Los bosquimanos en el sur y los masai en el noreste, son dos grupos étnicos conocidos que aunque difieren en sus orígenes en la época en que surgieron y opuesta ubicación geográfica, poseen puntos de contacto en sus creencias y modo de vida. Se cree que el pueblo bosquimano habitaba Botswana hace treinta mil años siendo las colinas de Tsolido con sus más de tres mil quinientas pinturas rupestres prueba de ello. Botswana fue conocida como Bechuanalandia hasta la independencia de Gran Bretaña en 1966.

Basarawa o bosquimanos -del afrikaans buschjersman u hombre del bosque- son un pueblo de pequeña estatura y tez color castaño oscuro, especialmente en el Kalahari, donde habitan hace más de veinte mil años. Un 75% del Kalahari está en Botswana. Es el desierto más meridional de Africa aunque no es propiamente un desierto ya que está cubierto de hierbas y arbustos, pero no hay curso de agua en su superficie si se exceptúa el río Boteti, lo que lo convierte en una tierra no apta para la agricultura y la ganadería y le ha valido el sobrenombre de Tierra de la sed.

Los bosquimanos, conocidos también con los nombres de san o khoisan, son una de las etnias más ricas y junto con los pigmeos que viven en naciones de Africa Central -los dos Congos, Burundi y Rwanda- son los grupos étnicos más antiguos del continente. Tradicionalmente son cazadores-recolectores que hablan alguna de las lenguas joisanas, caracterizada por incorporar sonidos de chasquido. Se calcula que en Botswana viven unos 45 mil miembros de esa etnia. Su folklor es muy variado y presenta explicaciones sobrenaturales de los sucesos terrenales, determinado por Nodima, el bueno, y Gopawama, el malicioso.

Al igual que en las antiguas religiones tribales de Botswana los jefes de clanes dirigían las cuestiones familiares. Entre los ritos destacan las ceremonias de iniciación masculina y femenina y los rituales para propiciar la lluvia. Se practicaba la poligamia y los bienes de un hombre los heredaban los hijos de la primera mujer. Los misioneros cristianos que llegaron al país en el siglo XIX trataron de desplazar la totalidad de sus costumbres tradicionales, pero no lograron que los bosquimanos abandonaran sus hábitos, costumbres y creencias.

En un conmovedor proceso jurídico concluido por miembros de la etnia bosquimana contra el gobierno, se dio finalmente a ese pueblo el derecho de regresar a las tierras de las que fue expulsado y a practicar de nuevo sus labores de caza y recolección. El gobierno los había desahuciado de sus tierras ancestrales en la gran reserva central del Kalahari. La justicia determinó que el desahucio del 2002 había sido ilegal e inconstitucional y sentenció que los bosquimanos tenían derecho a cazar y recolectar en la reserva.

Las intenciones gubernamentales fueron nobles, el fin era mudarlos a campamentos con la promesa de llevar el desarrollo a los residentes. Sin embargo los desahuciados se sentían incómodos en esas instalaciones donde la caza no se permitía y existían pocas oportunidades laborales. El dictamen del Tribunal consideró que impedir a los bosquimanos realizar sus labores de caza en la reserva de Kalahari equivaldría a condenarlos a morir de hambre.

La etnia masai

Los masai constituyen un pueblo originario del Nilo que después de siglos se instaló en el sur de Kenya y el norte de Tanzania, creen en un dios único dividido en dos personas: Enkai-Norok, dios negro y generoso de la lluvia y Enkai-Nonyocik, dios rojo y malicioso de la sequía.

Tanto en Kenya como en Tanzania, esta etnia lleva una vida nómada con tradiciones que la distinguen -como dialecto propio, forma de vestir, ceremonias, hábitos, costumbres y valores culturales peculiares.

En sus orígenes eran cazadores y recolectores pero devinieron ganaderos. Por sus creencias religiosas no cultivan la tierra, y nunca han aprendido a hacerlo, compran verduras en mercados cercanos; tienen gallinas pero no las comen, sólo venden los huevos. De las vacas toman la sangre y la leche que mezclan en una jícara, además de su carne. Según sus creencias, matar a un animal sin razón alguna es violar lo sagrado y llamar el castigo divino.

