Los derechos conquistados por hombres y mujeres son para los humanos en todos sus géneros y diversidades y resulta incompleta y nociva toda redundancia cuando se anuncian derechos humanos para las mujeres. Fundamentar y clarificar el sentido de los derechos constituye parte de la lucha diaria entre clases y poderes para saber que se quiere decir cuando se habla de derechos, unos los evocan para liberar, otros para oprimir o justificar sus crímenes. El 8 de marzo, es resultado de esa tensión, tiene origen en las luchas humanas por la búsqueda de reconocimiento, respeto y defensa de la vida con dignidad.

En el 8 de marzo se juntan innumerables eventos, acontecimientos, resistencias y rebeliones incrustadas en el tiempo por lograr pal fin el reconocimiento de la mujer como parte vital de la historia y del proceso de humanización. El 8 de marzo hunde sus raíces en múltiples luchas, memorias y nombres que evocan dignidad.

Hipatia en la antigua Grecia enseñó la ciencia en oposición al libro sagrado; Lisistrata se levantó contra la guerra e impulsó soluciones pacíficas contra los demagogos que impulsaban a los pueblos a matarse; Hildegarda de Bingem en el siglo XI convirtió la música, la medicina y la teología en instrumentos de libertad; María Lejars, en el S. XVI expuso públicamente sus tesis sobre la igualdad de hombres y mujeres y, muchas otras anónimas y negadas que escaparon a la hoguera de la inquisición por la defensa de su condición de mujeres abrieron el camino que en el S. XVIII recorrió las calles de Paris Olympe de Gouges, quien en 1792 puso en cuestión los contenidos patriarcales de la Revolución Francesa, que señalaron una idea de hombre abstracto cuyos atributos de propietario y ciudadano excluían a las mujeres de acceder a los derechos conquistados.

Olympe en la tribuna preguntó:”¿Quién le ha dado al hombre el privilegio de oprimir a mi sexo?, él pretende ganar ahora sus derechos en la revolución, pero nada para nosotras”, la declaración de derechos de la mujer y la ciudadana expuesta por ella la llevó a la guillotina y Rosa Locombe una de sus acompañantes en esta tarea fue internada en un hospicio acusada de locura. Mary Wollstonecraff, en Inglaterra, alentada por el mismo espíritu de lucha escribió el primer texto explícito en vindicar la igualdad entre hombres y mujeres. Policarpa Salavarrieta y Josè Antonio Galán recorrieron los caminos de Colombia levantando las banderas contra la opresión y fueron asesinados con sevicia, sus cuerpos descuartizados y las luchas comuneras traicionadas en 1781.

Son innumerables los episodios, modos y riqueza humana a la hora de luchar con las herramientas de cada tiempo y contexto para alcanzar el reconocimiento de la condición humana. Son luchas de obreras, de campesinas, de indígenas, de maestras, de artistas, que han encontrado un lugar para alojarse en el 8 de marzo. En 1847 murieron carbonizadas en New York 147 trabajadoras de las fábricas de textiles. Su lucha era por la reducción del trabajo a 9 horas y 50 minutos y el mejoramiento de las condiciones laborales. Clara Zetkin para rendirles un homenaje propuso establecer el 8 de marzo como día internacional de la mujer y la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, realizada en Copenhague en 1910 así lo aprobó. En adelante las movilizaciones del 8 de Marzo se hicieron crecientes, hasta lograr que en 1952 la ONU oficializara este día.El siglo XX vio crecer las voces de las mujeres confrontando al poder en cientos de ciudades y tribunas. Se alzaron contra la guerra, por la paz, en defensa de los alimentos, del agua, de la sanidad, del afecto, del amor, del trabajo, de la educación, de la resistencia a la opresión y para ser tratadas como humanas con dignidad y derechos.

Colombia ha sido un rico escenario de lucha de las mujeres por derechos y reivindicaciones sociales, económicas, culturales y políticas. Una de las mujeres más representativas es María Cano, Bogotana, presente en la memoria de las luchas obreras y campesinas, agitó y organizó colectivos de resistencia y participó en la creación de la primera central obrera colombiana. En la memoria de las luchas campesinas están Juana Julia Guzmán, Córdobesa, cofundadora de la Sociedad de Obreros y Artesanos de Córdoba y creadora de la Sociedad de Obreras Redención de la Mujer integrada por bailadoras de fandango, lavanderas, fritangueras, vendedoras y cocineras, que alzaron la voz contra la comercialización de mujeres.

Felicita Campos, Sucreña, que lideró una de las ligas campesinas en la resistencia contra los terratenientes, fue encarcelada 30 veces y viajo a pie de San Onofre Sucre a Bogotá en 1929 para reclamarle al presidente Abadía Méndez por los títulos de la tierra. Josefa Blanco y Petrona Yance, quienes lucharon por la justicia con los trabajadores agrícolas de las bananeras en los años 20, ejercían labores de corte de cultivos a machete para impedir que lo hicieran los esquiroles, los traidores y servían de apoyo para descarrilar los trenes que transportaban la tropa responsable de masacres como la de las bananeras en 1928. Betsabé Espinosa, de Bello Antioquia, en 1920 organizó a 300 mujeres y con el apoyo de 3000 personas más exigieron un aumento salarial que lograron con un incremento del 40% y el despido del director y de los capataces que agredieron sexualmente a varias trabajadoras.

En la memoria de luchas indígenas el movimiento que lideró Quintín Lame se constituye en la principal referencia con el Manifiesto sobre Los Derechos de la Mujer Indígena en Colombia, firmado por 14.000 mujeres en 1927, mediante el cual reivindicaron los derechos de las mujeres frente a los hombres blancos e integraron los derechos étnicos y de clase. Reclamaban justicia social señalando que: “Hoy tenemos el coraje, nosotras las indias colombianas de 8 departamentos que firmamos este documento y unidas como una bandada de águilas furiosas, lucharemos nosotras mismas por la recuperación de nuestros derechos”.

En las ciudades las mujeres civilistas, procedentes de la clase media y alta, en su mayoría maestras que era la profesión permitida a las mujeres de la época levantaron sus voces para reclamar acceso al bachillerato y a la educación superior en 1933, (en 1935 se graduó la primera mujer profesional), a ocupar cargos públicos en 1936 y a votar en 1954, derecho que el Estado se había negado a reconocer en 1944 y en 1946, por la coincidencia de los partidos tradicionales y de la iglesia, en que si la mujer dejaba de ser sometida llegaría la ruina de la familia católica, y que si votaba podría favorecer en las urnas a los comunistas. Se afirma que Colombia fue el primer país del mundo donde la mujer conquistó el voto, en la provincia de Vélez, Santander en 1853, cuando se declaró Estado Soberano, en buena medida por la influencia recibida de las luchas comuneras de 1781.

Otros momentos significativos tienen en la memoria a María Rojas Tejada, educadora, que en 1914 fundó en Pereira el periódico Féminas. A Ofelia Uribe, quien en la década de los años cuarenta, creó en Tunja, Boyacá, un programa radial llamado La Hora Feminista y apoyó la Revista Agitación Femenina, como medios de formación política que contribuyeron a formar la Unión feminista colombiana.

El 8 de Marzo es entonces un día para reconstruir los pasos de la memoria de luchas que atraviesan siglos y territorios, que se juntan en algún lugar para resistir, para crear y vindicar nuevos derechos, para cantarle a la vida, con miles de voces, para entregarle a la vida la dignidad.

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