Tokio (PL).- Un Boeing 787 Dreamliner, de la Japan Airlines, voló y regresó sin novedad al aeropuerto Haneda de Tokío, luego de más de tres meses de cese de sus operaciones por problemas técnicos. Según la televisora NHK, la prueba con el visto bueno de las autoridades aéreas japonesas fue satisfactoria y sin detectarse fallas en las baterías, causante de los problemas anteriores del aparato.

Tanto la Japan Airlines como la All Nipon Airways suspendieron las operaciones de los Boeing 787 luego de dos accidentes técnicos sobre territorio japonés y de Estados Unidos que no ocasionaron víctimas. Todos los aparatos de ese modelo tuvieron que permanecer en tierra luego de que una batería que despedía humo forzó un avión operado por All Nippon Airways a hacer en enero un aterrizaje de emergencia en el oeste de Japón. Otra aeronave operada por Japan Airlines sufrió un fuego en una batería cuando se encontraba en un aeropuerto en Estados Unidos.

El modelo, uno de los más avanzados tecnológicamente en el mundo y único fabricado con fibras de carbono, fue sometido a numerosas pruebas en territorio estadounidense y en Japón. Las investigaciones determinaron que las baterías de ion-litio Yuasa, fabricadas por la corporación japonesa de igual nombre, ocasionaron los dos episodios de marras.

La nipona Yuasa GS, fabricante de las baterías, con sede en Kyoto, desmontó el proceso a fin de una observación más detallada por funcionarios del Consejo de Seguridad de Transporte de Japón (JTSB) y de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (NTSB). Esa decisión sobrevino al descartarse un aumento repentino de voltaje en los acumuladores, la inicial hipótesis de fallo, tras un análisis de la caja negra del aparato de ANA que requirió de un aterrizaje de emergencia.

Sin embargo, las ocho baterías del avión se quemaron, según se mostró en una fotografía de los acumuladores que son muy similares a los de los teléfonos móviles y los IPAD. El voltaje del paquete de baterías se mantuvo en los niveles normales y de repente hubo un descenso rápido de energía que dio una alerta al sistema y obligó al aterrizaje forzoso, según declaró a la prensa un oficial de la JTSB. “Había una tensión aceptable para una batería de litio-ión poco antes de la emergencia, apuntó el funcionario, por lo cual no se descarta la posibilidad del desperfecto de alguna de ellas y luego por contacto haya sobrecalentado y destruido las restantes”.

De un lado, ingenieros del grupo francés Thales, cuyos técnicos diseñaron el sistema eléctrico del Dreamliner, realizaron en Tokio una tomografía computarizada de la unidad y de otro, investigadores de la NTSB analizan la causa de un incendio ocurrido en Boston dentro un aparato similar de la Japan Airlines.

Los expertos encontraron también otras fallas en las baterías del Boeing 787. Un examen de mayor precisión de la unidad de potencia auxiliar (APU) determinó la deformación de dos de las ocho celdas de los acumuladores fabricados por Yuasa, aunque sin definir el origen. Según un funcionario de la JTSB, el deterioro de las baterías se derivó de un recalentamiento, tal vez la razón de porqué se deformaron.

Los investigadores recomendaron un cambio de los acumuladores y se han hecho pruebas que ratificaron la operatividad del avión con el que el consorcio Boeing pensaba dominar los cielos del mundo por delante de su archirrival de Airbus.

A fines de abril, el ministro japonés de Transporte Akihiro Ota dio a conocer que los reguladores de la aviación de Estados Unidos concedieron licencia operacional a esos gigantescos aparatos. La NTSB aprobó un renovado sistema de baterías para los aviones Dreamliner. Satisfacción reflejaron las gerencias de All Nippon Airways (ANA) y Japan Airlines (JAL) con el anuncio de que volverían a volar las aeronaves Boeing 787 o Dreamliner.

ANA y JAL poseen 24 de los 50 Dreamliner existentes en el mundo y la suspensión de vuelo que los afectaba desde enero último les había causado pérdidas multimillonarias. Las dos aerolíneas cancelaron numerosas operaciones de conexión con varios países de las Américas y registraron pérdidas por más de 90 millones de dólares durante la etapa de suspensión de miles de vuelos comerciales.

Desde el 16 de enero último, la ANA ha suspendido 1.900 operaciones, con lo cual más de 125 mil pasajeros requirieron o requerirán de otras alternativas para realizar sus planes. El 6 de febrero ANA suspendió 368 vuelos y desde el 16 de enero canceló 1.200 vuelos como consecuencia de lo cual más de 100 mil pasajeros requirieron de otras alternativas para sus viajes. El 29 de marzo la aerolínea anunció que mantendrá en junio venidero su programación de vuelos con el 787.

Las gerencias de las compañías JAL y ANA analizan una reclamación económica a la corporación Boeing. Según cálculos de los especialistas, en el caso de JAL las pérdidas por la suspensión de vuelos llegarían a finales de marzo a unos ocho millones de dólares, en tanto los técnicos de ANA aún contabilizan a cuánto ascenderá el impacto de la prohibición.

El presidente de JAL Yoshijaru Ueki afirmó que lo importante es lograr que vuelva a volar el Boeing 787 de manera segura y después de resueltos los problemas técnicos, hablaremos de reclamaciones. JAL planea exigir a Boeing un reembolso en efectivo por las fallas y todo parece indicar que igual decisión podría tomar Air India, compañía estatal también afectada por idéntico problema.

De parte de Boeing, el portavoz Marc Bitel evitó mencionar las compensaciones y solo significó que atienden la posibilidad de que ese modelo vuelva a volar. El 9 de febrero la compañía estadounidense anunció el atraso de entregas de los Boeing 787 Dreamliner.