Freud, en Moisés y el monoteísmo [2], sostiene que Moisés, el fundador de la religión judía y supuesto autor de los primeros libros de la Biblia, no habría sido un judío, sino un egipcio de noble cuna que logró difundir entre los hebreos la religión de Akenatón, aquel faraón que creó el primer culto monoteísta de que se tiene noticia, y cuyo reinado se vería brutalmente interrumpido por una revuelta de partidarios del antiguo politeísmo. Así, el verdadero origen del monoteísmo no estaría en Yavé, el dios de los volcanes, sino en Atón, el dios del sol.

Entre tanto, la investigación científica nos ha ido complejizando la figura. Sabemos ahora, por ejemplo, que durante más de mil años el paradigma matriarcal, en torno a la diosa Isis, gobernó Egipto produciendo una economía femenina de abundancia[3], basada en los recursos del Nilo y su gente y no en la escasez patriarcal. Es más, justamente, en tiempos de Akenatón parece que el ideal político y cosmológico fue la pareja, el chacha warmi, y no un modelo ch´ulla, como muestra el siguiente grabado de la pareja real Akenaton y Nefertiti,de la colección del Ägyptisches Museum de Berlín.

Lo que sucede ahora es que la nueva información, así como nuestra propia experiencia, nos estan llevando a corregir la mirada sobre nuestro pasado y sobre nuestro futuro. Nuestro camino, el que iniciara Abraham al salir de Ur, ha sido formidable pero también sentimos que hemos equivocado el camino. Nuestra apuesta por las energías fermiónicas y la represión de las energías bosónicas, ha resultado fatal para todos: los seres humanos y la naturaleza. El otro camino: el de la complementariedad de las dos energías antagónicas parece más amigable con todos y este camino es el que invito a pensar a mis lectores, volviendo a las fuentes. Sin embargo he de alertar sobre una tentación lógica que tenemos a mano los occidentales: pendular a la otra polaridad y reprimir lo que antes se había ponderado: en este caso, postular una suerte de neo matriarcado. Esta perspectiva, como el patriarcado, se basa en el Principio de identidad. No saldríamos del mismo esquema. Es como dejar de ser jesuita para convertirse en bolchevique. Es lo mismo.

Lo real, lo imaginario y lo simbólico

Estos términos han sido trabajados por el psicoanálisis de orientación lacaniana, para señalar unas dimensiones del psiquismo humano, que tenerlas en cuenta, nos permite comprender mejor cualquier entidad, proceso o mecanismo psíquico en sus aspectos reales, imaginarios y simbólicos. Así, por ejemplo, un proceso de pensamiento del orden simbólico: “Yavé y su Asherá”, involucra siempre, una base o soporte en lo real y una representación en el registro de lo imaginario[4]. A diferencia de esta escuela, empero, yo pienso en quantums conceptuales, en cada uno de estos niveles. De esta guisa, en el nivel de lo simbólico, no sólo pienso el falo o la palabra del Padre, sino también el falo y la vagina, la palabra del padre y el gesto de la madre, por así decir. Ahora bien, entiendo que una persona, una sociedad o una civilización están sanas, cuando el nivel de lo simbólico coincide con el nivel de lo real. No es nuestro caso, como sabemos por Freud[5].

Si desde el nivel subatómico, lo real aparece como una paridad contradictoria pero complementaria: Onda/Partícula, pasando por el orden sexuado de la biología, los dos lóbulos cerebrales de las neurociencias… también esta paridad complementaria debe darse en el orden simbólico de las sociedades humanas.

Aquí aparece la anomalía monoteísta, preparada por Jeremías y Ezequiel y puesta en obra por el Deutero Isaías que va podando todo lo que huela a mujer y familia. Pero, he aquí, que el yavismo mismo comienza como un henoteísmo[6]que incluye mitologías cósmicas, en este caso la de Leviatán y Rahab. Es más, Asherá, la diosa esposa del dios El, de Ugarit, es esposada luego por el mismo Yavé.

Los nuevos datos provenientes de la arqueología

Trataré de condensar y resumir la bibliografía académica más importante al respecto[7]para resaltar el origen al cual debemos volver, simbólicamente, para restablecer el equilibrio, al interior de nuestra propia civilización y en sus relaciones con los sistemas simbólicos de nuestros vecinos amerindios, basados en la metáfora del Chacha Warmi. Lo que facilitaría una actitud menos soberbia de las feministas con las amerindias.

