Recuerdo cuando en el año 2003, el campesino surcoreano Lee Kyoung Hae se inmoló en protesta debido a las políticas neoliberales contra el campo que dictaba la OMC. Recuerdo que este mensaje fue un impacto muy fuerte para el mundo entero. Hoy ese grito, esa rabia, está cada vez más presente en el campesino mexicano al vivir una política de gobierno empresarial, despojando territorios, cultura y vida con los megaproyectos. Tal vez no utilicen helicópteros como en Avatar, pero una mina a cielo abierto no le pide nada a los efectos de Hollywood.

Hoy a los pueblos campesinos e indígenas, a quienes están despojando gravemente de sus derechos, el poder estatal y nacional dice: “No es para tanto”. Tales fueron las palabras de la Lic. Araceli Ruiz Mendoza de la Sexta Visitaduría de Comisión Nacional de Derechos Humanos al hablar de la queja a los Derechos Humanos que han interpuesto en Morelos, Puebla y Tlaxcala por la construcción del Proyecto Integral Morelos (PIM): “No es para tanto, la verdad es que tenemos muchos casos y estos no son delitos de lesa humanidad, a esos les ponemos más atención y se resuelven en 6 meses… Ustedes no pueden ver el informe de la CFE porque es confidencial, aunque sean los que se quejan… Del abuso y hostigamiento de la fuerza pública, agoten las demás instancias y ya luego vienen con nosotros”.

Esto pone en entredicho la efectividad y transparencia de la CNDH frente a un proceso de defensa de los derechos, ya que omite y reserva información indispensable para el conocimiento de las partes y la conformación de un expediente imparcial en la queja con folio 124203, el informe a Derechos Humanos emitido por la CFE es confidencial en un 100%, y la SEMANART solo contesta: “no conozco el Proyecto Integral Morelos, consistente en una termoeléctrica en Huexca y un gasoducto que atraviesa Morelos, Puebla, Tlaxcala”.

La Lic. Araceli dice que ya tienen preparada la conclusión del caso, pero ni siquiera se puede tener acceso al informe de las autoridades, y la CNDH decidió no investigar el resto de violaciones que se señalan en la queja como, la fuerza pública estatal y federal, el Gobierno de Morelos y Gobiernos Municipales.

Así es como quieren normalizar la problemática de Huexca y los pueblos del Popocatépetl, que están a la expectativa del grado de imposición con el que la CFE pretende realizar el Proyecto Integral Morelos. El PIM implica un gasoducto de 160 km, 92% del trayecto en zona de riesgo volcánico, dos centrales termoeléctricas en Huexca, un acueducto de 12 km y una extracción diaria de 50 millones de litros de agua, afectando directamente a más de un centenar de pueblos.

El problema de la termoeléctrica no sólo es en Huexca; es un problema de desarrollo extractivista que ha afectado gravemente, y en silencio, gran parte del agua que consumimos en México y Estados Unidos. El problema de las termoeléctricas es un problema de distribución, desabasto y contaminación de agua, a la par de una quema de hidrocarburos que ha causado ya graves consecuencias al medio ambiente, y siguen causando en una completa impunidad desatada.

Normalmente, cuando se habla de política energética no se relaciona con una política de aguas nacionales; sin embargo cuando nos dicen generación de luz nos están diciendo “lugares con agua”. Según el Instituto de Geofísica de los Estados Unidos[1], para el año 2000, 40% de su agua fue utilizada para la agricultura, 39% para las termoeléctricas y solo 17 % para una población de 313 millones 914 mil habitantes.

Según la Secretaría de Energía en México, el 71% de la energía eléctrica es producida por termoeléctricas, 18% las hidroeléctricas, 5% carboeléctricas, 2% nucleoeléctricas y 4% por energías renovables[2]; en el 99% de todas ellas el recurso estratégico para que funcionen es el agua. Pero, bajo la tecnología de las termoeléctricas, en el proceso mucha agua se pierde, y el resto es de difícil recuperación, debido a la evaporación a altos grados de temperatura y la mezcla de químicos lacerantes.

Sería un absurdo decir que este gasto de agua es indispensable, porque no es lo mismo generar fuego con llantas, que con varas secas.

Tan sólo la termoeléctrica de Petlacalco, Guerrero, consume más agua que el Estado de México y Distrito Federal juntos. Su gasto de agua anual reportado a Conagua es de 3,122 millones de metros cúbicos[3], 99 000 litros por segundo, agua suficiente para duplicar el riego de los estados de Tlaxcala, Puebla y Morelos. Las termoeléctricas son las industrias de generación eléctrica que mayor impacto causan al agua, con otras tecnologías el gasto de agua sería casi nulo.

El agua de Petlacalco fue ocupada en 2010 para producir 16,234 GWh[4], cantidad suficiente para iluminar 2770 millones de hogares con 4 focos de 60w durante 4 horas los 365 días del año; en México somos 25 millones de hogares. Pero para la SENER y CFE esta cantidad de energía solo es el 5% de la energía eléctrica generada en el país. ¿En realidad estamos consumiendo tanta energía? ¿Necesitamos gastar tanta energía?