Al norte de Tanzania, en pleno Valle del Rift, entre los lagos Natrón y Nanyara habita el verdadero dios de los masai. Se trata del volcán Ol Boinyo Lengai, un volcán en actividad permanente que produce un extraño tipo de lava. Está compuesta en su mayor parte por sodio y carbonatos, de los que ese pueblo extrae sal, una materia prima indispensable para su subsistencia.

Según la leyenda, el dios Enkai habita en la montaña. En el origen del mundo, Dios hizo el reparto de los dones terrestres a sus hijos. Al pueblo ndorobo le entregó la caza y la miel. A otros las semillas y a los masai les correspondió el ganado. Pero un ndorobo celoso reclamó el ganado y al negárselo cortó la cuerda que ataba el cielo con la Tierra. De la ira de Enkai surgió el sufrimiento de los hombres. Por su parte, la sal es un don divino que Enkai ha entregado a sus hijos predilectos: los masai. Desde entonces este pueblo la extrae del lago Nitrón, el único salado de Tanzania.

Entre las costumbres de los masai destaca el culto al volcán Ol Boingo Lengai, considerado como su dios benefactor. Las ofrendas tienen lugar siempre que haya que pedir algo y pueden consistir en lluvias, pastos o buena salud. Leche, flores y miel son entre otros, los regalos que los masai depositan en el cráter del volcán y que al fundirse con la lava entregan a la divinidad protectora.

El hábito milenario de los masai de recoger sal del lago Natrón se ha convertido en una rutina. Este extraño fenómeno de la naturaleza que los científicos no han podido descifrar, tiene su explicación lógica: es la acción bienhechora del generoso dios Enkai sobre la tierra.

Djibouti en la órbita colonial

Djibouti fue la única posesión de Francia en el denominado Cuerno de África, a pesar de que esa nación creó uno de los mayores imperios coloniales en la región que se extendió a áreas del norte, occidente y el sureste del continente. Esta pequeña nación de poco más de veinte mil kilómetros cuadrados con su territorio formado por un altiplano volcánico y algunos lugares por depresiones y lagos, está entre los menos promocionados de África. Francia llegó a la región en el siglo XIX la misma fecha que Italia e Inglaterra, sus rivales en el saqueo de las riquezas naturales de los pueblos y en la opresión de las poblaciones nativas.

Al igual que otros países del cuerno africano como Etiopía y Eritrea, la historia antigua de Djibouti está relacionada con el Egipto faraónico, sobre todo a partir de la II dinastía, cuando comenzaron algunas incursiones. En esa época los territorios estaban relativamente despoblados con pequeños núcleos dispersos. En los grupos étnicos predominaban los afars o danakil que comprendían los adoh y ammara, y los issas integrado por abgal, dalol y mardiq.

La Edad Media fue la época del esplendor del imperio musulmán sobre la costa oriental de África. Entre los siglos VII y IX se produjeron los asentamientos de los comerciantes musulmanes en torno a Etiopía para realizar actividades comerciales con ese Estado cristiano de la religión copta.

El Islam vinculó a los dispersos pueblos de la zona, que rápidamente lo adoptaron. En el siglo XI surgieron una serie de sultanes entre el puerto de Zeila y el Estado etíope, que se sustentaban en una economía comercial con productos como el marfil y el oro. Igualmente practicaban la trata de esclavos. Estos eran llevados a los países de la región del Golfo donde las mujeres se utilizaban como concubinas o en labores hogareñas y los hombres en la agricultura.

No han quedado testimonios documentados sobre la cantidad de personas traficadas a esas naciones árabes, tampoco sobre la duración de ese comercio y sus posibles consecuencias en el despoblamiento de un territorio escasamente habitado. A pesar de que existencia de los pequeños estados dominados por sultanes entre el puerto de Zeila y el Estado etíope, no amenazaban este último, Etiopía comenzó en el siglo XIV su sometimiento, convirtiéndolos en estados tributarios.

Esa era la situación cuando en el siglo XIX los europeos llegaron a las costas del mar Rojo atraídos por las riquezas de Etiopía, estableciéndose sin grandes dificultades en los territorios bajo dominio musulmán con el propósito de comerciar. Italia, Inglaterra y Francia fueron las tres potencias con pretensiones en el Cuerno de África. Somalia fue ocupada por Italia. Inglaterra creó la Somalia británica en una franja territorial entre la Somalia italiana y su colonia de Kenya, y Djibouti quedó como posesión francesa.

El inicio de los trabajos en el Canal de Suez, terminados en 1869, convirtieron a la zona en un paso estratégico de vital importancia comercial. En 1862 Francia se había posesionado en Obock con el fin de contrarrestar a los ingleses establecidos en Adén, ciudad de Yemen. Poco después cambió su presencia para Djibouti, puerto de buenas condiciones y lugar idóneo para desarrollar el comercio con Etiopía. Los franceses adoptaban decisiones sin tener en cuenta la opinión de la población autóctona.

El comercio con Etiopía tomó auge en 1894 cuando comenzó la construcción del primer ferrocarril que serviría de enlace entre Djibouti y Addis Abeba, capital etíope que concluiría en el siglo siguiente. En 1896 dada la importancia adquirida por la posesión, Francia decidió darle un estatus colonial bajo el nombre de Costa de los Somalíes y Dependencia. La construcción del ferrocarril se realizó paralelamente con la edificación del puerto de Djibouti cuyo tráfico provocó la expansión de la ciudad.

Las primeras décadas del siglo XX se caracterizaron por la penetración y colonización francesa en el interior del enclave. En 1924 se completó la ocupación total del territorio y comenzó así la historia colonial del país. Las dos décadas que van entre la terminación de la ocupación territorial y el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), son pobres en acontecimientos. La conciencia nacionalista que se desarrolló en todo el continente en la posguerra también se despertó en la colonia.

Ante los primeros brotes de nacionalismo en Djibouti, Francia concedió algunas reformas tendentes a neutralizar el proceso. En 1947, se le confirmó un nuevo estatus al país con el nombre de Territorio de Ultramar. También se crearon consejos representativos que le daban algunas posibilidades en el gobierno a los nacionales. El crecimiento del nacionalismo obligó a París a concederle alguna reforma como la autonomía. A pesar de esas medidas, Francia conservaba el gobierno territorial y dirigía los ministerios más importantes.

Durante años las autoridades francesas ensayaron diversas maniobras políticas para frustrar las crecientes demandas de independencia. En esos largos lustros decenas de djibutis pagaron con sus vidas sus aspiraciones libertarias debido a la represión de las tropas francesas. En el orden internacional, instituciones como la Organización para la Unidad Africana (OUA), demandaban a Francia el fin de la esclavitud colonial. La lucha interna y la presión internacional obligaron a París a darle la independencia a Djibouti y en junio de 1977 se proclamó la República independiente, poniendo fin al colonialismo en la pequeña nación.

Comores, archipiélago mutilado

Una de las naciones menos conocidas de África en el contexto internacional es el archipiélago que constituye la República Federal Islámica de Comores, que apenas se cita cuando se mencionan los acontecimientos que a diario tienen lugar en el continente. Quizás eso obedezca a la pequeñez de su territorio, unos 2.336 kilómetros cuadrados y su localización en el océano Índico frente a la costa oriental de África, a la entrada del canal de Mozambique y entre Madagascar y las costas de Tanzania.

Sin embargo, esa circunstancia, su escaso territorio y alejamiento de la plataforma continental, no fue obstáculo para que Francia implantara en el siglo XIX su sistema de esclavitud colonial que desconocía los derechos de la población nativa.

El archipiélago lo forman cuatro islas principales: Gran Comores, Anjuan, Moheli y Mayotte, y son conocidas desde la antigüedad. En el siglo XV los árabes se establecieron en las ínsulas y fundaron varias dinastías. En la centuria siguiente sus territorios comenzaron a ser asediados por portugueses, franceses, holandeses y británicos. Estos últimos se apoderaron del archipiélago en 1591 y por esa época empezaron a arribar las invasiones procedentes de la vecina Madagascar, la cuarta isla en el mundo y la mayor de África.

A principios del siglo XIX cuatro sultanes imperaban en cada una de las islas hasta que el de Anjuan sometió a los de Moheli y Mayotte. Una rebelión favoreció al sultán malgache Andrialsoli en la isla Mayotte, que pasó a su poder. Esa situación fue aprovechada por el colonialismo francés para suscribir acuerdos de protección con unos jefes locales en detrimento de otros y con posterioridad se apoderó del archipiélago luego de reducir a los sultanes que se opusieron a sus planes de conquista.

Francia ocupó Mayotte en 1843 y las demás islas las adquirió mediante tratados en 1886, que obtuvo a través de esos pactos de protección o el uso de la fuerza. Por decisión de París, Gran Comore, Anjuan, Mayotte y Moheli, a miles de kilómetros, se convirtieron en territorios de Francia. El colonialismo galo actuaba con particular brutalidad contra los intereses y aspiraciones de la población autóctona, tal como lo hacía en los restantes países sometidos a su sistema de saqueo y explotación.

En 1912 el estatus de Gran Comore, Anjuan, Mayotte y Moheli, de territorio francés, fue ligeramente modificado con la incorporación de Madagascar, país que desde 1896 se había convertido totalmente en colonia de Francia, después que sus tropas ahogaron en sangre sucesivas rebeliones. No obstante, se mantuvo el régimen opresivo en el que la metrópoli negaba cualquier participación de los comorenses en la administración o influir en los destinos de su archipiélago.

No fue hasta el término de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que Francia separó nuevamente las Comores de Madagascar. Las islas tuvieron desde 1961 una autonomía interna y siete años después cierta autodeterminación, pero el poder en la práctica estaba en manos coloniales a través del Alto Comisionado francés destacado en Comores. Francia mantuvo bajo su control la defensa y la seguridad, la justicia, el comercio, las relaciones externas, las finanzas, el transporte, las comunicaciones, la información, la enseñanza superior, así como la facultad de decretar el estado de emergencia. A los comorenses les pertenecía la sanidad, la enseñanza primaria y los asuntos administrativos de poca importancia.

El pueblo de las Comores brindó desde un principio amplio respaldo al Movimiento de Liberación Nacional de Comores (Molinaco), fundado en 1962. La deplorable situación del país, traducida en un estancamiento generalizado de la economía, desempleo, pésimas condiciones educacionales y de salud pública condujeron a la creación de otros grupos que también reivindicaban la independencia. Por las presiones del Frente Nacional Unido integrado por las organizaciones nacionalistas, se logró que Francia organizara en 1974 un plebiscito que puso de manifiesto que la mayoría de los isleños propugnaba la emancipación nacional.

Desde un principio los colonialistas maniobraron conjuntamente con terratenientes locales para dividir a las Comores y la consulta popular sólo se realizó en Gran Comore, Anjuan y Moheli. París apoyó la secesión de Mayotte, con el fin de conservar su presencia militar en el Índico y perpetuar los vínculos de dominación.

Naciones Unidas aprobó en 1976 una resolución que condenaba la política francesa en Comores y los intentos de separar Mayotte y declaró nulo un referendo de ese mismo año mediante el cual, según París, los habitantes de Mayotte decidieron continuar los lazos coloniales con la metrópoli. La maniobra separaba la ínsula de las restantes con las cuales estaba unida por idioma, cultura y estrechos vínculos económicos. El archipiélago quedó desmembrado. Por voluntad colonial de Francia, Comores tuvo una independencia con su territorio amputado.

De Nyasalandia a Malawi

Malawi en el África Oriental es, sin duda, testigo de las maniobras, engaños y desmanes militaristas utilizados por Gran Bretaña para implantar su sistema de esclavitud colonial en varias naciones del continente. El país fue conocido durante la etapa colonial como Nyasalandia, nombre tomado del lago Nyasa, situado a 471 metros sobre el nivel del mar, que es el tercero en dimensión en el continente y ocupa la sexta parte de su superficie total.

Este gran espejo de agua de 30.800 kilómetros cuadrados tiene buenos puertos y playas arenosas, aunque sufre repentinas y violentas tormentas. El lago, unido a la fertilidad de su suelo, atravesado por numerosos ríos, despertó el interés de los ingleses. Malawi es una nación mediterránea limitada al oeste por Zambia, al sur y este por Mozambique y al norte por Tanzania. La diversidad de grupos étnicos entre los que sobresalen chewa, nyanga, lomwe, yao, tumbuka, sena, tonga, ngomi y ngonde, lo dotan de una gran riqueza cultural.

El portugués Gaspar Boccaro fue el primer europeo en arribar al territorio en 1618 donde mantuvo contacto con algunos de esos grupos autóctonos. El visitante no mostró interés en permanecer en ese país. Posteriormente viajaron misioneros jesuitas lusitanos. La presencia de los religiosos europeos no influyó en las creencias y costumbres de los nativos, acumuladas desde tiempos ancestrales y transmitidas de generación en generación.

