Un reciente ensayo el filósofo Rafael Bautista aborda el uso de los corredores estratégicos Atlántico-Pacífico, que Bolivia como centro neurálgico puede regular descartando incluso su desemboque continental por puertos chilenos a favor de la costa peruana. “Usar la bioceánica de modo estratégico también supondría un proyecto más ambicioso: la integración amazónica entre Brasil, Bolivia y Perú”, con extensiones hacia el norte argentino e incluso a China, plantea Bautista, advirtiendo también sobre los “resabios señorialistas que aún perviven como patología estatal desde el 2006. Extractos:

  • Bolivia es el corredor idóneo de acceso al Pacífico. Nuestro país necesita un uso geopolítico de su condición de corredor geoestratégico, apuntando estratégicamente por dónde sale aquel corredor. Cuando de comercio se trata (tasas aduaneras, aranceles, peajes, etc.), a nadie se le ocurriría desestimar ser parte de semejante corredor.
  • Sin embargo, una geopolítica del mar, hoy por hoy, no puede postularse desde las mismas creencias señorialistas del pasado, aunque todavía “los resabios persisten en producir legitimidad de modo vertical, es decir, por dominación”.
  • No reclamamos nuestro derecho porque nuestra constitución lo diga. Nuestro derecho al mar, no se funda en la posesión; por eso no es un derecho reivindicacionista (aunque algunos de nuestros ministros no sepan distinguir esto).
  • Nuestro derecho tiene que ver con el derecho de todo pueblo a su continuidad territorial. Chile jamás podría argüir la previa presencia araucana o mapuche y menos española en el Atacama. La continuidad de pisos ecológicos que provienen de la era precolombina, advierten la conexión geopolítica del altiplano con la costa, conexión que produjeron los aymaras (que aún existen en el norte chileno).
  • Nuestro derecho proviene de algo anterior a todo discurso estatal: ningún pueblo puede vivir a costas y expensas de otro pueblo. El pretendido derecho que postula un Estado a costa de la vida de todo un pueblo no constituye derechos sino es la violación de todo derecho. Es irracional la pretensión de fundar el derecho en la conquista.
  • Una adecuada lectura geopolítica del contexto actual ayudará a perfilar una determinada política de Estado referida al mar: Se habla ya de la integración de dos nuevas potencias al grupo de los BRICS: Turquía e Indonesia y su importancia no es sólo económica sino comercial, regional y también geopolítica. Los ahora BRICSIT apuntan a una integración que va más allá de la puramente económica, lo cual ya se advirtió con la inclusión de Sudáfrica que, junto a India y Brasil, establecen la potestad de una ruta estratégica entre tres continentes.
  • Brasil necesita una conexión efectiva con China. Bolivia tiene importancia geoestratégica, pues es el corredor ideal que requiere Brasilpara consolidar su conexión bioceánica.
  • La bioceánica aparece como una oportunidad geopolítica que nos permitiría desplazar la importancia de los puertos chilenos y apostar a la creación de un corredor de integración económico-comercial entre Brasil, Bolivia y Perú.
  • Involucrar al Perú para nosotros es estratégico, pues por el potenciamiento del norte chileno, a costa nuestra, también el Perú sufre la postergación de su región sur. Significa no sólo utilizar los puertos de Ilo o Matarani. Una auténtica estrategia no acaba con el uso de puertos sino con una verdadera integración económico-comercial y sobre todo, geopolítica.
  • La bioceánica nos podría permitir un posicionamiento más beneficioso, pues se trata de una conexión que la potencia vecina requiere, sobre todo Rondônia y Mato Grosso, y Sao Paulo, el polo de mayor exportación del Brasil.
  • Apoyándonos en el hecho de ser la mayor parte del corredor, la decisión de direccionar la bioceánica significa una decisión política, o sea de política de Estado. Se trata de toda una estrategia que apunte a menguar la importancia de Arica e Iquique y el subsecuente potenciamiento de las regiones peruano-bolivianas involucradas.
  • La integración amazónica también perfila una nueva salida, hacia el Atlántico, por el Amazonas. Lo cual nos coloca en una posición atractiva en la región y, además, como conexión estratégica entre dos potencias emergentes, Brasil y China.
  • La revalorización de nuestra producción necesita orientarse a un paulatino desplazamiento de los productos chilenos de nuestro mercado interno. Sólo restándole nuestro mercado a la producción chilena, generaríamos las condiciones para bajar la soberbia de su Estado, sin necesidad de trifulcas mediáticas
  • Todo esto significa una legitimación de una nueva ideología nacional por vía democrática y acabar con el actual empecinamiento de buscar aquello por vía vertical. Lo cual descubre los resabios señorialistas que todavía mantiene nuestro Estado (aunque ya se crea plurinacional).
  • Por ahora seguimos nomás dependiendo de las materias primas y los recursos naturales no renovables: otra vez la visión señorialista del excedente en forma de extracción y no de producción: el “nuevo” Estado, persiste en el extractivismo. A esto llamamos la colonialidad de la política estatal. Porque el horizonte no cambia, la política que se adopta, tampoco.

Bolivia tiene importancia geoestratégica: es el corredor ideal que requiere Brasil para consolidar su conexión bioceánica. Si merecemos sobrevivir en el nuevo orden multipolar, si nuestras pretensiones pasan por acercar intereses comunes regionales a los nuestros, además de ofrecernos como garantía de integración hasta global, ya no estaremos tan solos.