Los hawaianos protagonizaron las mayores protestas reportadas en décadas contra las corporaciones que pretenden convertir ese territorio de ultramar de Estados Unidos, considerado imán del turismo, en suelo de ensayos químicos e ingeniería alimentaria. Alrededor de 300 mil agricultores orgánicos se agruparon para demandar a Monsanto en la corte del distrito sur de Nueva York.

Hawái, archipiélago situado en la Polinesia, en el océano Pacífico central y uno de los 50 estados de la Unión Americana, se encuentra actualmente en el epicentro del debate sobre los organismos genéticamente modificados. En los últimos 20 años, cinco de las mayores corporaciones químicas biotecnológicas del planeta -Monsanto, Syngenta, Dow AgroSciences, DuPont Pioneer y BASF- han realizado allí más de cinco mil experimentos a campo abierto de cultivos resistentes a los pesticidas en una superficie de entre 16 mil y 24 mil hectáreas de tierra hawaiana.

La más reciente movilización se produjo en Molokai, una de las islas principales de Hawái, la cual tanto la transnacional Monsanto como otras compañías han convertido en la zona cero del mundo para este tipo de prácticas, subrayó un reportaje difundido por el sitio digital Truth-out.org. Los ensayos de laboratorio se han hecho en la mayoría de los casos sin ninguna divulgación y han pretendido transformar el lugar y a su gente en conejillos de Indias de la ingeniería biotecnológica.

Las protestas, similares a las manifestaciones ecológicas y de la tierra en Canadá y en la parte continental estadounidense, fueron influenciadas por la cultura indígena. “Necesitamos todos los recursos que nuestros kapuna (ancianos) nos dieron, a fin de cuidar el presente para la próxima generación”, expresó en el lenguaje de los pueblos orginarios Walter Ritte, un activista hawaiano.

De acuerdo con el abogado nativo Mililani B. Strask, para los pueblos indígenas de Hawái, los conceptos que subyacen en la manipulación genética “de las formas de vida son ofensivos para los valores culturales de aloha Äüina (amor de la tierra)”. Aloha Äüina se escucha con frecuencia en las protestas de este tipo, una frase que también significa “amor al país”, la cual históricamente fue utilizada por individuos y grupos que luchaban por la restauración de la nación hawaiana independiente.

Y en particular la empresa Monsanto tiene una larga historia de producción de químicos que causan devastación. La compañía participó en el Proyecto Manhattan, el cual ayudó a fabricar la bomba atómica en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), señaló el artículo. También recordó que esa compañía desarrolló el herbicida Agente Naranja, usado por las fuerzas militares del Pentágono en la guerra de Vietnam, el cual causó aproximadamente medio millón de malformaciones congénitas.

Últimamente, Monsanto ha llevado al suicidio a miles de agricultores en India, a menudo bebiendo insecticida químico, después de que el elevado coste de las semillas de la compañía los hundió en deudas impagables, reseñó Truth-out.org. Según datos oficiales, en Hawái tanto Monsanto como otras corporaciones de biotecnología han fumigado más de 70 diferentes productos químicos en pruebas sobre el terreno de cultivos genéticamente modificados, más ensayos de este tipo que en cualquier otro lugar del mundo.

Aunque no se han realizado estudios en humanos, los analistas dicen que los experimentos con animales muestran cómo los alimentos genéticamente modificados llevan a un crecimiento precanceroso de células, infertilidad y serios daños en los riñones, el hígado y el intestino grueso. No obstante, los propios pobladores han expresado sus preocupaciones por los eventuales peligros para la salud de los herbicidas químicos fumigados sobre cultivos genéticamente modificados, y más cuando algunos puntos destinados a las referidas pruebas se hayan cerca de viviendas y escuelas.

