(Hora 25).- El ex Defensor del Pueblo señala que la fortaleza institucional de una universidad pública como la UMSA, San Simón o San Francisco Xavier, radica en su autonomía. “Esa es la razón por la que debemos preservarla y evitar en todo momento los intentos directos o indirectos de violarla por parte de otros entes estatales, particularmente gubernamentales”. Sostiene, además, que se requiere inventar una nueva forma de hacer política en Bolivia.

P. Waldo, has lanzado tu candidatura para ser Rector de la UMSA. Cuál es tu diagnóstico de la Universidad boliviana en términos ideológicos.

R. En los últimos 30 años, tomando en cuenta la vigencia de la democracia en el país, la Universidad boliviana ha subutilizado las potencialidades que te permite adquirir y ejercer un régimen democrático, es decir, no supo aprovechar a plenitud las virtudes de este nuevo escenario histórico, a tal extremo que, en lugar de consolidar su liderazgo y fortalecer el rol trascendental que desempeñaba en otras coyunturas históricas como portavoz del movimiento popular y defensora de los intereses nacionales, ingresó en un extraño letargo, haciendo del silencio su principal forma de comportamiento. La Universidad boliviana perdió el norte ideológico, coincidiendo este extravío con la vigencia de los gobiernos de corte neoliberal. Sus autoridades y docentes, incluso algunos dirigentes estudiantiles se acoplaron al sistema asumiendo una especie de estrategia de sobrevivencia o de mero oportunismo.

En la actualidad advierto que le cuesta recuperar el discurso contestatario, hasta hace poco tiempo advertía con preocupación y hasta con una sensación de frustración, cómo determinadas direcciones estudiantiles que en otrora eran firmes aliadas del movimiento popular, estaban copadas por sectores reaccionarios, incluso de pensamiento fascistoide, especialmente en el oriente boliviano. Hablando más claro, las denominadas “Uniones Juveniles” sentaban presencia en Centros de Estudiantes y Fules, conformando grupos de choque al servicio de sectores oligárquicos, dedicados a perseguir y golpear indígenas, difundiendo además una clara posición racista. Este problema parcialmente fue superado en la mencionada región oriental del país.

En el lado occidental advertimos con preocupación la distorsión de la noble y altruista tarea dirigencial, sustituida por el prebendalismo y la corrupción. Las dos últimas gestiones de la Federación Universitaria Local en la UMSA constituyen un ejemplo emblemático de lo afirmado. Sin embargo estoy persuadido de la importancia de trabajar en función de restituir a la Universidad boliviana al escenario tradicional donde supo desenvolverse como firme defensora de intereses populares y nacionales. Todo ello sin perjuicio del desarrollo científico, avance académico y cualificación educativa en el que debe involucrarse de manera más decidida.

P. Cuál es tu diagnóstico de la Autonomía Universitaria en Bolivia. Cómo redimensionarla hoy para encarar los desafíos del Siglo XXI.

R. Con referencia a la Autonomía Universitaria debo enfatizar que se trata de una de las instituciones trascendentales del Sistema Universitario Nacional, forma parte de su propia identidad. No tiene sentido la existencia de una universidad pública sin autonomía, de lo contrario se convertiría en una entidad dependiente de cualquier gobierno de turno, sujeta a la voluntad y arbitrariedades de los estamentos políticos. La fortaleza institucional de una universidad pública como la UMSA, San Simón o San Francisco Xavier, radica en su autonomía. Esa es la razón por la que debemos preservarla y evitar en todo momento los intentos directos o indirectos de violarla por parte de otros entes estatales, particularmente gubernamentales.

