Nicolás Maduro, quien reemplazó a Hugo Chávez en la presidencia venezolana, muy bien podría ganar las elecciones de abril cosechando la simpatía popular por el presidente fallecido. Capriles difícilmente puede derrotar a Maduro, pero de hacerlo tendría muchas limitaciones en una transición.

La muerte de Hugo Chávez va a tener muchas consecuencias para Venezuela y América Latina pues él generó todo un modelo político que influenció en toda la región. El bolivariano fue el primer gobernante de una democracia constitucional americana en el tercer milenio en proclamarse como socialista y antiimperialista y en volver a nacionalizar las grandes empresas que fueron privatizadas durante la década del noventa.

A diferencia de Cuba que tiene una economía estatizada y planificada bajo un partido único, Chávez mantuvo el mercado, la empresa privada, el capitalismo y el multipartidismo. A diferencia de otros socialistas militares andinos (Grove en Chile, Toro, Bush y Torres en Bolivia, Velasco en Perú) Chávez fracasó en llegar al poder mediante un golpe pero fue capaz de llegar a palacio y mantenerse en éste mediante constantes elecciones.

A diferencia de ellos y de Allende los golpes que le dieron o quisieron darle no lo pudieron derribar. A diferencia del sandinismo nicaragüense o del socialismo chileno Chávez nunca fue electoralmente depuesto ni bajó de la presidencia a la oposición. Chávez no siguió el camino pro-EEUU de la socialdemocracia europea sino que hizo una versión nacionalista y estatizante de éste enmarcada en una Latinoamérica deseosa de ir marcando ciertas distancias ante su anterior poder dominante.

Gracias a Chávez Cuba rompió el bloqueo y el modelo de un nacionalismo con tintes socialistas que respete el mercado y el multipartidismo fue imponiéndose en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, influyendo en Honduras y Paraguay, y generando gobiernos amigos en Brasil, Argentina, Uruguay, Perú y otras partes del hemisferio.

Mientras Fujimori fue depuesto por querer ser re-electo varias veces, Chávez mostró como se podía lograr ello con un programa nacionalista, el mismo que sirvió para que Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega cambien sus respectivas constituciones y sean re-electos.

Chávez fue uno de los puntales de la Alianza Bolivariana contra EE.UU., de un Mercosur que diese las espaldas a los TLCs, de la UNASUR y de la CELAC. Tras el repliegue de Fidel él se convirtió en el principal líder del antiimperialismo latinoamericano, el mismo que buscó debilitar la presencia de EE.UU. apuntalando a los depuestos Hussein y Gadafi y a los regímenes contestatarios de Irán, Rusia, Bielorusia, etc.

Su muerte deja al ALBA sin su líder más carismático y poderoso, sin que Correa o los Castro con la fuerza como para substituirlo. Maduro, que como canciller venezolano, vertebró al ALBA, la UNASUR y

la CELAC carece de la misma talla de su predecesor. Si en diciembre el chavismo arrasó en las elecciones regionales venezolanas debido a la simpatía que causaba el presidente con cáncer,

ahora Maduro siente que puede ser electo por un sexenio aprovechándose de la solidaridad con el mandatario difunto.

Capriles difícilmente puede derrotar a Maduro en una nueva elección a darse en Abril, pero de hacerlo tendría muchas limitaciones en una transición. Maduro debe buscar convocar rápidamente a elecciones para ganarlas. A él, sin embargo, no le será fácil mantener la unidad de su partido.

Mientras el PT brasilero, el Frente Amplio uruguayo o el socialismo chileno han sido capaces de renovarse en el poder cambiando de presidentes, el modelo de Chávez-Morales-Correa-Ortega se sustenta en un caudillo re-elegible. La ausencia del líder todopoderoso que arbitra entre las múltiples fracciones de su movimiento se hará sentir.

En cierta forma el futuro de Maduro dependerá del petróleo (producto que hoy genera más del 90% de las divisas venezolanas y que por ahora está a un alto precio) y de su capacidad de seguir disminuyendo la brecha social en circunstancias en las cuales la tasa de criminalidad así como de inflación y devaluación de Venezuela están por encima del nivel regional.

¿Maduro está maduro?

En abril debería darse una nueva elección en la cual Nicolás Maduro, quien reemplazó a Hugo Chávez en la presidencia venezolana, muy bien podría ganar cosechando la simpatía popular por el presidente fallecido (en las elecciones regionales de diciembre el chavismo tuvo un mejor porcentaje que en las presidenciales de octubre debido a la solidaridad ante el mandatario con cáncer).

La oposición tiene como su principal carta a Henrique Capriles, quien derrotó al saliente vicepresidente Elías Jaua obteniendo la gobernación de Miranda y quien en octubre quedó a solo 11 puntos debajo de Chávez. Capriles busca captar a parte del electorado chavista planteando que mantendrá varias reformas sociales y que seguirá el camino de Lula (algo que, sin embargo, hasta Keiko Fujimori ha planteado), pero es difícil que el electorado y las FFAA le abran las puertas a palacio.

Si Maduro convoca pronto a elecciones y las gana en un mes tendría la capacidad de revigorizar a su movimiento. Un factor clave para el chavismo es el precio de los hidrocarburos. En relación a la década de los noventas, las cuales generaron el malestar que produjo el chavismo, el precio del petróleo es 5 veces mayor y las remesas petroleras se han triplicado.

Sin embargo, casi todas las divisas venezolanas se basan en el oro negro, lo cual genera una ausencia de una diversificación industrial y una potencial bomba de tiempo. El chavismo ha logrado gran apoyo dentro de los pobres redistribuyendo una parte de la renta petrolera en “misiones” que han mejorado la educación y salud populares y han hecho que la pobreza caiga a la mitad de la década anterior. No obstante, la delincuencia y la corrupción crecen mientras que las tasas de inflación y devaluación están por encima del resto de la región.

Mientras el PT brasilero, el Frente Amplio uruguayo o el socialismo chileno han tenido a varios líderes que se han sucedido en la conducción de sus respectivos movimientos o gobiernos, el chavismo se ha estructurado y unido en torno a un solo caudillo, el mismo que hacía de mediador entre todas sus corrientes.

Maduro ha llegado a la vicepresidencia venezolana y luego a la presidencia o a ser candidato del oficialismo sin que medie una elección popular o un proceso de maduración dentro de la base partidaria. Él fue nombrado en su puesto por Chávez después de ganar las presidenciales. Su autoridad dentro de su movimiento no es unánime y hay pugnas entre él y otros sectores del PSUV (como el de Cabello, líder del legislativo, quien bien podría haber reclamado el derecho constitucional a ocupar la presidencia transitoria).

Maduro continuará con la política externa que él como canciller implementó, pero en el aspecto interno no le será nada fácil mantener la unidad del PSUV ni menos aún querer intentar un segundo sexenio en el 2019.