El Vicepresidente Alvaro García Linera (AGL), en breve discurso que antecedió al informe anual del Presidente Evo Morales Ayma (EMA), el 22 de enero pasado (tercer aniversario del Estado Plurinacional), dijo que en Bolivia “la territorialidad es homogénea y resulta de la fusión del territorio, de las naciones indígenas, de comunidades campesinas, de clases sociales, de las juntas vecinales, organizaciones juveniles, regiones y todos”… “El gobierno trabaja en la consolidación de una territorialidad homogénea, mediante la incorporación de cada centímetro cuadrado de la geografía nacional productiva, de cada habitante en el ejercicio pleno de sus derechos, beneficios económicos y en la adecuada distribución de la riqueza, para apuntalar el horizonte de un Estado integral, comunitario, socialista” (“Página Siete”, 23-01-13).

Las palabras citadas no condicen con la Nueva Constitución Política del Estado (NCPE), (promulgada el 07-02-09), cuyo principal impulsor fue justamente AGL; la que en su artículo segundo dice: “Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena, originario, campesinos… se garantiza la consolidación de sus entidades territoriales”. El artículo 30, inciso cuarto, anota, en el capítulo de los derechos de las naciones y pueblos indígena, originario, campesinos, el derecho “a la libre determinación y territorialidad” y “el derecho a la gestión territorial autónoma, y al uso y aprovechamiento exclusivo de los recursos naturales renovables existentes en su territorio…”

Garcia Linera y las autonomias indigenas

La promulgación de la NCPE fue precedida por la prédica del Vicepresidente destinada a incorporar las autonomías indígenas en el nuevo ordenamiento jurídico del país. Indicó que esta meta sería alcanzada dentro de la estructura territorial vigente o mediante el rescate de fronteras precolombinas (Periódico “La Prensa”, 17-06-07). Añadió que el primer camino era fácil de aplicar, pese a que, según sus palabras, había que arrancar pedazos de territorio de un departamento para añadir a otro, con el que tuviera afinidades étnicas. El segundo, en cambio, “era complicado”, ya que, al ignorarse los límites de las fronteras ancestrales había que recurrir a “la imaginación de los antropólogos”, según Raúl Prada Alcoreza, compañero, en esa época, de AGL en el grupo académico “Comuna”.

En la celebración, AGL faltó a la verdad cuando dijo que “El Estado Plurinacional es el primer esfuerzo en 500 años por integrar a la totalidad de las clases sociales y los pueblos y naciones indígena, originario, campesina, en la estructura del mando del poder político, económico y cultural del país”. Al contrario de lo afirmado, la integración del país fue el objetivo central de la Revolución Nacional de 1952, que decretó la nacionalización de las minas, la abolición del “pongueaje” (servidumbre de la gleba), el voto universal y la reforma agraria, además de construir la carretera Cochabamba – Santa Cruz, con la que se vertebró el occidente y el oriente de Bolivia. Para lograr estas conquistas, el pueblo en armas derrotó al ejército oligárquico, durante tres días de sangrientos combates, en las calles de La Paz y Oruro, que defendía a la “rosca” minero-terrateniente.

Aunque resulte difícil de creer, en la segunda década del Siglo XXI subsisten defensores del orden minero-latifundista. Tal el caso de Ramiro Prudencio Lizón, quien, en nota de “La Razón”, del 02-01-13, sostuvo que “La revolución de 1952 arruinó al país. Con la reforma agraria se paralizó la agricultura en los valles de Potosí, Oruro, Chuquisaca y Cochabamba. Con la nacionalización de las minas se destruyó una riqueza que duraba 400 años y que había fundado y estructurado Bolivia”. Prudencio Lizón olvida que antes del 52, los periódicos ofrecían venta de fincas e indios de manera conjunta, Congratularse por niveles de producción a costa de mano de obra semi esclava es ofensivo a la dignidad humana.

Con la nacionalización de las minas y el voto universal, por fin el poder minero dejó de instalar a los regímenes de turno, como lo hizo, durante décadas, salvo cortos períodos de resistencia patriótica. Por el lado perverso, la fratricida guerra del Chaco contribuyó de manera decisiva a despertar la conciencia integradora. En el lado opuesto, los “pachamámicos” o ultra indigenistas califican de “estado colonial” al impuesto por los españoles, al que sobreviene después de abril de 1952 e inclusive al de Evo Morales (Silvia Rivera: Bolpress, 31-12-12).

