navegables, los cuales desembocan en el Golfo de Biafra, numerosos lagos entre los cuales descuella el Gran Ende, situado en el cráter de un volcán, con 208 metros de profundidad. Añádase majestuosos bosques.

Esa conjunción de pueblos y formidable naturaleza fue lo que vieron los primeros europeos llegados a Camerún, los navegantes portugueses, quienes exploraron en 1472 las costas de los hoy territorios de Angola, Gabón y el Congo. Los lusitanos iniciaron el comercio de esclavos, enviados a su colonia de Brasil. Pero tan prometedor comercio, que incluía además el de marfil y el aceite de palma, atrajo primero a los ingleses, luego a los franceses y posteriormente a los alemanes.

Británicos y galos participaron activamente en la trata de esclavos. Inglaterra conformó en el Caribe un emporio colonial con la posesión de varias islas. Francia también se posesionó de ínsulas de la misma región. Entre las metrópolis se desató una férrea lucha por el dominio de Camerún. La guerra de rapiña entre las potencias europeas culminó con la posesión del territorio por parte de Alemania, que en un principio, durante el gobierno del canciller Otto von Bismarck, se había mostrado reacia a la conquista colonial en países africanos.

Los pueblos cameruneses ofrecieron tenaz resistencia a los extranjeros cazadores de esclavos. Ingleses, franceses, españoles, portugueses y otros actuaban brutalmente apelando en esas acciones a los métodos más feroces. Para los alemanes no resultó una tarea fácil ocupar la totalidad del territorio camerunés debido a la oposición de los nativos. Fue preciso utilizar la flota de guerra germana e inglesa, para bombardear las costas con el propósito de salvar factorías y explotaciones maderables, donde la mayor parte de los trabajadores africanos morían de hambre como consecuencia de las inhumanas condiciones laborales.

En el dominio del interior del país fueron necesarias 60 expediciones germanas, finalmente mediante la firma de un tratado con el sultán Abadama pudieron someterlos. El acuerdo, como todos los establecidos entre los colonialistas y los africanos, fue sistemáticamente burlado. La derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), fue igualmente desastrosa para el destino de sus posesiones en el continente: perdieron todas sus colonias. En 1920 Camerún fue dividido y adjudicado como mandato a la Sociedad de Naciones, antecesora de la actual Naciones Unidas.

El occidente fue entregado a Inglaterra y la parte oriental a Francia. Estas dos naciones rivales se habían apoderado de la mayor parte del continente; en menor grado tenían territorios Portugal, Bélgica, Italia, España, esta última con su única colonia de Guinea Ecuatorial. En 1946, los destinos de Camerún fueron puestos nuevamente en manos de un organismo internacional: la tutela de la naciente Organización de Naciones Unidas, tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). El fin de la gran conflagración mundial significó el despertar del nacionalismo africano y de las ansias de libertad de los pueblos.

Después de una prolongada lucha política, las dos partes de Camerún, el occidente inglés y el oriente francés, se unieron tras la independencia para formar en 1961 la República Unida de Camerún. Cuatro siglos de esclavitud y colonialismo habían concluido.

Tanzania entre dos colonialismos

La población de Tanzania no fue víctima de la esclavitud como los habitantes de las regiones occidentales del continente, pero durante un siglo se enfrentó a la explotación colonial impuesta por Alemania y Gran Bretaña. El país está ubicado en e África Oriental y limita con numerosas naciones: al norte con Uganda, Kenya y el lago Victoria, al oeste con Ruanda, Burundi y la República Democrática del Congo, al este con el océano Indico y al sur con Zambia, Malawi y Mozambique.

Importantes accidentes geográficos posee el territorio siendo el más notable el monte Kilimanjaro, máxima altura del país con cinco mil 963 metros sobre el nivel del mar y el más alto de África. Los lagos Victoria al norte, Tangañika al oeste y Nyasa al sur bañan grandes extensiones del país. Tanzania está constituida por una parte continental, Tangañika, y las islas Zanzíbar, Pemba y Mafia, situadas en el océano Indico.

Los habitantes autóctonos de la zona continental de Tanzania fueron 120 tribus africanas de la rama bantú oriental, formada por los bantúes que en los albores del siglo emigraron desde Camerún en África Occidental. Esta zona fue asiento más tarde de indios, bengalíes, paquistaníes, chinos y persas. De la fusión de nativos e inmigrantes resultó la cultura swahili, que se extendió posteriormente por toda la costa este del continente. El swahili y el inglés son las lenguas oficiales.

