La Comisión Europea (CE) prohibió el empleo de los plaguicidas neonicotinoides clotianidina, tiametoxam e imidacloprid en cultivos de girasol, colza, algodón y maíz, luego de que dos estudios científicos comprobaron que esos agroquímicos dañan el sistema nervioso de las abejas melíferas, provocándoles parálisis y la muerte. El año pasado la Federación Internacional de Asociaciones Apícolas advirtió que los transgénicos incidirán negativamente en las exportaciones latinoamericanas de miel orgánica a la Unión Europea.

Un informe de la Agencia europea de seguridad alimentaria (EFSA en inglés) difundido en enero de este año alertó que los insecticidas con neonicotinoides, químicos derivados de la nicotina, serían los principales responsables del colapso de colonias de abejas en todo el mundo.

El informe de la EFSA se sustenta en dos investigaciones científicas que evidencian que los agroquímicos interfieren los circuitos cerebrales de los insectos, mermando su capacidad de aprendizaje y memoria, una de las causas de la desaparición de millones de abejas en todo el mundo.

Científicos de la Universidad de Dundee del Reino Unido analizaron la actividad cerebral de las abejas luego de exponerlas a dos insecticidas denominados neonicotinoides y coumaphos, de uso común en la agricultura para matar parásitos, y evidenciaron que los insectos olvidaron asociaciones importantes para su supervivencia, como la relación entre el aroma floral y la comida. Los plaguicidas estudiados actúan en la misma zona del cerebro implicada en el aprendizaje de los insectos, causando pérdidas de sus funciones, detallaron los investigadores en un artículo publicado por la revista Nature Communications.

Se trata del primer estudio que demuestra que los pesticidas impactan directamente en la fisiología de las polinizadoras, diagnóstico ratificado por una segunda investigación desarrollada por los científicos Geraldine Wright y Sally Williamson de la Universidad de Newcastle, quienes determinaron que las abejas no asimilaban nuevos conocimientos y cumplían mal algunas pruebas de memoria tras ser expuestas a la combinación de agroquímicos durante cuatro días.

“Las polinizadoras realizan conductas complejas mientras se alimentan que les obligan a aprender y recordar los rasgos florales asociados a los alimentos; y la interrupción de esa función tiene implicaciones profundas para la supervivencia de las colonias, porque las abejas que no aprenden son incapaces de encontrar comida”, explicó Wright.

Científicos de la Universidad de Exeter evaluaron que los drásticos cambios en las prácticas agrícolas y el uso intensivo de agroquímicos podría ser la causa principal del declive de la población de abejorros en el Reino Unido. Los abejorros son cruciales para la polinización de vegetales como los tomates, arándanos y manzanas, así como plantas silvestres, y junto a los sírfidos, parecidos a las avispas, son responsables de la polinización de dos tercios de los cultivos, mientras que las abejas melíferas polinizan un tercio.

Se cree que los pesticidas y la disminución de la diversidad de la flora y las enfermedades causadas por hongos son factores clave en el colapso de las colonias de abejas. Sin embargo, investigadores de la Universidad británica de Reading creen que la combinación de ácaros y virus es responsable del declive de las abejas productoras de miel.

Los ácaros del suelo son muy importantes porque intervienen en la incorporación de materia orgánica al suelo. No obstante, un estudio desarrollado por expertos de la Universidad de Sheffield en Gran Bretaña, cuyos resultados fueron publicados en la revista Science, indica que el ácaro de la especie varroa disemina un virus mortal para las abejas domésticas en todo el mundo. El equipo analizó el impacto del ácaro en Hawái (tal vez la principal zona de experimentación biotecnológica de EE.UU.) y verificó que al aumentar el número de ácaros se eleva también la prevalencia de una cepa del virus de ala deformada (DMW en inglés). (1)

Con esos antecedentes, el órgano ejecutivo de la Unión Europea (UE) decidió ayer modificar las condiciones de uso de los pesticidas tiametoxam, imidacloprid y clotianidina, a fin de limitar su empleo a cultivos de cereales de invierno y a otras plantaciones que no atraigan a insectos polinizadores. Las restricciones comenzarán a aplicarse a partir del 1 de diciembre de este año, y en un plazo de dos años se revisarán nuevamente las condiciones de uso de los agroquímicos observados.

