No es lo mismo declarar Patrimonio del Estado al taquirari o al patujú, que hacerlo con el Carnaval Cruceño, pues se trata de la mayor manifestación social y cultural de nuestro pueblo. (*) Es, en verdad, una reivindicación histórica. El Carnaval Cruceño es el instrumento más poderoso que tenemos de transmisión y difusión cultural; no hay otra época del año en el que las nuevas generaciones y el país entero tengan la oportunidad de conocer y asimilar nuestra música y nuestras danzas.

El Correo del Carnaval es la Llegada del Carnaval. Es el arribo de la gran noticia que un pregonero anuncia en la Plaza Principal, al estilo de los bandos de la Colonia. Es “correo” porque es un mensaje que llega de algún lugar lejano, tal vez de donde vive “Momo”, en la forma que lo vemos aquí, una especie de fundador del Carnaval pero que sólo puede hablarnos a través de esos bandos, como lo hacían las antiguas autoridades.

Entonces, siete días antes del Carnaval, como autoridad de esta época del año, a través del Bando –con considerandos y todo- manda que los ciudadanos ingresen en un estado de esparcimiento, desenfreno y risa. Ordena soltar las formas de Libertad que conoce el ser humano en su estado natural, incluyendo la burla a las “otras” autoridades y personajes del pueblo… Pero, claro, cuando el carnaval ingresa a Santa Cruz debe nomás atenerse a las normas sociales y a una Ordenanza de Carnaval, por eso es diferente.

“Durante la Edad Media o el Renacimiento, existieron culturas burlescas y carnavalescas (…) Se dice que la burla es ya de por sí un inicio de fiesta, lo mismo que la fiesta es terreno abonado para la burla”, dice Oscar Wilde y luego parafrasea al pensador ruso Mijail Batjin: “De este modo, la risa constituía respecto al mundo oficial o del Estado, un antimundo… Una segunda cualidad era su identidad con la libertad”.

Emilio Finot en 1869 decía: “Antiguamente salían (y aún hoy alguna vez salen) por las calles de la noble ciudad, unos cuantos individuos con grotescas caretas. Eran precursores o heraldos de la próxima fiesta. Uno de ellos ‘correo del Carnaval’, leía con voz hueca y campanuda una sarta de versos denominada «bando», versos generalmente picantes, y obscenos en ocasiones”.

Remberto Gandarilla Suárez, en el libro “Santa Cruz en los umbrales del desarrollo” describe la llegada del Correo del Carnaval de la siguiente manera: “La plaza 24 de Septiembre se hallaba concurrida por decenas de personas que habían acudido a este centro social con el deseo de participar como espectadores, en la ceremonia que significaba la llegada del Correo del Carnaval. Algún oficioso atalaya lanzó de repente la voz: ‘¡ya viene el correo!’ Entonces la gente, que se encontraba desparramada en la cuadrícula de cien varas por lado, comenzó a correr hacia un solo punto de convergencia. Cabalgando un lerdo matusi de prominentes jitacuchises y de pura cepa criolla, hacía su ingreso a la plaza principal el correísta largamente esperado durante un año calendario.

“Cubierto el rostro con una careta de alambre y vestido con un traje cuya edad era difícil de calcular, el cual pese a sus deformidades y a la pérdida de su color original, hacía suponer que en su confección habíase empleado alguna fina tela inglesa, de lo que no quedaba más que el membrete. Llevaba sobre su cabeza un sombrero de color cacaré y por delante de la pechera de su camisa, colgaba una corbata popís de color indefinible, pero cuidadosamente anudada a un cuello duro. Así las cosas, todas la prendas hacían rigurosamente terno, hasta los botines que están próximos a convertirse en chancletas caseras.

“Por los bártulos que colgaban de su silla, se infiere que el recién llegado había hecho un largo viaje. Llevaba una alforja palmareña con algún tapeque, un tacho de hojalata y una olleta tiznada por el uso, además un caneco y otros enseres necesarios para pernoctar en una pascana. En esta circunstancia le acompaña un sujeto chirapudo, con una careta de opa. Toca una tambora templada con cuero de chivo, cuyos redobles son más rápidos que el paso del matusi.

