Sydney y Hanoi (PL).- Entre 1961 y 1971 la aviación norteamericana roció sobre territorio vietnamita unos 80 millones de litros de defoliantes que contenían 400 kilogramos de agente naranja, cuyos trágicos efectos se padecen hasta el día de hoy. Cada año nacen entre 22 mil y 30 mil bebés con severas limitaciones físicas en Vietnam. Desde hace años un tribunal de Nueva York mantiene bloqueada una demanda de indemnización presentada por las víctimas de la guerra química de mayor envergadura y duración en la historia de la humanidad.

De 1961 a 1971 la aviación norteamericana roció unos 80 millones de litros de defoliantes, que contenían 370 kilogramos de dioxina, en un cuarto de la superficie sureña de Vietnam, según estadísticas independientes. Unos 4,8 millones de vietnamitas estuvieron expuestos a ese producto químico, uno de los peores tóxicos conocidos por el hombre, y tres millones se convirtieron en sus víctimas.

El subdirector de la Administración ambiental de Vietnam Le Ke Son recordó que a partir de 1961 y durante una década, el 10% del territorio meridional recibió más de 18 millones de galones de dioxina, que es el nombre del referido producto contaminante, uno de los componentes químicos más agresivos que se conozca, cuyos trágicos efectos todavía se padecen generaciones por medio.

Muchas de sus víctimas murieron y otros millones de descendientes sufren deformidades y enfermedades crónicas. Cada año se registran entre 22 mil y 30 mil nacimientos de bebés con severas limitaciones físicas, lo que representa el 2% de las nuevas vidas, reveló el ejecutivo del programa gubernamental que estudia los efectos del agente naranja Nguyen Thi Luyen.

Entre los defectos relacionados con personas expuestas a la dioxina predominan los de naturaleza ósea con 42%, a los que siguen mutilaciones y síndrome de Down. Basados en estas estadísticas, expertos sugirieron a las autoridades proveer más inversiones en tecnologías de diagnosis prenatal, y establecer una estrecha cooperación entre hospitales y laboratorios genéricos para la conducción de los estudios correspondientes.

Desde hace años un tribunal en Nueva York mantiene bloqueada una demanda de indemnización presentada contra las empresas químicas estadounidenses que suministraron la dioxina, por familiares de las víctimas de lo que fue la guerra química de mayor envergadura y duración en la historia de la humanidad.

Pacifistas de Estados Unidos urgieron a Washington y a compañías químicas de ese país a que recompensen a los vietnamitas damnificados por el llamado agente naranja. Tal pronunciamiento fue formulado por Merle Ratner, coordinador de la Campaña de ayuda y justicia para víctimas vietnamitas de esa dioxina y el obispo Thomas Gumbleton en el curso de un encuentro amistoso en Ciudad Ho Chi Minh a principios de este año.

Los visitantes recorrieron el centro de maternidad de Tu Du, que hospeda a niños con defectos natales debido a dicho tóxico, los túneles de Cu Chi, de la resistencia nacional, y una institución especializada en Thien Phuoc que atiende a infantes discapacitados.

Después de casi 50 años de terminada la guerra en Vietnam, veteranos soldados vietnamitas se dedican con mucho esfuerzo y sacrificio a aliviar los dolores a víctimas del agente naranja. La agencia VNA destaca entre ellos a Khong Thi Thuy, la directora de un centro de asistencia solidaria en Phu Quy en la provincia norteña de Bac Giang, y su determinación de ayudar a niños afectados por esa sustancia tóxica como si fueran suyos. A ella misma y su esposo les nació en 2009 uno que sufre los efectos del agente naranja, y fue lo que la movió a crear por iniciativa propia y con el apoyo de otros veteranos un sitio que alberga alrededor de 200 menores víctimas, y les proporciona entrenamiento vocacional para incorporarlos en el futuro en la vida laboral.

Al mismo tiempo, una delegación de la Asociación de víctimas vietnamitas del agente naranja dioxina promueve en Australia una campaña de concienciación sobre sus consecuencia y en busca de apoyo a demandas jurídicas. Encabezada por su presidente Nguyen Van Rinh, el grupo permaneció hasta el 10 de marzo en Sydney cumpliendo un programa de trabajo con organizaciones y activistas humanitarios en los estados australianos de Nueva Gales del Sur, Tasmania y Victoria.

Rinh reiteró su confianza en que las informaciones ofrecidas por la asociación ayudarán al gobierno del país oceánico a comprender mejor los efectos de la sustancia letal al medio ambiente y la salud de los damnificados vietnamitas, incluso de veteranos estadounidenses. La agrupación prevé recaudar este año 350 mil dólares para ayudar a los afectados del tóxico letal, después que en 2012 organizaciones e individuos nacionales y extranjeros donaron unos 300 mil dólares para mejorar la calidad de vida de los damnificados.

París 1973: resistencia y tenacidad vietnamitas

El 27 de enero de 1973 la entonces República Democrática de Vietnam, en el norte del país indochino, el gobierno provisional revolucionario del sur en armas, Estados Unidos y su régimen títere instalado en la meridional y ocupada Saigón, suscribieron lo que se conoce como los Acuerdos de París para poner fin a casi una década de cruenta y devastadora guerra.

