Las revelaciones realizadas por el Presidente encargado de Venezuela Nicolás Maduro acerca de un complot para matar al opositor Henrique Capriles confirman informaciones llegadas desde Miami, las cuales dan cuenta que los ex altos funcionarios norteamericanos Otto Reich y Roger Noriega, ambos vinculados a la CIA, han confabulado con grupos de la ultraderecha venezolana un plan para eliminar a Capriles y convertirlo en “mártir”, y acusar al gobierno venezolano del crimen.

Roger Noriega y Otto Reich se dedican a tiempo completo a difamar a los países progresistas de América Latina y a conspirar a favor de la derecha golpista del continente. Noriega, ex alto funcionario del Departamento de Estado que en meses pasados se consagró en la generación de rumores acerca del ex presidente de Venezuela Hugo Chávez, es el mismo individuo que en los años 80 fue cómplice del escándalo Irán-Contra, una operación de tráfico de armas y de droga a favor de la contrarrevolución nicaragüense.

A finales de enero de 2004, Noriega, entonces embajador ante la OEA como Subsecretario de Estado para América Latina, comparecía ante un comité del Senado en vista a su nombramiento por George W. Bush como Secretario de Estado adjunto para el Hemisferio Occidental. Ante unos senadores complacientes, Noriega se abstuvo de brindar los detalles más vergonzosos de su relación con el equipo del tristemente célebre Oliver North que reunía individuos tan poco recomendables como Elliot Abrahams, John Negroponte, Otto Reich y Roger Pardo-Maurer, mientras se encontraba en la Agencia para el Desarrollo Internacional, USAID.

En este organismo, que una vez más se confundía con la CIA, Noriega supervisaba por lo menos oficialmente la “ayuda no letal” a la llamada Contra nicaragüense. Más tarde se conoció la verdadera naturaleza de esta tarea cuando un delincuente con vínculos con el cártel de Medellín, que se dedicaba entonces al lavado de dinero en Miami, testificó ante un comité senatorial que él personalmente había limpiado 230 mil dólares a través de una cuenta bancaria utilizada para estas operaciones “no letales” dirigidas por Noriega. (1)

Noriega y otros personajes que luego jugaron un papel clave en la administración Bush, estuvieron directamente involucrados en la organización y financiación de las bandas de mercenarios asesinos. (2) Se sabe que en otro momento, Noriega ordenó un subsidio de USAID de nada menos que 750 mil dólares a favor de la Fundación Thomas A. Dooley, encabezada por Verne Chaney, un colaborador del general retirado John Singlaub, quien asistía a Oliver North en la organización de la red de suministro ilegal de armas a los Contras.

En este mismo circuito apareció el terrorista Luis Posada Carriles, bajo órdenes de Félix Rodríguez Mendigutía; se dedicaba a traficar cocaína. Cuando estalla el escándalo, con la intercepción del piloto Eugene Hassenfus, Noriega y Posada vieron por conveniente alejarse rápidamente. Noriega reapareció más tarde como funcionario en la OEA antes de ser el brazo derecho del “Senador No”, el ultra conservador Jesse Helms que asesoró en la redacción de la ley asesina Helms-Burton destinada a sofocar a la Revolución cubana.

Llama la atención que fue el propio Noriega quien más tarde, desde el Departamento de Estado, se apropió del expediente de Luis Posada Carriles, el terrorista internacional que Washington se niega enjuiciar, que luego orientará hacia el juicio-trampa de El Paso. Los archivos indican cómo el 20 de mayo de 2003, Noriega organizó un encuentro de George W. Bush con once miembros de la extrema derecha cubanoamericana del Sur de la Florida, entre los cuales se encontraba nada menos que Ernesto Díaz Rodríguez, jefe del grupo terrorista Alpha 66.

Desde que se retiró de la administración federal, Noriega alquiló sus servicios de asesoría a la dictadura hondureña de Roberto Micheletti, e intervino ruidosamente en Perú para obstaculizar la elección de Ollanta Humala. Convertido en defensor de la democracia, estuvo al lado de Ileana Ros-Lehtinen, ex jefa del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Baja estadounidense, entre los más activos defensores de la dictadura de Micheletti y de su sistema represivo.