El Art. 92 de la Constitución Política del Estado señala con claridad que las universidades públicas son autónomas y ésta consiste en la libre administración de sus recursos, el nombramiento de sus autoridades, su personal docente y administrativo, la elaboración y aprobación de sus estatutos, planes de estudio y presupuestos anuales. Por otro lado, el Art. 93 de la referida Constitución define que las universidades públicas serán obligatoria y suficientemente subvencionadas por el Estado, ello significa que, una vez que nosotros en ejercicio de nuestra autonomía elaboramos nuestro presupuesto, el Estado deberá solventarlo, sin embargo en la práctica los gobiernos permanentemente intentan imponernos un determinado presupuesto y hasta la forma de utilizarlo.

El Estatuto Orgánico de la Universidad Boliviana y el propio Estatuto Orgánico de la UMSA, profundizan mucho más el concepto de autonomía, sin embargo de lo que se trata no es de limitarnos a describir la norma legal que nos sustente, sino de actuar en función del fortalecimiento y consolidación de dicha autonomía. En ese entendido el Siglo XXI debe ser el escenario cronológico ideal en el cual la Universidad Boliviana y la UMSA en particular encuentren el espacio para un relanzamiento institucional, allanando espacios que permitan a la UMSA interactuar con los demás sectores de la sociedad civil, así como las entidades estatales. Llegar de manera más contundente a las zonas rurales, ampliando los servicios de la institución, investigando y produciendo científicamente de acuerdo a las nuevas necesidades de desarrollo, cualificando aún más el ejercicio docente, eliminando todo vestigio de corrupción y burocracia, generando los mecanismos necesarios para el respeto de los derechos humanos de docentes, estudiantes y administrativos al interior de la universidad, consolidando el fortalecimiento económico, desde luego todo ello en el contexto de una autonomía universitaria realmente institucionalizada.

P. Cómo analizas el tema de la Educación Superior en América Latina y cuál tu análisis haces de las movilizaciones estudiantiles en Chile para lograr una educación gratuita.

R. En América Latina la educación superior tiene que ser una tarea ineludible del Estado, no es posible lograr un desarrollo pleno en ausencia de la educación. Sin embargo se advierte con preocupación que en la región y especialmente en Bolivia, la iniciativa privada fue ganando espacio paulatinamente, pretendiendo desplazar al Estado y de esta manera desligarlo de esa importante obligación que éste tiene de promover y solventar la educación superior, asignando un presupuesto suficiente para el funcionamiento de las universidades públicas.

Bajo el paraguas de los sistemas neoliberales en muchos países, incluido el nuestro, emergieron centros de educación superior privadas a borbotones, que si bien la razón de su existencia y surgimiento es el de proporcionar formación académica a las personas, sin embargo no se puede ignorar que la causa principal para el funcionamiento de estas entidades privadas, es el lucro, ese es su principal objetivo, por ello diseñan su estructura institucional, planes académicos, toma de materias, priorizando el mayor ingreso económico, en desmedro de una verdadera formación académica a favor de los y las estudiantes.

Frente el saturamiento de las universidades públicas, surgen las universidades privadas que ofrecen dar formación en diversas áreas, para diferentes carreras, sin embargo su comportamiento y relación con los estudiantes es meramente mercantilista.

Se advierte entonces una peligrosa consolidación del sistema privado de educación superior, bajo esa visión eminentemente comercial. En ese sentido veo con simpatía los movimientos de protesta suscitados en Chile por parte de los estudiantes que tuvieron el valor y la lucidez de interpelar al Estado chileno, a sus autoridades, defendiendo la educación gratuita y pública.

Queda claro que la consigna debe ser la defensa de la educación superior gratuita, a partir de la obligación constitucional que tiene el Estado de solventar el funcionamiento de las universidades estatales, desde luego en ejercicio pleno de su autonomía.

P. Cuál es tu trayectoria política. Militastes en el PS-1 de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Cuál es tu balance de esa experiencia a la luz de los proceso políticos contemporáneos que vivimos en América Latina: la emergencia de gobiernos populistas-extractivistas de izquierda (Venezuela, Bolivia,Ecuador, Brasil, Uruguay) y otros movimientos como el EZLN.