“Con poco esfuerzo el jinete detiene su caballejo en la esquina de la plaza, frente a la Prefectura. La tambora ha dejado de tocar y la gente, que se apeñusca alrededor de nuestro personaje, guarda silencio. En este instante el correísta extrae de un bolsillo interno de su saco, un papel amarillento que desenrolla delante de la concurrencia. Con potente voz comienza a dar lectura al Bando de Carnaval, cuyas normas deben acatarse en la celebración de dichas fiestas.

“Para ilustrar mejor esta nota, insertamos parte de un bando de la época:

Atención, pueblo tababé,

que con las tripas vacías

he traído en jasayé

las ordenanzas de este día.

Yo, que con tanto empeño,

he querido con razón

a este pueblo cruceño

alegrarle el corazón (…)

Terminada la lectura del bando, el jinete espoleaba su noble bruto y continuaba paso a paso al son de la tambora, hasta detenerse en la próxima esquina de la plaza, frente a la Catedral, donde es repetida la escena anterior. Así daba la vuelta a la plaza pregonando, en las cuatro esquinas, el Bando del Carnaval”.

En la extraordinaria revista “Jisunú” que publicaba en los años 70 la Academia de las Culturas Nativas del Oriente Boliviano, dirigida por Don Eduardo Cortéz y Otto Kenning, se registra el dato de que el último bando municipal leído en Santa Cruz de la Sierra fue el año 1932, lo que quiere decir que los bandos carnavaleros convivieron con los serios.

El Escritor Alejo Melgar relatando el carnaval 1927 decía: “De otro lado, la primera autoridad edilicia mediante un Bando con banda que ha recorrido las calles de la ciudad días antes, ha dado a conocer a los conjuntos carnavaleros que la H. Comuna, aquilatando el sentir y buen humor reinantes durante Carnestolendas, en que impera Momo, concede la mamada un primer, segundo y tercer premios en efectivo a la comparsa que se distinga por su originalidad y franca disposición en el derroche de sanas y decentes alegrías. La medida es un acicate a las comparsas, y una expectativa al público expectante”.

La Ordenanza de 1931 dice: “publíquese por bando y por la prensa”. Aunque no se trata del Correo de Carnaval, tomamos este dato para confirmar que el “Bando”, que se lee en esta ocasión, tiene sus orígenes en la forma cómo se publicaban las disposiciones oficiales en el siglo pasado, a caballo, con tambor y en cada esquina (como las proclamas que realizó el libertador Ignacio Warnes).

La diferencia en la redacción de un bando oficial y uno carnavalero, además de su contenido, se encuentra en que el primero está en prosa y el otro en verso. No hemos podido establecer la época que aparece el Correo del Carnaval, pero debemos mencionar al legendario “Cañoto” que componía coplas para burlarse del gobernador realista y las cantaba desde su caballo entre 1816 y 1825.

También D‘Orbygni menciona que en 1831 “por la noche se remonta a caballo y se va cantar canciones de circunstancias a la puerta de algunos personajes excepcionales”. Seguramente cada personaje tenía su propio verso. Cuando Emilio Finot dice “antiguamente salían”, probablemente habla de comienzos de aquel siglo.

En 1881 la Ordenanza dice: “Considerando que por el correo llegado ayer ha sido confirmada la infausta noticia de la derrota del ejército aliado y consiguiente ocupación de la ciudad de Lima por el ejército conquistador de Chile…”. Esto nos hace observar lo siguiente: a) el servicio de correo es tan importante para la comunidad que es mencionado en una ordenanza; b) mediante el correo, de interés para todo el pueblo, siempre llegaban las noticias oficiales; c) considerando los cuatro siglos de aislamiento cruceño, el correo era muy esperado por la población, tanto como la llegada del Carnaval.

Con la aparición de la prensa, el bando oficial ya no se usó, pero quedó el otro. Remberto Gandarilla, en su artículo “El Correo del Carnaval”, publicado en “El Día” (7-II-1988), afirma haber escuchado el Bando de Carnaval en “los últimos años de la década de los treinta…”.