Persas y musulmanes fundaron pequeños estados en las costas. El sultanato árabe que tuvo su centro en Zanzíbar floreció desde el siglo XIII. Los portugueses arribaron a la zona en el siglo XIV interesados en establecer bases para su comercio con Asia. Como no lograron su objetivo, se establecieron en Mozambique que se convirtió en su colonia. Los árabes mejor posesionados los hicieron replegarse. Con el transcurso de las nuevas centurias otras fuerzas extranjeras alcanzaron fuerte presencia en la zona.

A mediados del siglo XIX los alemanes, después de reconocer las costas orientales del continente, concertaron un pacto con el sultán de Zanzíbar. Los colonialistas teutones se adueñaron de la isla de Mafia y del territorio continental de Tangañika. Los avances obtenidos por Alemania inquietaron a Gran Bretaña interesada en el dominio de la zona. Esa nación creó uno de los mayores imperios coloniales en el continente, muy similar al de su gran rival, Francia, que también observaba con preocupación los progresos de los germanos en el área.

La ocupación alemana encontró una tenaz resistencia. La población dio contundente muestras de inconformidad con una presencia extranjera que sólo acarrearía explotación, miseria y la pérdida de sus derechos soberanos. Un hito importante en la historia lo fue la rebelión de los maji maji en 1905 que dejó un saldo de 120 mil africanos muertos. Las tropas coloniales utilizaron todo el poder de sus armas modernas para doblegar a los nativos. Un vuelco en la situación colonial ocurriría con la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Los colonialistas alemanes perderían todas sus posesiones en el continente que irían a parar a manos de sus dos grandes rivales.

La debacle de Alemania fue aprovechada por Gran Bretaña. El territorio continental de Tangañika fue convertido en una colonia británica, inaugurando otra etapa lúgubre en la historia de opresión y explotación del país. Finalizada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), pasó a ser territorio en Fideicomiso de Gran Bretaña. La colonización británica aplicó el método de gobierno indirecto a través de la denominada Administración Nativa Local. Sin embargo se mantuvieron las manifestaciones de resistencia a la presencia extranjera.

En 1929 fue creada la Asociación Africana de Tangañika, integrada por jóvenes intelectuales. En abril de 1953 fue electo su presidente Julius K. Nyerere, quien decidió transformar la organización en partido político e inició actividades en favor de la independencia. Al año siguiente nació ese partido, la Unión Nacional Africana de Tangañika, cuyos Estatutos definieron entre sus objetivos la independencia, y promover el desarrollo económico y cultural y erradicar los males introducidos por el dominio colonial.

El partido desplegó una amplia labor política en la población y como resultado en las elecciones de la Asamblea de 1958 y 1959 constituyeron dos victorias del movimiento revolucionario. Un año después en los comicios celebrados con vistas a la autonomía interna volvió a salir victorioso. El 9 de diciembre de 1961 Tangañika obtuvo la independencia y Nyerere ocupó la presidencia.

Después de derrotar diversas maniobras de los colonialistas británicos que trataban de frustrar las aspiraciones independentistas, el 12 de enero de 1964 fue proclamada la República Popular de Zanzíbar, y el 24 de abril el gobierno de Tangañika declaró que por cuerdo mutuo los dos países se fundirían en un solo Estado. En 1967 quedó constituida la República Unida de Tanzania que comprendía el territorio de Tangañika y las islas de Zanzíbar, Pemba y Mafia. Era el adiós definitivo a dos colonialismos.

Nigeria: Yorubas, ibos y hausas

Nigeria fue una de las naciones de donde los traficantes extrajeron una cantidad significativa de hombres y mujeres para venderlos como esclavos en América y el Caribe, lo cual influyó notablemente en la vida de sus pueblos. Su ubicación sobre la costa atlántica de Africa frente al golfo de Guinea, facilitó la trata no sólo en Nigeria sino en otras naciones de la región a partir del siglo XV.

Su territorio está atravesado por el rio Níger que junto con su afluente, el Benue, forma la vía fluvial más larga de África. De ese importante río tomó su nombre el país, igual que su vecino Níger, nación con la que tiene frontera por el norte. El territorio de Nigeria como se conoce hoy fue poblado en la antigüedad por diversos pueblos, de los cuales los más importantes fueron los yorubas, los hausas y los ibos. Los hausas ocuparon el noroeste.