Hace un tiempo se podía discutir sobre la existencia de una Diosa Asherá. En la Biblia, las frecuentes referencias a una’asherao a las’asherotse entendían como alusiones a objetos cúlticos: cipos, postes, árboles, que podían representar a Diosas como Astarté o Anat. Hoy ya no es así. En primer lugar, los descubrimientos de Ugarit revelaron la existencia y la plena vigencia de Atíratu, consorte de Ilu, el Dios supremo de los semitas nordoccidentales. En segundo lugar, diversas inscripciones halladas en territorio de Israel reproducen invocaciones “a Yavé y su Asherá”. En tercer lugar, la Diosa es redescubierta en textos bíblicos, ora como figura divina:’Asheraora como un símbolo material, generalmente un “poste”, que la hierofaniza. Por último, estos descubrimientos y las reevaluaciones de muchos textos bíblicos nos muestran la radicalidad de la erradicación de esta Diosa en Israel: la eficiencia patriarcal, pero también los peligros subsecuentes de un monoteísmo masculino y patriarcal en la psique occidental, primero, y, luego, en sus instituciones: la iglesia, el estado, las empresas…

LA DIOSA ASHERÁEN LOS TEXTOS DE UGARIT

En la exégesis veterotestamentaria, hasta el descubrimiento de los textos de Ugarit, en 1929, lo habitual fue negar la existencia de la Diosa Asherá o confundirla con otras diosas; algunos, como Alonso Schöckel: Nueva Biblia Española, la identifican con Astarté. Hoy, a nivel científico, el panorama ha cambiado totalmente. No sólo reaparece como una Diosa principal, en los textos ugaríticos, sino que, en la Biblia, se la puede identificar claramente. Por lo demás, la misma arqueología nos ha brindado material epigráfico, en el que la Diosa Asherá aparece como la pareja de Yavé. Veamos, pues, un pantallazo del contexto chacha-warmi del antiguo Israel.

Atíratues la consorte de Ilu, el Dios principal, creador y definidor de los destinos de los otros dioses, como se observa en el gran Ciclo de Baal con sus tres mitos complementarios: la Luchaentre Ba‘lu y Yammu[el Mar],El palacio de Ba‘luy la Luchaentre Ba‘lu y Môtu [la Muerte]. Asociada al Dios supremo, Atíratu interviene en las cuestiones que tienen que ver con las funciones de otros dioses. Su papel de intercesora ante Ilu es prominente. Por lo demás, es la madre de los “setenta hijos” divinos, la procreadora de las criaturas. Diecinueve veces es llamada “La Grande, Atíratu del Mar”.

Para conocerla, baste citar algunos pasajes del ciclo mítico antes aludido. Cuando se refieren a la falta de palacio para Ba‘lu, la corte divina exclama:

Suspirando exclamó así el Toro Ilu, su padre,

Ilu, el rey que le estableció (a Ba‘lu);

exclamaron Atíratu y sus hijos,

la Diosa y el clan de sus parientes:

“Pero, claro, no tiene casa Ba‘lu como los Dioses,

ni mansión como los hijos de Atíratu;

la morada de Ilu es el cobijo de su(s) hijo(s);

(pero) la morada de la Grande, Atíratu del Mar,

(es) la morada de [Pídrayu], hija de la luz…”.

Cuando Atíratu, cambiando de parecer, se pone del lado de Ba‘lu y de ‘Ánatu, éstos le hacen una fiesta:

Después que llegó Ba‘lu, el Victorioso,

llegó la Virgen ‘Ánatu,

agasajaron a la Grande, Atíratu del Mar,

obsequiaron a la Progenitora de los Dioses.

Y respondió la Grande, Atíratu del Mar:

“¿Cómo es que agasajáis a la Grande, Atíratu del Mar,

obsequiáis a la Progenitora de los Dioses?

¿Habéis agasajado (ya) al Toro Ilu, el Bondadoso,

u obsequiado al Creador de las criaturas?

Y respondió la Virgen ‘Ánatu:

“Agasajamos [ahora] a la Grande, Atíratu del Mar,

obsequiamos a la Progenitora de los Dioses;

[luego] le obsequiaremos a él,

[al padre] de Ba`lu, el Victorioso”.

