El Presidente Evo Morales promulgó ayer la Ley de Organizaciones Económicas Campesinas Indígenas y Originarias (OECAS) y de Organizaciones Económicas Comunitarias (OECOM) que declara a la agricultura familiar actividad de interés público y nacional por constituir la base de la soberanía alimentaria de Bolivia.

Reconocidas por la Constitución Política del Estado Plurinacional como entidades productivas legítimas de la economía plural boliviana, las OECAS son organizaciones con vida orgánica activa, tradición y vocación productiva, cuyo ámbito de acción transciende comunidades, provincias y departamentos, según las necesidades de los productores que las integran. Las OECOM son comunidades de pueblos indígena originario, campesinos, comunidades interculturales y afrobolivianas, que pueden ser o no miembros de una OECA.

Las OECAS están representadas por la Coordinadora de Integración de Organizaciones Económicas Campesinas Indígenas y Originarias (CIOEC Bolivia), que en más de 30 años de vida ha desarrollado varias normas y proyectos productivos y de comercialización como el Sello Social, permitiendo a sus afiliados acceder a mercados preferenciales a través del comercio justo.

Las OECAS bolivianas exportan quinua, café, ají y maní, entre otras materias primas agrícolas, pero avanzaron muy poco en proyectos de industrialización, ya sea por falta de tecnología, créditos o rigurosas barreras normativas e impositivas que no diferencian entre grandes y pequeños productores.

En la Primera Cumbre de Pequeños Productores de Bolivia “Fortaleciendo la Agricultura Familiar Sostenible” celebrada en septiembre del año pasado, CIOEC solicitó al gobierno de Morales mayores incentivos productivos y tributarios y ferias de encuentro entre productores y consumidores a fin de estimular el consumo de productos bolivianos, planteamientos que fueron incorporados en el proyecto de Ley 609/2012-2013 de las OECAs.

Dicha norma, que reglamenta las actividades de OECAS, OECOM y familias productoras indígena originario campesinas, interculturales y afrobolivianas, fue aprobada en agosto de 2012; en septiembre fue sometida a consulta del Órgano Ejecutivo, y debía ser promulgada en noviembre del año pasado.

La iniciativa legal se enmarca en una campaña impulsada a principios de 2008 por más de 350 organizaciones y gobiernos de 60 países que solicitaron a la ONU la declaratoria del Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF). Según el documento “Derecho a Producir: Invertir más y mejor en la pequeña agricultura de América del Sur” de Oxfam International, ese sector económico es estratégico para la generación de empleo y contribuye en promedio con el 12% del PIB en Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú.

Oxfam estima que el 70% de los alimentos consumidos en Brasil y Perú son producidos por pequeños agricultores, mientras que en Ecuador la pequeña agricultura produce el 70% del maíz y el 64% de las papas destinadas al consumo interno. En Centroamérica la agricultura familiar produce más del 70% de los alimentos y los agricultores familiares representan entre el 80 y el 90% de los productores de maíz y frijol de la región, según el Boletín de Agricultura Familiar de la FAO de octubre-diciembre 2012.

A pesar de la gran importancia de la pequeña agricultura en Latinoamérica, el gasto público en el sector cayó a un rango de entre 1% y 3% del presupuesto en los últimos 30 años, ya que la mayoría de los países de la región privilegia la exportación de monocultivos. (1)

La Iglesia Católica, la FAO y hasta entes privados como el Deutsche Bank creen que ha llegado la hora de modificar sustancialmente el sistema de producción agrícola mundial y comenzar a producir localmente la mayor parte de los alimentos, lo que significa volver a los pequeños huertos familiares. Según la Evaluación Internacional 2009 del Papel del Conocimiento, Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola (IAASTD), las granjas pequeñas y medianas son las más adecuadas para aliviar el hambre en el mundo y garantizar el desarrollo sostenible.

Se creía que las pequeñas fincas familiares eran improductivas en comparación con producciones agroindustriales a gran escala. Sin embargo, decenas de investigaciones y estudios científicos recientes demuestran que las pequeñas unidades productivas son menos depredadoras y más rentables porque utilizan de manera más eficiente la tierra, el agua, la biodiversidad y otros recursos agrícolas. (2)

De ahí que el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura recomienda adoptar políticas agrarias nacionales que prioricen los mercados alimentarios internos y a las comunidades campesinas locales, en mérito a su irremplazable contribución pasada, presente y futura a la conservación de los recursos genéticos y al mejoramiento de la biodiversidad cultivada.

Con esos antecedentes, y considerando que al menos 700 millones de residentes de zonas urbanas consumen alimentos cultivados por pequeños productores, el 22 de diciembre de 2011 la Asamblea General de la ONU ratificó formalmente la Resolución presentada a su Segunda Comisión por la Misión Permanente de Filipinas, declarando al 2014 como Año Internacional de la Agricultura Familiar.