R. Milité inicialmente en el Movimiento Popular de Liberación Nacional (MPLN) integrada por ex militantes del ELN que decidieron construir esa organización política para materializar sus objetivos revolucionarios formando parte del escenario democrático que se aperturaba después de la dictadura de Bánzer (1978), justo el año que ingresé a la UMSA, aunque mi persona por razones generacionales no fue parte del ELN, sin embargo me convencieron los objetivos ideológicos de esta nueva alternativa política. La organización estaba liderizada por Ramiro Velasco Romero.

En 1982, después del golpe de García Meza y antes de la nueva apertura democrática, la organización, con toda su militancia se fusionó al Partido Socialista Uno, entidad política en la que milité hasta 1987. Dejé la militancia partidaria al asumir cargos de dirección en la Asamblea Permanente de Derechos Humanos.

En cuanto a la emergencia de alternativas políticas de izquierda en el continente, considero que constituyen una respuesta a los regímenes constitucionales de corte neoliberal que invadieron el continente bajo la égida de la economía de mercado. Sin embargo vale la pena advertir que cada experiencia tiene sus propias características, no es lo mismo lo acontecido en Brasil que en Venezuela, lo del Ecuador, que Bolivia o Uruguay. En el caso boliviano si bien los resultados electorales de 2005 y 2009 fueron contundentes a favor del MAS bajo el liderazgo de Evo Morales, sobre todo tomando en cuenta que en los últimos 45 años ningún candidato había obtenido la mayoría absoluta, sin embargo es menester hacer notar que la acumulación del descontento social frente a los partidos tradicionales, tuvo mucho que ver en esta nueva opción ciudadana, es decir, no fue el mérito de los candidatos que hasta ese momento no habían hecho nada para convertirse en portavoces genuinos del pueblo boliviano, sino la opción política de la ciudadanía que castigaba a quienes durante 25 años habían administrado el Estado sin mostrar resultados positivos considerables.

En mi criterio los actuales gobernantes del país están sirviéndonos el pasado en copa nueva, porque han reeditado las viejas prácticas de sus antecesores, especialmente en lo concerniente al enriquecimiento ilícito, autoritarismo, violación de derechos, corrupción y dependencia política en la Fiscalía y los tribunales de justicia y burocratización del Estado.

P. ¿El tema de la democracia, la libertad y la justicia, no son ejes que una nueva izquierda debe empezar a revalorizar?

R. Lo mencionado en la respuesta anterior, no significa que nuestro país no requiera de una alternativa de izquierda, por el contrario, se trata de generar un verdadero instrumento político que tenga la capacidad para generar mecanismos de inclusión social, de extinguir al Estado excluyente e insensible que aún se mantiene como tal, de eliminar las asimetrías sociales y de promover una nueva forma de hacer política, ésta muy vinculada a la ética, al altruismo, a las convicciones democráticas, a la vocación de justicia. En esta perspectiva advierto con frustración que el actual gobierno lo que hizo es reforzar las bases de sustentación del viejo Estado corrupto, controlado políticamente en todas sus instancias desde el Gobierno, por ello hoy hablar de autonomía del Órgano Judicial o independencia del Ministerio Público es una quimera, es más, los niveles de mediocridad profesional y de corrupción especialmente en el sistema de administración de justicia hoy se están fortaleciendo con la participación de aquellos juristas que en forma oportunista se vincularon al MAS y están haciendo exactamente lo mismo que hacían los militantes del MNR, MIR o ADN en anteriores gobiernos, es decir, usufructuar del poder y enriquecerse ilícitamente, eso no es cambio, es continuidad de lo que hicieron los políticos del ayer.

Por ello la necesidad de una nueva izquierda cuya militancia recupere el altruismo y la lucidez de Néstor Paz, de Luís Espinal o Marcelo Quiroga Santa Cruz, cuyos líderes no pierdan la sensibilidad humana cuando están en el poder.