Algunas veces Atíratu es llamada “Diosa” (ilt=’ílatu), título asaz sugerente porque es la forma femenina de Ilu. Las otras Diosas activas en los mitos son: Shapshu, “la luminaria de los Dioses”, una personificación femenina del Sol; también ‘Änatu,siempre acompañada del título de Virgen; ella es la hermana de Ba‘lu; es más bien guerrera. Rasgos más eróticos aparecen en los breves mitos de Los amores de Ba‘lu y ‘Ánatuy de La Virgen-Madre‘Ánatu. Esta Diosa fue perdiendo su importancia en Canaána favor de su doble, en el plano simbólico, la Diosa ‘Attartu, de escasa presencia en los textos de Ugarit, por otra parte, pero que llegará a ser muy mencionada en la Biblia, aunque los escribas deforman su nombre en ‘Ashtóret, para que suene bóshet, “vergüenza”. Viejas mañas patriarcales para ir raleando a la mujer.

Lo que llama la atención, en los mitos de Ugarit, es la actuación pareja de las Diosas junto con los Dioses. La integración es completa y no se observan indicios de sumisión de aquéllas a éstos. Los Dioses y las Diosas están diferenciados por sus funciones, representaciones y nombres, que esbozan un arco de complementariedad y, por tanto, no se puede decir que los Dioses sean más importantes que las Diosas.

Inscripciones encontradas en Israel

Los materiales epigráficos hallados recientemente representan una religiosidad descentralizada. Tres, sobre todo, son los sitios arqueológicos que han proporcionado evidencias del culto a Asherá en el Israel monárquico.

Khirbet el Qom (1967)

El sitio se encuentra a 15 km al oeste de Hebrón. La inscripción más significativa es la encontrada sobre un pilar en una tumba de los siglos VIII-VII a.C. El mal estado del texto impide una reconstrucción cierta. Hay tantas lecturas como investigadores. Una de ellas, debida a Severino Croatto, es la siguiente:

1. Uryahu [… algo sobre él] su inscripción.

2. Bendito sea Uryahu por Yavé

3. su luz por Asherá, la que mantiene su mano sobre él

4. por surpy, que…

Lo que se puede rescatar de esta inscripción es la asociación Yavé / Asherá, y la calificación de la Diosa como protectora.

Kuntillet Ajrud (1976-1978)

El sitio está cerca de la ruta que une Gaza con el golfo de Áqabah. Las inscripciones fueron grabadas sobre dos grandes recipientes para granos o líquidos. Una de ellas dice:

[…] dice: di ayhly ayw’s¥hy [a NN]:

“Yo te bendigo por el Yavé de Samariay por su Asherá.

En otra se lee lo siguiente:

Dice’mryw: dile a mi señor (l’dny) […]:

“Te bendigo por el Yavé de Temán y por su Asherá. Que él te bendiga y te guarde y esté con mi señor (= contigo)”.

En una tercera inscripción, muy arruinada, se reconocen los nombres de Yavé y Asherá (“su Asherá”).

Lo significativo de estos hallazgos es lo siguiente:

1. El nombre de Yavé aparece en su forma consonántica larga (yhwh). Llama la atención el uso temprano de la “h” final como mater lectionis para indicar, en este caso, la vocal “e” final. Por eso algunos han interpretado dicha “h” como sufijo, resultando de allí “su Yahû”, forma contracta del nombre divino, pero el contexto, según Croatto, hace improbable tal interpretación.

2. Yavé aparece relacionado con ciudades y, por tanto, con santuarios locales(Samaria, Temán), de la manera como, en Amós 4,4, Yavé está asociado a su culto en Betel y Guilgal, y en 5, 5 a Betel, Guilgal y hasta a Bersheba. Es significativo que en este pasaje la ciudad sureña forma el centro de un quiasmo (/Betel / Guilgal /Bersheba/ Guilgal / Betel/) y que no se dice nada contra ella. No se trata de santuarios cananeos sino israelitas y yavistas.

3. Cuando se nombra a Asherá, siempre está asociada a Yavé, y es designada especialmente como “su Asherá”.

4. Asherá es una Diosa, más que una representación suya.

5. La constante asociación de Yavé con ella, dato que no aparece en relación con otras Diosas, hace de ella más bien la consorte propia de Yavé.

