(CUBARTE).- De una forma u otra, hace ya muchos años que la publicidad es una constante en nuestra vida. Directa o indirecta, nos persigue. Puede que nos quieran vender un mejor producto para nuestro quehacer diario o nos den un consejo de salud, pero siempre existen variantes para sugerirnos “algo”.

Según los estudiosos del cerebro y sus conexiones, los seres humanos hemos desarrollado algunas capacidades de pensamiento que pueden ponernos en posiciones de alerta para recibir algún tipo de información y realizar este proceso en situaciones que pueden ir desde la predisposición al rechazo, hasta la aceptación, rayana en lo ingenuo.

No se debe negar que los anunciantes se las ingenian también para estudiar estos procesos y que su publicidad llegue a penetrar en nuestro cerebro, esa Unidad Central de Proceso constante, hablando en términos informáticos, y hacerlo de la forma más inocente y aguda posible y así lograr que se traspasen las barreras que, cuidadosamente, hemos ido construyendo.

No siempre la publicidad busca dañarnos o hacernos comprar aunque nos disguste o no lo necesitemos, también se buscan variantes que, cuidadosamente, llegan a imbricarse en las respectivas políticas nacionales. Viene a la mente aquella conocida frase de “Hay que tener fe que todo llega”, pensada inicialmente para la promoción de un concurso jabonero, pero que expresada en la Cuba de 1958, tenía mayores implicaciones políticas que la de una simple cuña comercial. O todas las ingeniosidades que desde el muy antiguo periódico La política cómica, con su cubano en condiciones de guanajo, pasando por el Bobo de Abela o el Loquito de Nuez, incidieron con sus formas particulares de promoción, en procesos nada cercanos a la publicidad y venta irracional de cualquier tipo de productos.

Una de las variantes más analizadas y también criticadas dentro del campo de la publicidad, ha sido la llamada propaganda subliminal, aquella aparecida en el cine y la televisión, donde en escenas extremadamente cortas, algunas de menos de un segundo y muy pocos fotogramas, se presentan gráficas de productos o mensajes de texto y donde se ha demostrado que el ojo humano no las puede captar en su totalidad, pero algún espacio del cerebro tiene la capacidad, no solo de guardar esa información, sino de reproducirla, incluso de forma involuntaria.

Al navegar por Internet, gráficas estáticas o dinámicas de publicidad, nos agreden todo el tiempo, llegando a ocupar en la pantalla más espacio que la información que realmente nos interesa, lo cual ha traído como consecuencia que aparezcan las herramientas que tratan de evitarlas.

También refiriéndose al cine y la televisión, se han utilizado soluciones publicitarias que forman parte de la trama, donde una de las más famosas, se encuentra en la saga de James Bond, quien hizo popular auto y trago con el Aston Martin y su consabido Martini.

Como la lucha entre el anunciante y el posible consumidor es una constante, cada día salen soluciones más inteligentes que incorporan la publicidad no solo al guión de la trama que consumimos, como expliqué en el párrafo anterior, sino a cualquier espacio que pueda servir para los efectos promocionales y le penetre al posible cliente, sin que este llegue a tener conciencia de lo que recibe, pues lo considera parte del producto completo. Al final, otra variante de la propaganda subliminal.

En las trasmisiones deportivas, la publicidad es permanente, tanto en los terrenos de juego, donde las vallas circulan, por ejemplo, todo el campo de fútbol, o en los cortes radiales y televisivos entre jugadas o tiempos de descanso.

Un caso particular, lo pudimos observar durante las transmisiones del Clásico Mundial de Béisbol. Allí existía un área de publicidad en la zona inferior izquierda de la pantalla, donde las capacidades tecnológicas permiten recortar la figura del pelotero que se mueve en la caja de bateo. Muchos además, pudieron observar que, durante la repetición de las jugadas, esa zona se convertía en un rectángulo verde. O sea, se producía una real superimposición de imagen, con fines publicitarios, sobre la transmisión del partido de béisbol, dirigido exclusivamente a los televidentes, pues este tipo de información no la reciben los asistentes a los estadios.

La tecnología se desarrolla, y esa variante se extiende, y ahora tanto las compañías de televisión como las de cine, se guardan el derecho de utilizar una técnica similar y sobreimponer mensajes gráficos que se adaptan a las condiciones particulares de la trama.

Por ejemplo. En la pantalla aparece un grupo de niños que juegan en un parque, mientras sus madres o sus padres los cuidan. Siguiendo los esquemas publicitarios habituales y sin querer cometer violencia de género, en el caso materno, en el fondo del parque, pudiera incluirse una valla con promoción de productos de belleza, mientras que en el paterno, se adicionan promociones de alguna marca de cerveza, sin olvidar la belleza escultural, casi siempre ligera de ropas que anuncia el agradable líquido ámbar.

Las tecnologías avanzan, los humanos nos hacemos más sedentarios y pendientes de cualquier medio de información que se va integrando a la vida y por desgracia, cada vez que ralentizamos nuestras condiciones cerebrales de alerta, existe ya o aparecerá una nueva variante para hacernos dependientes de una sociedad de consumo, la cual, también dentro de las limitadas realidades cubanas, juegan, sin ninguna piedad, con nuestras necesidades, nuestros gustos y hasta con la forma de relacionarnos con la familia. Por esos vericuetos es por donde anda el problema.

* Graduado de Licenciatura en Información Científico-Técnica en 1978 en la Universidad de La Habana. Es profesor adjunto en la Universidad de La Habana y en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí.