México (PL).- El presidente mexicano Enrique Peña Nieto promulgó el 25 de febrero de 2013 la ley de Reforma Educativa que incluye modificaciones y adiciones a la Constitución dirigidas a mejorar el sistema educativo mediante una mayor participación del Estado. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación teme por la estabilidad y la seguridad laboral de sus afiliados. Según varios expertos, la calidad educativa es tan compleja que a veces resulta más importante para mejorar el aprendizaje analizar qué sucede fuera de la escuela que dentro de ella.

La Reforma Educativa mexicana es uno de los acuerdos del Pacto por México, que fuera firmado por los partidos Revolucionario Institucional (PRI), de la Revolución Democrática (PRD) y Acción Nacional (PAN) con el gobierno para impulsar programas en conjunto.

La legislación educativa modifica los artículos 3 y 73 de la Constitución. Mediante ese texto, expresó el gobernante Peña, el Estado asume plenamente la acción rectora y reguladora que le corresponde en el sistema educativo, así como establece la creación del Servicio Profesional Docente.

El dictamen crea las bases de un sistema docente que establece concursos de oposición para el ingreso, la promoción y la permanencia en la educación básica y media superior. También contempla considerar la opinión de los padres de alumnos en la confección de los planes y programas de estudio de la educación preescolar, primaria, secundaria y normal. Asimismo, que la promoción a cargos con funciones de dirección o de supervisión se realicen mediante exámenes.

La Reforma Educativa, que genera polémica entre detractores y promotores de la iniciativa, ya es constitucional, al ser aprobadas las innovaciones a los Artículos 3 y 73 por más de 17 estados de la Unión. Los promotores de la ley, y en particular la Secretaría de Educación Pública (SEP), realizan campañas para explicar lo que a su criterio son las bondades de la ley.

También tratan de dejar sentado que entre sus objetivos se excluye reducir el número de maestros, aumentar el desempleo o privatizar el sistema, como sindicatos del sector quieren hacer ver. El objetivo es propinarle un vuelco de calidad a la educación, darles certeza a los docentes en sus cargos y mejorar los instrumentos para una más eficaz función, añaden sus defensores.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y un número indeterminado de trabajadores están en su contra y también realizan reuniones informativas y entregan volantes para denunciar, según afirman, la naturaleza lesiva del nuevo cuerpo legal. Más allá de evaluaciones y permanencia, esos educadores dicen temer por la estabilidad y la seguridad laboral, las condiciones de las escuelas y del trabajo y la precariedad con que los niños llegan a las aulas a recibir clases.

Su reclamo es también para que la reforma incluya asuntos tan importantes como la satisfacción de las necesidades de los pequeños en cuanto a alimentación, vestimenta, recreación y otros relacionados con el ámbito estudiantil.

Académicos opinan

En el mundo académico mexicano se pide escuchar las voces de los docentes, los alumnos, incluso los que se forman como maestros, los padres de familia y los estudiosos de temas educativos, en particular los vinculados a la formación de profesores. Rosaura Ruiz y Bruno Velázquez, profesores de la Universidad Autónoma de México (UNAM), reconocen la pertinencia de tal dictamen, pero con claridad en sus objetivos, medios y métodos de naturaleza pedagógica, técnica y didáctica.

Aplauden una evaluación constante a alumnos y maestros, con aspectos también cualitativos, pues hasta ahora tales prácticas han tenido un carácter reduccionista que confunde, como también sería un error soslayar diferencias socio-culturales y económicas. Es diferente, sostienen, la situación en una escuela pública urbana a una rural, como tampoco son semejantes las condiciones socioeconómicas y culturales de todos los alumnos de la República.

A juicio de los expertos, debe tenerse en cuenta la pobreza presupuestaria, la opacidad en el manejo de los recursos, la inequidad y marginalidad en que vive una gran parte de la población, la cual además presenta, en promedio, una muy baja escolaridad. El director del Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C., Alfonso Zárate, experto en estudios sociopolíticos, aprecia que pocos fueron los titulares de la SEP en más de 100 años que tuvieron la lucidez y el patriotismo para hacer de la educación el instrumento mayor con vistas a un desarrollo con justicia.

Zárate supone que la inmensa mayoría de los maestros mexicanos asumirían una evaluación rigurosa e imparcial, pero considera que una reforma, por más profesionalidad y calidad, no podrá arrojar resultados duraderos si el único estímulo para aspirar a la excelencia deseada es la preservación de la plaza.

También el analista en políticas públicas Eduardo Andere considera que la calidad educativa es tan compleja que a veces resulta más importante para mejorar el aprendizaje analizar qué sucede fuera de la escuela que dentro de ella. El problema educativo en México se superará cuando los hijos de los trabajadores, policías, empleados domésticos y choferes vayan a las mismas escuelas que los hijos de los empresarios y políticos, señaló el especialista en su artículo La Reforma Educativa: de la intención a la acción.

El nuevo gobierno mexicano, entre sus proyectos a partir de 2013, pretende respaldar una educación gratuita y de calidad, e incluso asegurar que las escuelas públicas estén a la altura o por encima de las privadas, como una vía para desde la enseñanza frenar las desigualdades.

Organismos internacionales ubican a México en educación en el mínimo de diferencia con respecto a un país subdesarrollado, pero insostenible por tratarse de una de las economías con signos relevantes de potencial de desarrollo a nivel global. En una escala del uno al 10, la educación mexicana alcanza calificación de 6,8, y el mayor rezago está en la calidad, más que en la cobertura. En educación superior la diferencia entre más y menos oportunidades es tal que, por ejemplo, el estado de Oaxaca requeriría 33 años para alcanzar a la capital.

A lo antes dicho por el Instituto de Innovación Educativa, de Monterrey, se suma que unos 13 millones mexicanos viven en pobreza extrema, acorde con la Secretaría de Desarrollo Social, unos 55 millones se encuentran en la pobreza y más del 60% del total de trabajadores está en el sector informal. Todo ello en un país que sin ser pobre, tiene muchos pobres, como lo definiera la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en el reciente Foro México 2013, celebrado en esta capital.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en su informe Panorama de la Educación 2012, posiciona a esta nación en el tercer lugar con el porcentaje más elevado de jóvenes que no estudian ni trabajan (24,4%), después de Turquía e Israel.

La población de jóvenes mexicanos de entre 15 y 29 años que ni estudia ni trabaja se incrementó 0,5% de 2008 a 2010. Se calcula que en 2010 el porcentaje de féminas de 19 a 25 años en esta condición fue de 37%. Actualmente en México existen 7,2 millones de personas que no reciben educación y no forman parte de la fuerza laboral, de ellos 1,9 millones tienen entre 15 y 19 años de edad.

* Corresponsal de Prensa Latina en México.