P. Has sido defensor del pueblo. Cómo vistes esa experiencia bajo el signo del Estado (estado intermediario) en Bolivia.

R. Mi paso por la institución del Defensor del Pueblo, hoy denominada Defensoría del Pueblo, fue una de las experiencias más hermosas de mi vida, porque me permitió materializar a plenitud mis ideales y convicciones, poniendo al servicio de la ciudadanía todos los días mi cuerpo, mente y vocación de justicia, desde las 6 de la mañana hasta casi media noche, era el primero en llegar y el último en retirarme de la oficina. Si bien yo ya venía con la experiencia adquirida en la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, entidad que la presidí durante 12 años, sin embargo debe tomarse en cuenta que en la Asamblea mi accionar era como activista, ad honorem y desde la sociedad civil, en cambio en la Defensoría como fui nombrado por el Congreso Nacional, ejercía un cargo de alta jerarquía, era una autoridad, un servidor público, por consiguiente implicaba mayor responsabilidad.

Debo enfatizar que nunca me consideré autoridad pública sino servidor público, hablando de igual a igual con la gente a través de una relación horizontal y comprendí que dicha entidad podía convertirse en un perfecto interlocutor o intermediario entre el Estado y el pueblo, en ese sentido desarrollé una importante labor de mediación, ayudando a solucionar los conflictos a través del diálogo y la concertación. No fue fácil frente a un país tan complejo pero lo hice, ayudamos a evitar derramamiento de sangre. No teníamos por qué ser imparciales porque la imparcialidad en la defensa de los derechos humanos viene a ser una impostura, debes tomar partido, pero a favor de la víctima, ello en circunstancias de flagrantes atropellos a los derechos humanos. Aprendí mucho en dicha institución y le guardo un cariño especial, lo mismo que a la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia. Ambas entidades son baluartes de nuestra democracia, aunque el actual gobierno las trató de dañar constantemente.

P. ¿Cómo analizar el tema de las alternativas políticas a construir a los actuales regímenes extractivistas-populistas?

R. Si bien es evidente que la economía de estos países, entre ellos Bolivia, tiene su base en la extracción y exportación de recursos minerales o hidrocarburíferos y que en la actualidad gracias a la elevación de los precios en el mercado internacional ha generado una especie de bonanza económica, cabe aclarar que ésta no es virtud de los actuales administradores del Estado, sino precisamente de este fenómeno. En el caso nuestro (Bolivia) no creo exagerar al afirmar que tal elevación de precios dio lugar a una de las coyunturas económicas más favorables de la historia del país. Lo que genera preocupación es el hecho de que obviamente no tenemos la garantía de que esta situación será permanente lo que significa que no estamos preparados como país para afrontar cuando la situación cambie, porque no depende de nosotros. Ante esa eventualidad resulta fundamental el impulso y desarrollo de otras alternativas económicas, las cuales no están siendo impulsadas por el actual régimen cuyos titulares actúan pensando en el presente, preocupados más por su estadía en el gobierno que en adoptar previsiones para el futuro.

Advierto también que se invierten cifras exorbitantes de dinero en intentar recuperar la imagen presidencial, sin embargo esta actitud está causando molestia en la población que observa con impotencia e indignación la dilapidación de nuestros recursos. No encuentro justificativo para gastar tanto dinero, creo que son más de 45 millones de bolivianos, en construir un museo en Orinoca con el sólo objetivo de satisfacer el ego del Presidente cuando existen en Bolivia muchos sitios arqueológicos que requieren atención del Estado, incluso para incentivar el turismo en el país. Resulta hasta inmoral querer recuperar espacios políticos con nuestra plata. La malversación de recursos en el TIPNIS para dividir al movimiento indígena es un claro ejemplo de que los gobernantes perdieron el sentido altruista y ético de la política. Precisamente por ello este país necesita un nuevo instrumento político, cualitativamente distinto, también estoy convencido que requerimos inventarnos una nueva forma de hacer política en Bolivia, la gente exige algo nuevo, no podemos construir un país más justo y un nuevo colectivo humano, sobre la base de las viejas prácticas políticas que aún subsisten.