6. En las inscripciones destaca la función protectora de Asherá sobre sus devotos.

Tell Miqneh

En el estrato IB del siglo VII de este sitio, en la región filistea, han aparecido dedicaciones a Asherá, en esta forma: “Consagrado a Asherá”,”Para Asherá

No tiene sentido que se trate simplemente de una asherá como objeto cúltico:poste, escultura, árbol, para representar a la Diosa.

En otras palabras, la Asherá de Yavé es realmente la Diosa. No es lógico que uno “dedique” productos agrícolas a un “poste”. No es razonable pensar que los otros son unos idiotas. Ahora bien, he aquí que esta forma “profética” de pensar la volvemos a encontrar en la Extirpación de Idolatrías en la América andina. Se asume que los devotos, acusados de idolatría, no pueden distinguir entre la deidad y su representación. En verdad, en el uso bíblico, “consagrado a…” puede ser completado sólo con el nombre de Yavé con el término “sacerdote” o con un vocablo que designa a los israelitas. Asherá, en las inscripciones de Miqneh, por tanto, funciona como el nombre de la Diosa.

Estos datos, claros para la fenomenología de la religión, son las que la teología patriarcal no sabe apreciar y no quiere entender y menos sacar las lecciones y enseñanzas.

Elefantina

En esa isla del delta del Nilo, en la antigua Yeb, se asentó una colonia judía que de Babilonia se dirigía a Sefarad, como resulta de los Documentos de Elefantina allí encontrados, escritos en arameo en el siglo V a.C. El dato que nos interesa es que, en Yeb, se jura por:

Yahô (= Yavé) el Dios, por el templo, y por la Anat de Yahô.

En lugar de la esperada Asherá, está la Diosa Anat, prominente en Ugarit pero atestiguada en la Biblia sólo en la toponomástica (‘Anatôt, “las‘Anat”).

La expresión “la Anat de Yahô” equivalente a la de “Yavé y su Asherá”. En ambos casos, la Diosa respectiva es la consorte de Yavé. Esa tradición matriarcal se continuó, en el caso de algunas familias sefardíes, hasta fines del siglo XX.

ASHERÁ EN LA BIBLIA HEBREA

Dado que el término ’asherâes muy frecuente en la Biblia, conviene distinguir su doble sentido de Asherá, como nombre de la Diosa cananea / israelita, y de “poste” sagrado que la simboliza. Contra lo que sostienen algunos exegetas, el vocablo, cuando se refiere a un objeto que simboliza a la Diosa, no significa ni “árbol (sagrado)”, ni “santuario”. Cabe observar también que en su sentido más aceptado de “poste”, no es un objeto “idolátrico” sino un símbolo de la Diosa, o sea, que es un objeto vegetal (relacionado con una de sus funciones, la de dar vida) trans-significado en símbolo que remite analógicamente a la Diosa misma en la dimensión que es experimentada.

Cómo se hace desaparecer a la Diosa Asherá

No es fácil hacer desaparecer a una Diosa y, a fortiori, a la mujer, del orden simbólico; pues la experiencia, en el orden de lo real, nos dice que todos fuimos dados a luz por una mujer y fuimos engendrados por un padre. Veamos, pues, para aprender, cómo lo hizo la patriarquía judía. Esa tecnología nos puede enseñar el camino de regreso: cómo volver a casar a Asherá con Yavé. En el estado actual de la investigación científica, Asherá es claramente una persona y no un objeto cúltico, como los exegetas la ha interpretado hasta ahora. Veamos, con más detalle, un resumen de lo que reporta la filología.

a) En singular

Dt 33,2: en una confluencia de tradiciones, Yavé es representado viniendo del Sinaí / de Seír / de Parán / de Qadés (lugares todos del desierto), siendo acompañado “a su diestra por’s¥dt”. Este término, según la crítica, es raro y sospechoso. La vocalización masorética hace imposible la lectura con las consonantes actuales. Se podría pronunciar’es¥dat (con “d” explosiva) y ’es¥edat(con la “e” media inicial). Además, falta el “shevá” debajo de la letra “shin”.

Según la crítica, ninguna de esas lecturas es correcta. Sacadas las vocales, nos quedan las consonantes ’s¥dt, que, en el alefato hebreo, son casi idénticas a’s¥rt(“d” y “r” son extremadamente parecidas). Conocido es el recurso de los masoretas de sustituir palabras odiadas por otras, denigrantes, cuyas vocales orientaban a una lectura con consonantes no escritas. O también para reemplazar términos positivos, no pronunciables por respeto, como YHWH, que siempre lleva las vocales de “Adonay”.

¿Cuál sería entonces el vocablo aludido por la vocalización masorética en Dt 33,2? Tiene que ser una palabra de signo positivo, ya que es alguien que acompaña a Yavé mismo. Lo que esas vocales traen a la memoria de inmediato ess¥ema’ (arameo), “el Nombre”. Es bastante común esta sustitución.

¿Habrá sucedido entonces que con el alefato cuadrado ya en uso, se suprimió la mención original de Asherá (’s¥rt), deformando su nombre en ’s¥dt, con sólo retocar la “r”, muy parecida a la “d”? Estas técnicas caben dentro de lo posible.

Lo importante, empero, era erradicar la menor sospecha de la presencia de una Diosa como Asherá junto a Yavé. Primero se difumina la escritura y, luego, se la aboca hacia una autodisipación semántica.

1 R 15,13: el nuevo rey Asá realiza una reforma, quitando los símbolos de los otros dioses y retirando a su madre el título de Gran Dama, “por cuanto había hecho una mifleset (algún objeto cúltico) para Asherá; rompió Asá las mifleset (en singular en 2 Cr 15,16) y (las) quemó en el torrente del Cedrón”. Debían ser objetos de madera. Se trataba, por otra parte, de un culto en el palacio y, por tanto, oficial.

1 R 18,19b: Elías manda juntar a los 450 profetas de Baal “y los 400 profetas de Asherá”. Esta última referencia suele considerarse una glosa. Si lo es, quien la incorporó tenía claro que Asherá era una Diosa.

2 R 21,7: Manasés retrotrae las cosas a la época de Ajab y, entre otros actos, “puso la escultura de Asherá, que había hecho, en la casa de la cual había dicho Yavé…”. El redactor siente tal compañía como una injuria al nombre de Yavé, señal de que era importante en la conciencia del rey y del pueblo. Nótese que aquí no se habla de un “poste” sino de una estatua, lo que nos permitirá entender la doble acción de Josías contra la Diosa.

2 R 23,4: Josías ordena sacar de la casa de Yavé “los utensilios fabricados para Baal y para Asherá y para todo el Ejército de los Cielos y los quemó fuera de Jerusalén…”.Ilu está olvidado en la Biblia en cuanto Dios cananeo, por el hecho de que su forma hebrea (’el) representa de hecho la asimilación de aquél a Yavé, Dios de Israel, como lo señala este mismo nombre (Yisra-’el) y tantos otros (’abî’el= “Ilu es mi Padre”/’el= “Ilu es Yavé”, etc.). Por esa razón, en varios textos bíblicos, entre ellos 2 R 23,4, es Baal quien está asociado a Asherá, por supuesto que cuando no lo es el mismo Yavé, ya asimilado a Ilu.

2 R 23,7: Josías, además, “derribó los ‘camerinos’ de los hieródulos enclavados en el templo de Yavé, donde las mujeres tejían ‘doseles’ para la (diosa) Asherá.

El verbo “tejer” remite indudablemente a tejidos. Por eso algunos traducen battîm por “vestidos”. Debía tratarse en ese caso de vestidos hechos para la estatua de Asherá, una práctica atestiguada en otros textos respecto de las estatuas de los Dioses.

Pero en el v.7a los battîm son “derribados”, lo que puede referirse a algún tipo de estructura, aunque sea mínima, como un “camerino” o un dosel. Si los battîm que tejían las mujeres de Jerusalén para Asherá no derivan debayit “casa” (como en 7a) sino de otra raíz, atestada en Ugarit (b-t-t) con el sentido de “pieza o corte de vestido”, lo que las mujeres fabricaban en aquellos “camerinos” eran telas para formar un dosel que cubriera a éstos.

b) En plural

Jueces 3,7: “Hicieron los hijos de Israel lo malo a los ojos de Yavé, olvidaron a Yavé, su Dios, y veneraron a los Baales y a las Asherôt (Ashtarôt, en los lugares paralelos de 2,13; 10,6; 1 Sm 7,4 y 12,10)”. La queja, sin mención de Dioses, se repite al inicio de los relatos sobre jueces mayores (3,12; 4,1; 6,1;13,1).

Es la única mención de Asherôt, en plural, en la Biblia.

3.2. Asherâ como objeto cúltico

a) En singular

Dt 16,21: “No te plantarás poste (’asherâ) alguno, ningún leño, que te hagas, junto al altar de Yavé, tu Dios”.

Esta prohibición revela varias cosas:

* El objeto que simboliza a Asherá (por eso la designación) está hecho de madera;

* En segundo lugar, es “plantado”, lo que no se dice de una escultura sino de un tronco o poste;

* Por fin, su instalación “junto al altar de Yavé” indica el carácter cúltico del símbolo, y sobre todo la asociación de la Diosa simbolizada con el propio Yavé.

Jc 6,25: el padre de Gedeón tenía un altar de Baal, con una ’asherâ (poste) junto a él (también los v.28b.30), que es “quemada” (v.26).

1 R 16,32-33: Ajab, rey de Israel, “alzó un altar a Baal en el santuario de Baal que edificó en Samaria, e hizo Ajab la’asherâ…”.

El historiador deuteronomista se queja en 2 R 13,6b de que en tiempos de Joacaz “la’asherâsiguió en pie en Samaria”.

2 R 17,16: El “editor” deuteronomista post josiánico explica la ruina de Samaria porque “abandonaron todos los mandamientos de Yavé y se hicieron una fundición, los dos becerros, e hicieron una ’asherây se postraron ante todo el Ejército de los Cielos y veneraron a Baal”.

2 R 18,4a: El rey Ezequías “apartó los lugares altos (bamôt), rompió las estelas (massebôt) y rompió la asherâ”.

2 R 21,3: Manasés deshace la reforma de su padre Ezequías y restablece (nada menos que en el templo de Yavé, v.4) los cultos no yavistas, como otrora Ajab: “Erigió altares a Baal e hizo una ’asherâcomo había hecho Ajab…” (v.3b).

2 R 23,6: Antes habíamos leído en el v. 4 una referencia a la Diosa Asherâ; ahora, en el 6, Josías “sacó la asherâ de la casa de Yavé fuera de Jerusalén, al torrente Cedrón, y la quemó en el torrente Cedrón y la redujo a polvo; luego arrojó su polvo sobre la tumba de los hijos del pueblo”.

La conjunción de los dos pasajes nos ofrece una imagen completa de la Diosa y su símbolo representativo. Allí termina la historia de este símbolo en el libro de los Reyes.

2 R 23,15b: El texto supone que también había una asherâen Betel desde mucho antes de Josías, y que éste “quemó”.

b) En plural:

En pocos lugares encontramos asherôt(“los postes”), para designar el símbolo específico de la Diosa Asherá. Así, en 2 C 19,3; 33,3 (singular en 2 R 21,3). En general, el plural aparece en masculino (asherîm) en una larga lista de textos, que al mismo tiempo enumeran diversos otros símbolos divinos o instalaciones cúlticas.

En esos pasajes el término ya ha perdido su sentido originario de símbolo de la Diosa Asherá. Más aun, la “masculinización” del vocablo es otra manera de “erasio memoriae” para alejar hasta el recuerdo de la Diosa. Otro recurso equivalente, usado a través de toda la tradición cristiana, es traducir los diversos términos que indican los símbolos de los Dioses y Diosas, entre ellos asherâoasherîm, por el vocablo despectivo, injusto y falso de “ídolo(s)”[8].

El monoteísmo elimina a la Diosa

El monoteísmo mosaico, pues, por diseño, exigía la eliminación de la Diosa. Cuando leemos los fragmentos sobre la guerra por la tierra prometida y las luchas contra la veneración de los “falsos dioses”, obviamos lo más importante: que Yavé y sus profetas estaban llevando a cabo la primera extirpación de idolatrías y, a saber, la erradicación nada menos que de la mera Diosa Asherá. El lenguaje patriarcal calificó a las diosas como “abominaciones” y aquellos que hacían imágenes suyas, eran maldecidos por el Señor. La prohibición de las imágenes tiene que ver, pues, con la estrategia de hacer desaparecer a la Diosa. El logos: patriarcal, por lo visto, no soporta la imagen: matriarcal.