Apicultores enfrentan a las transnacionales

El año pasado el presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Apícolas Guilles Ratia advirtió que el uso de transgénicos disminuirá la calidad de la miel y afectará a las exportaciones de miel orgánica a la UE. Dijo que el polen transgénico tiene menor contenido de nutrientes y es uno de los factores de la desaparición de los insectos en algunos países; a ello se suma el uso de insecticidas y herbicidas que también elevan la mortalidad de las abejas.

El francés lanzó la alarma en Costa Rica, en medio de protestas ciudadanas por la aprobación gubernamental del cultivo de maíz genéticamente modificado de la transnacional Monsanto. El presidente de la Cámara Costarricense de Fomento a la Apicultura Carlos Zamora expresó su preocupación por la autorización de la Comisión de Bioseguridad del Gobierno para la siembra de maíz transgénico en Puntarenas, sin considerar las posibles consecuencias de la contaminación de la miel con polen transgénico y agrotóxicos.

El directivo de la asociación internacional que agrupa a siete millones de apicultores de 111 países recordó que en 2011 la UE prohibió la importación de alimentos genéticamente modificados, causando serios problemas a los exportadores de miel de Argentina, Brasil y Chile.

Según la Red de Acción en Plaguicidas Chile (RAP/Chile), se ha comprobado ampliamente el grave daño provocado por los transgénicos y plaguicidas a los apicultores nacionales, cuya producción se ha tornado inviable luego de que la UE les exigió una certificación que garantice que su producto no contiene transgénicos. El abogado Rodrigo Mora lamentó que a consecuencia de las nuevas normas de la CE, al menos 1.500 toneladas de miel no pudieron exportarse por estar contaminadas con transgénicos.

El dirigente apícola chileno Diego Santa Cruz calificó como una “usurpación de territorio” y una amenaza para más de 10 mil apicultores de su país la existencia de al menos 2.800 predios con cultivos transgénicos de exportación en Chile.

El 21 de marzo de 2012 el Consejo para la Transparencia de Chile ordenó al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) informar la ubicación exacta de los cultivos transgénicos de exportación, tal y como había exigido la RAP/Chile dos años antes, reafirmando de esta manera el derecho de los apicultores a conocer dónde se cultiva y acopia semilla transgénica y así evitar que sus abejas produzcan miel a partir de polen modificado genéticamente.

También en marzo de 2012 más de 25 mil apicultores de la Península de Yucatán en México fueron beneficiados con un recurso de amparo de la justicia federal que prohibió temporalmente la siembra de granos transgénicos hasta que los productores demuestren que ese tipo de cultivo no afecta a la apicultura ni al consumo humano.

Además, el 5 de febrero de 2013 la Sala Constitucional de Costa Rica congeló el cultivo de maíz transgénico en el país, acogiendo un recurso presentado por el legislador del Frente Amplio José María Villalta con el apoyo de grupos académicos, ecologistas y campesinos. En declaraciones al sitio digital prensalibre.cr, Villalta destacó que la medida es uno de los primeros triunfos para salvaguardar la agricultura tradicional y garantizar la salud de todos los ciudadanos.

Nota 1: El suelo es un ecosistema difícil de estudiar, del cual aún solo se conoce un pequeño porcentaje de las especies que allí habitan y menos aún sobre las relaciones que entre ellas se han establecido a lo largo de millones de años de evolución. Una proporción considerable (que puede superar el 50%) de los plaguicidas aplicados a los cultivos hortícolas llega directamente al suelo donde puede producir efectos dañinos sobre los microorganismos (bacterias y hongos) y la fauna edáfica. Algunos de los agroquímicos usados en los actuales sistemas dominantes de producción agropecuaria producen alteraciones en la fijación del nitrógeno y disminuyen la variedad y cantidad de hongos del suelo beneficiosos para las plantas.La aplicación de agroquímicos reduce la abundancia y diversidad de las comunidades de microartrópodos que regulan los procesos ecológicos del suelo y previenen su deterioro, tanto en su estructura y propiedades físicas como en su fertilidad. (Segundo Congreso Argentino de Ecología y Biología de Suelos, Mar del Plata, 18-20 de abril de 2011)

Con reportes de las corresponsalías de Prensa Latina en Bruselas, Londres y Costa Rica.