Hablando de regiones del agua, Petlacalco se encuentra en la Cuenca del Balsas y es en esta misma cuenca donde se está imponiendo la termoeléctrica en Huexca. El gasto de agua para el PIM no es nada despreciable, 50 millones de litros de agua, cantidad suficiente para dotar del vital líquido a la ciudad de Cuautla y sus alrededores, agua que es usada por los campesinos del Municipio de Villa de Ayala, Morelos para mantener sus tierras de riego. Estas acciones implican la violación al derecho humano al agua garantizado por el artículo 4° constitucional.

El crecimiento de las termoeléctricas es un desperdicio de agua, si tomamos en cuenta que en el país existe un superávit en la producción energética, mientras que las plantas hidroeléctricas y termoeléctricas del país están produciendo a un 60% de su capacidad, entonces ¿Para qué construir más proyectos de explotación acuífera y de hidrocarburos? ¿Para qué afectar las zonas de vocación agrícola? Ya en Chihuahua se han secado cuatro manantiales a causa de las termoeléctricas de Samalayuca[5]. “Cerrar la llave del agua” es una gran ayuda para “salvar el planeta”, pero más contribución haría cerrar millones de llaves al mismo tiempo, como lo es parar la generación de energía por medio de las termoeléctricas.

Sin embargo, las termoeléctricas son las más promovidas en México. De 2001 a 2012 se construyeron 22 termoeléctricas, todas concesiones extranjeras, con una capacidad total de 11.907 MW[6], aumentando la generación eléctrica en el país un 20%. Para este año se espera la culminación de otros diez proyectos, nueve de ellos termoeléctricos, que generaran 4.109 MW[7], un 6% más de energía ya excedente en el país. Este año están en licitación media docena de termoeléctricas más y viene una mayor cascada de ellas, impulsadas muchas principalmente para la generación del mercado del gas natural. Ya lo dijo el Gobernador de Morelos Graco Ramírez, el principal objetivo del Proyecto Integral Morelos es el abasto de gas natural para la inversión industrial en la región.

Según datos de la CONAGUA la concesión de agua para las termoeléctricas es 20% más alto que el consumo de agua de toda la industria en el país. Por lo que la instalación de las termoeléctricas con una visión industrial significa un grave impacto a los mantos acuíferos de la región, violando el “Programa de Ordenamiento Ecológico del Volcán Popocatépetl y su Zona de Influencia en el Estado de Morelos”. Ya que la zona es una región estratégica para la recarga de agua que impacta hasta el Distrito Federal, es decir la Cuenca del Balsas.

Bajo estas tendencias se deja ver que la generación de energía eléctrica en el país no es un sector “en necesidad de crecimiento”, sino un negocio energético, y la apertura para un sistemático despojo de la tierra y agua campesina. Pero además, si la generación de energía es un “factor estratégico de crecimiento”, lo es sobre la especulación y la sobreproducción energética, y además no se habla del gasto y contaminación del agua, un eje estratégico de cuidado nacional. Porque hablar de una política energética y crecimiento de la industria eléctrica significam en los hechos, hablar de una política de aguas nacionales, y por ende de producción agrícola y soberanía alimentaria.

La problemática del agua en Morelos se suma a las incongruencias del PIM, debido a los riesgos volcánicos y una política congruente de Protección Civil, se suma a la falta de consulta a los pueblos y la afectación agrícola que causará, como también al medio ambiente y la salud. La lucha por que el agua no se la lleven para la termoeléctrica en Huexca, puede abrir un debate necesario y urgente para el país: “El agua y la generación de energía eléctrica”

Porque lejos de “hacernos avanzar”, la política energética que se ha implementado en el país, además de las afectaciones ambientales, a la economía local y la salud, existe un descontento nacional por la creación de infraestructura energética de capital privado, un movimiento nacional de usuarios contra las altas tarifas de luz, más de tres millones de quejas contra la CFE y decenas de demandas por autofraude. Y existe todo un movimiento nacional buscando otra política energética.

Hoy la instalación de megaproyectos en México es una ley “implícita de desarrollo”, INCUESTIONABLE y el Gobierno solo está dispuesto a negociar “beneficios para la comunidad, como si fuera una reparación previa al daño. A los que no están de acuerdo con los megaproyectos se les pretende imponer por medio de amenazas, desinformación, represiones y asesinatos. Olintla-Puebla, Huexca-Morelos, Ocotlán-Oaxaca o el Istmo de Tehuantepec son claras violaciones a los derechos humanos y la criminalización de la protesta social. Mientras que las autoridades dicen “no es tan grave”, voltean a San Salvador Atenco a ofrecer disculpas amistosas y la promesa de reactivar el proyecto de aeropuerto, atacándolos desde hace más de un año con el despojo de pozos para riego agrícola.

En México los megaproyectos y el respeto a los derechos humanos se han convertido en polos opuestos, directamente proporcionales las violaciones que hacen o “están dispuestos a hacer”, a la magnitud del proyecto.

Notas: