La Habana (PL).- Eslovenia asemeja una perla robada por la inestabilidad social y la rampante corrupción, una mezcla que desembocó en renuncia de gobierno, surgimiento de otro y amenaza de comicios adelantados en la otrora joya del este europeo. Por muchos años, la pequeña república ex yugoslava se presentó como ejemplo del éxito de las políticas neoliberales y de austeridad que los datos macroeconómicos parecieron calzar, aunque la realidad pareció ser otra.

Vista en la década de 1990 como la joya europea por su aparente éxito económico y opulencia, Eslovenia parece tornarse opaca cuando arrecian las consecuencias de la crisis financiera. Salida por la vía pacífica en la guerra de secesión que sacudió a la desaparecida Federación Yugoslava en la década de 1990 y con sus apenas dos millones de habitantes, Eslovenia parecía el laboratorio perfecto para la aplicación de políticas neoliberales.

Por su nivel de concentración industrial, el país balcánico era el parque productivo de la antigua Yugoslavia, una herencia que formó la base de su despegue económico y de su ingreso en las estructuras de la Unión Europea (UE). Pero las consecuencias de tales recetas, con un espejismo inicial aparente de éxito inmediato, parecen disiparse ahora, casi dos décadas después.

La práctica de sucesivos gobiernos eslovenos de concentrar los capitales de la banca en la construcción y el aura de corrupción que acompañó a esta actividad, levantaron un castillo de naipes que se derrumba tras la crisis de 2008. En la UE y la propia población en las calles debieron llamar la atención al gobierno sobre el flagelo de la corrupción, sobre todo, el lavado de dinero ilegal en el sector de la construcción.

Además, el periodo de recesión que se inició a principios de 2009 en Eslovenia afectó también a otras naciones como Lituania, Letonia y Estonia. El esquema esloveno se repite en los países con costas en el Báltico, también con pequeñas poblaciones y donde aparentemente tenía éxito la privatización, el control severo del déficit, los recortes sociales y la reducción drástica del papel del estado.

Ahora Liubliana debe reconocer que la opulencia quedó en el pasado, mientras la puesta en práctica de las fórmulas exigidas por la jefatura de la UE llevó a que el 30 de noviembre del año pasadio unas 30 mil personas se concentraran en la capital eslovena y se enfrentaran allí con las fuerzas antimotines. Todo ello permitió a Berut Pahor ganar los comicios presidenciales del 2 de diciembre de 2012 con el 67% de los boletos, en lo que pareció más bien un voto de castigo al gobierno conservador. Llama la atención en ello que tal resultado se obtuvo con el 42% de asistencia a las urnas, una muestra de la indiferencia popular ante la desidia y corrupción de los políticos nacionales.

Por otro lado, la situación económica empeoró con la crisis financiera de 2008, después que la banca nacional se involucró casi en su totalidad con el sector de la construcción, con proyectos de inversiones de la UE que inflaron los activos bancarios. Ahora, cuando la esfera de la construcción decayó en casi la mitad de lo existente hace cuatro años, los efectos están a la vista.

En Eslovenia, el 70% del PIB depende de las exportaciones, casi todas dirigidas al espacio comunitario. La nación balcánica exporta principalmente maquinaria y equipos de transporte, productos químicos y farmacéuticos, muebles, electrodomésticos, vestidos y calzados. En 2011, el PIB decreció en casi en un uno por ciento y el desempleo afectó ocho de cada 100 ciudadanos en edad laboral.

La formación en el poder presentó un programa que pretende reagrupar las empresas estatales y privatizarlas para su mejor gestión, a tenor de recetas exigidas por la UE para otorgarle a Liubliana un paquete de rescate. Como lo mismo ocurrió en Grecia, Irlanda, Portugal, España e incluso Italia, las fórmulas para salvar las economías nacionales pasan por el empeoramiento de la situación socioeconómica de la población y el consiguiente aumento del movimiento contestatario.

Janez Jansa dirigía una coalición gubernamental integrada por su conservador Partido Demócrata Esloveno (SDS), la Lista Cívica de Gregor Virant (CLGV), el Partido de los Jubilados (DeSUS) de Karl Erjavec, y Nueva Eslovenia (NSi) de Ljudmila Novak. A ello se agrega el Partido Popular Esloveno (SLS), de Radovan Zerjav, otro representante de la alianza de centroderecha que a ratos presenta algunas medidas para tratar de reducir el descontento popular.

