En la medida que crecemos el cerebro “poda” las neuronas innecesarias para trabajar de forma más eficiente, por lo que un mayor volumen cerebral podría indicar menos madurez, lo que no significa menor coeficiente intelectual. Al parecer, una gran mayoría de las personas consideradas geniales padece gota.

Algunas personas con más frecuencia de la deseada añaden azúcar en lugar de sal a la comida o buscan desesperadas el champú que como por arte de magia aparece dentro del refrigerador, sin que la responsabilidad de tal “milagro” se pueda achacar al ilusionista David Copperfield. ¿Esto suele ocurrirle a usted? Entonces, quizá, tenga más masa encefálica en una región del cerebro llamada lóbulo parietal superior (LPS) izquierdo; al menos, esa es la teoría expuesta por Ryota Kanai y sus colegas de la Universidad de Londres, en la revista Journal Neuroscience.

Hasta hace unos años se asociaba el tamaño del cerebro con la inteligencia, pero después los científicos descubrieron que las conexiones cerebrales se han vuelto más complejas por la evolución humana. El cerebro completa su madurez a los 20 años, aunque antes se somete a la eliminación de las conexiones neuronales innecesarias.

Desde que nacemos el cerebro comienza a establecer conexiones neuronales, pero en la pubertad en lugar de producir otras nuevas ocurre un proceso de “poda” de las sinapsis que ya no sirven. A esa conclusión llegó Deborah Yurgenlun-Todd, profesora de Psiquiatría de la Universidad de Utah, quien sometió a adolescentes y adultos a escáneres cerebrales mientras se les mostraban rostros que reflejaban distintas emociones.

La última región del cerebro en desarrollarse es la corteza prefrontal, responsable de funciones como la anticipación, el control emocional y la comprensión de los demás. La inmadurez de la corteza prefrontal en los adolescentes explica la impulsividad, la no identificación con los sentimientos de los demás y las conductas de riesgo. Esa es la razón por la cual los muchachos ven el mundo en blanco y negro, mientras que los adultos pueden apreciarlo en toda su gama de colores.

En la medida que crecemos el cerebro “poda” las neuronas innecesarias para trabajar de forma más eficiente, por lo que un mayor volumen cerebral podría indicar menos madurez, explicó Kanai. El mayor volumen de materia gris significa menos madurez cerebral. Pero tranquilo, no se apolisme el cerebro, su coeficiente intelectual para nada resulta más bajo que el de los “avispados”.

Para comprobar el papel del LPS izquierdo en la concentración, el equipo de la Universidad de Londres realizó varios experimentos con un grupo de voluntarios sanos. Los participantes respondieron preguntas como “¿cuándo va al supermercado olvida lo que debe comprar?” o “¿en la vía pública no se percata de las señales del tránsito?”. Cada respuesta tenía una puntuación. Quienes más preguntas de este tipo respondieron de forma afirmativa obtuvieron las calificaciones más altas.

Estos resultados fueron confirmados con otro test consistente en someter a los voluntarios a pruebas estructurales de Imágenes de Resonancia Magnética (IRM), lo que permitió observar características físicas diferentes en el cerebro de las personas que manifestaron ser más distraídas. Una prueba adicional consistió en el desarrollo de actividades que permitieran desviar la atención. Ello permitió a los científicos observar que las personas “despistadas” demoraban más tiempo en realizar la tarea porque se entretenían demasiado.

Para comprobar la teoría de la inmadurez cerebral los científicos “apagaron” el LPS izquierdo de los participantes y comprobaron que los distraídos tardaban un 25% más tiempo en desarrollar las actividades. Según los investigadores esta zona del cerebro desempeña un “papel jerárquico” en la concentración y aunque aún se desconoce porqué actúa de esa manera, el cerebro de los que focalizan menos su atención en el desarrollo de una actividad, al parecer, es menos maduro.

Como para todo existe solución, el equipo de la Universidad de Londres trabaja ahora en el desarrollo de una terapia llamada estimulación transcraneal directa, consistente en enviar señales eléctricas por medio de electrodos al LPS izquierdo. Aunque el remedio contra las distracciones posiblemente se encuentre listo en un futuro cercano; tal vez lo mejor sea mejorar la concentración y poner más interés en lo que se hace y evitar así que se olvide la comida puesta al fuego.

