Un solo ejemplo de las consecuencias de la drogadicción en Brasil, demuestran lo complicado de combatirla. En Sao Paulo, a enero del 2011 unas 13.000 personas vivían en las calles de la “Boca do Lixo”, más conocida como Cracolandia, palabra que viene del crack. Se ubicaban en importantes avenidas Duque de Caxias, Ipiranga, Rio Branco, Cásper Líbero y la calle Mauá. Pero en enero de 2012 lanzaron la “Operacao Centro Legal”. El resultado fue que consumidores de drogas ilícitas se fueron a otros barrios: Barra Funda, en las rieles de la “Companhia Paulista de Trens Metropolitanos”, Higienópolis, Luz, Campos Elíseos, Santa Cecília y en las proximidades do Elevado Costa e Silva; esas regiones fueron llamadas por la opinión pública de “minicracolândias”

Ya en los finales 60 la zona central era conocida como centro de prostitución. De droga se hablaba, sin embargo no era el tema diario. La Operación del 2012 fue más conocida como “Operacao Sufoco”. Para llevarla a cabo utilizaron la estrategia de “dor e sufrimento” encargando a la Policía Militar y dirigida por el gobernador y prefecto. Claro está que como toda operación policial y política, la misma adoleció de lo principal: centros de tratamiento de los viciados. Antes, es decir el 2011, se había propuesto la demolición de un 30% de Cracolandia para crear una ciudad empresarial, asunto de inmediato debate. Finales del mismo año el Ministerio de Salud ya había adelantado un programa de auxilio a los viciados de Cracolandia, entonces rechazado por la prefectura. Lo que sucedió fue que el día de la operación, se vendía crack a cerca de 300 usuarios a apenas metros de distancia de los vehículos de la Policía Militar. A la fecha actual, un año después, Cracolandia resiste y genera “sucursales”. Las calles y avenidas mencionadas continúan como eran antes de la Operación. Es más, residentes de otros barrios en las zonas Sur, Norte, Este y Oeste de la ciudad también pasaron a convivir con drogadictos reunidos en “minicracolândias”. A este hecho lo llaman efectos de la procesión del crack. La situación empeoró, debido a que al presente la policía no puede prohibirles nada: entre borrachos y crackeros deben circular las personas. Ahora el viciado es enfermo, pero puede también ser criminoso. Cuando es viciado actúan los de salud y cuando es criminal la Policía Militar. El 2013 el Estado inició la internación obligatoria de los viciados. El problema es que muchos de los que quieren ser internados no encuentran vacancias, entonces lo de la internación obligatoria se vuelve historia de no terminar

Lo relatado es simplemente parte de la ciudad de Sao Paulo. Pero, como señala un periodista, “si se compara estos pequeños espacios violentos con los de las 700 favelas de Río de Janeiro esto pareciera ser poco, ya que en aquella ciudad los barrios pobres están entre tres fuegos, el de los narcotraficantes, el de la policía y paramilitares”.