Como el propio Jansa reconocía, Eslovenia está empapada en gasolina y solo necesita que se prenda una cerilla para que estalle. De acuerdo con Bostjan Vasle, director del gubernamental Instituto de Análisis Macroeconómico y Desarrollo, la crisis nacional tiene dos dimensiones, una externa, determinada por el carácter abierto de su economía, y la interna, dada por la crisis de la banca y la postergación de reformas políticas.

Para Tanja Staric, analista del influyente periódico Delo (centroizquierda), “en Eslovenia hay problemas económicos serios, pero el más serio de todo es la política”. La fragmentación y la hostilidad política, junto con el sistema que abre mucho las vías a las consultas populares, amenazan con poner al país en un impasse, opinó.

La constante insistencia de Pahor de prometer la búsqueda de un consenso es una explicación clave de su victoria en los recientes comicios, en una sociedad cansada de rencillas y división, y ahora asustada por el espectro de los desórdenes. Pero las elecciones presidenciales también se convirtieron en espejo o referendo de la gestión del propio ejecutivo y sus resultados sitúan en posición incómoda al primer ministro conservador.

Aunque la presidencia eslovena es más formal, de él depende la designación de los principales puestos de la banca, algo que en esta diminuta nación balcánica decide mucho en tiempos de crisis económica. En su intento por ganar adeptos, Jansa prometió, por su lado, facilitar la destitución de los alcaldes, después del caso de corrupción registrado en el ayuntamiento de Maribor, la segunda ciudad más importante de la nación, además del ataque a los privilegios de los funcionarios.

Ante el empuje de las protestas en las calles contra las medidas de austeridad, el jefe de gobierno ofreció a la oposición la entrada al ejecutivo de algunos de sus miembros, lo cual debería desechar las trabas opositoras a la aprobación de una “regla de oro fiscal” en la Constitución.

Para el político centroderechista, se podrían aplicar reformas en la esfera de las pensiones y la laboral, así como sería necesario crear el llamado banco malo para sanear las finanzas nacionales. Jansa estaba preocupado, pues aunque algunas de sus reformas de austeridad pasaron la prueba en el Parlamento, la aplicación dependerá de la realización de varios referendos organizados con ese fin y la población tiene opiniones muy diferentes a la de los políticos.

De su lado, Pahor encuentra a la llamada joya de los Balcanes bien opaca y al borde del abismo, lacerada por exigencias europeas para salir de la crisis, sin aparentes visos de una solución socialmente viable.

La joya opaca europea

Al menos, uno de los principales retos de los eslovenos al unirse a la Unión Europea en 2004 y luego a la zona del euro en 2007, es decir, la lucha contra la corrupción, quedó como una asignatura pendiente, incluso para la cúpula política nacional. El avance de la crisis social trajo también el incremento de la presión pública sobre la dirección del país, luego de varios meses en los cuales la economía nacional se alejó bastante de ser la joya que ponían de ejemplos los funcionarios del bloque comunitario.

Así, a las denuncias contra la coalición conservadora comandada por Jansa se unieron asuntos vinculados a la corrupción. El principal detonante fue la presentación de un informe de la Comisión de lucha contra la corrupción, que constató que Jansa presentó una declaración sobre sus ingresos entre los cuales omitió 210 mil euros, mientras el alcalde de Liubliana, la capital eslovena, Zaren Jankovic, líder de Eslovenia Positiva (PS), ocultó rentas por dos millones 400 mil euros.

Ello provocó manifestaciones multitudinarias en varias ciudades de esta nación balcánica que finalmente llevaron a una votación en el Parlamento de una moción de censura contra el gabinete, apoyada, incluso, por la Lista Cívica (DL), del ex presidente de la Asamblea Nacional Gregor Virant.

La moción llevó a la renuncia de Jansa y del gabinete, lo cual fue seguido por una decisión del presidente Borat Pahor, del Partido Socialdemócrata (SP), para nombrar a la primera mujer eslovena al frente de un gobierno, Alenka Bratusek, de partido PS, a quien se le encargó realizar consultas con cuatro agrupaciones.

El SP, la DL, el PS y el Partido Democrático de las Pensionados (DeSuS) finalmente llegaron a un consenso, por el cual se arriesgaron a formar una alianza que domina ahora 50 de los 95 escaños parlamentarios. Pero en estudios difundidos por el diario The Slovenian Times, de conjunto, más del 80% de los interrogados apoya la designación de Bratusek al frente del nuevo gabinete colegiado.