Con la firma de aquel documento de 23 artículos quedaban atrás cuatro años y ocho meses en los que se llevaron a cabo 202 reuniones oficiales y 24 encuentros extraoficiales desde que la potencia agresora optó en 1969 por sentarse a conversar ante el curso de un conflicto en el que ya no vislumbraba un desenlace ni a su favor ni mucho menos a corto plazo, y encima de ello con la opinión pública mundial en contra.

La espectacular ofensiva del Te desplegada por las fuerzas combativas vietnamitas, el año anterior, reveló fehacientemente que ninguna de las estrategias, tácticas y medios bélicos empleados desde el incidente del golfo de Tonkin, en 1964, esgrimido como pretexto para golpear a Vietnam, no fueron ni serían capaces de doblegarlo.

Inútiles resultaron los continuos y sistemáticos bombardeos sobre Hanoi, los incendios de aldeas y defoliaciones de bosques mediante la diseminación de la contaminante dioxina agente naranja, los campos de concentración de campesinos, las prácticas de terror homicida en la población civil, el despliegue de cientos de miles de soldados, los experimentos con armamentos de última generación y toda la inteligencia militar disponible.

Unos tras otros, desde el famoso general William Westoreland, pasaban estrategas del Pentágono por Vietnam y se relevaban, envueltos en el fracaso, mientras aumentaban las bajas y la descomposición moral entre sus filas en la misma proporción que crecía como la espuma el movimiento de protesta en Estados Unidos y el resto del mundo.

Al evaluar a la distancia de los hechos el proceso que arrancó en París en 1969, protagonistas sobrevivientes como Nguyen Thi Binh, al frente de los negociadores del gobierno provisional del sur, evocan el principio rector con que acudieron allí de “intransigencia en los principios estratégicos y flexibilidad en las discusiones”, y que enmarcan en lo que describen como la sagaz diplomacia de la época de Ho Chi Minh.

Con su habitual derroche de creatividad, los vietnamitas supieron combinar sabiamente la paciente espera entre tantos interrumpidos diálogos y estancamientos y los tenaces avances en el terreno de la resistencia militar y en el de la opinión pública mundial a su favor. Tampoco Estados Unidos detuvo su agresión bélica, sino más bien la recrudeció, no sólo en Vietnam, sino también en Laos y Cambodia, y al comienzo de los años 70 probó con la llamada “vietnamización” de la guerra, que consistió en darle más peso y visibilidad a las tropas de Saigón, aunque manteniendo el mando principal, sin que tampoco arrojara los frutos esperados.

Su último y desesperado intento fue la denominada operación Liebeneckt II, consistente en 12 días y noches consecutivos de despiadados bombardeos sobre Hanoi, en diciembre de 1972, cuyo rotundo fracaso condujo a la reanudación final de las negociaciones de París, de enero siguiente. El concluyente pliego rubricado establecía el fin de las hostilidades y de la intervención militar estadounidense con la evacuación de sus tropas e intercambios de prisioneros, el reconocimiento al derecho de autodeterminación de los vietnamitas y a la reunificación nacional, y el respeto a la neutralidad de Laos y Cambodia.

Si bien no significó en lo inmediato el establecimiento de una paz segura, ni que las fuerzas intervencionistas en retirada renunciaran a cometer provocaciones, en lo fundamental creó condiciones para que una vez Saigón sin el sostén militar de Washington, el ejército popular de Vietnam culminara la liberación total del país en abril de 1975 y emprendiera su definitiva reunificación.

Quedaba Vietnam, después de haber perdido más de dos millones de vidas, con el 70% de su infraestructura industrial y de transporte en la parte norte, destruido, además de tres mil escuelas, 15 centros universitarios y 10 hospitales, el medio ambiente severamente dañado por los defoliantes, y sus miles de víctimas por varias generaciones, y gran cantidad de zonas minadas que siguen afectando a los agricultores.

Salía de allí Estados Unidos con decenas de miles de muertos, minusválidos, amputados, paralíticos, trastornados mentales y veteranos con adición a las drogas y afectados por el agente naranja, y toda la nación completa inmersa en el síndrome de la derrota en Vietnam, y que por siempre permanecerá inscripto como un baldón en la historia de la poderosa Unión.

Al celebrarse oficialmente en Hanoi el aniversario 40 de los acuerdos de París, los juicios adquieren la serena ponderación de la distancia del tiempo, y los actuales dirigentes del país reconstruido, próspero y socialista rinden homenaje a los combatientes de entonces en el campo militar y diplomático.

Subrayan entre las claves de aquel glorioso capítulo la firme política del Partido Comunista, heredero de Ho Chi Minh, la ingeniosa tenacidad de sus negociadores y el decisivo apoyo y solidaridad de todos los Estados, movimientos, organizaciones y ciudadanos comunes que se colocaron al lado de la justicia. Todos estos factores y fuerzas trazaron una huella de magnitud, imposible de borrar de los acontecimientos cumbres del siglo XX.

* Corresponsal de Prensa Latina en Vietnam.