La gota y los genios

Uno de los inventores más productivos del mundo: Tomás A. Edison, solía decir: el genio es un 10% de inspiración y 90% de sudor. Respecto a esa famosa frase expresaba un escritor: “Podemos creerle a este hombre de alta labor creativa, pero la cuestión es ¿de dónde sale aunque sea un solo por ciento de la inspiración que crea en nuestra Tierra todo lo más perfecto e inmortal?”

Hoy, con el descubrimiento del genoma humano, no tardará mucho en que se pueda conocer la estructura genética de cada una de las personalidades sobresalientes, pues la fuente de pensamientos, ideas y creaciones del cerebro humano, todavía no está estudiada con toda la profundidad requerida para ello. Se conoce que el intelecto, igual que cualquier otra cualidad del hombre, se forma bajo la influencia de factores genéticos y ambientales. Según estudios científicos, el desarrollo intelectual, aproximadamente en el 80% viene condicionado por las causas genéticas y sólo el 20% se debe al entorno social.

Sin embargo, la gota que padecen algunos de los genios, parece ser otra cosa. En un trabajo muy interesante que publicara Ellis hace más de medio siglo, titulado Historia del Genio Inglés, este autor reflejó el estudio de la vida de 1.030 ingleses quienes, desde su punto de vista merecían atención “como personas sumamente relevantes y geniales y puso en claro que entre ellos 53 padecían gota”, proporción que supera de cinco a 10 veces el porcentaje ordinario de los que sufren esa enfermedad.

Posteriormente otros investigadores que trataron de explicar la naturaleza enigmática de la genialidad propia de los gotosos, expresaron la idea de que en este caso se debía tomar en consideración el papel que juega el ácido úrico que estimula el trabajo del cerebro y uno de los principales factores favorecedores de ese trastorno.

El ácido úrico es un compuesto químico producto final del metabolismo de las purinas y los ácidos nucleicos. Circula por la sangre, en parte de forma libre y también combinado con las proteínas del plasma. Se elimina a través de la filtración del riñón a razón de unos 700 miligramos diarios que pueden variar considerablemente dependiendo de la dieta. Algunos metabolismos poco eficientes incrementan la formación de este ácido úrico, aumentando por consiguiente su concentración en sangre, con el peligro de que se precipiten hacia los tejidos en forma de cristales de urato, lo que sucede cuando rebasa su límite. Esta situación recibe el nombre de hiperuricemia.

Se producen entonces diversas manifestaciones patológicas como la gota articular aguda, la calculosis renal, la artritis y el reumatismo. Si se compara estructuralmente el ácido úrico con la cafeína y la teobromina, conocidos como estimulantes de la actividad cerebral, coinciden significativamente. El organismo humano contiene cerca de un gramo de esa sustancia, en el de los gotosos, su contenido es de veinte a treinta veces mayor.

Por su parte, en las investigaciones del estudioso Ya. Golovánov sobre los grandes científicos, habla de 39 representantes insignes de la ciencia mundial. Cinco de ellos: Galileo, Harvey, Newton, Leibniz y Linneo, padecían gota, también Emmanuel Kant, Franklin R. Boyle y Berzelius, sufrían de esa enfermedad. Se cuenta que dicho padecimiento perseguía a la Familia de los Médicis y a los Duques de Lorena. Miguel Ángel, Martín Lutero, Calvino, Erasmo de Rotterdam y Tomás Moore, Oliverio Cromwell, el Cardenal Julio Mazarini, Stendhal y Maupasant, Goethe y Turguénev, Bismarck, Alejandro Magno y el Zar Iván el Terrible, cada uno de ellos presentaban ese padecimiento en forma grave.

Está demostrado que el principal rasgo distintivo de estas personas llamadas geniales, es su tenacidad que vence todos los obstáculos para alcanzar el objetivo que se proponen, la voluntad que subordina a la mayoría y la total movilización de sus fuerzas.

El porcentaje de individuos con gota grave entre los hombres destacados – del bien y del mal- es desproporcionadamente grande y aunque aparentemente, como cualquiera otra enfermedad no debe favorecer, sino por el contrario, obstaculizar toda clase de actividad y, por consiguiente, impedir la manifestación de cualquiera de sus capacidades parece ser que no es así para los genios gotosos.

* Periodistas de Prensa Latina.