Varios expertos coinciden en que las tasas de nacimientos prematuros, diabetes adulta y cáncer han aumentado significativamente allí en los últimos 10 años. También se critica el hecho de que las trasnacionales como Monsanto incrementan la práctica del monocultivo, lo cual incide directamente sobre la degradación del medioambiente.

Para no pocos la presencia de Monsanto y de las demás corporaciones químicas recuerda de manera extraña e inquietante los intereses empresariales que condujeron en 1893 al derrocamiento del Reino Hawaiano. Ese año un grupo de empresarios y dueños de plantaciones de azúcar estadounidenses orquestaron un golpe de Estado armado de los marines del gobierno de Washington.

Un lustro después (en 1898) Estados Unidos se apoderó de las islas para uso militar estratégico en la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana. Los analistas históricos aseguran que la anexión de Hawái benefició a cinco compañías fabricantes de caña de azúcar, conocidas entonces como las Cinco Grandes: Alexander & Baldwin, Amfac (American Factors), Castle & Cooke, C. Brewer, y Theo H. Davies, cuyos fundadores estuvieron muy involucrados en el cabildeo anexionista de las islas.

Aunque Hawái es con frecuencia el destino preferido de los ricos y famosos, las islas tienen un alto número de personas sin hogar que están por todas partes, señalan diversos medios de comunicación. Las imágenes de los homeless (los sin casa) se observan cerca de las playas, en los autos que utilizan como viviendas; algunos viven en carpas o tienen sus pertenencias en grandes bolsas y en carritos de supermercado.

Se estima que el número de personas sin techo ha aumentado un 61% desde el año 2000 hasta hoy. Actualmente más de seis mil personas viven en las calles, según el sitio electrónico To-Hawaii.com. Datos del censo de Estados Unidos revelaron que el crecimiento de la pobreza allí es el más alto de toda la nación, pues cerca del 11,5% de su población vive en la miseria.

El alto costo de las viviendas y los alimentos; la falta de hogares accesibles; las drogas, y los pocos programas para problemas mentales, son algunos de los factores que inciden allí en los índices de indigencia. El archipiélago de Hawái está conformado por el grupo de islas más norteño de la Polinesia, en el océano Pacífico central. Con un millón 392 mil habitantes aproximadamente, es el octavo estado norteamericano menos extenso, el undécimo menos populoso pero el decimotercero más densamente poblado de los 50 de la nación.

Ahora, las islas vuelven al vórtice noticioso con los ensayos de laboratorio. “Esas cinco importantes compañías químicas nos escogieron para que seamos su centro”, dijo Walter Ritte, para quien “lo que hagamos tendrá impacto sobre todas las personas del mundo”.

* Periodista de la redacción Norteamérica de Prensa Latina.

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Agricultores de todo el mundo contra Monsanto

Alrededor de 300 mil agricultores orgánicos se han juntado para demandar a Monsanto en la corte del distrito sur de Nueva York. Un año antes 270 mil agricultores orgánicos intentaron llevar a Monsanto a los tribunales porque una semilla transgénica de la empresa contamina semillas naturales por polinización en el medio ambiente. No sólo se trata de cómo las semillas modificadas genéticamente se habían transportado por el viento, animales e insectos, afectando a pequeños agricultores; el principal problema era que Monsanto había estado demandando a pequeños y grandes agricultores luego de encontrar en sus campos semillas transgénicas, es decir polinizadas con transgénicos perjudiciales.

En otras palabras, semillas de los pequeños agricultores se contaminan, y encima Monsanto advierte a los agricultores que tienen semillas patentadas por su empresa y los demanda. Así, la transnacional ha ido tras cientos de granjeros quesupuestamente infringieron la patente de sus semillas, cuando éstas han sido encontradas en sus granjas. Los agricultores demandados, incapaces de pagar una defensa adecuada, terminaban perdiendo dinero, u obligados a llegar a acuerdos con Monsanto. Como resultado de ello, Monsanto vio aumentar sus ganancias.