Con la complicidad de un diario golpista hondureño y de la agencia derechista española Europa Press, Noriega no cejó en su campaña anti Venezuela y llegó a “advertir” que el presidente Chávez buscaba crear un “estado de caos” en Honduras para “preparar el terreno a los narcotraficantes” y lograr “extender su modelo a Centroamérica”. En declaraciones al diario hondureño El Heraldo, Noriega afirmó que “Honduras está bajo mucha presión por Chávez, por su red de países”, y que está “presionando al presidente Porfirio Lobo y a la ciudadanía” mediante “la violencia, las huelgas” con la colaboración de “agentes”, trabajando “para desestabilizar la sociedad”.

En su versión distorsionada de lo ocurrido en Honduras, consideró que “si sigue esta senda”, Lobo tendrá que “sacrificar parte de su soberanía” y “ordenar su política exterior con Chávez y ese grupo de países”, lo cual “implica una decisión de trabajar en unos casos en contra de los intereses de Estados Unidos, que es el enemigo principal de Chávez; recibir a los iraníes y otros que son parte de la red” del gobernante venezolano.

Las teorías de Noriega sobre el futuro de Honduras no terminan ahí. Sigue luego con afirmaciones groseras acerca del ex presidente Manuel Zelaya, al que califica de “payaso”. “Según nuestras fuentes, hay unos en el gobierno venezolano que creen que hay que buscar otro protagonista”, afirma este socio de Otto Reich y de su pandilla que desde los años 70 se consagra a la desinformación. (3)

Cuando ocurre el golpe de Estado en Venezuela, Noriega aparece al lado de Otto Reich entre los iniciadores de la conspiración contra el gobierno de Hugo Chávez, del cual se alegró histéricamente hasta que Colin Powell le recomendó calmarse. Lo mismo ocurre en el caso de Haití, donde complota contra Jean-Baptiste Aristide, a quien se complace en difamar. Fue una operación sucia que encubrió a fuerza de mentiras hasta en el Congreso.

Hace unos meses, en otro de sus shows mediáticos para los cuales se beneficia de la complacencia absoluta de las agencias de prensa, Noriega difundió sus tergiversaciones sobre la salud del presidente Chávez. En un texto característico de las ahora bien conocidas técnicas norteamericanas de guerra sicológica, con el propósito de contribuir a la desestabilización de Venezuela con que se obsesiona, Noriega publicó una columna titulada “La Gran Mentira de Hugo Chávez y la Gran Apatía de Washington” en el sitio web InterAmerican Security Watch, un portal CIA esencialmente consagrado a la publicación de textos groseramente hostiles a los países progresistas América Latina.

Capriles “mártir”

Otto Reich y Roger Noriega, ambos vinculados a la CIA, han confabulado con grupos de la ultraderecha venezolana un plan no solo para eliminar a Capriles, sino convertirlo en “mártir” y acusar al gobierno venezolano del crimen. Los conspiradores buscan crear un factor de movilización para sus fuerzas y sobre todo un pretexto para promover un clima de violencia y total desestabilización. El objetivo final es tratar de impedir la celebración de los comicios presidenciales del próximo 14 de abril o por lo menos cuestionar su validez, ya que todo el mundo reconoce que les será imposible derrotar a las fuerzas chavistas.

Ex embajador en Caracas, Reich contribuyó activamente al regreso a EE.UU. del terrorista Orlando Bosch, responsable de la destrucción en pleno vuelo de un avión civil cubano. Este cubano hijo de un austriaco que se asiló en Cuba por colaborar con los Nazis -lo que pudiera explicar su desprecio visceral hacia Capriles- es desde hace rato miembro del círculo de amigos íntimos del terrorista Posada Carriles, de larga experiencia conspirativa.

Por años han trabajado juntos en todo tipo de planes para tratar de derrocar a la Revolución cubana y eliminar físicamente a su líder Fidel Castro. En la década de los 80 ambos formaron parte del operativo diseñado por la administración Reagan contra el Gobierno sandinista de Nicaragua que terminó con el escándalo Irán-Contra.