Sin embargo, casi la misma cantidad de los encuestados presenta dudas sobre la posibilidad de la líder interina del PS de concluir su mandato en 2015. De hecho, la militancia de Bratusek en el PS, de donde mismo procedía el alcalde de Liubliana, pareció ayudar muy poco a la primera mujer en dirigir el gobierno esloveno, pues el 9 de marzo pasado se registraron unas de las más multitudinarias protestas para exigir el combate a la corrupción y la limpieza de la clase política.

A tono con uno de los principales motivos de la intensidad de las manifestaciones populares, es decir, el pronunciado descenso de los parámetros económicos generales en esta nación, Bratusek los presentó como sus prioridades. Pero, a diferencia de las demandas en las calles para reforzar la lucha contra la corrupción, en especial, cuando a una población de poco más de dos millones de habitantes se le imponen drásticas medidas de austeridad, la jefa de gobierno se pronunció por sanear la banca y consolidar las finanzas.

Algunos expertos citados por The Slovenian Times consideran que, en caso de un fracaso de la gestión del gabinete de centroizquierda, es previsible que Liubliana deba acudir a acreedores internacionales para solicitar un rescate. Ello convertiría a Eslovenia en la sexta nación europea en acudir a la llamada troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo) como ya lo hicieron naciones como Grecia, Portugal, Irlanda o Chipre.

Bratusek viene a intentar un arreglo de errores cometidos con anterioridad por el gobierno conservador, encabezado por el Partido Democrático Esloveno, de priorizar los proyectos arriesgados de la banca. Las instituciones financieras nacionales se involucraron en planes de construcción nacional que luego de la crisis de 2008 dejó a esta nación con el 70% de su economía dedicada a la exportación, en una muy difícil situación.

En su mayoría, las ventas eslovenas se realizan a la Unión Europea, donde la crisis redujo en gran medida el poder adquisitivo al nivel de empresas e individual con nefastas consecuencias para la economía de la república ex yugoslava. La banca, a la que llama a reformar la nueva jefa de gobierno, quedó infestada de activos tóxicos, después de entregar créditos a riesgo, ahora casi imposibles de recuperar, por casi siete mil millones de euros, lo cual representa el 19% del Producto Interno Bruto (PIB) del citado país.

De hecho, la deuda externa pasó en los últimos años de 22 al 53% del PIB, que aunque está lejos de ser una situación como la de Grecia o Italia, donde esa cifra sobrepasa el centenar, es preocupante para una nación tan dependiente del mercado foráneo. El gobierno esloveno tendrá como asignatura pendiente crear condiciones para un incremento sustancial de la demanda interna, lo cual pasa por recuperar los niveles de vida de la población que nada tienen que ver con políticas de austeridad.

La mencionada máxima la demostraron con creces varias naciones europeas donde se aplican medidas de ajuste y recortes sociales que solo refuerzan las condiciones de depauperación social. El sentido prioritario de sanear la banca nacional también está ligado a la anterior ocupación de Bratusek, una funcionaria de 42 años del ministerio de Finanzas que en enero pasado asumió las riendas del PS, luego de la dimisión de Jankovic.

Durante cuatro años, la primera ministra eslovena se ocupó de organizar los presupuestos del estado balcánico que en su momento llegó a situarse entre los de mejor calidad de vida de Europa del este y a considerarse como la perla de la región. Pero las manifestaciones en noviembre último contra la corrupción, las políticas de austeridad y la transparencia de los políticos se repitieron en marzo de este año en las localidades de Maribar, Celje, Jasenic y Liubliana, destacó Radio Eslovenia.

Tal fue la reacción ante la indiferencia de los políticos por las consecuencias negativas de la situación social eslovena, a partir de la crisis de 2008 y que se agudizó en 2012. Las intenciones del nuevo gabinete, de aplicar como uno de sus objetivos primordiales la ayuda financiera a los bancos, como los 380 millones de euros que se destinarían al Novo Liubliana Banca, en lugar de anunciar medidas concretas para atajar el deterioro de la ayuda social, deja abiertas las puertas de la inestabilidad eslovena.

Por el momento, la crisis política, combinada con la recesión económica, parece haberse robado la ya de por sí opaca perla europea, sin que por el momento aparezcan visos de pasos para lograr su recuperación.

* Jefe de la redacción Europa de Prensa Latina.