“Las amenazas de Monsanto y el abuso de los agricultores familiares se detiene aquí”, advirtió Jim Gerritsen, presidente de los Productores de Semillas Orgánicas y la Asociación de Comercio: “La contaminación genética de Monsanto de semillas orgánicas y los cultivos orgánicos termina ahora; los estadounidenses tienen el derecho a elegir en el mercado –para decidir qué tipo de comida que va a alimentar a sus familias– y estamos tomando esta acción en su nombre para proteger ese derecho a elegir“.

Las denuncias y las objeciones a los cultivos de transgénicos están repercutiendo y ejerciendo influencia en los formuladores de políticas que tienen a su cargo la tarea de reglamentar los sectores de la alimentación y la agricultura con respecto a los cultivos transgénicos y los agrotóxicos. El rechazo de agricultores y consumidores a Monsanto, la agroindustria y los alimentos transgénicos se extiende por todo el mundo.

Monsanto ha arruinado agricultores y dañado comunidades en su afán de dominar la producción de alimentos y controlar este mercado, advierte el informe Combatiendo a Monsanto elaborado por Vía Campesina, Amigos de la Tierra Internacional y Combat Monsanto. En India, Europa y América Latina campañas demandan su expulsión, el establecimiento de prohibiciones del cultivo de sus productos y el rechazo al consumo de sus alimentos, reporta el documento. (Ver el informe en español en www.viacampesina.org/downloads/pdf/sp/Monsanto-Publication-ES-Final-Version.pdf)

El área plantada con productos genéticamente modificados abarca 3% de la tierra agrícola mundial, sobre todo en Estados Unidos, Brasil, Argentina, India y Canadá. Monsanto posee 400 oficinas en 66 países y en 2011 logró ventas por alrededor de 11 mil millones de dólares.

El uso de transgénicos destruye la diversidad de los cultivos, homogeneiza los alimentos y elimina el conocimiento y la cultura local. Por ello en India se impuso una moratoria en el cultivo de la berenjena Bt, y la empresa Mahyco-Monsanto fue demandada legalmente por biopiratería por la Autoridad Nacional de Biodiversidad de India. En agosto de 2011 tomó fuerza el movimiento Monsanto, deja India. Esto liberaría a la industria del algodón del dominio actual de esta empresa y ayudaría a detener los suicidios de pequeños agricultores que terminaron endeudados por los costos cada vez mayores de insumos transgénicos y de agroquímicos.

En Brasil el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra y otras iniciativas sociales crearon una campaña permanente en contra del uso de pesticidas. En ese país ya se autorizó el cultivo de maíz, soya y algodón. En noviembre de 2011 el congreso de Perú aprobó una moratoria al cultivo y la importación de productos transgénicos. En Haití alrededor de 10 mil personas protestaron en las calles en oposición a Monsanto y en demanda de la soberanía alimentaria en junio de 2010. En Europa varios países prohibieron el cultivo de maíz MON810 de Monsanto y de la papa Amflora de Basf.

En septiembre de 2012 Rusia suspendió la importación de maíz transgénico de la multinacional Monsanto tras la publicación de un estudio francés que pone de manifiesto la propensión al cáncer en ratas alimentadas con ese producto. La agencia de protección del consumidor, Rospotrebnadzor, indicó en su portal internet que había encargado a un instituto ruso la interpretación de los datos de ese estudio y que “hasta que recibamos mayor información sobre el caso, la importación y comercialización del maíz genéticamente modificado NK603 queda suspendida”.

“Es una hecatombe. Y dan ganas de llorar”, concluyó el biólogo francés Gilles-Eric Séralini después de una larga investigación en la que ratas de laboratorio fueron alimentadas con NK603, un maíz transgénico de la multinacional estadounidense. Los resultados, publicados en la revista especializada Food and Chemical Toxicology, son preocupantes: tumores, necrosis de hígado, insuficiencias renales y reducción de la expectativa de vida.