En 1939, dentro de la prohibición de ridiculizar vestiduras oficiales, se incluye a los bandos. 1973, el Correo ya aparece en la Ordenanza: “Se fija para el día domingo 25 de febrero, en horas de la tarde, la llegada del Correo de Carnaval. Este tradicional anuncio se efectuará en las plazas de las diferentes zonas de la ciudad”. Se descentraliza el carnaval.

1976, se hace referencia a la “fiesta de Correo de Carnaval…”. 1983, por primera vez se anuncia que estará a cargo de la comparsa coronadora. 1984, el Correo sigue un recorrido establecido.

1988, el Correo se realiza el “domingo 7” de febrero. 1989-90, la Ordenanza dice: “El Correo del Carnaval llegará a la ciudad…”; 1992, restringen al Correo mencionando exclusivamente al “Bando”(!). 1993, le denominan “Correo Carnavalero”.

En 1996 el Correo llega a la plaza “24 de septiembre”, y en 1998 se olvidaron de hacerlo. Diez años después está registrado como el primer acto oficial y los mejores bandos tienen premios.

La ordenanza del año 2011 establece: “Artículo 8.- La Comparsa Coronadora del Carnaval elegida conforme a reglamento interno mediante voto de sus miembros de la ACCC, se constituye en la Comparsa anfitriona y representativa del Carnaval Cruceño 2011, estará encargada de la organización de cada uno de los eventos oficiales del Carnaval de manera conjunta con la ACCC y el Comité Impulsor del Carnaval, es responsable de la elección y presentación al pueblo cruceño de la Reina del Carnaval, encargada de los mensajes y correo del carnaval, coadyuva para el cumplimiento de la presente Ordenanza Municipal”.

En el Reglamento del Carnaval 2013 el Correo del Carnaval adquiere la importancia que merece. Aparece en el artículo 36 encabezando los “Actos Oficiales” y en el artículo 38 dice: “El correo del carnaval, tradicionalmente se constituye en la llegada del carnaval a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Será organizado por la comparsa coronadora, en coordinación con la ACCC y el Comité Impulsor del Carnaval Cruceño, para lo cual se asignará el presupuesto pertinente”.

Lo camba es Patrimonio del Estado

No es lo mismo declarar patrimonio al taquirari o al patujú, que hacerlo con el Carnaval Cruceño, pues se trata de la mayor manifestación social y cultural de nuestro pueblo. (*) Es, en verdad, una reivindicación histórica. Se le llama Fiesta Grande, por ser una celebración colectiva, masiva y participativa. El Carnaval Cruceño es el instrumento más poderoso que tenemos de transmisión y difusión cultural; no hay otra época del año en el que las nuevas generaciones y el país entero tengan la oportunidad de conocer y asimilar nuestra música y nuestras danzas.

Su importancia se demuestra con un hecho histórico: El Carnaval ha logrado modificar el concepto andinocentrista y altoperuanista del Estado boliviano que, desde siempre, tomó como “Cultura Nacional” sólo a lo colla.

Parecerá un acto político, porque se trata de una Ley del Estado, pero en realidad es un histórico acto Cultural, que es bienvenido. Es tan poderoso, este instrumento cultural, que fue la única norma que se aprobó en la Asamblea Plurinacional durante la efemérides del 2012.

En los “considerandos” del proyecto original, que redactamos por encargo de la ACCC, decíamos: “Que, una de las manifestaciones culturales más antiguas de la sociedad cruceña en su conjunto, producto de la fusión de la cultura europea y autóctona, es su Carnaval.

Que la denominada “Fiesta Grande de los cruceños”, contribuye al desarrollo cultural del país con la promoción de innumerables composiciones musicales y literarias, el sostenimiento de conjuntos musicales, la multiplicación de grupos folclóricos y la transmisión de las tradiciones a través de las nuevas generaciones.

Que el Carnaval Cruceño en su esencia es fruto de la influencia de los carnavales provinciales, de las distintas regiones del oriente boliviano.

