Pocos días antes de la Santa Pascua de Resurrección, millones de espectadores en América Latina han podido ver en la transmisión History Channel Latin America la película-documentario “En busca del rostro de Jesús”. Se trata de un velo que lleva impreso el rostro de Jesús. En 1208, con una breve “Ad commemorandas nuptias” firmado el 13 de Enero por el Papa Inocencio III, se instituyó una solemne procesión con una reliquia sagrada llamada,”Sacrosancto Veronicae Sudario“.

En 1300, durante la solemne exposición de la reliquia, el Papa Bonifacio VIII anunció solemnemente que había decidido convocar un Jubileo Universal, con la ostensión del velo con la imágen del Nazareno. Esta tradición presiguió durante dos siglos y medio, hasta el Jubileo de 1450 cuando la falsa voz de una exposición extraordinaria hizo que los peregrinos que deseaban participar a la procesión fuesen pisoteados por la enorme muchedumbre muriendo más de 200 personas. Por este motivo, en 1471 el Papa Sixto IV decidió que la procesión se realizase únicamente al interior de San Pedro.

En 1527 la reliquia desaparece. El 6 de Mayo, Roma fue saqueda por los mercenarios al servicio de Carlos V de Asburgo, rival acérrimo de Francisco I de Valois y por lo tanto del Papa Clemente VII. El Pontífice tuvo que refugiarse en Castel Sant‘Angelo y luego escapar a Orvieto donde fue obligado a coronar Carlos V como Emperador del Sagrado Imperio.

En pasado, los Pontífices Romanos tuvieron que salvar la sagrada reliquia de las incursiones de franceses, alemanes y lanquenetes españoles,. En 1409, durante el saqueo de Ladislao de Nápoles, la “Verónica” fue escondida al interior de Castel Sant‘Angelo, en 1410 en solemne procesión fue llevada otra vez a San Pedro.

Desde 1527 no se sabe nada de la santa reliquia venerada en todo el Medio Evo. El Cardenal Giovanni Salviati en una carta fechada el 8 de Junio y dirigida a Baldassare Castiglione sostenía que había sido quemada.

En 1616 un clérigo de la Basilica Vaticana afirmó que “la Verónica, la lanza y la cabeza de San Andrés apóstol, durante el saqueo de Roma, fueron salvados”.

La Sagrada Reliquia actualmente se encuentra en el pueblecito de Manopello, en los Abruzos, región situada en el centro de Italia, y no se sabe cómo o porqué se encuentre en esa localidad. El condado de Manopello fue fundado en 1061, cuando al primer conde, Boemondo, le fue asignado el feudo que se encontraba en la parte septentrional del Reino de Nápoles casi al confín con el Estado de la Iglesia.

Algunos estudiosos, entre los que podemos mencional a Leonardo Santoro (1475-1569) en su manuscrito original “Historia del Saqueo de Roma” afirma que el comandante del Ejército Español en Italia Fernando de Alarcón, por los servicios prestados al Rey Fernando el Católico, obtuvo el Marquesado del Valle Siciliano en Abruzzo.

Según los estudios del historiador, es muy probable que durante el saqueo de Roma, Fernando de Alarcón con las fuerzas imperiales que ocuparon Roma hasta Febrero de 1528 se haya apropiado del “Santo Rostro” saqueado en San Pedro, y terminado el conflicto franco-español se lo haya llevado a los territorios donde era Marqués.

Sólamente el 6 de Abril de 1646, la Santa Reliquia fue expuesta por primera vez a la veneración pública de los fieles en la pequeña población de Manopello y por casi cuarenta años estuvo custodiada en el interior de un nicho, en la parte derecha del altar mayor del Convento de los Padres Capuchinos. En 1690, los frailes establecireon que la fiesta del “Santo Rostro” se tenía que celebrar el 6 de Agosto, coincidiendo con la solemne fiesta liturgica de la Transfiguración de Nuestro Señor.

Solamente desde 1703 el velo con la imagen de Cristo se expone solennemente en la Iglesia de los Capuchinos y desde 1712, una vez al año sale en procesión por las calles de la población.

El “Santo Rostro” es un Velo de cm. 17×24, desplegado y protegido en un marco entre dos hojas de vidrio y es tan sutil que no se puede extraerlo del relicario sin correr el riesgo de dañar la imágen de Nuestro Señor impresa misteriosamente. Por lo tanto no ha podido ser estudiado científicamente ni el tipo de fibra y ni siquiera la impresión de la imagen.

En el Velo se ve el rostro de un hombre de cabello largo, con la cara tumefacta, la frente manchada de sangre y la nariz contusa. La mirada es atónita pero muy benévola y consoladora.

La respuesta a estos interrogativos no la puede dar la ciencia, sino unicamente la fe. Ver el rostro de un hombre que ha sido golpeado y ha sufrido, impreso en un Velo, como lo hemos visto nosotros, es uno de los misterios que apasiona a creyentes y no creyentes y es uno de los misterios más fascinantes de la bimilenaria historia de la Iglesia Católica.