La relación entre Evo Morales, el Movimiento Al Socialismo (MAS) y las organizaciones sociales de raíz sindical y comunitaria han marcado las pautas centrales de la política boliviana en la última década y conseguido importantes triunfos tanto en el campo electoral como en la constitución de un nuevo Estado denominado plurinacional, aunque aún no se ha perfilado un proyecto de sociedad en el contexto de la integración latinoamericana y caribeña por falta de una propuesta estratégica y los ingredientes organizativos e ideológicos correspondientes.

La formación del MAS estuvo antecedida por el esfuerzo de los sindicatos de productores de coca de la región del Chapare, al centro del país, los que al influjo de ex dirigentes mineros de Huanuni, Siglo Veinte y Catavi y campesinos del valle y el altiplano, que migraron a esta zona por la imposición neoliberal, impulsaron la formación del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP) para enfrentar tanto a los gobiernos que aplicaban la política estadounidense de erradicación armada de las plantaciones de coca como a los partidos políticos neoliberales.

Evo Morales llegó al parlamento como diputado del Chapare en 1997, luego ganó dos elecciones nacionales con el MAS y los movimientos sociales, en 2005 y 2009, que lo hicieron Presidente de Bolivia y consiguió otros resultados electorales importantes tanto para evitar su revocatoria, como para aprobar las nueva Constitución Política del Estado, convirtiéndose en un líder indiscutible del pueblo boliviano.

LA TRAYECTORIA DE LOS ULTIMOS AÑOS

El actual Presidente desde muy joven incursionó en el sindicalismo agrario y de inmediato fue catapultado como dirigente de las Federaciones del Trópico de Cochabamba, las de los cocaleros, para luchar, en unos casos, y negociar, en otros, con las autoridades y para representarlos en el campo político. De ahí que primero fue diputado con la sigla de Izquierda Unida (IU) y luego, al no ser reconocido el IPSP en la Corte Electoral, consiguió la sigla del MAS que sí tenía vigencia legal.

Las bases electorales del MAS han estado concentradas en los “movimientos sociales”, nombre genérico para identificar la fuerza protagónica de las movilizaciones populares y del proceso de cambios que se desarrollan en Bolivia, que tienen como sustento a la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (CSCIB), antes Colonizadores, de la que forman parte los cocaleros, la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia “Bartoliona Sisa” (CNMCIOB).

En los últimos meses se han alejado de esta coordinación la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB) y el Consejo Nacional de Markas y Ayllus del Qollasuyo (CONAMAQ), organizaciones ahora críticas del gobierno y el MAS por que consideran que la construcción de una carretera por el centro del país (TIPNIS) y el impulso a la industrialización de los recursos naturales afectan al medio ambiente y a las comunidades indígenas originarias de varias regiones del país.

De manera menos orgánica han estado vinculadas a los movimientos sociales las Federaciones de Juntas Vecinales de varias regiones del país, especialmente las de El Alto y Cochabamba, que tuvieron alta importancia movilizadora en la Guerra del Agua del 2000 y en la Guerra del Gas de 2003.

LA POTENCIA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

En este contexto el MAS, como organización política, no tiene ni la fuerza ni la estructura suficiente para orientar y dirigir a estas organizaciones sindicales y populares, las cuales tiene sus propios mecanismos de organización y movilización y sus dirigentes, si bien se consideran del MAS, tienen su propia manera de administrar y definir posiciones políticas o sindicales.

Por eso que los principales ejecutivos del MAS se presentan sin influencia propia y su organización no tiene capacidad de decisión en el gobierno, ni en las organizaciones populares. La despolitización y electoralización de la política de los veinte años neoliberales han influido negativamente en este sentido, debilitando las estructuras ideológicas y teóricas partidarias y fomentando el electoralismo.

Los últimos congresos del MAS han tenido un parcial impacto, efímero y momentáneo, y anecdótico en los medios de comunicación, pero no se han consolidado como el sostén político e ideológico del proceso boliviano, eligen dirigentes que no tienen el peso ni la potencia para convertirse en guías políticos del proceso. Su líder, por supuesto, es Evo Morales quien concentra su actividad en la Presidencia del Estado Plurinacional y en su relación directa con los movimientos sociales.

LA CENTRALIDAD DE EVO MORALES

La figura central de Morales opaca al MAS y la capacidad de acción y movilización, con fuerte tradición sindical y reivindicacionista, de los movimientos sociales de base sindical son los pilares del sustento gubernamental. Los últimos años las reivindicaciones sectoriales y corporativas han influido en la pérdida de la intensidad en el proceso de cambio.

Las organizaciones sociales y populares coinciden en la lucha nacional y antiimperialista, en tanto que la estructura partidaria o los cuadros partidarios del MAS no alcanzan a tener un peso, ni un perfil que determine el proceso político boliviano.

En lo que corresponde al programa, este ha sido planteado en términos gubernamentales primero como la “revolución democrática y cultural” y después como la “revolución industrial” de acuerdo a los Planes de Desarrollo aprobados por el Poder Ejecutivo. Sin embargo en términos de orientación estratégica se han manejado de manera indistinta y confusa los términos “socialismo comunitario”, “capitalismo andino-amazónico”, “socialismo del siglo XXI”, “sociedad del vivir bien” o “suma qamaña”, “socialismo andino” y “comunitarismo”.

Esto expresa la ausencia de una línea coherente y unificada, aunque los discursos del gobierno han sido claramente nacionalistas, latinoamericanistas y antiimperialistas en la política y las relaciones internacionales, con concesiones parciales a las transnacionales petroleras y mineras, a la banca y finanzas y a los agroindustriales del oriente. Uno de los riesgos mayores se presenta con un desmesurado crecimiento del negocio inmobiliario en el cual la banca y las finanzas ocupan un lugar central, lo cual puede conducir a peligrosas tendencias de crisis especulativas que no controle el gobierno.

DEL DISCURSO INDIGENISTA A LA PROPUESTA NACIONAL

Una característica en los últimos años ha sido la transición de un discurso radicalmente comunitario indigenista a una propuesta más nacional y latinoamericana, lo que se manifiesta en los proyectos de integración vial, de llegada a las regiones mas alejadas de los centros urbanos y el potenciamiento de las Fuerzas Armadas. En este sentido, el otro pilar, junto a los movimientos populares, son precisamente los militares que se han convertido en una institución central en la administración de Evo Morales.

Las tareas realizadas por la Agencia para el Desarrollo de Macroregiones y Zonas Fronterizas (ADEMAF), durante los últimos años, ha marcado un importante avance en la perspectiva de la ocupación del espacio territorial en zonas antes abandonadas del país, así como en el acercamiento a los sectores marginados espacialmente y que estaban prácticamente abandonados de las políticas del Estado. Los resultados iniciales del Censo Nacional del pasado año marcan una bajísima densidad demográfica.

El Presidente ha anunciado, en enero pasado, cuando cumplía siete años de gobierno, un programa denominado la “Agenda Patriótica para 2025”, año del bicentenario de la independencia de Bolivia, que contempla: erradicación de la extrema pobreza, industrialización de los recursos naturales, socialización y universalización de los servicios básicos, soberanía científica y tecnológica, soberanía financiera, soberanía alimentaria y transparencia en la administración.

Por otra parte, el rol ideológico y de implementación de las políticas oficiales tiene en el Vicepresidente, Alvaro Garcia a su operador mas destacado y lúcido pues, ante la falta de una organización política sólida, la ausencia de un movimiento de cuadros, la inexistencia de un programa y la cada vez mayor decisión de la burocracia estatal, su importancia se hace muy evidente.