Que, para promover la conservación de los valores autóctonos y mestizos del Carnaval Cruceño, frente al avance de culturas ajenas a su esencia, es necesario que el Estado intervenga en su protección”. Luego viene la declaratoria.

Debemos este avance a todas las generaciones de cruceños que lo han amado y lo han protegido. Desde el fundador de la ciudad, Don Ñuflo de Chaves, hasta hoy. Cabe relievar por ejemplo a los maestros de banda Mateo Flores y Zoilo Saavedra; a los compositores Nicolás Menacho, Godofredo Núñez y Percy Avila; Doña Gladys Moreno y el Camba Sota, como intérpretes; en los últimos tiempos “Los Cambitas”, Aldo Peña, Gisela Santa Cruz, Alenir Echeverría, los grupos Zambia y Bolivia Band. En las danzas a Héctor Molina y Chino Banegas, quien fundó un movimiento cultural sin precedentes a partir de “Kerembas”. Y sólo estoy mencionando algunos personajes.

Grandes las contribuciones de las comparsas a través de los siglos; las del siglo pasado como “Tronadera” y “Tauras”, por ejemplo. Las reinas del carnaval y de comparsas, en cada generación, le han puesto la belleza y han consolidado a la fiesta como un acto social decente, diferenciándolo de todos los carnavales del mundo… No podemos olvidarnos los aportes de las diseñadoras y costureras, de los decoradores de carros, los peluqueros y, por qué no, de las embotelladoras auspiciadoras.

Agradecimiento especial a los “enemigos” del carnaval cruceño, quienes con su crítica feroz lograron que nos esmeremos más en la organización de cada año.

Determinante la participación de las instituciones que han trabajado muchísimo por mejorar la organización del Carnaval; entre las principales podemos mencionar las siguientes: Concejo Municipal, Ejecutivo Municipal (Oficialías), Asociación Cruceña de Comparsas Carnavaleras, Comparsas Coronadoras, Comité de Damas Rotarias, Circulo de la Amistad, Federación de Comparsas Carnavaleras de las Ciudadelas, Asociación de grupos folklóricos de Santa Cruz, Comité Pro Santa Cruz, Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos, Fiscalía Departamental, Defensoría del Menor y Adolescencia, Comando Departamental de la Policía Boliviana, Unidades de Bomberos, Unidad Operativa de Transito, Policía Militar, FUNSAR, Grupo SAR, Servicio Departamental de Salud y la Cruz Roja Boliviana… Sus dirigentes y autoridades, le pusieron el hombro durante varias generaciones.

Finalmente es de personas de bien reconocer a la Asamblea Plurinacional y a la Presidencia del Estado por viabilizar este anhelo carnavalero. Ahora queda la responsabilidad de cuidarlo y mejorarlo cada día, conservando su esencia. Cada carnavalero tiene esta misión… con su conducta. Felicidades Santa Cruz.

* Nota de redacción: El pleno de la Cámara de Senadores sancionó un proyecto de ley que declara Patrimonio Cultural del Estado Plurinacional de Bolivia al Carnaval de Santa Cruz porque se constituye en una manifestación tradicional, popular y actividad turística y económica de interés nacional. “El carnaval de Santa Cruz, denominado Fiesta Grande de las cruceñas y cruceños, es calificado como una expresión viva y de salvaguarda de los valores de las culturas tradicionales y populares, así como sus vestimentas, danzas, música, mitos, costumbres y folklore, que le otorgan identidad nacional y su significativa importancia social y económica para el Departamento de Santa Cruz y el Estado Plurinacional de Bolivia”, reseña un boletín institucional. (ABI)

A través de esa norma, se establecerán medidas e implementarán políticas interinstitucionales públicas y privadas para proteger, preservar, promocionar y fortalecer ese patrimonio. Asimismo, la Ley tiene el objetivo de que las Entidades Autónomas Territoriales establezcan mecanismos para su regulación y normas necesarias para evitar su apropiación, distorsión y destrucción, en el marco de sus competencias.