De Victor Paz Estenssoro a Evo Morales

Con las necesarias salvedades de tiempo, contextos y circunstancias, el segundo gobierno de Evo, iniciado el 22-01-10, es un intento por retomar el capitalismo de Estado, planteado por el MNR en 1952. Para cumplir su objetivo, el MNR tuvo que vencer dos enormes escollos: El de la gran minería y el de los latifundistas. Víctor Paz Estensoro (VPE), el líder de la Revolución nacional, fue erróneamente criticado por la ultra izquierda por no haber impuesto el socialismo y la dictadura del proletariado. Tales exigencias olvidaban el enclaustramiento geográfico del país, la vigencia de regímenes pro norteamericanos en el área (Perón fue derrocado en 1955) y la lejanía de la URSS para cumplir el papel que luego jugó en la isla de Cuba.

VPE, en cambio, merece ser censurado por no impedir la quiebra de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), la corrupción generalizada y el descontrol sindical impulsado por Juan Lechín Oquendo. Lo anterior permitió que, en 1956, el FMI impusiera un severo plan de estabilización monetaria, que incluyó la desnacionalización del petróleo, vetara la instalación de hornos de fundición de estaño y creara las condiciones para que las FFAA derrocaran al MNR, en 1964, mediante golpe de Estado digitado por el Pentágono. Paz Estensoro regresó al poder en 1985, mediante elecciones, pero esta vez lo hizo de la mano del neo liberal Gonzalo Sánchez de Lozada, a fin de aplicar de manera anticipada el Consenso de Washington.

Evo, para reimpulsar el capitalismo de Estado, tuvo que derrotar también a dos adversarios internos: El indigenismo de las ONGs y el separatismo de la “Nación Camba”, que el 2008 coordinó los ilegales referéndum autonómicos en Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, que pusieron al país al borde del colapso. Para conseguir este triunfo, el Presidente transó, inicialmente, con las corrientes indigenistas y las ONGs, que impusieron la NCPE. Con el histórico mérito de haber visibilizado a los pueblos indígenas y despertado su autoestima, el Jefe de Estado se vio obligado, a partir del 2010, a frenar a los “pachamámicos” que, al igual que la “Nación Camba”, amenazaban con disgregar al país.

El retorno del capitalismo de Estado

La administración de Evo se halla llena de aciertos, contradicciones, errores e ilegalidades, al igual que el régimen del MNR post 52. Paz Estensoro abrió campos de concentración contra sus opositores y el denominado “Control Político” empujó a sus adversarios a la clandestinidad y la conspiración. El actual Jefe de Estado usó su mayoría democrática para destituir a autoridades políticas legalmente elegidas, como el alcalde de Potosí y los gobernadores de Tarija y Beni, además de métodos cuestionables para encarcelar y exiliar a dirigentes cívicos que no respondían al oficialismo. Llegó, inclusive, a reprimir, mediante la policía, a la última marcha indígena de un sector de tierras bajas.

En su reciente informe anual, Evo apabulló a sus críticos con cifras, traducidas en obras y provisión de servicios, reconocidos por Naciones Unidas, que admitió que Bolivia había sobre pasado las metas del milenio, en lo relativo a instalaciones de agua potable. También usó datos de Naciones Unidas para demostrar que el país había disminuido los cultivos de hoja de coca, en mayor proporción que Perú y Colombia, sin la presencia de la DEA, sin concesiones de soberanía nacional y sin represión.

Mostró, asimismo, notorios avances en infraestructura aeroportuaria y caminera, además del inicio de un tímido proceso de instalación de plantas separadoras de líquidos que, aunque con encasa capacidad de tratamiento, están siendo construidas en las fronteras de Argentina y Brasil. Cabe destacar, sin embargo, la incapacidad de la oposición para enjuiciar el documento. Samuel Doria Medina, de “Unidad Nacional”, sólo atinó a indicar que Evo no ese había referido a los últimos escándalos de corrupción, evadiendo su opinión sobre el fondo de la gestión presidencial.

Juan del Granado, del Movimiento Sin Miedo” (MSM), no explica el por qué fue aliado de Evo, entre el 2006 y el 2009, en cuyo lapso el gobierno, en su opinión, estaba lleno de virtudes, antes de convertirse en depositario de todos los defectos a partir de su abandono de la coalición en 2009. Connotados columnistas de los periódicos comerciales se redujeron a encontrar equivocaciones gramaticales, en el discurso de cuatro horas de duración, sin señalar si el país tiene un camino alternativo al capitalismo de Estado adoptado por Evo, en reemplazo del neoliberalismo de Sánchez de Lozada.

