(ABI).- Los decibeles del ‘Toooooodo va mejor con Cooocaa Ccooola‘ dicho en tono barítono por la voz ‘comercial‘ de Jorge Hoffman, apenas el relato de Remberto Echavarría constatara que el balón traspuso la línea de cal, que marca los límites de la cancha y los piolines, con la idolatría y la histeria colectivas en las gradas como telón de fondo, daban paso a un remanso, el comentario, reposado y esperado, de Lorenzo Carri, ‘presentado por encargo del Banco de Cochabamba, el banco de todos‘.

Corrían los primeros minutos de recién creada la Liga del Fútbol Profesional Boliviano, a mediados de julio de 1977.

Y las transmisiones de fútbol de los hermanos Echavarría, por cualquiera fuere de las radios de la Amplitud Modulada de los ‘60, ‘70, ‘80 y ‘90, bien Illimani, bien Fides, ora Cóndor o Nuevas América, eran sintonizadas en coro por los miles que, radio a transitores en mano, a la altura de los pabellones auditivos, escuchaban ‘al Carri‘ o sin ambages, ‘al Lorenzo‘.

‘Minuto 45. Llega el comentario de Lorenzo Carri. Lorenzo, por favor?‘, pregona Gróver, el menor de los Echavarría.

Un pitido reverberado, de más a menos, envolvía el estadio seguido por la potente voz de Hoffman.

Argentino, madridista y bolivianísimo, Carriquiriborne (así de largo era su apellido) sabía de fútbol, de técnica, de táctica, estrategia y toda esa parafernalia que lo engrosa; su palabra era un testimonio.

‘Lo dijo, en nombre del Banco de Cochabamba?‘

Alto, huesudo, erguido como tronco, de rostro angulado y cabello color negro, Carri se puso en La Paz allá por los ‘50. Dicen que a fines de esa década.

Lápiz, libreta reportera en mano, se lo veía aplicado en las tediosas reuniones de martes de la ‘asoshashion‘ de fútbol de La Paz, en el caserón de la Juan de la Riva. Ahí comenzó una andadura que paró muy temprano este jueves, 80, 82, 83 años después de hacerle conocer la fuerza de sus pulmones a su madre en la casa porteña donde le parieron, sin saber, con sino boliviano.

Carri fue un maestro, sacan pecho hoy quienes trabajaron con él en salas de redacción de radios, periódicos y televisoras.

Cigarrillo en labios, plantado frente a una Anderwood, una Mac y más tarde una PC, o un micrófono y una cámara, lo fue.

Como pocos, este hombre de hablar reverente, pausado, sin tics ni muletillas, hizo con la misma solvencia radio, televisión y prensa y se cargó al hombro varias generaciones de entusiastas diletantes y los convirtió, como religión, al periodismo deportivo.

En los ‘70, a fines de esa década, marchó para España y aceptó gerenciar, como su compatriota Jorge Valdano más tarde, el Real Madrid, mas luego volvió los ojos al país que no lo acunó, pero que le dio su regazo para crecer, amar, reproducirse y marchar.

Coetáneo del Cucho Vargas, del Tito de la Viña, el Heriberto Aramayo, el Calichín Morales y uno de los Lazarte, no el Julio, sino el ‘Cholo‘, narró las gesta sudamericana del ‘63 y todos los partidos de sábado y domingo del campeonato de la Primera A.

El Carri, que cuando se encendía, por una falta a la ética periodística, un adjetivo injusto o un adverbio inapropiado, ‘lamebola‘, dicen que rugía como un paroxismo volcánico, se convirtió en parte de la familia de los paceños.

Era propio escucharlo en la Nueva América, donde dirigió ese escuchado programa de los ‘70, ‘El Informal‘; la Radio Cristal, en las mañanas, en su consabida ‘Caminata‘, con el joven promisorio Carlos Mesa y poco más tarde, pasado el mediodía, dándole a la información deportiva junto a su compañero de vida, Miguel Velarde, con quien paró las ventas del periódico de los Alexander y más tarde los Serrate, el irrepetible ‘Hoy Deportivo‘.

Carri, que supo dirigir en simultáneo La Razón y ATB, escribió para Presencia, Ultima Hora y el inalcanzable Gráfico argentino.

Su voz y su estampa, han recorrido de punta canto el dial y en los ‘90 y la primera década del siglo nuevo, los canales de televisión.

A este hombre que se murió el jueves de viejo en su casa de La Paz con los pulmones y la mente impecables, el periodismo boliviano le debe la lección de la estadigrafía. Con culto y fervor de relojero, con paciencia de copista asceta del siglo XII, llevó las cuentas de los goles, de los penales, de los ‘fules‘, de las rojas y amarillas, de los nombres y la historia menuda del fútbol boliviano.

Hizo, incluso, la onomástica de los personajes e instituciones y de los periodistas y dirigentes de Bolivia.

En los 2000, ‘las nieves del tiempo‘ terminaron de ‘platear‘ su sien, pero no arredró.

Como decía el otro maestro de los periodistas deportivos bolivianos, muerto a fines de los ‘80, el turco Saúl Aldebnur Sare, ‘mientras el cuerpo aguante voluntad no ha de faltar‘. No le faltó sino cuando el cuerpo, como el larguero o el vertical, le dijo ‘no‘, ¡no más!, como reza la jerga futbolera.

Con él se va una época y la historia de quienes se adelantaron desde fines de 2011: el Johnny Zeballos; el Carlos Ascarrunz, el Toto Ballivián y, como lo reverenciaron siempre, el doctor Remberto Echavarría, hace unos meses.

* Director de la Agencia Boliviana de Información (ABI).