La cosmología judeocristiana se encuentra en el Génesis, como sabemos. La resumo. Un ser supremo que asume la forma de un Dios Padre, que existe desde antes del principio. Este Dios gobierna solo; no tiene linaje, familia, ni esposa. El primer día de la creación, decretó que hubiera luz y se hizo la luz. Los siguientes cinco días ordenó y se cumplieron sus palabras.

En la mitología hebrea, todas las divinidades masculinas de las culturas tempranas (Enlil, Ptah, Marduck y El) se funden en una única imagen, la de un Gran Dios Padre, que se vende como si fuese la primera y única deidad y como si la idea de una diosa madre no hubiera existido jamás. Por lo menos, este punto de vista llegó hasta mi, casi intacto.

Moisés sacó al pueblo de Israel de Egipto para llevarlo a la tierra prometida, que pertenecía a los pueblos que veneraban a la Diosa y cuyo estilo de vida: “tierra que mana leche y miel”, era fruto, sin duda alguna, de una economía basada en la abundancia femenina, como la economía egipcia bajo la Diosa Isis[9]. Tras conquistar tierras y gentes, los profetas arremetieron contra las abominaciones de Asherá, Anat y Ashtoret por considerarlos, en masculino, dioses falsos o extranjeros. No eran dioses, ¡eran diosas!

Asherá era el nombre semita para la Gran Diosa. A Asherá se la llamaba la “Madre de Toda Sabiduría” y “La que Da a Luz a los Dioses.” A veces se la denominaba simplemente “Santidad” o, en referencia a la luna, la “Señora que Atraviesa los Mares”. A Asherá y a sus sacerdotisas se les daba el tratamiento de rabbatu, una forma femenina de rabino, que significa “santa”. Eran célebres sus antiguos oráculos proféticos. Ella sola dio a luz a las Setenta Deidades del Cielo. Asherá era la más importante de las diosas o divinidades canaanitas. Su marido fue El, y su hija Anath, también llamada Ashtoreth o Astarté. El marido y hermano de Anath fue Baal, dios que se contaba entre las divinidades de mayor importancia.

Según, Carl Olson [10], los pueblos de habla hebrea siguieron venerando a Asherá durante siglos tras la invasión de Canaán. En la historia de Israel y Judá, desde 1200 a. de C. hasta el exilio babilónico en 586 a. de C, aparentemente hubo ciclos en los que únicamente se adoraba a Yavé, el dios de Israel, y ciclos en los que también se veneraba a Asherá dependiendo de la autoridad política del momento. Asherá estuvo en el Templo desde 928 a 893 a. de C. (treinta y cinco años), desde 825 a 725 a. de C. (cien años), desde 698 a 586 a. de C. (setenta y ocho años) y desde 609 a 586 a. de C. (veintitrés años).

Finalmente, los esfuerzos por eliminar a la diosa tuvieron éxito. En el Antiguo Testamento se traduce «asherah» por “arboleda”, sin explicar que la arboleda sagrada representaba el centro genital de la diosa, el lugar donde nacían todas las cosas.

El primero y segundo mandamientos hablan directamente de la erradicación de la Diosa. Según el análisis que hace Leonard Shlain en El alfabeto contra la diosa. El conflicto entre palabra e imagen[11],el Primer Mandamiento, «Yo soy Yavé, tu Dios. No tendrás otro dios frente a mí» (Éxodo 20:2-3), anuncia la desaparición de la Diosa y declara que Yavé no tolerará que se mencione a ninguna otra. El Segundo Mandamiento prohíbe absolutamente realizar imágenes de cualquier clase: «No te fabricarás escultura ni imagen “alguna” de lo que existe arriba en el cielo, o abajo en la tierra, o por bajo de la tierra en las aguas». Si la lista de mandamientos está hecha por orden de importancia, resulta que el mandamiento contra la fabricación de imágenes es más importante que el asesinato, el adulterio, el robo y todo lo demás. La prohibición de hacer arte representativo implicaba que era un pecado hacer esculturas o pinturas inspiradas en la belleza y el poder de la naturaleza o en la cara y el cuerpo femeninos. Era el mandamiento de un dios celoso, cuya rival era una diosa.