Siendo Secretario asistente de Estado del gobierno de George W. Bush, Reich se encargó personalmente de las negociaciones con la ex presidenta de Panamá Mireya Moscoso para lograr la liberación de Posada Carriles y del resto del dispositivo terrorista detenido en ese país centroamericano por tratar de asesinar el entonces presidente cubano Fidel Castro durante una Cumbre Iberoamericana.

Luego del triunfo electoral de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de 1998 en Venezuela y la posterior radicalización del proceso revolucionario en este país, el derrocamiento del gobierno bolivariano se convirtió en una obsesión enfermiza para Reich y los intereses de la extrema derecha norteamericana vinculada a los grandes monopolios petroleros a los que representa.

Fue precisamente Reich quién desde su cargo en el Departamento de Estado, durante la administración Bush, concibió la idea del golpe contra el Presidente Chávez en abril de 2002. Según se conoció luego, Reich culpó del fracaso de esta intentona golpista a la división y divergencias que existieron entre los militares complotados, y se lamentó de que no llegaran a ponerse de acuerdo desde un primer momento en cuanto a decidir la eliminación del mandatario venezolano como él mismo había indicado.

Con posterioridad a estos hechos, Reich ha estado de una forma u otra vinculado a diversos planes de intento de atentado contra el ex mandatario bolivariano, en complicidad con la CIA, la ultraderecha venezolana y grupos terroristas radicados en EE.UU.

Reich y sus aliados, al parecer, se han convencido de que la tan anhelada desaparición física del líder de la revolución bolivariana no ha conducido a la derrota de este proceso, como ellos esperaban. Por el contrario, Chávez ha devenido en un enemigo mucho más peligroso y difícil de enfrentar, pues se ha convertido en un símbolo venerado por millones de venezolanos, y cualquier intento por atacar su figura e imagen constituye en estos momentos un suicidio político.

Ante esta situación, los sectores de la oposición venezolana y quienes la dirigen desde Washington están más desconcertados que nunca; no saben cómo enfrentar la nueva realidad y sus diferencias y contradicciones internas se vuelven cada vez más irreconciliables. Paradójicamente, el propio Capriles con sus ofensivas declaraciones el día de anunciar su candidatura y el rechazo que provocaron ha contribuido a acelerar estos planes.

“Si en algo todos coinciden es que el candidato opositor no tiene alma de mártir”, comenta desde Washington un analista cercano al tema: “Sólo me atrevería a dar un consejo a Capriles, que sea cuidadoso en su accionar provocativo e irresponsable. Y que recuerde que para sus amigos de la ultraderecha y sus mentores del Norte, vale todo para alcanzar los objetivos que favorecen sus intereses”.

El presidente Nicolás Maduro reveló que el gobierno venezolano detectó acciones elaboradas por fuerzas vinculadas a Otto Reich y Roger Noriega desde Estados Unidos que apuntan al gobernador del estado de Miranda. Por tal motivo, se emitieron las indicaciones correspondientes a la jefatura del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y se puso a disposicion de Capriles todo el dispositivo policial y de seguridad necesario para garantizarle su protección.

Notas:

1. Gabriela Bocagrande, The Ultra-Right Stuff, The Texas Observer, 27 de febrero de 2003.

2. El 16 de noviembrese se cumplieron 22 años del asesinato de seis jesuitas en San Salvador, un crimen horroroso cometido por militares salvadoreños bajo orientaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos. Se contó en algunas oportunidades que, en el periodo del crimen, Noriega con su amigo Negroponte encubrieron la Operación Centauro que terminó con el asesinato de los religiosos sospechados de fraternizar con la guerrilla salvadoreña. El plan contaba con el apoyo servil del embajador de Venezuela en El Salvador Leopoldo Castillo, un febril opositor al gobierno del presidente Chávez.

3. Según el investigador chileno Ernesto Carmona, El Heraldo de Tegucigalpa fue fundado en 1979 por Jorge J. Larach, y hoy está a cargo del descendiente Jorge Canahuati Larach, miembro de comisiones de notables siempre cercanos al presidente de turno y proveedor de armas y medicinas al Estado. Fuentes confidenciales precisan que durante y después del golpe, El Heraldo ha sido el órgano de divulgación de los golpistas y publicó en distintas oportunidades informaciones que sólo podían provenir de la embajada norteamericana.