Casi dos siglos y medio después, el 16 de septiembre de 1859, el explorador inglés David Livingstone llegó al lago Nyasa. La historiografía occidental atribuye al explorador el descubrimiento del lago, sin embargo, a su llegada encontró las tribus yao, que serían en justicia sus descubridores. En esa época fracasaron varios intentos de establecer misiones, a pesar del apoyo de fuerzas colonialistas. Fue en 1878 que Inglaterra inició la penetración hacia el interior de Malawi por medio de la African Lakes Company. Su rival, la British South Africa Company, creada por el colonialista inglés Cecil Rhodes, logró obtener mediante engaños y sobornos que los jefes tribales le cedieran esos territorios.

Inglaterra adquirió de la South Africa el derecho del país y consolidó su dominio mediante acuerdos anglo-alemanes en 1890, y anglo-portugueses en 1891. Esos reajustes territoriales entre las metrópolis se establecían sin contar con la población autóctona. Ese mismo año ocurrió algo peor para los nativos. Inglaterra proclamó el protectorado de Nyasalandia. Predominó entonces la explotación colonial, las mejores tierras fueron arrebatadas a los africanos, el gobernador inglés tuvo poderes supremos y los funcionarios y colonos blancos pasaron a dominar la vida económica y política del país.

Los ingleses consolidaron plenamente el proceso de colonización en 1897, cuando sus tropas apoyadas por cañones aplastaron la resistencia de los yao, los angoni y los grupos árabes, antiguos pobladores de la región. Los militares británicos causaron numerosos muertos y gran cantidad de heridos. A pesar de la superioridad en armamentos, los ingleses nunca consiguieron eliminar completamente la rebeldía del pueblo Malawi, que era relegado a las peores tierras y veían cómo las riquezas del país partían hacia la metrópoli.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el territorio Malawi fue escenario de enfrentamientos entre ingleses y alemanes. El país sirvió de base de operaciones contra la llamada África Oriental Alemana (Tangañika). El estado de opresión que prevalecía en el país, donde la población carecía de los derechos más elementales, hizo que en 1915 surgiera el primer brote independentista encabezado por John Chilembween. Las autoridades coloniales reprimieron con particular brutalidad la manifestación anticolonialista.

Después de la guerra las autoridades intentaron unir a Nyasalandia y Tangañika. Alemania había perdido ese territorio al igual que todas sus posesiones en el continente tras su derrota. Tangañika y Zanzíbar forman actualmente la República de Tanzania. El proyecto fracasó. Se iniciaron entonces nuevas gestiones para anexar el país con Rhodesia del Norte (actual Zambia) y Rhodesia del Sur (hoy Zimbabwe), pero el plan fue aplazado por el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en la que participaron 30 mil nativos de Nyasalandia en los frentes de Etiopía, Madagascar y Birmania.

Finalmente fue creada la Federación de Rhodesia del Norte y Nyasalandia, el primero de agosto de 1953, con el fin de facilitar el dominio inglés en la región. Esto permitía a los ingleses controlar el cobre de Rhodesia del Norte y las plantaciones de Rhodesia del Sur a la que se añadía la mano de obra barata de Nyasalandia. Debe agregarse también que la Federación permitiría a los colonialistas sofocar cualquier posible levantamiento independentista en Nyasalandia utilizando las mismas fuerzas que tenían acantonadas en las dos Rhodesia.

A pesar de la represión y el férreo control colonial, la lucha del pueblo impuso a las autoridades la aceptación de una mayor representación africana en un denominado Consejo Consultivo y la celebración de elecciones en abril de 1956 con vista a la liberación del país. El Partido Congreso Nacional Africano, primera organización nativa fundada en 1944, después de varias rebeliones y vueltas a la calma obtuvo el respaldo de la población en las elecciones efectuadas en agosto de 1961.

Haciendo a un lado su permanente prepotencia, los colonialistas tuvieron que aceptar la voluntad de los malawi. Se convocó un año después la Conferencia de Londres realizada en noviembre de 1972. En la reunión se aprobó una Constitución y la autonomía interna del país. En 1964 Nyasalandia obtuvo la independencia y cambió el nombre por el actual Malawi.

* Colaborador de Prensa Latina.