Volver, pues, a recuperar la Paridad implicaría cambios radicales en las instituciones occidentales. Imaginémonos las consecuencias en la iglesia católica, no sólo en el tema papal, del sacerdocio sino, incluso, en el del aborto y el uso de preservativos. El Estado también sufriría cambios; el más importante, quizá, el relativizar el Capitalismo y dar un lugar equivalente a la Reciprocidad, es decir, a la Oxidación monetaria. La descentralización, las autonomías federales, las redes de tipo neural: la complementariedad interecologica… irían mostrando su rostro femenino cada vez más y, así, todo.

Sin este cambio, en el nivel de lo simbólico, los occidentales seguiremos poniendo paños calientes y demorándonos en lo adjetivo. ¡Este es el cambio! Y con ello cerraríamos el camino que empezó en Ur de Caldea.

Notas:

[1] Expresión usada, en las inscripciones ugaríticas, descubiertas el siglo pasado. Véase: John Day, “Asherah in the Hebrew Bible and Northwest Semitic Literature”:Journal of Biblical Literature105 (1986) 385-408 (p.385).

[2] Madrid: Alianza Editorial,

[3] Cf. Bernard Lietaer; Au coeur de la monnaiie. Gap: Edition Yves Michel, 2011

[4] Cf. Jacques Lacan, De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, en: Escritos, Vol.2, Siglo XXI, México D.F., Buenos Aires, Madrid, 2009, p.529

[5] Cf, El malestar en la civilización. Madrid: Alianza Editorial,

[6] Elhenoteísmo (del griego: heis, henos “un” ytheos “dios”) es una creencia según la cual se reconoce la existencia de varios dioses, pero sólo uno de ellos es suficientemente digno de adoración.

[7] Véase: J. Severino Croatto, Las culturas del antiguo Próximo Oriente – Desde los orígenes hasta la conquista romana de Jerusalén 63 a.C, Buenos Aires, ISEDET, 1994. Guillermo del Olmo Lete Mitos y leyendas de Canaán según la tradición de Ugarit, Madrid, Cristiandad, 1981.Steve A. Wiggins, “Asherah Again: Binger’sAsherahand the State of Asherah Studies”:Journal of Northwest Semitic Languages24 (1998) 231-240. Urs Winter,Frau und Göttin – Exegetische und ikonographische Studien zum weiblichen Gottesbild im Alten Israel und in dessen Umwelt, Freiburg, Universitätsverlag / Götingen, Vandenhoeck & Ruprecht, 1987.Smith, Mark S.The Origins of Biblical Monotheism: Israel‘s Polytheistic Background and the Ugaritic Texts.Oxford University Press, 2003. Binger, Tilde.Asherah: Goddesses in Ugarit, Israel and the Old Testament.Sheffield Academic Press, 1997. Dever, William G.Did God Have A Wife? Archeology And Folk Religion In Ancient Israel.Grand Rapids, MI: William. B. Eerdmans Publishing Company, 2005

[8] Remito para ampliar el contexto a: “La desmatriarcalización del mundo mediterráneo: la filosofía griega” y “La patriarcalización del mundo semita: el monoteismo abrahámico”, en mi texto: Mirar con los dos ojos. La Paz: La mirada Salvaje, 2010

[9] Cf. Javier Medina, Economías femeninas de la Madre Tierra. Explorando los fundamento del vivir bien. La Paz; 2012

[10] The Book of the Goddess. Past and present: An introduction to her religion. Waveland Press, 2002

[11] Publicado por la editorial Debate, Madrid, 2000. Enlazando con un amplio espectro de temas: la anatomía, la fisiología del cerebro, la antropología, la historia y la religión, Shlain afirma que, con la llegada de la escritura, el propio acto de leer reforzó el hemisferio cerebral izquierdo -predominantemente masculino- a costa del derecho, visual y femenino. Esta transformación alteró el equilibrio entre hombres y mujeres e inició el proceso de desaparición de las diosas, el rechazo a las imágenes, el declive la posición social y política de la mujer y un prolongado período de patriarcado.

* Miembro del Circulo Achocalla/ www.circuloachocalla.org