Se la conocía, desde antes de ser Primera Ministra del Reino Unido, como la “Thatcher milk snatcher” (Thatcher quita leche). Entonces era ministra de educación. Así continuó su carrera política. La misma política de destruir los beneficios sociales, de desmantelar empresas estatales y de privatizar todo lo que era privatizable o podía ser puesta en la lista de privatizaciones.

En la política internacional una bomba de tiempo, anti comunista ferviente y pro políticas de Ronald Reagan, llevó al RU a la lucha cerrada y sin diálogo con ningún grupo social que planteaba alguna posición contraria a su visión de país.

Una mezcla de generosidad con los suyos y de brutalidad con los opositores dentro y fuera de su partido. Contrario a lo que se cree, no fue la que sacó la economía británica de un estancamiento sino que generó una economía financiera que con los años se verá que fueron desastrosos. No hubo un crecimiento del PIB como se esperaba ni la creación de empleo como se suponía. El gasto publico bajo pero no en cantidades suficientes como para justificar la gran pobreza que siguió. Tres millones de desempleados y salarios bajos. Los sindicatos británicos, particularmente el sindicato minero fue el enemigo público número uno, tanto que acusó a los sindicalistas como fuerza de oposición anti nacional. Destrozó la organización sindical en un país donde la fuerza de los Trade Unions era comparable solo con los países socialistas.

“La sociedad no existe” fue su sentencia y al desconocer la existencia de la misma se sintió con la autoridad de incentivar la competencia egoísta y sin paralelo. La economía de mercado no solo estaba en las grandes y ya privatizadas compañías sino que se fomento una relación económica brutal. Los impuestos se convirtieron en la mala palabra, bajarlos era el motor de una política totalmente neoliberal. La educación y la salud fueron su objetivo a destrozar y estuvo a punto, pero una controvertida rebelión interna logró desmarcarla y sacarla del poder.

El legado de la dama de hierro es un legado enfermo, una política económica que favorece a los banqueros y a los especuladores. Una economía que no ve salida sino en lo mismo de siempre: apretar a los más pobres para que los más ricos puedan seguir gozando de los beneficios que el sistema neoliberal les da.

De sus grandes logros se puede hablar y se hablara siempre pero como ejemplo de lo que una política basada en el mercado puede lograr, es un ejemplo de esa política.

Amiga de Pinochet, enemiga del partido de Mandela en Sud África, no reparaba en apoyar a uno y maldecir a otro y seguir calificando a uno de virtuoso y de terrorista al otro.

El triunfo en la guerra de la Malvinas le dio esa especie de aire de Mariscal, se sentía la más poderosa que la misma Elizabeth II, su arrogancia crecía cada día y hacía oídos sordos a las demandas de los pobres, excepto para aumentarles los impuestos. Una mujer que se veía como la verdadera reina. Defendiendo como una Búdica la unidad del Reino. Cualquier brote de autonomía regional era calificado como violación de la unidad del Reino.

Toda la manufactura británica desapareció, y para ella y sus políticas económicas era el camino a recorrer. El Reino Unido no se ha recuperado de la profundidad de los cambios que impuso Thatcher, la banca se hizo plenipotenciaria y el egoísmo y el abuso tomaron cariz de virtud.

Al haber matado de un plumazo la sociedad, los que quedaban eran individuos para defender sus intereses y nada más.

El rendir homenaje a Thatcher para los latinoamericanos es rendir, de soslayo, homenaje a la más ferviente defensora de Pinochet y ende a la justificación de sus políticas de enfrentamiento.

El IRA casi la mata en un atentado en Brighton hecho que justificó totalmente una asonada brutal contra ellos, persiguiéndolos y negando cualquier diálogo.

Las políticas neoliberales que impuso su gobierno todavía están vivas y los conservadores de hoy no son ni mucho menos, menos thatcheristas, para un gran sector de ellos la Dama de Hierro ojalá volviera.