Esa etnia se expandió por el valle del Níger, formando a fines del siglo X una confederación de Estados que se islamizaron en el siglo XIV. En la costa, los yorubas se asentaron y ejercieron una gran influencia sobre otros pueblos, incluidos los ibos. En el orden cultural tuvieron una significación particular las magníficas tallas de madera, de gran elaboración, usadas en las sociedades secretas. En el sur tomó relevancia la cultura Ifé.

Los yorubas se caracterizaron por la constitución de comunidades campesinas urbanizadas y, sobre todo, por una organización política, que se tradujo en una monarquía semidemocrática en la cual el jefe u oba siempre revistió un carácter sagrado, ejerciendo la autoridad con la ayuda de sociedades secretas. Los hausas se dedicaron a la agricultura y fueron dinámicos comerciantes, que establecieron un amplio sistema de intercambio en toda la región del Sahara. Hacia el siglo XI se crearon al norte las ciudades Estado hausas, centros fortificados en los que se realizaban trabajos en hierro, cuero y lana.

Según investigadores, las mujeres parecen haber tenido un importante papel en esa sociedad partiendo de Daymara, legendaria fundadora de la ciudad de Daura. Un pueblo, los fulba, invadieron pacíficamente, instalándose entre ellos, aunque no participaron en su vida política.

Los primeros europeos que llegaron a las costas africanas fueron los navegantes portugueses en 1472, quienes se aventuraron hasta la bahía de Benin, donde comenzó una práctica mercantil con el comercio de especias. En esa época los yorubas establecieron relaciones comerciales con los lusos. Los portugueses también iniciaron la trata de esclavos. En 1500 Pedro Alvares Cabral fue el primer portugués que pisó las costas brasileñas de Bahía.

Posteriormente el país se convirtió en una colonia, la única de esa nación europea en América. Hacia Brasil fueron enviados miles de hombres y mujeres de Nigeria y otras zonas occidentales que eran trasladados en buques negreros en condiciones infrahumanas. Muchos perecieron en la travesía. En Brasil como en las restantes naciones donde eran vendidos, los africanos se destinaban al trabajo en plantaciones agrícolas. En las haciendas recibían el trato abusivo y cruel de amos y capataces provocando la huida hacia zonas boscosas originando el cimarronaje.

En el siglo XVIII un fulba, Otman Dan Fodio llevó a cabo una guerra santa contra el islam y los animistas, atacando en 1804 a los hausas y yorubas. Su ofensiva fue detenida por los yorubas en 1808 y sometiendo a los hausas hasta 1812. Ese hecho sumado al tráfico de esclavos debilitó grandemente a la población yoruba. Ambos factores facilitaron la penetración colonial de Gran Bretaña que construyó uno de los mayores sistemas de explotación en África.

En 1713 el Tratado de Utrech había reconocido a Gran Bretaña el virtual monopolio de esclavos en detrimento de Portugal. Los británicos ocuparon Biafra, en el sur de Nigeria y la vecina Benin en 1849 y en 1861, y establecieron una base militar en Lagos. En 1884-1885 las potencias europeas efectuaron el reparto de Africa. La reunión reconoció a Nigeria como zona británica y constituyeron el protectorado de Lagos y Oil Rivers. Al extenderse hacia el interior se convirtió en el protectorado de la Costa de Nigeria.

En 1900 se reorganizó el protectorado del norte de Nigeria. En 1914 los británicos formaron el protectorado de Nigeria, unificando a los anteriores dando origen a la entidad colonial que conforma la actual Nigeria. Los pueblos de las costas fueron los que mayor resistencia opusieron a los colonialistas.

En 1940 se produjeron brotes nacionalistas que conmovieron no sólo a Nigeria sino al oeste africano. Las protestas fueron reprimidas por las tropas británicas y Gran Bretaña prohibió las huelgas durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) Tras el conflicto universal se efectuaron demandas de independencia. Gran Bretaña elaboró dos Constituciones en 1946 y 1951 con el objetivo de neutralizar los impulsos independentistas pero no lograron su fin. El reclamo de libertad creció a niveles nunca antes vistos.

