La Habana y Manila (PL).- La alarma por un posible desastre ecológico se soltó en Filipinas tras encallar un buque de guerra de Estados Unidos en arrecifes coralinos del Parque Nacional de Tubbataha, declarado en 1993 por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

El accidente del USS Guardian de la marina de Estados Unidos desató numerosas críticas en sectores ecologistas, así como advertencias de las autoridades del parque por la amenaza de derrame de combustible en aguas locales, a pesar de disculpas del Pentágono por los daños a esa barrera de coral, una zona muy rica en biodiversidad marina a 680 kilómetros al sureste de Manila.

Ante el creciente enojo en el archipiélago, las autoridades filipinas se vieron precisadas a multar a la Marina de Estados Unidos por el “acceso no autorizado” de su buque a Tubbataha el pasado 17 de enero. De acuerdo con el canal televisivo GMA Network, el navío de guerra causó graves daños al arrecife, ubicado en el mar de Joló, entre las islas de Visayas (centro) y Palawan (oeste).

El sitio, protegido por las leyes de Filipinas, está localizado fuera de los límites para la navegación, excepto con vistas a la investigación o el turismo. La ley establece una pena máxima de hasta un año de prisión y multas de hasta 7.300 dólares por la entrada ilegal, aunque la sanción acordada no incluye la opción de la cárcel.

El superintendente del parque marino Angelique Songco apuntó que habían advertido al buque de guerra por radio de su cercanía a los corales, pero el capitán del barco insistió en que elevaría una queja a la embajada estadounidense en la capital filipina. Un comunicado de la embajada norteamericana reconoció que la embarcación, de 68 metros de eslora, encalló cuando se dirigía a Puerto Princesa, en la isla de Palawan, después de una parada programada en la base naval de Subic Bay para repostar combustible, pero sin precisar más datos sobre el incidente.

El comandante de la séptima flota norteamericana vicealmirante Scott Swift aseveró a los medios que el responsable de logística para el Pacífico occidental Thomas Carney supervisaría las operaciones para reflotar la nave, cuya situación permanece invariable desde el 17 de enero, sin nadie a bordo después del rescate de su tripulación de 80 marineros.

El 23 de enero las malas condiciones del clima obligaron a las autoridades filipinas a suspender el rescate del barco de la Marina estadounidense. Filipinas demandó al gobierno estadounidense ante el riesgo ecológico que implica un navío varado y lleno de combustible, y exigió una indemnización por la imprudencia del Guardian, que no pidió permiso para entrar en el sitio protegido.

Algunos políticos y grupos activistas nacionales apuntan que el barco de Estados Unidos violó los términos de un acuerdo de 1999 para las fuerzas visitantes que navegan por la zona. El personal del parque reiteró a la prensa local que advirtieron por radio al USS Guardian de su cercanía al arrecife de Tubbataha, pero el barco continuó su trayectoria.

Poco después de la advertencia de evitar el área protegida, el buque quedó atascado en una zona de los corales en el mar de Sulu, a unos 130 kilómetros al sureste de la isla de Palawan, según señaló el sitio en internet channelnewsasia.com.

Washington mantiene en territorio filipino, sobre todo en localidades como Nueva Ecija y Zamboanga, una denominada Fuerza de Tarea Conjunta en un área de operaciones que comprende alrededor de ocho mil millas cuadradas (casi 10 mil kilómetros) de superficie. Este último programa se aplica tras el reajuste de la cooperación militar entre los dos países firmado en el 2002 y denominado Acuerdo de Apoyo Logístico Mutuo.

Filipinas y la Casa Blanca acordaron en 2012 el aumento del número de barcos, aeronaves y tropas estadounidenses en torno al archipiélago filipino, pese a recientes protestas populares contra la presencia militar norteamericana en la región.

Centenares de filipinos condenaron la política intervencionista de Estados Unidos en su país frente a la Embajada norteamericana en la capital filipina en junio pasado. Los manifestantes tacharon de lacayo de Estados Unidos al presidente filipino Benigno Aquino, y exigieron que su país sea verdaderamente independiente y no dependa de los dictámenes norteamericanos.

Tras los acuerdos, el subsecretario de Relaciones Exteriores para asuntos estadounidenses Carlos Sorreta apuntó a los medios que un plan de ejercicios militares conjuntos por cinco años sería aprobado. Asimismo, el viceministro de Defensa, Pio Lorenzo Batino, acotó que hay discusiones sustanciales sobre un posible nuevo marco de trabajo, que permitiría a Washington colocar equipamiento militar en este país del sudeste asiático.

* Periodista de la redacción Asia y Oceanía de Prensa Latina.