El otro discurso de García Linera

El cambio de timón de Evo, en 180 grados, se debe, en importante medida, a que AGL modificó las posiciones que defendió hasta el 2007. Lo anterior se hizo patente con la publicación de dos importantes libros de su autoría: “El ‘Oenegismo’, enfermedad infantil del derechismo”, en 2011, y “Geopolítica de la Amazonía”, en 2012. En “Geopolítica de Amazonía”, el Vicepresidente ratifica la importancia de la participación del país en organismos como la CELAC, el UNASUR, el MERCOSUR y el ALBA, lo que brinda al gobierno un escenario internacional del que careció Paz Estensoro, si bien Evo y Paz Estensoro sufren la presión geopolítica brasileña.

La consolidación del capitalismo de Estado requiere, no obstante, que Evo y Alvaro terminen con las inconsecuencias que debilitan su credibilidad. Es inconcebible que Bolivia continúa prestando la casi totalidad de sus Reservas Internaciones Netas (RIN), que superan los 14.000 millones de dólares, a Bancos europeos y norteamericanos (varios en riesgo de quiebra), al interés anual del 0.25 % y obtenga créditos de la CAF y del Banco Mundial a tasas superiores al 8 %. A lo anterior se añade la incompatibilidad de sus discursos antiimperialistas con el envío de soldados a Haití y el Congo, como parte de las tropas de ocupación de Naciones Unidas.

Es injustificable que, a siete años de la nacionalización de los hidrocarburos, YPFB no se hubiera convertido en moderna empresa corporativa, como Petrobrás. Los planes para vertebrar el país a través del Gasoducto al Occidente (GABO), la construcción de un gasoducto al salar de Uyuni, que impulse la industrialización del litio, magnesio y potasio, y de un ramal para lograr similar objetivo con el hierro del Mutún aún están lejos de concretarse.

La inercia del gobierno para detener el avasallamiento de yacimientos mineros sólo es comparable con la tolerancia que tiene frente a la exportación de millonarias utilidades que obtienen transnacionales, sobre todo en el departamento de Potosí. En el sector agrícola, Evo mostró su pragmatismo al suscribir acuerdos con grandes agro-industriales cruceños, los que, hasta hace poco, eran considerados la base de la “Nación Camba”.

La batalla cultural y la politica exterior

Tal vez la batalla más trascendente del giro político descrito ha tenido lugar en el campo de la cultura. En noviembre pasado, el gobierno ha impreso las 15 novelas fundamentales de la literatura nacional, después que el Ministro de Culturas, Pablo Groux, venciera la oposición de su “pachamámico” viceministro, Félix Cárdenas, quien exigía que esas 15 obras sean retiradas de las bibliotecas del país, por considerarlas resabio del colonialismo republicano. Quizás no sea utópico pensar que el gobierno difunda también las obras centrales del pensamiento nacional, entre las que se hallan “Nacionalismo y Coloniaje” de Carlos Montenegro, “El Presidente Colgado” de Augusto Céspedes y “El Poder y la Caída” de Sergio Almaraz.

La política exterior ha sido manejada hasta ahora con escasa seriedad. Evo confesó que en sus cinco primeros años de gobierno fue engañado por la diplomacia chilena en la cuestión marítima, lo que lo obliga ahora a denunciar el enclaustramiento boliviano en foros internacionales. Si bien la sostenida denuncia es importantes, élla debe ir acompañada de políticas destinadas a disminuir la dependencia del puerto de Arica mediante la construcción de un moderno ferrocarril que vincule al país con los puertos peruanos de Ilo y Matarani.

Es importante también fomentar al máximo las exportaciones por la hidrovía Paraná – Paraguay, contener el desenfrenado contrabando procedente de Chile, usar internamente las aguas del cantón Quetena usadas abusiva y gratuitamente por el vecino país, restringir las importaciones suntuarias, así como el flujo de turistas bolivianos a playas chilenas. Estas medidas ayudarán a discutir el tema del enclaustramiento en mejores condiciones.

Todo parece indicar que, con sus luces y sombras, Evo logrará su reelección en las elecciones presidenciales de diciembre de 2014. Es probable que para entonces haya terminado de comprender que plantear cambios planetarios desde ópticas indigenistas sólo provoca riesgos de disgregación nacional. En cambio, explicar que el capitalismo de Estado en Bolivia, junto al capitalismo de Estado de los otros países latinoamericanos, permitirá el avance de nuestra Nación Continente. El ideal bolivariano, al contribuir a liquidar a la mafia bancaria, coadyuvará a contener el deterioro ambiental así como a avanzar en metas socialistas, nutridas con experiencias autogestionarias y anticapitalistas de comunidades indígenas, sin romper la unidad de nuestros Estados nacionales.