Una nueva Carta Magna de 1954 otorgó a las regiones septentrional, occidental y oriental (hausas, yorubas e ibos), Asambleas Autónomas y una Cámara Legislativa Federal compuesta por representantes de las Asambleas regionales. Las luchas del pueblo nigeriano por su independencia se vieron coronadas el primero de octubre de 1963 con la proclamación de la República de Nigeria y cesó la reina de Gran Bretaña como jefa de Estado. Londres perdía una joya de la Corona.

Somalia: Otra variante de la esclavitud

Somalia, ubicada geográficamente en el Cuerno Africano, en el extremo más oriental del continente, es un ejemplo de cómo un pueblo luchó contra la esclavitud colonial y el desmembramiento del territorio por las potencias extranjeras. Cuando se menciona la esclavitud, la imaginación se traslada de inmediato a los miles de hombres y mujeres arrancados de la región y llevados forzosamente a América para ser vendidos como esclavos a los dueños de plantaciones.

Pero, paralelamente, existió otra variante de la esclavitud practicada por las potencias coloniales consistente en mantener aherrojados a pueblos enteros y someterlos a una doble explotación: la de las personas y la de los recursos naturales. Así ocurrió con el territorio que con el paso del tiempo se convertiría en lo que es hoy Somalia, ambicionado por regímenes vecinos y lejanos.

La historia antigua somalí está ligada a la del Egipto faraónico. A partir de la II dinastía, los faraones egipcios comenzaron su dominio sobre la lejana Tierra del Aroma, zona que hoy coincide aproximadamente con la mayor parte del Cuerno Africano, donde también se encuentran Etiopía, Djibuti y Eritrea.

En 1560 se produjo la llegada de una flota china con planes de colonización, pero la resistencia de los nativos hizo que los asiáticos desistieran rápidamente de su empeño. La zona, que recibió cierta unidad después de la introducción del islam en el siglo VIII, estuvo formada por infinidad de pequeños reinos independientes entre sí, que agrupaban un crecido número de tribus.

Fue en las últimas décadas del siglo XIX que comenzó la ocupación europea en la región. En 1885 llegaron los ingleses y ocuparon la parte septentrional del territorio, donde formaron la Somalia Británica, y una franja de la frontera con su colonia de Kenya, a la que pusieron por nombre Distrito Fronterizo del Nordeste.

Los pasos de los ingleses fueron seguidos por los franceses dos años más tarde, que establecieron un enclave en la Costa de los Somalíes, el que se extendió hasta formar lo que es hoy Djibutí. Tres años después los italianos se instalaron en las zonas de Brava, Mogadiscio (donde está actualmente la capital), y Merca, formando la Somalia italiana.

Los colonialistas europeos se repartieron en pocos años un territorio de 637 mil 657 kilómetros cuadrados, que por separado era mayor que Inglaterra, Francia o Italia, y donde sus ciudadanos carecían de los derechos más elementales. Las manifestaciones de protesta eran fuertemente reprimidas por las tropas coloniales provocando muertos y heridos.

Pero a pesar de la brutalidad empleada por las metrópolis, todo ese proceso contó con la resistencia de los habitantes de la zona que no se resignaban a vivir como esclavos en su propia tierra. En Somalia, encabezados por el sheik Mohamed Abdullah Hassan, un notable poeta que dirigió la lucha, el pueblo se enfrentó a los colonizadores ingleses e italianos. De esa forma los somalíes mostraban una indeclinable vocación por la libertad.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la Italia fascista ocupó la Somalia Británica, pero posteriormente una ofensiva de los Aliados derrotó a los invasores italianos y las tropas británicas ocuparon ambas Somalias hasta 1949 en que Naciones Unidas entregó a Italia el territorio de Somalia italiana bajo el régimen de fideicomiso.

Tras el fin del conflicto mundial los países africanos comenzaron a reivindicar su independencia. En varias naciones surgieron movimientos de liberación o se fortalecieron las organizaciones populares existentes, todas con idéntico fin. Los colonialistas no podían hacer oídos sordos a las demandas, aunque ensayaron diversas maniobras para frustrarla.

El pueblo somalí, conducido por sus dirigentes, inició la lucha política y el primero de junio de 1960 Italia le concedió la independencia; más tarde, Inglaterra hizo lo mismo con la Somalia Británica. Después de realizar un plebiscito aprobatorio se unieron ambas ex colonias para formar la nueva Somalia. Era el fin de la esclavitud colonial.

* Colaborador de Prensa Latina.