Bolivia reconoce el aporte de la agricultura familiar

El Presidente Morales promulgó el 26 de enero de 2013 la Ley OECAS-OECOM que declara a la agricultura familiar actividad de interés público y nacional por ser la base de la soberanía alimentaria del pueblo boliviano. El objetivo de la norma es “contribuir al logro de la seguridad alimentaria con soberanía para el Vivir Bien de las bolivianas y bolivianos, a través de la agricultura familiar sostenible como parte del proceso de Revolución Productiva Comunitaria Agropecuaria y el Desarrollo Integral de la economía plural, en armonía con la Madre Tierra”.

Se trata de un importante respaldo legal para la implementación de programas y proyectos en beneficio de las organizaciones campesinas originarias, comunitarias y familiares del país. “Si a nivel nacional estamos bien económicamente, ahora la tarea es estar bien económicamente a nivel de la familia, especialmente de las áreas rurales”, explicó Morales y se comprometió a financiar proyectos productivos, de industrialización y comercio justo.

“He conocido a partir del debate de esta Ley cuál es la realidad y cuál es la aspiración de estos productores y productoras: ya no quedarse solamente labrando al tierra sino transformar también sus productos para poder ir al mercado en mejores condiciones”, resaltó la presidenta del Senado Gabriela Montaño. (ABI)

El representante de las OECAS Carlos León felicitó al gobierno por valorar el aporte de los pequeños productores, marginados durante décadas por los gobiernos neoliberales, y por fortalecer a la agricultura familiar sostenible y diversificar la producción “para que los hermanos, los jóvenes, se queden en el campo y no se vengan a las ciudades”. (ABI)

La Ley tiene por objeto normar las actividades de OECAS, OECOM y familias productoras indígena originario campesinas, interculturales y afrobolivianas, “organizadas en la agricultura familiar sustentable, basadas en el uso y aprovechamiento de los componentes de la Madre Tierra acordes a su vocación y potencial productivo en los diferentes pisos ecológicos de todo el país y con diferente grado de vinculación a mercados locales, regionales, nacionales e internacionales, para contribuir a la soberanía alimentaria”.

La norma instruye al nivel central del Estado y a las entidades territoriales autónomas apoyar la diversificación e innovación productiva mediante la capacitación y asesoramiento técnico; el aporte de materiales e insumos; la difusión de la producción natural orgánica y ecológica; el desarrollo de experiencias innovadoras en materia de cultivos; la instalación de unidades demostrativas de experimentación, y finalmente la investigación tecnológica que responda a las condiciones de la realidad rural de los sujetos de la agricultura familiar sustentable.

La Ley dispone también la creación del Registro Único de la Agricultura Familiar Sustentable, dependiente del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras a través del Observatorio Agroambiental, instancia encargada de mantener un registro único, consolidado, público y actualizado de las OECAS, OECOM y familias productoras a nivel nacional, departamental y municipal.

Por otro lado, Morales pidió a la Asamblea Legislativa Plurinacional que elabore otra norma que obligue a las alcaldías y gobernaciones a comprar alimentos a los pequeños productores bolivianos para los programas de desayuno y almuerzo escolar.

Al respecto, en octubre de 2012 se celebró en La Paz el IV Encuentro de Productores Campesinos Ecológicos y Procesadores para la Alimentación Complementaria Escolar gestión 2013–2014, con la participación de más de 70 empresas, microempresas, organizaciones económicas campesinas y 15 municipios del país. El objetivo principal del evento fue articular a productores y procesadores en cadenas productivas de lácteos y derivados, carne deshidratada de camélidos, frutas, pitos y extrusados de cereales y leguminosas.

Notas:

1. En Centroamérica, “la mayoría de los hogares que producen granos básicos vive en pobreza y seis de cada diez de estos hogares rurales sufren inseguridad alimentaria”, reveló el representante subregional de la FAO para América Central Deep Ford. “La agricultura familiar debe recibir mayor apoyo de los gobiernos de la región, no podemos tolerar que quienes producen con sus propias manos la comida que nos alimenta, sufran a su vez hambre o pobreza”, dijo el representante regional de la FAO Raúl Benítez.

2. El estudio IAASTD elaborado por más de 400 expertos de 15 países indica que la pequeña producción agroecológica usa compost u otras materias orgánicas (estiércol, abonos verdes, cultivos de cobertura) en lugar de fertilizantes químicos; realiza controles biológicos de plagas evitando pesticidas químicos; practica la “cosecha” de agua para conservar la humedad del suelo y prevenir la erosión y lixiviación de nutrientes; y cultiva una variedad amplia de especies adaptadas al clima local en agroecosistemas diversificados menos vulnerables a los eventos climáticos extremos.