Charaña y el famoso abrazo de Banzer, la pretensión Gonista de vender gas a Chile, están todavía frescas en la memoria del pueblo boliviano. De hecho, ha pasado casi medio siglo desde la intentona de Charaña y casi diez años desde la guerra del gas y “la memoria esta clavada” diría León Gieco. Es que la memoria es implacable, porque recuerda con indignación, con asco, el pasado dictatorial y neoliberal.

Recordemos -por ejemplo- que fue Samuel Doria Medina, quien en un arranque de vendepatria in extremis, negó que el país pudiera sellar –en Potosí- monedas de exportación para el mundo. Potosí perdió, Samuel Doria Medina ganó, eran tiempos del mundo patas arriba, como lo describe acertadamente Eduardo Galeano. Afortunadamente, la historia le ha demostrado a Doria Medina que es un candidato perdedor perseverante.

Volvamos al punto…

Recuperar el Mar, es una promesa para el 2025, y no es una promesa cualquiera, ya que el Presidente Evo Morales, nos ha acostumbrado a que promete lo que va a suceder a la vez que soñar mas allá de cualquier imposibilidad.

Para lograrlo, se tiene las armas que están en la Constitución Política y su Vocación Pacifista con Cultura de Paz, su compromiso de luchar contra toda forma de colonialismo interno o externo y la urgencia de usar los medios legales que el Derecho Internacional oferta para resolver los diferendos territoriales (Artículos 10 y 267: I y II)

Por ello es que la “CELAC –UE” se constituye en un espacio donde la bandera de la reivindicación marítima no solo es pertinente –diplomáticamente hablando-, sino una obligación constitucional con miras a que la historia y el juicio internacional puedan modificar el injusto e incumplido Tratado de 1904.

Aquí tenemos algunas precisiones, Chile pide negociación a la vez que anuncia tambores de guerra, es decir “copy – paste – page” de una vieja política maniobrera que reproduce el orden colonial de su sistema diplomático, no hay innovaciones, no existen nuevos argumentos para su negativa, y la historia está caminando por el lado contrario al que Chile tiene con Piñera a la cabeza. ¿Qué pasaría si Camila estuviera a la cabeza?

Por ello, es importante la diplomacia de los pueblos indigenas, porque descoloniza las relaciones internacionales, porque permite una nueva perspectiva política y un nuevo horizonte de conocimiento y acción. Porque nace de la experiencia de los despojados de tierras, de los humillados y desterrados, de las victimas de politicas genocidas, como sucede en Chile hoy mismo…

Hasta ahora nos está yendo bien, a pesar de las críticas de quienes en el pasado veían la diplomacia como cuestión de genealogías familiares y clases políticas, apellidos señoriales y cargos para negociados de carros…

Sin duda, que luego de la CELAC-UE, Bolivia habrá logrado un espacio abierto a la cuestión marítima, no como problema regional, sino como asunto político esencial a la integración Latinoamericana y del Caribe, y por supuesto una cuestión fundamental para la mismísima Unión Europea.

Una Unión Europea que está viviendo su peor hora y una Bolivia que se constituye en la tercera economía latinoamericana.

Los vientos son favorables en materia de relaciones internacionales y eso convierte a la coyuntura y las circunstancias como un campo político propicio a la demanda boliviana.

Desde la dictadura Banzerista en los setenta, el gorilismo garciamesista de los ochenta, la UDP y su paso efímero por el poder (1982-1984), Víctor Paz Estenssoro (1985-1989), Jaime Paz Zamora (1989-1993), Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997), Hugo Banzer – “Tuto” Quiroga (1997-2002, Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003), Carlos D. Mesa (2003-2004) y Eduardo Rodríguez Veltzé (2004-2005), nadie había reparado en la posibilidad de volver al mar en condiciones de dignidad y soberanía.

Nadie, efectivamente nadie creía en el país, unos pensaban que el comunismo era atraso, otros pensaban que el país se nos muere, otros que perdíamos tiempo al no capitalizar, otros coca cero, otros eran de lujo pero pedían limosna para pagar los aguinaldos, otros simplemente dejaban pasar el tiempo.

Esa es la muestra de la antipatria en todas sus formas.

Hoy nuestra diplomacia, aquella que viene de los pueblos indios, desde la memoria de nuestros abuelos, desde los indomables Karankas y Pakajakes, nos permite hablar fuerte y claro, decir lo que se piensa y lo que se hace.

¡Recuperemos nuestro Mar!

* Abogado, director general de Estudios y y Proyectos del Viceministerio de Gestión Comunicacional.